El tarot no adivina: revela lo que ya está en ti pero no has nombrado todavía.

Soy José Luis, tarotista profesional con 15 años de experiencia. Atiendo en línea para México y la comunidad hispana en EE.UU.

Si algo en ti busca claridad en amor, trabajo o propósito — las cartas tienen algo que decirte.

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 A veces siento que dentro de mí viven dos versiones que no siempre se ponen de acuerdo, pero que al final se necesitan una barbaridad: la que pisa el suelo y la que vuela un poco más alto.

Mi parte más "terrenal" es la que se cabrea, la que duda, la que se cansa de todo y la que mete la pata hasta el fondo.
Es la que siente los palos y las alegrías, la que necesita un abrazo fuerte, un buen descanso y, sobre todo, que la perdonen de vez en cuando.
Es mi humanidad pura y dura, y sin ella no estaría aquí aprendiendo nada.

Luego está esa otra parte, mi lado más consciente, que se queda mirando todo en silencio.
Esa parte no juzga ni tiene miedo; simplemente entiende que cada error o cada bajón son parte del proceso para crecer.
No se enreda en el drama, solo observa y comprende.

He aprendido a vivir en ese equilibrio.
No puedo ignorar mis emociones porque son las que me hacen estar viva, pero tampoco puedo olvidarme de esa paz interior que le da sentido a todo el jaleo.
Cuando las dos van de la mano, la vida se ve mucho más clara.
Ya no me castigo por sentirme mal ni me pierdo solo en lo material; entiendo que soy alguien viviendo una experiencia muy humana y aprendiendo a quererse desde cada rincón.

Hoy me toca abrazar esa dualidad.
No soy solo un cuerpo que va de aquí para allá, ni solo una idea abstracta.
Soy el puente entre lo que siente y lo que entiende, y justo en esa mezcla es donde por fin encuentro mi paz de verdad.

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💠A veces nos rayamos mucho con decisiones que parecen un mundo: qué curro aceptar, si mudarnos de ciudad o qué proyecto arrancar.
Pero hay una elección que, aunque no haga ruido, es la que aguanta todo el peso de las demás.

Elegir con quién compartes tu vida.

No es una decisión de un día y ya.
Es una presencia constante.
Es despertarte y tener al lado a alguien que, solo con estar, ya está marcando cómo vas a encarar el día.
Porque, seamos realistas, esa persona tiene el poder de darte el empujón que te falta cuando dudas... o de hacer que te sientas pequeña sin que te des ni cuenta.

Puede ser quien te traiga la calma cuando todo pesa demasiado, o quien meta más ruido donde ya no cabe ni un alfiler.
Te puede sostener o te puede ir desgastando poco a poco, como una gotera.

Ningún logro profesional ni ningún planazo tiene tanto impacto como esto.
Al final, todo lo que haces en tu día a día lo haces desde el estado mental en el que esa relación te deja.

No se trata de buscar a alguien "perfecto", porque todos creemos que elegimos de lujo cuando estamos en pleno subidón.
Pero sí de pararse un segundo, dejar a un lado esa parte irracional que nos empuja a ciegas y hacerse una pregunta muy simple:

¿Esta persona me acerca a quien quiero ser... o me aleja?

Compartir la vida no es solo ir de la mano por el camino.
Es influirse, es contaminarse de lo bueno (o de lo malo) y es decidir si quieres ser el sitio donde el otro descansa o el sitio donde el otro se acaba perdiendo.

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Sanación

Dedicado al Profesor. Sin vos, esta última entrada de esta serie de textos consecutivos, no existiría.

Antes de entrar al tema específico del que vengo a hablar aquí, quisiera hacer un par de aclaraciones sobre las 4 entradas anteriores.

Primero, es probable que haya quienes se pregunten el por qué de todo aquello. Qué me pasó, cuando, como… Lo cierto es, que nada de eso es importante, para nadie más que para mí, y puede que para algunas personas cercanas con las que tal vez, en algún momento pueda hablarlo. No escribí todo esto para que se preocupen, ni mucho menos. Si no, para intentar hacer un recuento, y reflexionar, sobre como los distintos sentimientos humanos, nos afectan en una crisis emocional. En este sentido, es que algunas de estas reflexiones, fueron escritas sin pensar. Es decir, desde la más pura improvisación. En cambio, otras, fueron escritas desde un punto más filosófico, si se quiere. Es decir, desde frases que, es posible, que tal vez ayuden a alguien más, en caso de que estén pasando por procesos similares. Mi objetivo al escribir, además de intentar desahogarme, es decir, sacar todo eso que me hace mal, que me atormenta por dentro, también, es con mis mensajes, tratar de ayudar un poquito, si es que puedo, a alguien más, que esté pasando por lo mismo que yo.

En segundo lugar, tener la confirmación del diagnóstico de celiaquía, algunos días antes de publicar todas estas entradas, también cambió mi perspectiva a la hora de enfrentar las cosas. Siempre suelo deprimirme primero, e intentar pensar las cosas con más calma, y por supuesto, por último, resolverlas. Este es todo un camino nuevo que tendré que recorrer desde cero, como tantas otras cosas que tuve que enfrentar y superar en la vida. Sé que me va a resultar muy difícil, y sobre todo con lo que a mí me gusta comer cosas con TACC. Bueno, dejémoslo en con lo que a mí me gusta comer cosas… En general. Pero es muy importante para mi salud y mi bienestar, así que sé, que aunque me cueste, tengo que hacerlo.

En tercer lugar, comentar que, si bien el concepto de la «angustia», es algo en lo que no había pensado si no hasta ahora a partir de todo esto, los conceptos de la «confianza» y «la prisión», eran cosas sobre las que hace rato venía reflexionando. Esta situación en particular, me dio una razón para poder sacarlos a la luz. Y especialmente el de la prisión, el cual terminó siendo un cuentito bastante largo que, si lo leen detenidamente, es más lo que oculta, que todo lo que dice. Y es en ese sentido, que también, esta última entrada, es importante, al menos para mí. Si no leyeron las anteriores, les recomiendo que lo hagan, antes de continuar.

Como saben, Annabelle no me dijo de qué forma pueden sanar las Almas Rotas. Pero sí, me dijo que iban a haber personas que me hablen, que me aconsejen, que me ayuden a intentar sanar mi alma. Y es así, como esta publicación, toma total relevancia, para cumplir con ese objetivo final. Es decir, con la sanación, de mi Alma Rota.

Existen momentos buenos y malos en la vida. Distintos sucesos que nos van marcando. De los que podemos aprender, y a partir de ahí, conseguir herramientas para seguir enfrentándolos. ¿Pero la gran pregunta es, es posible encontrar un equilibrio entre esos sucesos? ¿Existe uno realmente? Lamentablemente, no hay una respuesta para esto. Porque para cada persona, es distinto. Pero no solo eso. Aún hay más. Porque muchas veces, tampoco tenemos a personas que nos ayuden a encontrar ese camino, ese equilibrio. La depresión, es algo muy fuerte. Algo muy difícil de superar. Y si no se cuenta con los recursos, las herramientas, y los profesionales que puedan ayudar a las personas a salir de esa depresión, es imposible, o al menos muy difícil, que podamos hacerlo solos. Asimismo, es también muy importante que contemos con personas que nos acompañen, que nos entiendan, que comprendan por lo que estamos pasando, y que puedan darnos una manito desde su lugar. Aún así, todo esto, podría no ser suficiente. Yo no soy quien, para decirle a cada persona como debe, o puede enfrentar sus luchas. Yo solo puedo decirles, como lo estoy haciendo yo.

Como me enseñó la gran escritora «BleuMinette», tenemos todo el derecho del mundo a expresar nuestro enojo, nuestra bronca, nuestra indignación, nuestra angustia, o, cuando tenemos un mal día… En sí, todos nuestros sentimientos negativos. Y no tenemos que sentirnos mal por eso. No siempre debemos estar con una cara sonriente ante todo el mundo. También, podemos estar mal. Y de eso, se tratan las entradas anteriores. Pero a su vez, una de las formas en las que nuestra alma puede sanar, es dejando de ver solo lo negativo de todo. Y entender que, por más pequeñas que sean, también nos pasan cosas buenas. Y está bien, que también hablemos de ello. Es decir, hay 2 formas de ver un baso. O verlo medio vacío, o medio lleno. La forma en la que elijamos verlo, será cosa nuestra. Y de eso dependerá, si nuestra alma comienza a sanar, o continúa rota. De ese vaso medio lleno, es de lo que finalmente, quiero hablar aquí.

A pesar de que en los últimos tiempos me han pasado algunas cosas negativas, es cierto que el año que nos dejó, también me ha traído cosas muy buenas. En mi caso, comenzar a sanar, es ver todo aquello bueno que me sucedió, o que logré yo misma. Una de ellas, es este mismo blog. En el 2020, tuve más de 1000 visitas, y más de 2000 vistas en todas mis entradas. No es que escriba para hacerme famosa ni mucho menos, como mencioné en ocasiones anteriores, pero si me leen, quiere decir que logro transmitir un mensaje. Que lo que escribo, le sirve a alguien aunque sea, para entretenerse un ratito. Y eso me pone realmente orgullosa. Desde aquella primer entrada con la que retomé la escritura, el 25 de enero del año pasado, la cual seguro todos ya leyeron, hasta aquellas que tuvieron pocas vistas, sea por las razones que sea, me ha proporcionado un gran placer, y una gran satisfacción escribir. Estoy muy contenta de tener este pequeño rinconcito en el mundo para poder expresar, como digo siempre, todo aquello que sueño, pienso, imagino y siento. Pero además, en este mismo sentido, hubo algunas cosas que trascendieron más allá del propio blog. Primero, aunque fue algo muy triste para mí personalmente, la partida física del gran Quino, me permitió volver a difundir el proyecto de «Mafalda en braille». También, logré publicar la entrada «Escribiendo a ciegas en android», en «La izquierda Diario». Esto me permitió darle difusión, no solo al blog en sí, si no al teclado Soft Braille, que es lo que realmente quería hacer con esa entrada. Por último, casi a fin de año, y gracias a twitter, descubrí la red social «Bloguers.net». Esta plataforma, nos permite tanto a blogueros como a lectores de blog, interactuar entre sí. A los blogueros, nos permite difundir nuestros artículos, para así llegar a un público más amplio, que pueda estar interesado en nuestro mensaje. Asimismo, nos permite a quienes somos lectores de blogs, informarnos, y leer también a otros blogueros, que publiquen artículos, en los que podamos estar interesados. La verdad me ofreció, además de mis redes sociales, y mi lista de difusión de whatsapp, encontrar otra forma de hacer llegar mis escritos a posibles lectores.

Después, por supuesto, mi DNI. Fue una de las cosas más importantes y trascendentales de mi vida. El reconocimiento de nuestra identidad en todos los ámbitos, es realmente muy importante para las personas trans. Sé que para quienes no lo sienten, es complicado de entender, pero ya hablé de eso en otra entrada, así que no voy a ampliar este punto. Solo decir que, tenerlo, es realmente muy emocionante para mí. Es de una emoción tan grande, que cuesta muchísimo explicarlo en simples palabras. Así que lo dejo por acá nomás.

La sociedad. La verdad, he encontrado en este último tiempo, una aceptación por parte de las personas que no pensé que encontraría. Tanto en ámbitos privados como públicos, como en la calle, la gente que me recibe, con la que me relaciono de alguna forma, aunque sea temporal, respeta mi identidad de género. Y eso, también es muy importante. Creo que puede atribuirse a varios factores. Tal vez sea mi apariencia. Tal vez, el hecho de que la sociedad, es muchísimo más consciente, y se está adaptando, al hecho de interactuar con las personas trans. Tal vez, sea una combinación de las 2 cosas. Son muy pocos los casos en los que se confunden, en los que no saben como tratarme, y hasta el momento, no me ha tocado ninguno en el que me discriminen directamente. Claro, que como digo siempre, hay mucho camino por recorrer. Pero de que vamos avanzando, vamos avanzando. Y eso, la verdad, me resulta simplemente, hermoso.

El ingreso, y por medio de eso la participación en varios eventos y charlas, a la comunidad de DaLat, Desarrollo Accesible de Latinoamérica. Es una comunidad compuesta por organizaciones, fundaciones, desarrolladores, testers y usuarios, con un objetivo en común. Promover y difundir el desarrollo de la accesibilidad en latinoamérica. A través de charlas, difusión en redes, participación en eventos, y mediante una capacitación orientada principalmente a personas con discapacidad, la cual fue promovida por la universidad tecnológica de Córdoba Argentina, que se llama «Mundo Digital Accesible», y que pueden buscar en youtube, ya que está disponible de forma gratuita, nos proponemos poner en la agenda de las instituciones de todo tipo, tanto públicas como privadas, la accesibilidad como tema primordial a tratar. La idea es, que se transforme en una prioridad, y no que sea algo que se deje para el final, o que ni siquiera se tome en cuenta. Tener aplicaciones de escritorio, móviles y sitios webs accesibles en todos los ámbitos, y en todas las empresas, es fundamental para que, todos aquellos que tengamos alguna dificultad, sea cual sea, podamos acceder a la información, en igualdad de condiciones. Y podamos tener así también, las mismas oportunidades y facilidades a la hora de interactuar con el mundo digital. Si les interesa el tema, estamos como «DalatComunidad» en instagram, o como «Dalat Comunidad» en linkedin. En un tiempo, publicaré mi propio artículo al respecto de este tema.

Las personas. Sin duda, son de lo más importante en nuestras vidas. Entendí, que ya sea a distancia o presencial, las personas que están cerca nuestro, que nos acompañan, que nos escuchan, nos entienden, y a las que escuchamos y también intentamos entender, son de lo mejor que nos puede pasar. Este año que pasó, aunque la pandemia me alejó de algunas personas realmente cercanas, y que por supuesto, es algo que me puso muy triste, también me permitió acercarme mucho más a otras que ya formaban parte de mi vida, pero que este contexto, ayudó a que reforcemos nuestra relación. Eso, fue realmente trascendental en todo este proceso por el que tuve que pasar. Y aún, siguen siendo importantes, y les agradezco de todo corazón, el haber estado ahí cuando las necesité, y el que me dejen también poder ayudarlas, y formar parte de sus vidas. A su vez, No siempre es importante que todas las personas nos entiendan, nos comprendan, nos acepten. A veces, solo es importante que estén ahí. Cuando necesitamos llorar y que nos escuchen. Cuando algo nos aflige y no sabemos como, ni a quién contárselo. Cuando algo nos hace mal, y nos va consumiendo por dentro. De eso se trata un poco todo esto. De tener a las personas indicadas, para cada momento. Pero además, y tal vez por este contexto de pandemia, viéndolo como algo positivo, conocí a través de las redes sociales a algunas personitas que también me ayudaron muchísimo a ver la vida de otra manera.

Hace un tiempo, me uní a un grupo en facebook que se llama «escritores independientes». Allí, además de poder difundir mis escritos, conocer los de otros autores, y leer sus consejos y experiencias a la hora de escribir, también, pude conocer a alguien muy especial, que ya forma parte de mi vida. «Letras del alma Silvana», es mucho más que una página de facebook. Es muchísimo más que letras, muchísimo más que videos. Es una persona que le pone el alma a cada nuevo proyecto que emprende. A cada video, a cada poesía, a cada relato, a cada texto. Es de esas almas que el universo te acerca para que comprendas que hay mucho más de lo que cada uno puede llegar a imaginar. Que también es importante pensar en los otros, además de uno mismo. Que hacer algo por los demás, también es importante, y ayuda mucho a que entendamos al otro. Con sus dificultades, pero sobre todo con sus virtudes. Una persona a la que la vida le enseñó a luchar, y seguir adelante. Y eso, es algo que aunque cueste, todos deberíamos intentar aprender. Pueden conocerla un poco más, a través de su propia página en facebook.

La dedicatoria del inicio. Una de las enormes personas que me trajo este 2020. No es fácil definir lo que significó para mí conocerlo. Porque la emoción de conocer a una persona con la que se puede hablar de miles de cosas, y conversar sobre miles de temas, es otra de aquellas mejores cosas que pueden pasarnos en esta vida. Y es la dedicatoria del inicio, porque fue quien me instó a escribir esta última entrada. A entender que la vida tiene también un lado bueno. Y que es lindo también, ver ese lado bueno de la vida. Encontrar lo bello. Ver la luz en medio de la oscuridad. Ver que a pesar de traernos cosas malas, el universo, si somos buenas personas, también nos recompensa con cosas buenas. Tal vez no sea dinero, tal vez no sean bienes materiales, tal vez ni siquiera sea como lo imaginamos. Pero lo bello de la vida, de alguna forma u otra, siempre está ahí. Y eso, es lo que tenemos que aprender a ver, a buscar, a entender. Pero, nos centramos tanto en lo negativo, en lo malo, que no logramos distinguir más allá de nuestras narices. Y eso, muchas veces es muy triste, y nos trae muchísimas dificultades a la hora de enfrentar la vida. Ser agradecidos con lo que tenemos y pudimos llegar a conseguir, es el primer paso para que el universo nos empiece a tener en cuenta. Si podemos agradecer, no quiere decir que no podamos aspirar a más. Pero la aspiración, ya no está basada en ambiciones materiales, o en cosas imposibles. Si no en saber que para desear algo más, primero tenemos que aprender a valorar todo lo que tenemos, es decir, lo que pudimos conseguir, o lo que nos dio el universo. Por más que algunas cosas no nos gusten, el universo sabe por qué suceden las cosas de determinada manera. Y tal vez, jamás llegue a ser rica en dinero. Pero al menos sé, que soy rica en gente que me quiere, y que quiere que esté bien. Y eso, es suficiente para mí.

La familia. Sin duda, todos los momentos buenos que pasé con mi familia durante todo este tiempo, significaron mucho para mí, y fueron sin duda lo más importante de todo. El pasar más tiempo con los chicos, el verlos crecer, jugar, estudiar, y el solo compartir tiempo con ellos, es lo mejor de toda la vida. Cada abrazo, cada caricia, cada muestra de cariño, afecto y amor, son capaces de hacerme superar cualquier tempestad, por más fuerte y poderosa que esta sea. Y son los que me dan energía todo el tiempo, para seguir adelante siempre, pase lo que pase, y tenga que enfrentarme a cuantas pruebas el destino me ponga. Y así voy a seguir. Siempre tratando de hacer lo mejor para ellos. Siempre, dándoles todo mi amor y cariño. Porque son lo más importante que la vida y el universo me han dado. Y voy a estar siempre agradecida de tener a estos 2 hermosos niñatos, como yo les digo.

Conclusión. Durante esta entrada, decidí no poner ningún enlace a ningún artículo ni propio ni externo. A pesar de que hubo páginas o cosas a las que podría haber enlazado, decidí que era mejor dejarlo en texto simple. Perdón por dejarles tarea para la casa, pero me pareció que en esta ocasión, era mejor que cada quien, si les interesa algo, lo googleen. Está todo entrecomillado, así que no les resultará muy difícil. Hice esto porque prefiero que se centren en el texto en sí, y no en el contenido externo, al menos, no en este caso. Que se centren en el mensaje, más que en el texto. Que entiendan que, aunque no escriban sus logros, o no los publiquen en una entrada de un blog, o no haya enlaces a los mismos, o no sea algo que salga en la tele o en los diarios, estos logros están ahí. Que cada quien es partícipe necesario y protagonista, de su propia historia. Que el fracaso, solo es un paso más, antes de seguir intentándolo. Y que lograr algo, por más mínimo que parezca, es la llave para abrir la puerta de un nuevo objetivo en la vida. Que solo caen, y se rinden, aquellos que no siguen intentándolo, aquellos que no luchan, que no pelean. Tal vez esto parezca muy cliché. Tal vez les parezca un libro de autoayuda, o incluso puede que hasta les parezca una tontería, una estupidez. No es mi intención que todos lo entiendan. Si logro que una sola de cien, de mil, o de un millón de personas comience a mirar la vida con otros ojos después de estas palabras, sé que habré logrado mi objetivo. Porque, como ya mencioné, lamentablemente, no tengo las respuestas a todas las preguntas, ni la cura para la depresión de nadie. Solo puedo contar las formas en las que yo logro ir sanando poco a poco, en base a mis propias experiencias. Pero confío en que algo de esto, tal vez ayude a alguien a encontrar sus propias salidas. Mientras tanto, que sepan que, si alguien necesita algún hombro, también yo voy a estar para ayudar a quienes lo necesiten, para calmar su llanto. Tal vez, y solo tal vez, estas palabras te sirvan para entender que no estás sola. Que siempre hay alguien que te quiere, y que quiere que estés bien. Por esa persona, pero principalmente por vos, tenés que intentar salir adelante, seguir. Porque si una misma no lo hace, nadie lo va a hacer por nosotras. Sé que no es fácil. De hecho, es lo más difícil de hacer. Pero por lo menos, saber que vale la pena intentarlo.

Como entenderán, creo mucho en la energía del universo. Algunos lo llaman Dios, de cualquier religión. Y les atribuyen reglas específicas que se deben seguir para tener la vida perfecta. No, no es así para mí. El manual de la vida perfecta, no existe. Si hacés el bien en lugar del mal, si podés amar a los demás a pesar de todo en lugar de odiarlos. Si sabés agradecer lo que la vida te da, tarde o temprano, vas a tener tu recompensa. Porque de alguna forma u otra, todos los que hacen el mal, tarde o temprano, también la pagan. Tal vez vos nunca llegues a saber como. Es probable que jamás te enteres. Pero podés tener el alma tranquila, sabiendo que vos, no sos como esa persona. Y así, solo así, vas a mejorar tu calidad de vida, tu mente, tu alma. Enfocándote en tu felicidad, y en la felicidad de quienes puedas ayudar. Todo lo demás, toda las demás malas personas, son irrelevantes. No te centres en lo negativo, Aspirá siempre a alejarte de quienes te hacen daño. Porque como dije, aquel que te hace daño, la va a pagar. Y aunque no estés ahí para verlo, solo eso, tiene que comenzar a tranquilizarte. A salir de a poco, de tu propia prisión, así como yo estoy intentando salir de la mía. A que tu alma, mi alma, ya no sean, unas de las tantas… Almas Rotas.

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Angustia

Es uno de los sentimientos, de las emociones más crueles que el ser humano pueda llegar a sentir. Porque la angustia, se nutre del resto de las emociones negativas para crecer. Y a veces, se hace tan grande, que se vuelve incontrolable. Es como hacer un licuado. Sí, no va a ser la última vez que use esta metáfora, porque la vida en sí, es la mezcla de muchas cosas, que se ponen en un aparato que las tritura, y de todo eso, hace una sola cosa. En este caso, el producto final, está hecho de muchos otros sentimientos. Odio, amor, miedo, desconfianza, decepción, bronca, rencor, tristeza, entre tantos otros. De algunos, dependiendo del caso, puede tener un poco más, y de otros, un poco menos. Es más, no siempre son los mismos. Puede que haya alguno o algunos, que no estén.

No es solo esto lo que hace a la angustia tan cruel. Hay mucho más. Porque la angustia, a diferencia del resto de los sentimientos, nunca se apaga del todo. El rencor puede irse. El odio, ir disipándose. El amor, caer en el olvido. Pero ella, sigue ahí. Sigue ahí, porque aunque todo se vaya yendo de a poco, la razón principal por la que nos angustiamos, está tan arraigada en nuestra mente, como el primer día. Y puede durar días, semanas, meses, años. Si no sabemos manejarla, contrarrestarla, y en definitiva, superarla y dejarla atrás, nos destruye. Porque ese es su cometido. Ir destruyéndonos de a poco, hasta que de nosotros, solo quede la nada misma.

Mi Angustia

Son las 3 de la mañana, o tal vez un poco más, no lo sé, no estoy segura. No me quiero levantar a fijarme la hora, no tengo ganas. Intenté de todo. Dejar de pensar, practicar reiki, meditación, escuchar música, leer un libro, todo. Y nada funciona. De niña aprendí a llorar en silencio. Cuando no podía contarle a nadie que quería ser una niña, una mujer, lloraba. Y lloraba despacio, muy despacio, sin ruido. Para que nadie me escuche. Pero las lágrimas caían sobre mi almohada. Siempre caen, siempre quedan. Pero el llanto, no se oye, nunca se oye. Es como la metáfora del árbol y el bosque. Si el llanto no se escucha, no existe, no está, no importa, no vale, no sirve de nada. Aún así, si se escucha, muchas veces, tampoco sirve. Pero el llanto es una calma para el cuerpo, para el alma, para la mente, y para el espíritu. O eso creo yo. Una vez lloramos, podemos descargar todo eso que llevamos dentro. Ya sea alegría, felicidad, o… tristeza, angustia, como en este caso. Las lágrimas se lavan con el agua, se van. Pero el llanto, también queda dentro nuestro. Y ese llanto que queda dentro, también es difícil de superar.

Las horas continúan pasando. La noche no se detiene, se hace día de nuevo. Y la marcha inexorable del tiempo, me recuerda que no dormí nada, y que tengo que levantarme. Que tengo que empezar de nuevo, sin siquiera haber terminado. Que tengo que seguir, sin siquiera haber descansado. Que a pesar de que yo no puedo hacerlo, el mundo, la vida, la gente, las cosas, todo tiene que continuar. Y me cuesta mucho darme cuenta de que tengo que hacer lo mismo.

Soy un software. Yo misma me programo para seguir órdenes, ritmos, actividades, para hacer cosas. Para no detenerme. Y claro, yo sé de eso, de programar, de hacer que las aplicaciones hagan lo que necesito que hagan. Para eso me programé. Para hacer lo que necesito hacer, ni nada más ni nada menos. Para seguir una lógica. Un conjunto de instrucciones predeterminadas, que logran que las cosas, salgan relativamente bien. Y funciona. Para todo lo demás, funciona. Pero para mi mente, no.

Me duele la cabeza, la panza; Todos los días. Voy al médico. El diagnóstico, al fin, al momento de publicar esta entrada, ya lo sé. Celiaquía. Pero es el estrés, el que hace que se agrave la enfermedad. Quedarme despierta, no sirve, porque al día siguiente tengo sueño. Empiezo a tomar té de tilo, y ahora sí, puedo dormir. Pero dormir, tampoco sirve. Porque cuando duermo, duermo mal, tengo pesadillas. Y me despierto más asustada y cansada que antes. A veces me despierto a la madrugada y lloro, no puedo evitarlo. No puedo evitar pensar, recordar, intentar entender el por qué de todo. Los recuerdos, la tortura constante de lo que me acontece, es como un puñal que vuelve a clavarse una y otra y otra vez, en mi mente, en mi alma, un alma, que al menos por ahora, está rota. Y que necesita sanar.

Intento hablar, y no puedo. No me sale explicar cosas que ni yo misma puedo entender. Me ha pasado muchas veces. Esta, es una más de ellas. Intento escribir. Estas líneas y las anteriores, van formando una secuencia que me ayuda a sacar afuera lo que llevo dentro, aunque nadie entienda realmente de qué se trata. Y como dije, no puedo hablar. Solo llorar, escribir, intentar soñar, intentar dormir bien, intentar no despertarme a la madrugada, intentar buscar soluciones. Explorar todas las variables posibles en esta aplicación de la vida. Una aplicación que, aunque creas que podés planificarla, programarla de alguna forma, al parecer, no es solo una cuestión de voluntad. Es mucho más que eso. Y es muy difícil darte cuenta de que, aunque creas tener el control de todo, hay muchísimas cosas que se te van a escapar. Porque no todo depende de vos, de mí, ,de cualquier otra persona. Depende de muchas más cosas, de muchísimos factores externos.

Intento llevar un diario. Con fechas, situaciones, ideas, cosas que se me ocurren, etc. Me sirve. Me ayuda a tratar de, si bien ya sé que tengo el control de muy pocas cosas, por lo menos intentar tenerlo sobre mí misma. Es bueno, es sanador, es desestresante, de alguna forma. Pero a la noche, siempre a la noche, me encuentro sola. Con mi mente, mis fantasmas. Una mezcla horrible de sucesos reales, con otros que jamás ocurrieron, con otros que podrían ocurrir, y otros que jamás tal vez ocurrirán. ¿O sí? No lo sé, ya no lo sé. Ya no estoy segura de nada.

Me siento una estúpida. Por confiar tanto en las personas, toda mi vida. Por creer que el mundo está lleno de buenas personas. Por pensar que, por ser discapacitada no iban a querer lastimarme. Que error, que grave error. Durante toda mi vida confié demasiado. Y no debería haberlo hecho.

—No te digas estúpida. Porque si te lo repetís mucho, te lo vas a creer. No fuiste estúpida, fuiste ingenua. Confiaste en las personas equivocadas. Y por eso te pasó lo que sea que te haya pasado. Pero podés salir de eso, aprender. Es lo que tenés que hacer, para que no vuelva a pasarte. Y vengarte. Sí, pagarles con la misma moneda, a aquellos que te hicieron daño. O si podés, mucho peor. Dejarlos tan destruidos hasta que no quede ni un despojo de esas personas. —Me dijo una persona a la que solo pude contarle que traicionaron mi confianza, esta vez, por última vez. ¿Quiero? ¿Puedo? ¿Debo? Siguen siendo las preguntas esenciales que tengo que hacerme.

Continúo preguntándome: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? Realmente, no creo merecerlo. No creo ser tan mala persona como para tener que sufrir tanto. Sinceramente, no lo entiendo, no puedo terminar de entenderlo. A veces creo que nunca lo voy a entender.

—Lo que pasa es que vos pensás que todo el mundo es bueno. Y lamentablemente, está muy lleno de gente de mierda. Gente egoísta que no mira más allá de su propio ombligo. Y es horrible. Pero es así. Y tenés que aprender a no confiar. Lamentablemente también, a las personas más buenas, les pasan las peores cosas. Es así, es el karma de la vida, —me dijo una persona cercana a mí.

Lo intento cuando me ducho. Me quedo bajo el agua durante largos ratos, esperando que todo lo malo se vaya. Intento rituales de sanación espiritual, meditación, técnicas de respiración y relajación. Lo intento todo. Y todo sirve, me ayuda a ir saliendo de a poco. Pero a veces, no puedo. Me inventé un mantra. Empiezo a contar, cada vez que subo y que bajo, que me levanto y vuelvo a caer: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. Ni un número más. ninguno. Solo hasta ahí. Y vuelvo a repetir: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. A continuación, una pregunta inocente, pequeña, infantil, perturba mi mente. Y la respuesta, no me gusta para nada.

—¿Qué poder te gustaría tener?

—Volar, —respondo inmediatamente.

—No, pero dejame terminar la frase. ¿El fuego, o el hielo?

—El fuego, como los dragones.

—Y pero te gusta Frozen. ¿No te gustaría tener el poder del hielo?

—Sí, me gusta Frozen, pero no quiere decir que me guste su poder. Me gusta el fuego, y volar. Porque me gustan los dragones. Y los dragones, vuelan y escupen fuego.

Sí, me gustaría ser una dragona. Grande, majestuosa, poderosa. Mirar a la luna llena un día y convertirme en una. Así nadie jamás se burlaría de mí. Nadie más me traicionaría, nadie más se reiría en mi cara, nunca más. Volar y escupir fuego a todo aquel que se atreva a intentar tomarme por estúpida. A todo aquel que se atreva a intentar tomarme el pelo, a jugar conmigo. Esa sería mi venganza perfecta. Ese sería mi daño, mi poder. La mayor expresión de mi ira. Pero eso no existe más que en mi imaginación. Y ahí se queda, ahí termina. Ahí encuentra su punto final. ¿Entonces, qué hago? ¿Qué puedo, quiero, o debo hacer? No tengo respuestas para eso.

No me importa qué digan de mí, no me importa lo que piensen. No me importa que crean que me estoy victimizando. No importa si piensan que estoy exagerando. Ya no me importa. Solo me importa lo que pienso, lo que siento en estos momentos. Estoy enojada conmigo, con el mundo, con la vida. Estoy… Sí, angustiada. Muy angustiada. Quiero llorar, gritar, hacer estallar todo en este preciso instante. Siempre traté de brindarme a los demás, sin intentar recibir nada a cambio. Pero hubo quienes se aprovecharon de mi bondad, de mi ingenuidad, y por último, de mi confianza. Por eso, ya nada ni nadie me importa. Solo, la gente que sé que realmente me quiere, y a la que sé que realmente le importo.

Salgo. Me junto con amigas. 0, 1, 2, 3 veces. Las veces que lo necesite. Salgo a pasear, visito a familiares. Voy a la plaza. Camino, camino mucho. Voy hacia ninguna parte, a la nada misma. Mi cuerpo sabe hacia donde tiene que ir, qué tiene que hacer. Pero mi mente, al menos por un rato, lo olvida. Solo salgo, y camino. Las voces, los ruidos de los autos, colectivos, motos, camiones, bicicletas, todo me distrae, me lleva hacia otro lado. Los perros, los chicos, todo me transporta. Continúo caminando. El sol en mi cara, alumbrándome como diciéndome: «hola, estoy acá. No estás sola. Siempre voy a estar para acompañarte, a menos que sea de noche, o esté nublado. Si es de noche, vas a tener a tu luna, a tu querida y tan adorada luna». Me saca una leve sonrisa. El viento me empuja hacia atrás, como queriéndose llevar la parte baja de mi vestido, mi cartera, y a mí misma. Pero por un tiempo, logra llevarse todo lo malo, lo negativo. Sé que, como en los casos anteriores, solo van a ser momentos de pequeña paz, antes de que mi mente, caiga en sus propias guerras. Pero eso, al menos por ahora, me sirve, me alcanza. Funciona. Quisiera quedarme así, en calma, en paz. Ya no tener que pensar en nada más que solo el ruido, y mi mente en blanco, o diciéndome: «vos podés, dale que vos podés. Pudiste con mucho. Esto no tiene que ser la excepción. Tenés que salir adelante, tenés que seguir. Porque sos fuerte, sos valiente. Solo tenés que dejar todo eso atrás, y seguir adelante». Sí, dale, cuando vos quieras che. Posta que es re fácil genia. Sos re grosa conciencia, e. Calladita te ves más bonita. ¿Nunca te dijeron eso? Bueno, vos fijate que es así loca. No puedo. Lo intento, y muchas veces siento que no puedo. Intento que mi mente quede en blanco de nuevo. Continúo caminando. Despacio, muy despacio. Sé que quienes me vieran, no me reconocerían, no sabrían que soy yo.

Estoy a punto de cruzar una calle. Faltan unos metros para llegar a la esquina. Un señor grande se me acerca y me pregunta:

—¿Disculpame, vas a cruzar nena?

—Sí, —le respondo.

Llego a la esquina. él se acerca despacio. Lo tomo del hombro. Esperamos que los autos pasen para poder cruzar…

—Hace rato que no te veía, que no nos encontrábamos. —Me dice. Ahí, le reconozco la voz.

—¿Como andás? Estás muy linda. Me alegro muchísimo que estés así. Que puedas ser feliz. Me alegro mucho, enserio. De todo corazón. —Me dice. Y sé que no lo dice con malicia, ni con ningún otro tipo de mala intención.

Recuerdo nuestras charlas, sus luchas, la marcha a la que fuimos. Las historias compartidas, y lo que no me animé a contarle. Lo que ahora él, se dio cuenta. El cambio que vio en mí. Fue hace ya un largo tiempo cuando nos conocimos, y cuando nos vimos por última vez… Vamos cruzando la calle despacio, muy despacio, a su ritmo. Los autos y colectivos esperan pacientes a que terminemos de pasar.

—Muchísimas gracias. —Le respondo—. Realmente me hace muy bien todo lo que me está diciendo. Mis luchas se están poniendo complicadas, pero ya tengo mi DNI, y ese sé que es un enorme logro.

—De nada chiquita, no tenés nada que agradecer. Las luchas son complicadas, pero siempre hay una luz al final del túnel. Te lo dice un sobreviviente, vos sabés… Bueno, te dejo. ¿De acá ya podés seguir solita?

—Sí, —le respondo—. ¡Muchas gracias de nuevo!

Tal vez sí, tal vez es así. Tal vez, solo tenemos que dejar pasar el tiempo, y esperar a que las cosas se vayan acomodando, para que de una vez por todas, empecemos a sanar. A dejar todo lo malo atrás. Pero, no podemos hacerlo solos, él, tampoco pudo. Y ahí, es donde también están las personas que quieren vernos bien, a las que les importamos. Y además, las personitas más importantes de este mundo para mí. Esas personitas especiales sin las que, todas las luchas, metas y objetivos, no tendrían el mismo significado, no serían iguales. Tal vez, como dice mi hermano, encontramos esas respuestas, caminando por la calle. tal vez, en realidad, solo encontramos, más preguntas. Tal vez, aunque vayamos y vengamos, siempre terminamos en el mismo lugar…

Matías Barberis: «El mismo lugar».

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Te das cuenta de que muchas decisiones importantes en tu vida no fueron por valentía… sino por miedo 😶‍🌫️.
Miedo a quedarte solo.
Miedo a fracasar.
Miedo a perder algo seguro.
Si hoy actuases sin miedo, ¿qué cambiarías primero?
#JuegoMental #Autoconocimiento #EuronLegends

Domingos con D. Día 2: Decodifica el vacío

¡Aloha! Espero que estés disfrutando de un fin de semana relajado. Si no es el caso, no te preocupes: usa este espacio para desconectar. Esta siempre será tu casa, lejos del ruido.

La semana pasada empezamos a hablar de interocepción y de cómo detectar el secuestro de nuestra amígdala (puedes leerlo aquí). Yo hice mis deberes y he pasado la semana observando mi propio laboratorio interno. He detectado dos procesos de pánico muy concretos que me han enseñado algo vital sobre cómo funciona nuestra «maquinaria» cuando ha sido dañada.

Todo se resume en una palabra: Incertidumbre.

Crónica de un relámpago mental

Te cuento: cometí un error irrelevante organizando las bandejas de comida de las rapaces en mi curro. Soy disléxica, me puse nerviosa explicando el proceso a un alumno nuevo y los números no cuadraban. Lo solucioné al momento. Sin dramas.

El problema vino al día siguiente. Le pregunté a mi compañero si me llevaba a otro chico para enseñarle y su respuesta fue un rotundo: «No, mañana te vienes al otro proyecto».

Ese «NO», seco y sin contexto, me estalló como un relámpago. En mi cabeza, el error del día anterior y ese «no» se fusionaron en una catástrofe inminente. Pasé una hora de coche respirando, luchando contra ideas de despido y caos. ¿La realidad? Simplemente venía un grupo de visitantes y había que cambiar la logística. Todo ese estrés fue por nada.

Me pasó lo mismo con mi compañero de piso: un cruce de palabras rápido, sin tiempo para hablar, y de repente un nudo en el estómago gritándome «ya verás cuando llegues a casa». Y al llegar, todo fue fluido. No había conflicto, solo falta de tiempo.

¿Qué he aprendido? Que cuando encuentro un vacío de contexto, mi organismo se despista. Como he sobrevivido tanto tiempo en entornos hostiles, mi cerebro interpreta la falta de información como una señal de peligro inminente. Si no hay datos, mi amígdala rellena el hueco con miedo para «protegerme».

DÍA 2. El Vacío: Aprender a no tener el control

La desintoxicación de hoy trata sobre la Intolerancia a la Incertidumbre.

Como explica Robert Leahy (2005) en La cura de la preocupación, las personas que han vivido bajo presión constante desarrollan una necesidad de control absoluto para sentirse seguras. Cuando el control desaparece, el cerebro entra en «modo supervivencia».

El Protocolo de Reajuste (Semana 2)

Esta semana, el ejercicio no es evitar el estrés, sino re-educar la alarma.

  • Detectar el «Salto a la Conclusión»: Es una distorsión cognitiva donde asumimos lo peor sin evidencia. Cuando escuches un «No» o veas una cara larga, repite conmigo: «No tengo todos los datos. Mi miedo es una hipótesis, no un hecho».
  • Habitar el vacío: El psicólogo Viktor Frankl decía que «entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad». Mi objetivo es que ese «vacío de contexto» sea un lugar de espera, no un campo de minas.
  • Separar responsabilidades: Gran parte de mi ansiedad venía de cosas que no dependen de mí. Aprender que no tener el control es, a veces, un alivio, es la verdadera soberanía.

Notas desde el pueblo: La «bondad» acosadora

Y hablando de ruido externo… lo de la semana pasada ha debido causar sensación. Ahora que hace sol, las jubiladas se sientan en el parque bajo mi casa. Hasta ahí todo bien. Lo malo es que el aburrimiento es la madre de la intrusión.

Ayer, una vecina (la metomentodo oficial) intentó saludarme sabiendo perfectamente que no la trago. Pasé de ella. Entonces empezó con su voz de pito: «¿No vas a saludar? Yo no te he hecho nada…».

Es fascinante y retorcido: en lugar de preocuparse por el porqué de mi distancia, me persiguen para intentar convencerme de que son «buenas personas». No quieren ser buenas; quieren que yo valide su máscara. Pero ya no hay validación para quien fomenta el falseo. Algún día le diré que se busque un hobby, y no sé si será «de buen rollo», pero será mi verdad.

Mi compromiso esta semana: Cuando salte la alarma por falta de control, voy a bajar a tierra. Voy a procesar el suceso antes de dejar que la adrenalina me dicte la sentencia.

¿Te ha pasado alguna vez que un simple «no» o un silencio te dispare todas las alertas? Cuéntame en los comentarios, te leo.

Nota de realidad: Si tus crisis de ansiedad son recurrentes y sientes que no puedes «bajar a tierra» sola, no dudes en consultar con un profesional. El sistema nervioso a veces necesita un guía para aprender a confiar de nuevo en el silencio.

P.D.: ¡Se avecinan cambios en nuestra hoja de ruta!

He estado trabajando intensamente para que este espacio sea, más que nunca, tu centro de operaciones. Este mes voy a probar algo nuevo: publicar contenido todos los días. Son textos personales, redactados por mí y nacidos de mucho esfuerzo (aunque luego mi «prImA» me eche un cable con el SEO y la carpintería técnica de las publicaciones, que para eso está).

Como sabes, el concepto A.G.E.N.A. nació para darte herramientas de autogestión de la información. Mi propósito es que todo este material gratuito te sirva para construir un universo donde seas feliz, invulnerable e independiente.

Para lograrlo, vamos a introducir lo analógico en la ecuación. Así queda nuestro calendario de resistencia:

  • Lunes Analógicos: Herramientas de desconexión. El papel como cortafuegos y tácticas de Air-Gap mental.
  • Martes y Jueves: Ciencia de la comunicación y contramedidas contra la manipulación mediática.
  • Miércoles LAB: Soberanía digital y ciberseguridad doméstica. Blindando tu entorno.
  • Viernes: Especiales sobre redes sociales y arquitectura del ruido.
  • Sábados: Recomendaciones y recursos seleccionados para la misión.
  • Domingos con D: Nuestras píldoras de psicología real para vivir con soberanía.

Mañana empezamos con el primer Lunes Analógico: Sincronización Manual. Aprenderemos por qué tu mayor vulnerabilidad no es el software, sino tu atención.

¿Qué te parece este nuevo ritmo? Si te motiva este despliegue diario o si alguna de estas secciones te genera curiosidad, déjamelo en los comentarios. Saber que estás ahí al otro lado le da sentido a todo este trabajo. Y si te ha servido lo de hoy, regálame un «like» para que la señal llegue a más gente.

Cierra la pestaña. Toma el mando.

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Cuando crecer también duele: el duelo en las etapas vitales.

Cuando crecer también duele: el duelo en las etapas vitales. #aperturaintelectual #aitanatología #PensamientoCrítico #Duelo #Tanatología #EtapasDeLaVida #CrecimientoHumano #ConcienciaEmocional #Res…

Apertura Intelectual

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Vivir y actuar desde un "lugar de calma" interior, trae paz, fuerza y me trae a mí a la situación.
Un "agua calma", sin tiempo ni movimiento, de donde surge el acto de dar y recibir en presencia, en unidad.

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