Y entonces te das cuenta de que todo cambia aunque nada haya cambiado realmente.

No hay palabras que lo expliquen, ni miradas que confirmen.
Solo un vacío sutil, un hueco que antes no estaba, como si el aire hubiera ganado peso.
Te quedas un segundo atrapado en esa sensación, intentando ubicarla, pero no hay mapa que te guíe.

A veces pasa con personas que queremos mucho.
No hacen nada, no dicen nada… y aun así algo se rompe o se mueve dentro.
Una certeza silenciosa de que ya nada será igual, aunque el mundo siga igual de ruidoso a tu alrededor.

Y ahí aprendes a convivir con eso: con las ausencias que no se ven, con los cambios que no hacen ruido, con los gestos que nunca se explican.
Porque la vida no siempre avisa cuando mueve tus cosas favoritas.

✶⋆.˚✦˚.⋆✶

#reflexiones #emociones #sentimientos #vida #humanidad #microhistoria #introspeccion #momentos #psicologiahumana #cotidianidad

Sanación

Dedicado al Profesor. Sin vos, esta última entrada de esta serie de textos consecutivos, no existiría.

Antes de entrar al tema específico del que vengo a hablar aquí, quisiera hacer un par de aclaraciones sobre las 4 entradas anteriores.

Primero, es probable que haya quienes se pregunten el por qué de todo aquello. Qué me pasó, cuando, como… Lo cierto es, que nada de eso es importante, para nadie más que para mí, y puede que para algunas personas cercanas con las que tal vez, en algún momento pueda hablarlo. No escribí todo esto para que se preocupen, ni mucho menos. Si no, para intentar hacer un recuento, y reflexionar, sobre como los distintos sentimientos humanos, nos afectan en una crisis emocional. En este sentido, es que algunas de estas reflexiones, fueron escritas sin pensar. Es decir, desde la más pura improvisación. En cambio, otras, fueron escritas desde un punto más filosófico, si se quiere. Es decir, desde frases que, es posible, que tal vez ayuden a alguien más, en caso de que estén pasando por procesos similares. Mi objetivo al escribir, además de intentar desahogarme, es decir, sacar todo eso que me hace mal, que me atormenta por dentro, también, es con mis mensajes, tratar de ayudar un poquito, si es que puedo, a alguien más, que esté pasando por lo mismo que yo.

En segundo lugar, tener la confirmación del diagnóstico de celiaquía, algunos días antes de publicar todas estas entradas, también cambió mi perspectiva a la hora de enfrentar las cosas. Siempre suelo deprimirme primero, e intentar pensar las cosas con más calma, y por supuesto, por último, resolverlas. Este es todo un camino nuevo que tendré que recorrer desde cero, como tantas otras cosas que tuve que enfrentar y superar en la vida. Sé que me va a resultar muy difícil, y sobre todo con lo que a mí me gusta comer cosas con TACC. Bueno, dejémoslo en con lo que a mí me gusta comer cosas… En general. Pero es muy importante para mi salud y mi bienestar, así que sé, que aunque me cueste, tengo que hacerlo.

En tercer lugar, comentar que, si bien el concepto de la «angustia», es algo en lo que no había pensado si no hasta ahora a partir de todo esto, los conceptos de la «confianza» y «la prisión», eran cosas sobre las que hace rato venía reflexionando. Esta situación en particular, me dio una razón para poder sacarlos a la luz. Y especialmente el de la prisión, el cual terminó siendo un cuentito bastante largo que, si lo leen detenidamente, es más lo que oculta, que todo lo que dice. Y es en ese sentido, que también, esta última entrada, es importante, al menos para mí. Si no leyeron las anteriores, les recomiendo que lo hagan, antes de continuar.

Como saben, Annabelle no me dijo de qué forma pueden sanar las Almas Rotas. Pero sí, me dijo que iban a haber personas que me hablen, que me aconsejen, que me ayuden a intentar sanar mi alma. Y es así, como esta publicación, toma total relevancia, para cumplir con ese objetivo final. Es decir, con la sanación, de mi Alma Rota.

Existen momentos buenos y malos en la vida. Distintos sucesos que nos van marcando. De los que podemos aprender, y a partir de ahí, conseguir herramientas para seguir enfrentándolos. ¿Pero la gran pregunta es, es posible encontrar un equilibrio entre esos sucesos? ¿Existe uno realmente? Lamentablemente, no hay una respuesta para esto. Porque para cada persona, es distinto. Pero no solo eso. Aún hay más. Porque muchas veces, tampoco tenemos a personas que nos ayuden a encontrar ese camino, ese equilibrio. La depresión, es algo muy fuerte. Algo muy difícil de superar. Y si no se cuenta con los recursos, las herramientas, y los profesionales que puedan ayudar a las personas a salir de esa depresión, es imposible, o al menos muy difícil, que podamos hacerlo solos. Asimismo, es también muy importante que contemos con personas que nos acompañen, que nos entiendan, que comprendan por lo que estamos pasando, y que puedan darnos una manito desde su lugar. Aún así, todo esto, podría no ser suficiente. Yo no soy quien, para decirle a cada persona como debe, o puede enfrentar sus luchas. Yo solo puedo decirles, como lo estoy haciendo yo.

Como me enseñó la gran escritora «BleuMinette», tenemos todo el derecho del mundo a expresar nuestro enojo, nuestra bronca, nuestra indignación, nuestra angustia, o, cuando tenemos un mal día… En sí, todos nuestros sentimientos negativos. Y no tenemos que sentirnos mal por eso. No siempre debemos estar con una cara sonriente ante todo el mundo. También, podemos estar mal. Y de eso, se tratan las entradas anteriores. Pero a su vez, una de las formas en las que nuestra alma puede sanar, es dejando de ver solo lo negativo de todo. Y entender que, por más pequeñas que sean, también nos pasan cosas buenas. Y está bien, que también hablemos de ello. Es decir, hay 2 formas de ver un baso. O verlo medio vacío, o medio lleno. La forma en la que elijamos verlo, será cosa nuestra. Y de eso dependerá, si nuestra alma comienza a sanar, o continúa rota. De ese vaso medio lleno, es de lo que finalmente, quiero hablar aquí.

A pesar de que en los últimos tiempos me han pasado algunas cosas negativas, es cierto que el año que nos dejó, también me ha traído cosas muy buenas. En mi caso, comenzar a sanar, es ver todo aquello bueno que me sucedió, o que logré yo misma. Una de ellas, es este mismo blog. En el 2020, tuve más de 1000 visitas, y más de 2000 vistas en todas mis entradas. No es que escriba para hacerme famosa ni mucho menos, como mencioné en ocasiones anteriores, pero si me leen, quiere decir que logro transmitir un mensaje. Que lo que escribo, le sirve a alguien aunque sea, para entretenerse un ratito. Y eso me pone realmente orgullosa. Desde aquella primer entrada con la que retomé la escritura, el 25 de enero del año pasado, la cual seguro todos ya leyeron, hasta aquellas que tuvieron pocas vistas, sea por las razones que sea, me ha proporcionado un gran placer, y una gran satisfacción escribir. Estoy muy contenta de tener este pequeño rinconcito en el mundo para poder expresar, como digo siempre, todo aquello que sueño, pienso, imagino y siento. Pero además, en este mismo sentido, hubo algunas cosas que trascendieron más allá del propio blog. Primero, aunque fue algo muy triste para mí personalmente, la partida física del gran Quino, me permitió volver a difundir el proyecto de «Mafalda en braille». También, logré publicar la entrada «Escribiendo a ciegas en android», en «La izquierda Diario». Esto me permitió darle difusión, no solo al blog en sí, si no al teclado Soft Braille, que es lo que realmente quería hacer con esa entrada. Por último, casi a fin de año, y gracias a twitter, descubrí la red social «Bloguers.net». Esta plataforma, nos permite tanto a blogueros como a lectores de blog, interactuar entre sí. A los blogueros, nos permite difundir nuestros artículos, para así llegar a un público más amplio, que pueda estar interesado en nuestro mensaje. Asimismo, nos permite a quienes somos lectores de blogs, informarnos, y leer también a otros blogueros, que publiquen artículos, en los que podamos estar interesados. La verdad me ofreció, además de mis redes sociales, y mi lista de difusión de whatsapp, encontrar otra forma de hacer llegar mis escritos a posibles lectores.

Después, por supuesto, mi DNI. Fue una de las cosas más importantes y trascendentales de mi vida. El reconocimiento de nuestra identidad en todos los ámbitos, es realmente muy importante para las personas trans. Sé que para quienes no lo sienten, es complicado de entender, pero ya hablé de eso en otra entrada, así que no voy a ampliar este punto. Solo decir que, tenerlo, es realmente muy emocionante para mí. Es de una emoción tan grande, que cuesta muchísimo explicarlo en simples palabras. Así que lo dejo por acá nomás.

La sociedad. La verdad, he encontrado en este último tiempo, una aceptación por parte de las personas que no pensé que encontraría. Tanto en ámbitos privados como públicos, como en la calle, la gente que me recibe, con la que me relaciono de alguna forma, aunque sea temporal, respeta mi identidad de género. Y eso, también es muy importante. Creo que puede atribuirse a varios factores. Tal vez sea mi apariencia. Tal vez, el hecho de que la sociedad, es muchísimo más consciente, y se está adaptando, al hecho de interactuar con las personas trans. Tal vez, sea una combinación de las 2 cosas. Son muy pocos los casos en los que se confunden, en los que no saben como tratarme, y hasta el momento, no me ha tocado ninguno en el que me discriminen directamente. Claro, que como digo siempre, hay mucho camino por recorrer. Pero de que vamos avanzando, vamos avanzando. Y eso, la verdad, me resulta simplemente, hermoso.

El ingreso, y por medio de eso la participación en varios eventos y charlas, a la comunidad de DaLat, Desarrollo Accesible de Latinoamérica. Es una comunidad compuesta por organizaciones, fundaciones, desarrolladores, testers y usuarios, con un objetivo en común. Promover y difundir el desarrollo de la accesibilidad en latinoamérica. A través de charlas, difusión en redes, participación en eventos, y mediante una capacitación orientada principalmente a personas con discapacidad, la cual fue promovida por la universidad tecnológica de Córdoba Argentina, que se llama «Mundo Digital Accesible», y que pueden buscar en youtube, ya que está disponible de forma gratuita, nos proponemos poner en la agenda de las instituciones de todo tipo, tanto públicas como privadas, la accesibilidad como tema primordial a tratar. La idea es, que se transforme en una prioridad, y no que sea algo que se deje para el final, o que ni siquiera se tome en cuenta. Tener aplicaciones de escritorio, móviles y sitios webs accesibles en todos los ámbitos, y en todas las empresas, es fundamental para que, todos aquellos que tengamos alguna dificultad, sea cual sea, podamos acceder a la información, en igualdad de condiciones. Y podamos tener así también, las mismas oportunidades y facilidades a la hora de interactuar con el mundo digital. Si les interesa el tema, estamos como «DalatComunidad» en instagram, o como «Dalat Comunidad» en linkedin. En un tiempo, publicaré mi propio artículo al respecto de este tema.

Las personas. Sin duda, son de lo más importante en nuestras vidas. Entendí, que ya sea a distancia o presencial, las personas que están cerca nuestro, que nos acompañan, que nos escuchan, nos entienden, y a las que escuchamos y también intentamos entender, son de lo mejor que nos puede pasar. Este año que pasó, aunque la pandemia me alejó de algunas personas realmente cercanas, y que por supuesto, es algo que me puso muy triste, también me permitió acercarme mucho más a otras que ya formaban parte de mi vida, pero que este contexto, ayudó a que reforcemos nuestra relación. Eso, fue realmente trascendental en todo este proceso por el que tuve que pasar. Y aún, siguen siendo importantes, y les agradezco de todo corazón, el haber estado ahí cuando las necesité, y el que me dejen también poder ayudarlas, y formar parte de sus vidas. A su vez, No siempre es importante que todas las personas nos entiendan, nos comprendan, nos acepten. A veces, solo es importante que estén ahí. Cuando necesitamos llorar y que nos escuchen. Cuando algo nos aflige y no sabemos como, ni a quién contárselo. Cuando algo nos hace mal, y nos va consumiendo por dentro. De eso se trata un poco todo esto. De tener a las personas indicadas, para cada momento. Pero además, y tal vez por este contexto de pandemia, viéndolo como algo positivo, conocí a través de las redes sociales a algunas personitas que también me ayudaron muchísimo a ver la vida de otra manera.

Hace un tiempo, me uní a un grupo en facebook que se llama «escritores independientes». Allí, además de poder difundir mis escritos, conocer los de otros autores, y leer sus consejos y experiencias a la hora de escribir, también, pude conocer a alguien muy especial, que ya forma parte de mi vida. «Letras del alma Silvana», es mucho más que una página de facebook. Es muchísimo más que letras, muchísimo más que videos. Es una persona que le pone el alma a cada nuevo proyecto que emprende. A cada video, a cada poesía, a cada relato, a cada texto. Es de esas almas que el universo te acerca para que comprendas que hay mucho más de lo que cada uno puede llegar a imaginar. Que también es importante pensar en los otros, además de uno mismo. Que hacer algo por los demás, también es importante, y ayuda mucho a que entendamos al otro. Con sus dificultades, pero sobre todo con sus virtudes. Una persona a la que la vida le enseñó a luchar, y seguir adelante. Y eso, es algo que aunque cueste, todos deberíamos intentar aprender. Pueden conocerla un poco más, a través de su propia página en facebook.

La dedicatoria del inicio. Una de las enormes personas que me trajo este 2020. No es fácil definir lo que significó para mí conocerlo. Porque la emoción de conocer a una persona con la que se puede hablar de miles de cosas, y conversar sobre miles de temas, es otra de aquellas mejores cosas que pueden pasarnos en esta vida. Y es la dedicatoria del inicio, porque fue quien me instó a escribir esta última entrada. A entender que la vida tiene también un lado bueno. Y que es lindo también, ver ese lado bueno de la vida. Encontrar lo bello. Ver la luz en medio de la oscuridad. Ver que a pesar de traernos cosas malas, el universo, si somos buenas personas, también nos recompensa con cosas buenas. Tal vez no sea dinero, tal vez no sean bienes materiales, tal vez ni siquiera sea como lo imaginamos. Pero lo bello de la vida, de alguna forma u otra, siempre está ahí. Y eso, es lo que tenemos que aprender a ver, a buscar, a entender. Pero, nos centramos tanto en lo negativo, en lo malo, que no logramos distinguir más allá de nuestras narices. Y eso, muchas veces es muy triste, y nos trae muchísimas dificultades a la hora de enfrentar la vida. Ser agradecidos con lo que tenemos y pudimos llegar a conseguir, es el primer paso para que el universo nos empiece a tener en cuenta. Si podemos agradecer, no quiere decir que no podamos aspirar a más. Pero la aspiración, ya no está basada en ambiciones materiales, o en cosas imposibles. Si no en saber que para desear algo más, primero tenemos que aprender a valorar todo lo que tenemos, es decir, lo que pudimos conseguir, o lo que nos dio el universo. Por más que algunas cosas no nos gusten, el universo sabe por qué suceden las cosas de determinada manera. Y tal vez, jamás llegue a ser rica en dinero. Pero al menos sé, que soy rica en gente que me quiere, y que quiere que esté bien. Y eso, es suficiente para mí.

La familia. Sin duda, todos los momentos buenos que pasé con mi familia durante todo este tiempo, significaron mucho para mí, y fueron sin duda lo más importante de todo. El pasar más tiempo con los chicos, el verlos crecer, jugar, estudiar, y el solo compartir tiempo con ellos, es lo mejor de toda la vida. Cada abrazo, cada caricia, cada muestra de cariño, afecto y amor, son capaces de hacerme superar cualquier tempestad, por más fuerte y poderosa que esta sea. Y son los que me dan energía todo el tiempo, para seguir adelante siempre, pase lo que pase, y tenga que enfrentarme a cuantas pruebas el destino me ponga. Y así voy a seguir. Siempre tratando de hacer lo mejor para ellos. Siempre, dándoles todo mi amor y cariño. Porque son lo más importante que la vida y el universo me han dado. Y voy a estar siempre agradecida de tener a estos 2 hermosos niñatos, como yo les digo.

Conclusión. Durante esta entrada, decidí no poner ningún enlace a ningún artículo ni propio ni externo. A pesar de que hubo páginas o cosas a las que podría haber enlazado, decidí que era mejor dejarlo en texto simple. Perdón por dejarles tarea para la casa, pero me pareció que en esta ocasión, era mejor que cada quien, si les interesa algo, lo googleen. Está todo entrecomillado, así que no les resultará muy difícil. Hice esto porque prefiero que se centren en el texto en sí, y no en el contenido externo, al menos, no en este caso. Que se centren en el mensaje, más que en el texto. Que entiendan que, aunque no escriban sus logros, o no los publiquen en una entrada de un blog, o no haya enlaces a los mismos, o no sea algo que salga en la tele o en los diarios, estos logros están ahí. Que cada quien es partícipe necesario y protagonista, de su propia historia. Que el fracaso, solo es un paso más, antes de seguir intentándolo. Y que lograr algo, por más mínimo que parezca, es la llave para abrir la puerta de un nuevo objetivo en la vida. Que solo caen, y se rinden, aquellos que no siguen intentándolo, aquellos que no luchan, que no pelean. Tal vez esto parezca muy cliché. Tal vez les parezca un libro de autoayuda, o incluso puede que hasta les parezca una tontería, una estupidez. No es mi intención que todos lo entiendan. Si logro que una sola de cien, de mil, o de un millón de personas comience a mirar la vida con otros ojos después de estas palabras, sé que habré logrado mi objetivo. Porque, como ya mencioné, lamentablemente, no tengo las respuestas a todas las preguntas, ni la cura para la depresión de nadie. Solo puedo contar las formas en las que yo logro ir sanando poco a poco, en base a mis propias experiencias. Pero confío en que algo de esto, tal vez ayude a alguien a encontrar sus propias salidas. Mientras tanto, que sepan que, si alguien necesita algún hombro, también yo voy a estar para ayudar a quienes lo necesiten, para calmar su llanto. Tal vez, y solo tal vez, estas palabras te sirvan para entender que no estás sola. Que siempre hay alguien que te quiere, y que quiere que estés bien. Por esa persona, pero principalmente por vos, tenés que intentar salir adelante, seguir. Porque si una misma no lo hace, nadie lo va a hacer por nosotras. Sé que no es fácil. De hecho, es lo más difícil de hacer. Pero por lo menos, saber que vale la pena intentarlo.

Como entenderán, creo mucho en la energía del universo. Algunos lo llaman Dios, de cualquier religión. Y les atribuyen reglas específicas que se deben seguir para tener la vida perfecta. No, no es así para mí. El manual de la vida perfecta, no existe. Si hacés el bien en lugar del mal, si podés amar a los demás a pesar de todo en lugar de odiarlos. Si sabés agradecer lo que la vida te da, tarde o temprano, vas a tener tu recompensa. Porque de alguna forma u otra, todos los que hacen el mal, tarde o temprano, también la pagan. Tal vez vos nunca llegues a saber como. Es probable que jamás te enteres. Pero podés tener el alma tranquila, sabiendo que vos, no sos como esa persona. Y así, solo así, vas a mejorar tu calidad de vida, tu mente, tu alma. Enfocándote en tu felicidad, y en la felicidad de quienes puedas ayudar. Todo lo demás, toda las demás malas personas, son irrelevantes. No te centres en lo negativo, Aspirá siempre a alejarte de quienes te hacen daño. Porque como dije, aquel que te hace daño, la va a pagar. Y aunque no estés ahí para verlo, solo eso, tiene que comenzar a tranquilizarte. A salir de a poco, de tu propia prisión, así como yo estoy intentando salir de la mía. A que tu alma, mi alma, ya no sean, unas de las tantas… Almas Rotas.

#aprendizajeDeVida #autoconocimiento #cambioInterior #crecimientoPersonal #emociones #escrituraTerapéutica #heridasEmocionales #introspección #procesoPersonal #reconstrucciónPersonal #reflexiónPersonal #resiliencia #SaludMental #sanaciónEmocional #superarElPasado

Angustia

Es uno de los sentimientos, de las emociones más crueles que el ser humano pueda llegar a sentir. Porque la angustia, se nutre del resto de las emociones negativas para crecer. Y a veces, se hace tan grande, que se vuelve incontrolable. Es como hacer un licuado. Sí, no va a ser la última vez que use esta metáfora, porque la vida en sí, es la mezcla de muchas cosas, que se ponen en un aparato que las tritura, y de todo eso, hace una sola cosa. En este caso, el producto final, está hecho de muchos otros sentimientos. Odio, amor, miedo, desconfianza, decepción, bronca, rencor, tristeza, entre tantos otros. De algunos, dependiendo del caso, puede tener un poco más, y de otros, un poco menos. Es más, no siempre son los mismos. Puede que haya alguno o algunos, que no estén.

No es solo esto lo que hace a la angustia tan cruel. Hay mucho más. Porque la angustia, a diferencia del resto de los sentimientos, nunca se apaga del todo. El rencor puede irse. El odio, ir disipándose. El amor, caer en el olvido. Pero ella, sigue ahí. Sigue ahí, porque aunque todo se vaya yendo de a poco, la razón principal por la que nos angustiamos, está tan arraigada en nuestra mente, como el primer día. Y puede durar días, semanas, meses, años. Si no sabemos manejarla, contrarrestarla, y en definitiva, superarla y dejarla atrás, nos destruye. Porque ese es su cometido. Ir destruyéndonos de a poco, hasta que de nosotros, solo quede la nada misma.

Mi Angustia

Son las 3 de la mañana, o tal vez un poco más, no lo sé, no estoy segura. No me quiero levantar a fijarme la hora, no tengo ganas. Intenté de todo. Dejar de pensar, practicar reiki, meditación, escuchar música, leer un libro, todo. Y nada funciona. De niña aprendí a llorar en silencio. Cuando no podía contarle a nadie que quería ser una niña, una mujer, lloraba. Y lloraba despacio, muy despacio, sin ruido. Para que nadie me escuche. Pero las lágrimas caían sobre mi almohada. Siempre caen, siempre quedan. Pero el llanto, no se oye, nunca se oye. Es como la metáfora del árbol y el bosque. Si el llanto no se escucha, no existe, no está, no importa, no vale, no sirve de nada. Aún así, si se escucha, muchas veces, tampoco sirve. Pero el llanto es una calma para el cuerpo, para el alma, para la mente, y para el espíritu. O eso creo yo. Una vez lloramos, podemos descargar todo eso que llevamos dentro. Ya sea alegría, felicidad, o… tristeza, angustia, como en este caso. Las lágrimas se lavan con el agua, se van. Pero el llanto, también queda dentro nuestro. Y ese llanto que queda dentro, también es difícil de superar.

Las horas continúan pasando. La noche no se detiene, se hace día de nuevo. Y la marcha inexorable del tiempo, me recuerda que no dormí nada, y que tengo que levantarme. Que tengo que empezar de nuevo, sin siquiera haber terminado. Que tengo que seguir, sin siquiera haber descansado. Que a pesar de que yo no puedo hacerlo, el mundo, la vida, la gente, las cosas, todo tiene que continuar. Y me cuesta mucho darme cuenta de que tengo que hacer lo mismo.

Soy un software. Yo misma me programo para seguir órdenes, ritmos, actividades, para hacer cosas. Para no detenerme. Y claro, yo sé de eso, de programar, de hacer que las aplicaciones hagan lo que necesito que hagan. Para eso me programé. Para hacer lo que necesito hacer, ni nada más ni nada menos. Para seguir una lógica. Un conjunto de instrucciones predeterminadas, que logran que las cosas, salgan relativamente bien. Y funciona. Para todo lo demás, funciona. Pero para mi mente, no.

Me duele la cabeza, la panza; Todos los días. Voy al médico. El diagnóstico, al fin, al momento de publicar esta entrada, ya lo sé. Celiaquía. Pero es el estrés, el que hace que se agrave la enfermedad. Quedarme despierta, no sirve, porque al día siguiente tengo sueño. Empiezo a tomar té de tilo, y ahora sí, puedo dormir. Pero dormir, tampoco sirve. Porque cuando duermo, duermo mal, tengo pesadillas. Y me despierto más asustada y cansada que antes. A veces me despierto a la madrugada y lloro, no puedo evitarlo. No puedo evitar pensar, recordar, intentar entender el por qué de todo. Los recuerdos, la tortura constante de lo que me acontece, es como un puñal que vuelve a clavarse una y otra y otra vez, en mi mente, en mi alma, un alma, que al menos por ahora, está rota. Y que necesita sanar.

Intento hablar, y no puedo. No me sale explicar cosas que ni yo misma puedo entender. Me ha pasado muchas veces. Esta, es una más de ellas. Intento escribir. Estas líneas y las anteriores, van formando una secuencia que me ayuda a sacar afuera lo que llevo dentro, aunque nadie entienda realmente de qué se trata. Y como dije, no puedo hablar. Solo llorar, escribir, intentar soñar, intentar dormir bien, intentar no despertarme a la madrugada, intentar buscar soluciones. Explorar todas las variables posibles en esta aplicación de la vida. Una aplicación que, aunque creas que podés planificarla, programarla de alguna forma, al parecer, no es solo una cuestión de voluntad. Es mucho más que eso. Y es muy difícil darte cuenta de que, aunque creas tener el control de todo, hay muchísimas cosas que se te van a escapar. Porque no todo depende de vos, de mí, ,de cualquier otra persona. Depende de muchas más cosas, de muchísimos factores externos.

Intento llevar un diario. Con fechas, situaciones, ideas, cosas que se me ocurren, etc. Me sirve. Me ayuda a tratar de, si bien ya sé que tengo el control de muy pocas cosas, por lo menos intentar tenerlo sobre mí misma. Es bueno, es sanador, es desestresante, de alguna forma. Pero a la noche, siempre a la noche, me encuentro sola. Con mi mente, mis fantasmas. Una mezcla horrible de sucesos reales, con otros que jamás ocurrieron, con otros que podrían ocurrir, y otros que jamás tal vez ocurrirán. ¿O sí? No lo sé, ya no lo sé. Ya no estoy segura de nada.

Me siento una estúpida. Por confiar tanto en las personas, toda mi vida. Por creer que el mundo está lleno de buenas personas. Por pensar que, por ser discapacitada no iban a querer lastimarme. Que error, que grave error. Durante toda mi vida confié demasiado. Y no debería haberlo hecho.

—No te digas estúpida. Porque si te lo repetís mucho, te lo vas a creer. No fuiste estúpida, fuiste ingenua. Confiaste en las personas equivocadas. Y por eso te pasó lo que sea que te haya pasado. Pero podés salir de eso, aprender. Es lo que tenés que hacer, para que no vuelva a pasarte. Y vengarte. Sí, pagarles con la misma moneda, a aquellos que te hicieron daño. O si podés, mucho peor. Dejarlos tan destruidos hasta que no quede ni un despojo de esas personas. —Me dijo una persona a la que solo pude contarle que traicionaron mi confianza, esta vez, por última vez. ¿Quiero? ¿Puedo? ¿Debo? Siguen siendo las preguntas esenciales que tengo que hacerme.

Continúo preguntándome: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? Realmente, no creo merecerlo. No creo ser tan mala persona como para tener que sufrir tanto. Sinceramente, no lo entiendo, no puedo terminar de entenderlo. A veces creo que nunca lo voy a entender.

—Lo que pasa es que vos pensás que todo el mundo es bueno. Y lamentablemente, está muy lleno de gente de mierda. Gente egoísta que no mira más allá de su propio ombligo. Y es horrible. Pero es así. Y tenés que aprender a no confiar. Lamentablemente también, a las personas más buenas, les pasan las peores cosas. Es así, es el karma de la vida, —me dijo una persona cercana a mí.

Lo intento cuando me ducho. Me quedo bajo el agua durante largos ratos, esperando que todo lo malo se vaya. Intento rituales de sanación espiritual, meditación, técnicas de respiración y relajación. Lo intento todo. Y todo sirve, me ayuda a ir saliendo de a poco. Pero a veces, no puedo. Me inventé un mantra. Empiezo a contar, cada vez que subo y que bajo, que me levanto y vuelvo a caer: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. Ni un número más. ninguno. Solo hasta ahí. Y vuelvo a repetir: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. A continuación, una pregunta inocente, pequeña, infantil, perturba mi mente. Y la respuesta, no me gusta para nada.

—¿Qué poder te gustaría tener?

—Volar, —respondo inmediatamente.

—No, pero dejame terminar la frase. ¿El fuego, o el hielo?

—El fuego, como los dragones.

—Y pero te gusta Frozen. ¿No te gustaría tener el poder del hielo?

—Sí, me gusta Frozen, pero no quiere decir que me guste su poder. Me gusta el fuego, y volar. Porque me gustan los dragones. Y los dragones, vuelan y escupen fuego.

Sí, me gustaría ser una dragona. Grande, majestuosa, poderosa. Mirar a la luna llena un día y convertirme en una. Así nadie jamás se burlaría de mí. Nadie más me traicionaría, nadie más se reiría en mi cara, nunca más. Volar y escupir fuego a todo aquel que se atreva a intentar tomarme por estúpida. A todo aquel que se atreva a intentar tomarme el pelo, a jugar conmigo. Esa sería mi venganza perfecta. Ese sería mi daño, mi poder. La mayor expresión de mi ira. Pero eso no existe más que en mi imaginación. Y ahí se queda, ahí termina. Ahí encuentra su punto final. ¿Entonces, qué hago? ¿Qué puedo, quiero, o debo hacer? No tengo respuestas para eso.

No me importa qué digan de mí, no me importa lo que piensen. No me importa que crean que me estoy victimizando. No importa si piensan que estoy exagerando. Ya no me importa. Solo me importa lo que pienso, lo que siento en estos momentos. Estoy enojada conmigo, con el mundo, con la vida. Estoy… Sí, angustiada. Muy angustiada. Quiero llorar, gritar, hacer estallar todo en este preciso instante. Siempre traté de brindarme a los demás, sin intentar recibir nada a cambio. Pero hubo quienes se aprovecharon de mi bondad, de mi ingenuidad, y por último, de mi confianza. Por eso, ya nada ni nadie me importa. Solo, la gente que sé que realmente me quiere, y a la que sé que realmente le importo.

Salgo. Me junto con amigas. 0, 1, 2, 3 veces. Las veces que lo necesite. Salgo a pasear, visito a familiares. Voy a la plaza. Camino, camino mucho. Voy hacia ninguna parte, a la nada misma. Mi cuerpo sabe hacia donde tiene que ir, qué tiene que hacer. Pero mi mente, al menos por un rato, lo olvida. Solo salgo, y camino. Las voces, los ruidos de los autos, colectivos, motos, camiones, bicicletas, todo me distrae, me lleva hacia otro lado. Los perros, los chicos, todo me transporta. Continúo caminando. El sol en mi cara, alumbrándome como diciéndome: «hola, estoy acá. No estás sola. Siempre voy a estar para acompañarte, a menos que sea de noche, o esté nublado. Si es de noche, vas a tener a tu luna, a tu querida y tan adorada luna». Me saca una leve sonrisa. El viento me empuja hacia atrás, como queriéndose llevar la parte baja de mi vestido, mi cartera, y a mí misma. Pero por un tiempo, logra llevarse todo lo malo, lo negativo. Sé que, como en los casos anteriores, solo van a ser momentos de pequeña paz, antes de que mi mente, caiga en sus propias guerras. Pero eso, al menos por ahora, me sirve, me alcanza. Funciona. Quisiera quedarme así, en calma, en paz. Ya no tener que pensar en nada más que solo el ruido, y mi mente en blanco, o diciéndome: «vos podés, dale que vos podés. Pudiste con mucho. Esto no tiene que ser la excepción. Tenés que salir adelante, tenés que seguir. Porque sos fuerte, sos valiente. Solo tenés que dejar todo eso atrás, y seguir adelante». Sí, dale, cuando vos quieras che. Posta que es re fácil genia. Sos re grosa conciencia, e. Calladita te ves más bonita. ¿Nunca te dijeron eso? Bueno, vos fijate que es así loca. No puedo. Lo intento, y muchas veces siento que no puedo. Intento que mi mente quede en blanco de nuevo. Continúo caminando. Despacio, muy despacio. Sé que quienes me vieran, no me reconocerían, no sabrían que soy yo.

Estoy a punto de cruzar una calle. Faltan unos metros para llegar a la esquina. Un señor grande se me acerca y me pregunta:

—¿Disculpame, vas a cruzar nena?

—Sí, —le respondo.

Llego a la esquina. él se acerca despacio. Lo tomo del hombro. Esperamos que los autos pasen para poder cruzar…

—Hace rato que no te veía, que no nos encontrábamos. —Me dice. Ahí, le reconozco la voz.

—¿Como andás? Estás muy linda. Me alegro muchísimo que estés así. Que puedas ser feliz. Me alegro mucho, enserio. De todo corazón. —Me dice. Y sé que no lo dice con malicia, ni con ningún otro tipo de mala intención.

Recuerdo nuestras charlas, sus luchas, la marcha a la que fuimos. Las historias compartidas, y lo que no me animé a contarle. Lo que ahora él, se dio cuenta. El cambio que vio en mí. Fue hace ya un largo tiempo cuando nos conocimos, y cuando nos vimos por última vez… Vamos cruzando la calle despacio, muy despacio, a su ritmo. Los autos y colectivos esperan pacientes a que terminemos de pasar.

—Muchísimas gracias. —Le respondo—. Realmente me hace muy bien todo lo que me está diciendo. Mis luchas se están poniendo complicadas, pero ya tengo mi DNI, y ese sé que es un enorme logro.

—De nada chiquita, no tenés nada que agradecer. Las luchas son complicadas, pero siempre hay una luz al final del túnel. Te lo dice un sobreviviente, vos sabés… Bueno, te dejo. ¿De acá ya podés seguir solita?

—Sí, —le respondo—. ¡Muchas gracias de nuevo!

Tal vez sí, tal vez es así. Tal vez, solo tenemos que dejar pasar el tiempo, y esperar a que las cosas se vayan acomodando, para que de una vez por todas, empecemos a sanar. A dejar todo lo malo atrás. Pero, no podemos hacerlo solos, él, tampoco pudo. Y ahí, es donde también están las personas que quieren vernos bien, a las que les importamos. Y además, las personitas más importantes de este mundo para mí. Esas personitas especiales sin las que, todas las luchas, metas y objetivos, no tendrían el mismo significado, no serían iguales. Tal vez, como dice mi hermano, encontramos esas respuestas, caminando por la calle. tal vez, en realidad, solo encontramos, más preguntas. Tal vez, aunque vayamos y vengamos, siempre terminamos en el mismo lugar…

Matías Barberis: «El mismo lugar».

#AlmasRotas #angustia #autoconocimiento #crisisEmocional #emociones #escrituraTerapéutica #experienciaTrans #IdentidadDeGénero #insomnio #introspección #reflexiónPersonal #resilienciaEmocional #SaludMental #soledad #tristeza
- YouTube

Enjoy the videos and music you love, upload original content, and share it all with friends, family, and the world on YouTube.

La búsqueda — La Muerte – Tercera parte

Esta entrada, es la tercera parte de una trilogía. Si no leíste la primera (El encuentro) y la segunda (La Parca) te recomiendo que las leas. Podés acceder a ellas a través de la etiqueta La Muerte.

Es tarde. No sé que tanto, pero más de la 1 de la mañana seguro. No puedo dormir. Como tantas otras veces, no puedo dormir. A la noche, cuando estoy sola, cuando solo mi propia mente me habla y me escucha, es cuando mis miedos y preocupaciones afloran. Es cuando comienzo a hacerme preguntas, para las que no tengo respuestas. Empiezo a dar vueltas en la cama. Muchas veces intento ver una película, leer un libro, empezar una serie que me interese, escuchar música relajante, o algo que me tranquilice, como alguno de mis discos favoritos. The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, El mal querer de Rosalía (sí, así de complicada soy) o algún otro que me distraiga, que me haga pensar en otras cosas. Entre todo eso y meditar o practicar reiki, casi siempre me termino durmiendo.

Esta vez, nada funciona. Y no es que haya intentado todo eso. No tengo ganas de intentar nada siquiera. Es como si, de un momento a otro, las ganas de hacer algo, se me hubiesen apagado por completo. Me siento una extraña en mi propio cuerpo, en mi cama, en mi casa, en el mundo. Siento como si no tuviese que estar aquí. ¿Y si yo no estaba tan equivocada? ¿Y si en realidad, antes no era mi hora, pero ahora sí? ¿Y si ella viene finalmente a buscarme?

Intento relajarme. Estoy boca arriba y con la cara destapada. Pongo mis brazos al costado del cuerpo, y trato de cerrar los ojos, y de a poco, no pensar en nada. Me imagino a mí. Imagino que me voy haciendo pequeña. Cada vez mi tamaño disminuye más y más. Si alguien quisiera verme, no podría. Soy ya tan pequeña, que ni yo misma puedo distinguir cuan diminuto es mi propio cuerpo. Soy como un punto en una pared. Como un granito de tierra. Como un pedacito minúsculo de piel que se despide del cuerpo. Como un microbio. Puedo moverme. puedo salir, puedo volar. Me dirijo hacia el pequeño espacio que queda entre las 2 ventanas corredizas de mi habitación. Salgo por ahí, paso por entre uno de los agujeros de la reja, y comienzo a volar. Empiezo a recuperar mi tamaño, hasta que vuelvo a ser como siempre. Continúo volando. La mayoría de las ventanas de los edificios y casas cercanos se encuentran cerradas, y con las luces apagadas. Solo alguna que otra persona no podrá dormir todavía. Desciendo a la calle. Las que hasta hace un poco más de un mes, se encontraban repletas de vida, hoy parecen postales tristes de una casa abandonada, cuyos propietarios siguen manteniéndola limpia, por si algún día la vida regresa a como era antes. Aquellas, en las que pasaban muchos autos por día, ahora solo tienen un colectivo esporádicamente, y un auto cada tanto. Incluso en las avenidas que antes estaban tan concurridas, hay momentos en los que no pasa nadie. Algunos sí viajan, claro. Los que tienen que ir o volver de trabajar. Pero incluso para ellos, cuyas rutinas laborales prácticamente no cambiaron, observar esta ciudad tan distinta les genera una sensación que no pueden explicar. Floto a centímetros del asfalto. Continúo recorriendo la ciudad. Cada vez me alejo más. No sé donde voy, no sé qué estoy buscando, no sé por qué estoy haciendo esto. ¿Y si alguien me ve? ¿Puede decirse que estoy violando la cuarentena?

Una ambulancia pasa cerca mío a toda velocidad. Un patrullero pasa a los pocos minutos. Un chico en una moto de una empresa de delivery pasa después. Un camión se para en una estación de servicio a cargar combustible. Muchas cosas continúan pasando como antes, pero a un ritmo más lento. Es como sí, además de ponerle pausa a ciertas cosas, a otras, las hubiésemos puesto a una velocidad menor. Voy hacia los lugares más transitados usualmente. Los subtes, los mercados, las plazas. El alumbrado público permanece expectante hasta que tenga a alguien a quien iluminar. Tal vez estoy desvariando. Tal vez me volví loca. Tal vez estoy soñando. Tal vez estoy despierta. Tal vez, todas esas cosas al mismo tiempo. ¿Qué buscamos cuando salimos? ¿Qué buscamos cuando tratamos de escapar de la realidad? ¿O, por el contrario, qué buscamos cuando no estamos conformes con ella, cuando queremos cambiarla, modificarla, adaptarla a lo que queremos? ¿Qué hacemos con eso que teníamos tan por seguro, pero que ahora no nos deja dormir?

Sigo avanzando. Me encuentro en la plaza de mayo. Sí, en uno de los lugares más icónicos de todo el país. Miles de luchas, miles de reclamos, miles de voces aparecen impregnados como una marca distintiva en este humilde y pequeño espacio. Más de 200 años de historia, que hoy se encuentran acallados, pero jamás enmudecidos. Gritos de júbilo, de bronca, de desesperación, de ira, enojo, alegría, tristeza, llanto. Todas las emociones que podemos tener, se sentían como propias, pero a la vez reflejadas en multitudes, que estaban acá por lo mismo que vos, que yo, que todos. ¿Te imaginás? ¿Cientos de miles de personas marchando para exigir barbijos, alcohol en gel, comida, agua, luz, un celular o una compu para estudiar? Pero no, no se puede, eso no se puede, no se debe, está mal. La libertad, se convirtió en un síntoma de una enfermedad que no todos tenemos, pero que cualquiera puede tener. Y eso, es lo que la hace diferente, especial, hasta podría decir que, temible y terrorífica. Tanto así, que hasta salir de nuestras casas con todas las precauciones que podemos tomar, nos da miedo. ¿De qué manera podemos proteger a los demás, si se nos hace tan difícil protegernos a nosotros mismos?

Decido volver. No encontré respuestas, solo más preguntas. ¿Qué busco? ?Dónde? ¿Por qué? Siempre extrañamos lo que no podemos tener. Lo que antes nos parecía tan cercano y familiar, hoy es un lujo que nadie puede darse. Es un arma, un puñal por la espalda. Y no es que no quieras confiar en nadie, solo que no podés hacerlo. Porque, ni siquiera podés confiar en vos. Ni siquiera podés tener la certeza de que estás haciendo lo correcto, de que no tenés, y no podés contagiar la enfermedad. ¿Entonces, como podrías hacer lo mismo con los demás?

Voy por las calles mirando, escuchando, tratando de sentir. Me paro en las esquinas un rato, esperando que algo pase, que alguien llegue, que alguien pase. Miro a través de las ventanas cerradas tratando de encontrar aquello que ando buscando. ¿Pero, qué es? ¿Quién es? ¿Dónde está el Príncipe Salvador que rescata a las princesas en peligro en los cuentos de hadas? ¿Dónde están aquellas que no necesitan ayuda, y a las que solo les bastan sus propios poderes, habilidades y fortalezas para salvarse? ¿Dónde están los héroes y las heroínas que rescatan a la humanidad de las fuerzas malignas? No, lo sé, no estoy tan loca como para no saber que todo eso no existe. No soy tan infantil como para no entender que los cuentos de hadas, son solo eso, cuentos. Es solo que tal vez, tener una visión más superficial de todo, sería más fácil. Tal vez, creer que va a llegar el milagro, la solución de algún lado, sería mucho mejor que enfrentarse a la realidad. Porque sí, hay héroes. Son los médicos, enfermeros, personal de limpieza, cocineros, que salen todos los días para ir a los hospitales. Es el pibe del delivery que te trae la compra a tu casa para que no tengas que salir. Son los que se quedaron sin ingresos, y tienen que salir de todos modos a darles de comer a sus familias. Sí, son héroes. Pero también son humanos. Como vos, como yo. Y no tenemos que olvidarnos de eso. Y recordar que, a pesar de que son héroes, también tienen que cuidarse para no contagiarse, también tienen miedo de enfermarse, de infectar a sus seres queridos, y de morir, al igual que nosotros.

Ya está amaneciendo. Las veredas se encuentran repletas de las hojas secas que, en el otoño se caen, para dar lugar a otras que florecerán en primavera. Tal vez, somos como las hojas de estos árboles. Caímos, pero pronto volveremos a florecer. Mientras tanto, sigamos buscando eso que nos mantiene vivos, para que ella, no tenga que venir a buscarnos. El día sigue su curso. La gente comienza a despertarse, a salir. Los tapabocas como distintivos de una especie que, por primera vez, en su totalidad, tiene al menos una noción de lo que es estar enjaulados, y usar un bozal. Tal vez, esto sirva, no para encontrar algo afuera, si no, para encontrar algo más en nosotros mismos. Tal vez, y solo tal vez, esto sirva para que, al menos algunos, nos demos cuenta del daño que le hacemos al planeta, a las otras especies, a la propia humanidad. Espero que sea así. Porque si no, el pensamiento de que todo va a volver a ser exactamente como era antes, no es muy alentador.

Regreso a mi cama. Poco a poco vuelvo a recuperar mi cuerpo, y la sensación de todo lo que me rodea. Antes de ser totalmente consciente de mi misma nuevamente, escribo lo siguiente:

Hasta luego, señora muerte. Perdón por tanto divague, supongo que, parafraseándome a mí misma con lo de los árboles, me fui por las ramas. Pero bueno, que le voy a hacer, a veces soy así. Le dejo muchos saludos, y de verdad espero no volver a verla en mucho tiempo.

#búsquedaInterior #cuento #diálogoFilosófico #Fantasía #introspección #laMuerte #literaturaFantástica #reflexiónExistencial #relatoCorto #Sobrenatural #trilogíaLaMuerte #viajeInterior #vidaYMuerte

▶️Qué razón tienes con eso de que nos montamos nuestras propias películas.
Al final, somos expertos en comprar nuestra propia mercancía defectuosa y en dar por sentado que lo que vemos a la primera es la verdad absoluta.
Nos encanta esa sensación de “yo ya sé de qué vas”, cuando lo más probable es que no tengamos ni idea.

Vamos en piloto automático.
Nuestros sentidos sirven para no tropezarnos con una piedra, pero cuando se trata de entender a las personas o lo que sentimos por dentro, suelen ser traicioneros.
Nos venden la moto de que somos superobjetivos, cuando en realidad todo lo que percibimos está filtrado por nuestros miedos, fracasos y cicatrices.
Reaccionamos al pasado, no a lo que tenemos delante.

La madurez, quizá, sea eso: dejar de ser esclavos de nuestro juicio rápido.
Parar, respirar y admitir que igual estamos equivocados de cabo a rabo.
Que esa persona no es tan borde, que ese problema no es el fin del mundo, sino solo un cambio de guion.
El truco no es ver más, sino mirar mejor, con menos ruido y más humildad.
Porque seamos sinceros: nuestra mente nos cuenta unas historias que ni Hollywood sería capaz de inventar… y nos las creemos todas.

✺✺✺✺✺✺✺✺

#reflexion #psicologia #autoconocimiento #vida #madurez #introspeccion #mentehumana #percepcion #historiasinternas #humildad #vivirmejor #conciencia #realidad

🪞Se sienta frente al espejo, revisa su día, y culpa a todos menos a ella misma.
Cada error de los demás es una excusa para no mirar los suyos.
Pero por la noche, cuando nadie escucha, la culpa vuelve en forma de susurros.
Y entonces entiende que no la culpa de otros la libera: solo enfrentarse a la propia la deja dormir.

▥▥▥▥▥▥▥▥▥▥▥▥▥

#tkz #psicología #reflexión #culpa #autoconocimiento #introspección #sombrasinteriores

Frases Célebres

Frases Célebres Amado Ruiz de Nervo y Ordaz (1870-1919) #aperturaintelectual #frasescelebresaintelectual #problemas #introspección #soluciones

Apertura Intelectual

🔹Hay lugares donde mi presencia ya no encaja.
No porque yo haya cambiado para mal, sino porque he crecido hacia dentro.

Ya no me atrae el ruido, ni las luces de neón, ni las risas forzadas para la foto.
Me seduce el silencio de casa, el café sin prisa y la gente que sabe hablar de sueños en vez de hablar de otros.

He aprendido que no estar en todas partes es, muchas veces, la mejor forma de estar donde de verdad importo.
He dicho.

☆彡☆彡☆彡

#introspeccion #vidaquieta #crecimientopersonal #reflexion #masto #autenticidad #silencio #prioridades

Donde termina el nombre y empieza la memoria

Crónica íntima de Walter González. Un viaje al cementerio de Totonicapán para cerrar ciclos, encontrar a Rafael Puac y reflexionar sobre el legado,