Carta abierta al embajador de Estados Unidos en Cuba
Por Alejandro Cubano, desde Futuro mi Cuba
Señor embajador:
Le escribo no desde la complacencia que usted parece buscar en sus recorridos por nuestras calles, sino desde la dignidad de un cubano nacido y criado en esta Isla, formado al calor de la Revolución y testigo de cada una de las dificultades que hemos enfrentado durante más de seis décadas.
No soy un espectador distante. Soy parte de ese pueblo que usted intenta observar con cámara en mano, como si se tratara de una curiosidad social, sin reconocer —o peor aún, ocultando— las causas profundas de muchas de las carencias que dice interesarle.
Lo veo frecuentemente en redes sociales, caminando por La Habana, interactuando con la gente, ensayando cercanía. Pero esa imagen cuidadosamente construida contrasta con una realidad que usted representa: la del gobierno que ha sostenido, sin interrupción, un bloqueo económico, comercial y financiero que ha marcado la vida de generaciones enteras de cubanos.
Usted camina sin escoltas, con una tranquilidad que no tendría en muchas ciudades de su propio país. Y eso no es casualidad. Es resultado de una Revolución que, con todos sus desafíos, ha construido una sociedad donde la seguridad ciudadana, la cultura y el sentido de comunidad son pilares reales, no consignas vacías.
Resulta, cuanto menos, contradictorio —y profundamente cínico— que usted recorra libremente un país al que su gobierno intenta asfixiar, sabiendo que aquí se respeta el derecho internacional, incluida la Convención de Viena, incluso hacia quienes representan políticas hostiles contra nuestra nación.
Permítame entonces formularle algunas preguntas que difícilmente aparecerán en sus publicaciones:
¿Cómo justifica usted que su país se presente como defensor de la democracia mientras ignora sistemáticamente el reclamo casi unánime de la comunidad internacional contra el bloqueo a Cuba?
Año tras año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mundo rechaza esa política. Sin embargo, Estados Unidos insiste en mantenerla, violando principios básicos del derecho internacional y utilizando medidas coercitivas que afectan directamente la vida de un pueblo.
¿Por qué cuando habla con los cubanos sobre la escasez de medicamentos o los problemas energéticos, omite deliberadamente el papel de su propio gobierno en esas dificultades?
Usted sabe que las restricciones impuestas impiden la adquisición de insumos médicos, tecnologías, financiamiento y hasta piezas de repuesto esenciales. No es desconocimiento. Es una omisión consciente.
¿Qué le incomoda más: las carencias que su país contribuye a generar o los logros que Cuba ha alcanzado a pesar de ese cerco?
Porque a pesar de todo, esta pequeña isla ha logrado:
- Garantizar salud gratuita y universal, mientras en su país enfermar puede significar ruina económica.
- Erradicar el analfabetismo y construir un sistema educativo accesible para todos.
- Desarrollar una biotecnología soberana, capaz incluso de producir vacunas propias en medio de una pandemia global.
Eso no encaja en el relato que se intenta imponer.
Señor embajador, si realmente le preocupara el bienestar del pueblo cubano, la solución no sería recorrer barrios preguntando qué falta. La solución sería clara y directa:
levantar el bloqueo, cesar la política de asfixia y respetar el derecho de Cuba a existir y desarrollarse sin injerencias.
La Revolución cubana no solo ha resistido: ha compartido.
Ha llevado médicos a decenas de países, ha alfabetizado millones, ha salvado vidas más allá de sus fronteras, incluso en contextos donde otros solo exportaron guerra, sanciones y destrucción.
Cuba no necesita ser “descubierta” por usted.
Cuba se conoce a sí misma.
Y sabe perfectamente cuál ha sido el mayor obstáculo para su desarrollo.
No es un secreto: es la política que usted representa.
Aun así, aquí seguimos.
Porque esta nación no se construyó desde la rendición, sino desde la resistencia.
Desde el ideario de Fidel Castro, que nos enseñó que la soberanía no se negocia, que la dignidad no se mendiga y que la independencia se defiende.
Ustedes no han comprendido —o no han querido comprender— que Cuba no es un experimento fallido, sino un proyecto profundamente humano que ha decidido ser dueño de su destino, aun en las condiciones más adversas.
Y ahí radica la raíz del conflicto.
No es odio.
Es miedo.
Miedo a que un pequeño país, bloqueado y presionado, demuestre que otro camino es posible.
Señor embajador:
El pueblo cubano no quiere la guerra.
Pero tampoco teme defender su soberanía.
Porque aquí, más allá de las dificultades, hay algo que no ha podido ser bloqueado:
la conciencia.
Y cuando un pueblo tiene conciencia, historia y dignidad, no hay presión externa capaz de doblegarlo.
Patria o Muerte.
Venceremos.









