A veces es raro cómo nos pasa esto: vas acumulando recuerdos, momentos y sensaciones, y te das cuenta de que eso es lo único que te salva cuando las cosas se ponen difíciles.
Me pasa contigo.
Te tengo tan presente en mi día a día —en los detalles más tontos, en el café, en cada pensamiento— que ya no sé si todo lo que hemos vivido ha sido real o si, simplemente, te he convertido en mi lugar seguro.
Intentar explicar esto es complicado porque es un sentimiento que se me queda grande.
No se puede guardar en una foto ni en un cajón, porque no cabe.
Así que simplemente te guardo conmigo, muy dentro, donde sé que nadie más puede tocarte.
Al final, tu mirada es el único sitio donde me siento en casa.
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Hay algo en decir las cosas a quemarropa que le quita todo el peso a la cursilería.











