El otro rostro del 5 de mayo

05 DE MAYO DE 2026 El otro rostro del 5 de mayo

Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

Hablar del 5 de mayo en México implica enfrentarse no a un hecho histórico aislado, sino a la forma en que ese hecho ha sido repetido, seleccionado y, con el tiempo, transformado en una pieza central de la identidad nacional, una identidad que no se construye necesariamente a partir de la totalidad de lo ocurrido, sino de aquello que resulta funcional para sostener una narrativa cohesionada, emocionalmente eficaz y políticamente útil, porque la historia no se impone por sí misma sino que es acomodada, administrada y filtrada según las necesidades de cada momento, y en ese proceso la Batalla de Puebla ha sido convertida en una victoria emblemática que, sin ser falsa, ha sido presentada como si explicara más de lo que realmente explica, como si su carga simbólica bastara para comprender un periodo complejo que en realidad desborda por completo ese episodio puntual, dejando de ser problemático solo en apariencia, ya que ese símbolo ha desplazado sistemáticamente la discusión sobre lo que vino después, sobre aquello que no se celebra porque incomoda, porque contradice la narrativa heroica y porque obliga a reconocer que el resultado final de aquel proceso histórico no fue la consolidación de una victoria, sino la instauración de un imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo, situación que desarma por completo la idea de triunfo definitivo que suele acompañar al recuerdo del 5 de mayo y que rara vez se coloca con la misma fuerza en el centro del discurso público; empero, lo verdaderamente incómodo no es la existencia de esa contradicción, sino la persistencia de un relato que decide ignorarla, que la bordea, que la minimiza y que, en última instancia, la vuelve irrelevante para efectos de la narrativa dominante, generando una memoria selectiva que privilegia el instante de gloria y descarta el desenlace que lo contradice, como si la historia pudiera fragmentarse sin consecuencias, como si el orgullo pudiera sostenerse sin verdad y como si la repetición constante de un símbolo bastara para legitimar su significado sin necesidad de someterlo a revisión.

Pensar en esa contradicción obliga a ir más allá del dato histórico y entrar en el terreno de la construcción de la memoria, porque no se trata de cuestionar si hubo o no valor en el campo de batalla, ni de restar mérito a una resistencia que efectivamente existió, sino de analizar por qué ese momento específico ha sido elevado a la categoría de símbolo nacional mientras otros episodios, igual o más determinantes, permanecen relegados a un segundo plano, casi como si fueran notas al pie que no alteran el relato principal, cuando en realidad lo transforman por completo, revelando una lógica que pocas veces se discute de manera abierta: las naciones no recuerdan todo, recuerdan lo que necesitan recordar para sostener una idea de sí mismas que resulte coherente, defendible y emocionalmente rentable, y en ese sentido la historia deja de ser un espacio de exploración para convertirse en un mecanismo de validación que privilegia la claridad del símbolo por encima de la complejidad del proceso, una lógica que no surge de la casualidad, sino de la necesidad de construir relatos que puedan ser transmitidos con facilidad, interiorizados sin resistencia y defendidos sin cuestionamiento, lo que implica necesariamente dejar fuera aquello que complica, aquello que contradice y aquello que obliga a pensar más allá de lo evidente, creando así una narrativa funcional que, lejos de explicar la historia, la simplifica hasta hacerla operativa.

Esa preferencia por lo simbólico no surge de manera espontánea, responde a una estructura que se reproduce a través del tiempo mediante instituciones que tienen la capacidad de definir qué se enseña, cómo se enseña y, sobre todo, qué se omite, incluyendo conmemoraciones oficiales, discursos políticos y sistemas educativos que, desafortunadamente, operan como canales de transmisión de una versión específica del pasado, una versión que no necesariamente miente, pero que ordena y selecciona los hechos de tal manera que el resultado sea aceptable, comprensible y, sobre todo, funcional, porque una narrativa que exige demasiado cuestionamiento pierde eficacia como herramienta de cohesión, mientras que una narrativa que simplifica, que ofrece un punto de identificación claro y que evita las zonas incómodas, se vuelve mucho más fácil de interiorizar y repetir, consolidando una memoria colectiva que no es necesariamente falsa, pero sí incompleta, una memoria que se transmite de generación en generación como si fuera incuestionable, como si su repetición bastara para validarla y como si su permanencia en el tiempo fuera prueba de su veracidad, cuando en realidad es prueba de su utilidad.

Cuando esa incompletitud se normaliza, deja de percibirse como una limitación y comienza a asumirse como la forma natural de entender la historia, generando implicaciones profundas, porque no solo condiciona la manera en que se interpreta el pasado, sino también la forma en que se procesan los problemas del presente, ya que una sociedad acostumbrada a relatos simplificados tiende a buscar explicaciones igualmente simplificadas para fenómenos complejos, reduciendo su capacidad de análisis y volviéndola más susceptible a aceptar versiones que privilegian la claridad aparente sobre la precisión real, creando así un círculo en el que la narrativa domina sobre la comprensión, un círculo que no se rompe por acumulación de información, sino por cuestionamiento, por incomodidad y por la voluntad de ir más allá de lo que se ha dado por hecho, lo que implica reconocer que muchas de las certezas que se han repetido durante años no son más que versiones parciales que han logrado imponerse por su capacidad de simplificar lo complejo.

Llegados a este punto, la pregunta deja de ser por qué se recuerda la Batalla de Puebla y pasa a ser cómo se recuerda, porque ahí es donde se define el verdadero problema, no en el hecho en sí, sino en la forma en que ha sido integrado al imaginario colectivo como una especie de punto culminante que no requiere mayor explicación, como si su repetición bastara para sostener su significado, impidiendo que se analicen las condiciones que hicieron posible la intervención extranjera, las decisiones internas que facilitaron ese escenario y las consecuencias que derivaron de ello, generando una narrativa que se sostiene más en la emoción que en el análisis, una narrativa que, al centrarse en un momento específico, evita deliberadamente conectar ese momento con el desenlace que lo contradice, lo que permite sostener la idea de triunfo sin tener que confrontar la realidad de un proceso que terminó de manera muy distinta a como se suele recordar.

Esa emoción no es casual, es el resultado de una construcción que busca generar identificación, orgullo y sentido de pertenencia, elementos que son fundamentales para cualquier proyecto nacional; empero, se vuelven problemáticos cuando sustituyen por completo la reflexión crítica, porque entonces la historia deja de ser una herramienta para entender errores y se convierte en un recurso para reafirmar certezas, limitando la posibilidad de aprender de los procesos pasados e impidiendo identificar patrones que podrían repetirse en el presente, creando una ilusión de comprensión que en realidad encubre una falta de profundidad, una ilusión que resulta particularmente peligrosa porque ofrece respuestas simples a preguntas complejas y porque refuerza la idea de que no es necesario cuestionar aquello que ya ha sido establecido como verdad, generando una relación pasiva con la historia en la que el individuo deja de ser un sujeto crítico para convertirse en un receptor de narrativas.

Al observar la persistencia de este tipo de narrativas a lo largo del tiempo, resulta evidente que no dependen de un solo gobierno ni de una ideología específica, sino de una lógica que atraviesa distintas administraciones, independientemente de su color político, porque el control del relato histórico no es un recurso exclusivo de un grupo, sino una práctica que se mantiene precisamente porque resulta útil para construir identidad, evitar cuestionamientos estructurales y sostener legitimidad, explicando por qué ciertas versiones del pasado permanecen prácticamente intactas incluso cuando cambian los discursos oficiales, demostrando que la administración de la memoria es un elemento constante dentro de la dinámica del poder, una constante que no se rompe con alternancia política ni con cambios de discurso, porque no responde a una ideología específica, sino a una necesidad estructural de control simbólico que trasciende a quienes ocupan temporalmente el poder.

Esa aceptación, en muchos casos inconsciente, es lo que permite que la historia funcione como un instrumento de estabilidad en lugar de un espacio de revisión, sin ser necesariamente negativa en todos los contextos, pero volviéndose problemática cuando impide la incorporación de elementos que complejizan el relato, porque entonces se genera una especie de resistencia a cualquier intento de reinterpretación, como si cuestionar el pasado implicara traicionar una identidad que en realidad ha sido construida sobre una base parcial, limitando la posibilidad de evolucionar hacia una comprensión más completa, una resistencia que no se impone desde fuera, sino que se reproduce desde dentro, a través de hábitos de pensamiento que privilegian la certeza sobre la duda y la comodidad sobre la crítica.

Existe, sin embargo, una consecuencia adicional que revela con mayor claridad la fragilidad de esta construcción: cuando una sociedad no define con precisión el significado de sus propios símbolos, deja espacio para que estos sean reinterpretados desde el exterior, pero esto no ocurre necesariamente por una intención de distorsión, sino por la simple dinámica de apropiación cultural que caracteriza a un mundo interconectado, y en ese sentido el caso del 5 de mayo resulta particularmente ilustrativo, ya que en Estados Unidos esta fecha ha adquirido una relevancia que no se explica por su contexto histórico original, sino por su capacidad de ser transformada en una celebración asociada al consumo, a la representación simplificada de la identidad mexicana y a una narrativa que privilegia lo festivo sobre lo histórico, generando una versión que, aunque popular, carece de la profundidad necesaria para entender el proceso que le dio origen, una transformación que no solo implica una reinterpretación cultural, sino una resignificación completa en la que el contenido histórico se diluye hasta volverse irreconocible.

Lejos de ser un fenómeno anecdótico, esta transformación evidencia cómo la falta de una apropiación crítica del pasado puede derivar en una reinterpretación que responde a intereses distintos, donde la historia se convierte en un recurso cultural adaptable, flexible y, sobre todo, comercializable, implicando una reducción significativa de su complejidad, porque los elementos que no encajan en la lógica del consumo tienden a desaparecer, dejando únicamente aquellos que pueden ser fácilmente reconocidos, replicados y vendidos, creando así una imagen que, aunque basada en un hecho real, termina siendo una representación distorsionada, una representación que, en muchos casos, es aceptada sin cuestionamiento incluso por quienes forman parte de la cultura que está siendo simplificada.

Aceptar esa representación sin cuestionarla implica, en cierta medida, validar el proceso que la hizo posible, porque no se trata únicamente de lo que otros hacen con una fecha, sino de lo que se permite que ocurra cuando no se establece una narrativa suficientemente sólida y completa desde el origen, reforzando la idea de que el problema no está en la reinterpretación externa, sino en la debilidad interna del relato; empero, esa debilidad no es irreversible, puede ser atendida mediante un ejercicio consciente de revisión que permita incorporar los elementos que han sido sistemáticamente omitidos, lo que implica no solo revisar el pasado, sino replantear la forma en que se construyen y se transmiten las narrativas que lo explican.

Revisar la historia en ese sentido no implica desmontar símbolos por el simple hecho de hacerlo, sino reubicarlos dentro de un contexto más amplio que permita entender su verdadero alcance, reconociendo tanto su valor como sus limitaciones; sin embargo, requiere abandonar la idea de que una narrativa clara es necesariamente una narrativa correcta y aceptar que la complejidad es un componente inevitable de cualquier proceso histórico que aspire a ser comprendido en su totalidad, lo que implica un cambio de enfoque que no siempre resulta cómodo, pero que es indispensable para construir una relación más honesta con el pasado.

Esa transición hacia una lectura más compleja no es sencilla, porque implica renunciar a ciertas certezas que han sido interiorizadas durante años, pero es precisamente en ese proceso donde se abre la posibilidad de construir una relación distinta con el pasado, una relación que no dependa de la repetición acrítica, sino de la reflexión constante, fortaleciendo la capacidad de análisis frente a los desafíos del presente y permitiendo identificar patrones, cuestionar decisiones y evitar la reproducción de errores que, de otra manera, permanecerían invisibles bajo el peso de una narrativa simplificada.

Finalmente, ¿Qué parte de nuestra memoria sigue dispuesta a ser administrada por el poder, sin importar el color que lo encabece, desde Maximiliano de Habsburgo hasta hoy? ¿Cuándo dejaremos de aplaudir relatos incompletos en lugar de exigir que no se nos trate como si no pudiéramos entender nuestra propia historia?

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 1818 nacía en Tréveris, Prusia (actual norte de Alemania), el economista, filósofo y militante comunista Karl Marx que lideró el movimiento social denominado “marxismo” o “socialismo científico”, autor de publicaciones como “Manifiesto Comunista” y “El Capital”; en 1821 fallecía en la isla británica de Santa Elena uno de los líderes mas trascendentales de Francia, Napoleón Bonaparte, quien fungiera como militar durante la mayor parte de su vida y que escalonara posiciones hasta hacerse con el poder del pueblo galo tras el golpe de estado del 18 de Brumario (noviembre) de 1799; en 2000 en Estados Unidos, se estrena en las salas de cine de todo el país, la multipremiada película protagonizada por Russell Crowe y Joaquín Phoenix intitulada “Gladiator” (Gladiador). 

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International Day of the Midwife

Come ogni anno, il 5 maggio torna la International Day of the Midwife, una ricorrenza nata nel 1992 per celebrare il ruolo fondamentale delle ostetriche nella salute di mamme e neonati in tutto il mondo .

Se hai già letto il nostro articolo dello scorso anno 👇

✨ Viva le ostetriche!

sapete già quanto questa figura sia preziosa. Ma il 2026 porta con sé un messaggio ancora più forte, urgente e globale.

🌍 Il tema 2026: “One Million More Midwives”

La novità principale di quest’anno è il tema scelto dalla comunità internazionale:

One Million More Midwives – Un milione di ostetriche in più.

Un vero e proprio appello mondiale: oggi mancano circa 980.000 ostetriche per garantire cure adeguate a tutte le donne. Questo significa che milioni di future mamme non ricevono assistenza durante gravidanza, parto e post-partum.

👉 Eppure, i dati sono sorprendenti:

  • fino a 2/3 delle morti materne e neonatali potrebbero essere evitate con cure ostetriche adeguate
  • investire nelle ostetriche significa salvare oltre un milione di vite ogni anno

💡 Perché questa giornata è più importante che mai

Nel mondo post-pandemia, i sistemi sanitari sono ancora sotto pressione e la carenza di personale si fa sentire ovunque. Le ostetriche non sono solo “figure del parto”, ma professioniste che accompagnano la donna in tutto il percorso della vita riproduttiva: prevenzione, educazione, supporto emotivo e assistenza continua .

Il 2026 segna anche una mobilitazione globale:

  • una petizione internazionale per chiedere investimenti concreti
  • campagne social e toolkit per sensibilizzare
  • eventi e incontri in tutto il mondo per dare voce alle ostetriche

💚🤍❤️ E in Italia?💚🤍❤️

Anche nel nostro Paese il ruolo dell’ostetrica è sempre più centrale: dalla nascita umanizzata all’assistenza domiciliare, fino all’educazione alla salute femminile. Sempre più donne scelgono percorsi personalizzati, dove l’ostetrica diventa una vera alleata.

💖 Un grazie che vale doppio

Se nel 2025 celebravamo con entusiasmo e gratitudine, nel 2026 aggiungiamo anche consapevolezza: senza abbastanza ostetriche, non c’è futuro sicuro per milioni di mamme e bambini.

✨ Questa giornata non è solo una festa, ma una chiamata all’azione.

Perché ogni nascita merita cura, rispetto e una presenza esperta accanto. Sempre.

Autore: Lynda Di Natale Fonte: web Immagine: AI #5Maggio #amoreincondizionato #benessereperlavita #curaalnascere #dayofthemidwife #donnecheaiutanodonarelavita #donneeostetriche #Empatia #futuroinmano #GiornataInternazionaleDelleOstetriche #giornatamondialedellostetrica #IDM2025 #InternationalConfederationOfMidwives #InternationalDayOfTheMidwife #mammaebebè #Maternità #midwifeheroes #midwifelife #midwifepower #midwiferylove #MidwivesAVitalClimateSolution #midwivesday #midwivesrock #Nascita #Ostetrica #ostetricaèvita #ostetricadicuore #ostetricaeveryday #ostetricaoggi #ostetricaorgogliosa #ostetricavita #Ostetriche #ostetrichedellagioia #ostetrichedelmondo #ostetrichedoc #ostetricheindispensabili #ostetricheitaliane #partoattivo #partonaturale #professionalità #salutealcentro #salutealnascere #saluteperlavita #sostegnoalmomento #supportoalmaterno #vocazionedicuore

🐾Me revuelve el estómago pensar en quienes ven a un animal como un trasto viejo que se puede romper o tirar cuando estorba.
A los que golpean, abandonan o disfrutan con el sufrimiento ajeno les falta algo básico: humanidad.
No son solo "bichos"; son seres que sienten, que tienen su propia conciencia y que, a diferencia de algunos, no conocen la maldad gratuita.

Tratar a un animal con crueldad no te hace más fuerte, solo te deja en evidencia como alguien vacío y sin escrúpulos.
Cada herida y cada abandono dice mucho más de la miseria del que lo hace que del animal que lo sufre.
Ojalá entendiéramos de una vez que ellos también están aquí viviendo su propia historia y que su capacidad de sentir dolor es tan real como la nuestra.
Un poco de lucidez y empatía no vendría mal para darse cuenta de que la vida, en cualquier forma, merece un respeto mínimo.

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#noalmaltratoanimal #empatia #seressintientes #justiciaanimal #realidad

Minulla on tausta KD:ssa, mutta nykyään en kuulu mihinkään puolueeseen. Itsestäni on tuntunut pahalta nykyisen hallituksen leikkaukset heikompiosaisilta. Nykyistä ajatteluani muovaa siis vahvasti heikompiosaisten hyvinvointi. Ajatteluni on tältä osin, jos niin haluaa sen mieltää, vasemmistolaista. Omaan kuitenkin edelleen vahvan kristillisen maailmankuvan, johon kuuluu lähimmäisistä huolehtiminen.
#empatia #politiikka

👩‍🏭 Hoy es ese día en el que se supone que todos celebramos el orgullo de trabajar, pero la realidad tiene bastantes más matices que un simple festivo en el calendario.
El trabajo, cuando lo tienes, es una parte enorme de la vida, pero no debería ser lo único que nos defina.
Nos pasamos el día corriendo, cumpliendo horarios y agotando la paciencia en tareas que, a veces, ni nos van ni nos vienen, solo para mantener el engranaje funcionando.

Pero la reflexión de verdad hoy va por los que no están en esa rueda.
Es muy fácil hablar de "dignidad" cuando tienes la nómina asegurada, pero la realidad es que no tener trabajo es una carga mental que te devora.
No es solo el dinero, es esa sensación de estar fuera de juego, de que el mundo sigue girando y tú estás parado en el arcén.
Ahí es donde la sinceridad directa hace falta: el sistema es bastante cruel con quien no produce, y eso es algo que no me representa en absoluto.

Hoy toca reconocer el esfuerzo de los que doblan el lomo, pero también mandar un abrazo de los de verdad a quienes están buscando su sitio y solo encuentran puertas cerradas.
El valor de una persona no se mide por su contrato, aunque la sociedad se empeñe en decirnos lo contrario.

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#primerodemayo #diadeltrabajador #realidad #reflexion #sinceridad #psicologia #empatia

🦋 Sentirse invisible mientras estás rodeado de gente es, probablemente, una de las sensaciones más agotadoras que hay.
No es la soledad del que no tiene a nadie, que al menos es clara y frontal, sino una especie de aislamiento técnico: estás físicamente presente, pero emocionalmente fuera de cobertura.
Es como estar en una habitación llena de espejos donde ninguno te devuelve el reflejo.

Lo que realmente quema es el esfuerzo de mantener la fachada.
Respondes a lo que te preguntan, sueltas la anécdota de turno y pones la cara que toca, pero por dentro sientes que estás operando desde una cabina de cristal.
Ves a los demás conectar, reírse y entenderse, mientras tú sigues buscando ese enganche que no llega.
Te conviertes en un experto en simular presencia mientras te vas deshaciendo por dentro, sintiendo que podrías faltar mañana y el engranaje del grupo seguiría girando sin notar la más mínima fricción.

Al final, lo que buscamos no es que nos llenen la agenda de planes vacíos ni que nos den la razón como a los locos.
Lo que necesitamos es esa mirada que te frena en seco, la que no busca solo el dato de qué has hecho hoy, sino la que te reconoce entre el ruido.
Porque lo que duele no es el silencio, sino la falta de eco; esa sensación de que tus palabras caen en saco roto y de que, por mucho que hables, nadie está realmente escuchando lo que no dices.
Madurar también es esto: dejar de mendigar atención donde solo hay distracción y empezar a valorar a los pocos que tienen la paciencia de quedarse a mirar hasta encontrarte de verdad.

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#psicologia #soledad #reflexiones #empatia #realidad

Trabajar hasta morir

28 DE ABRIL DE 2026 Trabajar hasta morir

Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

Resulta profundamente inquietante observar cómo, en un momento histórico donde el discurso sobre el bienestar laboral ha alcanzado niveles de sofisticación inéditos, la experiencia cotidiana del trabajo parece moverse en sentido contrario, normalizando el agotamiento, la ansiedad y la presión constante como si fueran elementos inevitables de la vida productiva y, no se trata de una contradicción superficial ni de una simple disonancia entre lo que se dice y lo que se hace, sino de una estructura mucho más compleja donde las normas existen, los marcos regulatorios están definidos y las intenciones institucionales parecen claras; empero, su materialización se diluye al enfrentarse con los límites reales de un sistema que opera bajo tensiones económicas, políticas y sociales simultáneas; en este contexto, el problema no es la falta de reglas ni la ausencia de diagnósticos, sino la incapacidad colectiva de sostener en la práctica aquello que en el discurso se presenta como indispensable.

Este tema viene a colación derivado de que precisamente hoy, 28 de abril, se conmemora el “Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo”, siendo instituido en el año 2003 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que dicho sea de paso, esta agencia presenta dos cualidades significativas, siendo la primera de ellas, que es la única agencia de las Naciones Unidas que es tripartita; es decir, que congrega a los gobiernos, empleadores y empleados de 187 de los Estados Miembros representados en la Asamblea General y, que es el primer organismo especializado de la ONU tras la Segunda Guerra Mundial, ya que su fundación data de 1919 gracias al Tratado de Versalles.

Al revisar el caso mexicano, esta tensión adquiere una forma particularmente evidente precisamente en esa lógica tripartita que la propia Organización Internacional del Trabajo promueve, al trasladarse a las normas oficiales que buscan regular las condiciones laborales, no solo por su contenido, sino por lo que revelan en su aplicación. La NOM-035-STPS representa uno de los intentos más ambiciosos por incorporar la salud mental como un eje central del entorno laboral, obligando a las organizaciones a identificar, analizar y prevenir riesgos psicosociales que afectan directamente a los trabajadores, lo cual, en teoría, implicaría una corresponsabilidad clara entre Estado, empleadores y empleados. Su entrada en vigor en dos etapas, primero en 2019 con la atención a eventos traumáticos y posteriormente en 2020 con la identificación de riesgos y la implementación de medidas de control, parecía marcar un punto de inflexión en la forma de entender el trabajo; sin embargo, la realidad ha sido menos contundente de lo que el marco normativo sugería, no porque el problema haya desaparecido, sino porque su atención implica una complejidad que supera la capacidad operativa de muchos de los actores involucrados.

Lo verdaderamente incómodo aparece cuando se reconoce que esta dificultad no es exclusiva del sector empresarial, sino que se extiende al propio aparato gubernamental. La exigencia de evaluar de manera constante los riesgos psicosociales, de generar mecanismos de intervención y de dar seguimiento a la salud mental de los trabajadores no es un proceso menor ni fácilmente implementable, especialmente cuando implica la incorporación de especialistas, la modificación de dinámicas internas y la asignación de recursos que compiten con otras prioridades; en ese punto, la discusión deja de ser técnica para volverse estructural, porque no se trata de si se debería cumplir la norma, sino de si existe la capacidad real para hacerlo de manera sostenida en todos los niveles. “El Estado regula lo que no puede garantizar.”, y cuando esa afirmación deja de ser una crítica y se convierte en una descripción, el problema adquiere una dimensión mucho más profunda.

La NOM-001-STPS, vigente desde hace años y centrada en condiciones básicas como iluminación, ventilación, temperatura, orden y limpieza, ya había evidenciado esta distancia entre la norma y su aplicación, particularmente en espacios gubernamentales donde las deficiencias son visibles y recurrentes, porque es altamente posible y probable encontrarnos oficinas con hacinamiento, infraestructura limitada y condiciones que difícilmente podrían considerarse óptimas, con lo que ponen en evidencia que la exigencia normativa no siempre va acompañada de la capacidad de cumplimiento; sin embargo, si la NOM-001 revela una brecha en lo físico, la NOM-035 la expone en un terreno mucho más complejo, porque ya no se trata de elementos visibles, sino de procesos internos que requieren una transformación organizacional profunda, costosa y sostenida en el tiempo.

Bajo este parámetro, la ley existe, pero su cumplimiento es selectivo, lo cual, no solo describe lo que ocurre, sino que sintetiza la lógica bajo la cual operan tanto el sector público como el privado. No se trata de una negativa absoluta a cumplir, sino de una aplicación parcial que responde a lo que es viable dentro de las condiciones existentes, y es que la implementación de la NOM-035 implica costos que no siempre pueden ser absorbidos, especialmente en empresas que se encuentran en etapas de crecimiento o que operan con márgenes reducidos, donde cada decisión de gasto tiene un impacto directo en la supervivencia del negocio, pero incluso en estructuras más grandes, la transformación que exige la norma no es menor, porque implica intervenir en la forma en que se organiza el trabajo, en las relaciones internas y en la cultura laboral, elementos que no se modifican de manera inmediata ni sin resistencia.

El problema no es que las normas no tengan “dientes”, es que aplicarlas plenamente tendría costos económicos y políticos que ni el sector empresarial ni el político están realmente dispuestos a asumir, sobre todo porque uno no podría sostener esa evasión sin la permisividad del otro. Esta afirmación rompe con la idea de que el incumplimiento es unilateral y obliga a entenderlo como un fenómeno compartido, donde las decisiones de un actor están condicionadas por las del otro; es decir, el sector empresarial opera dentro de los márgenes que la regulación permite o tolera, mientras que el sector político ajusta la exigencia normativa en función de los costos que su aplicación podría generar, por ello, en ese equilibrio, el cumplimiento absoluto deja de ser un objetivo realista y se convierte en una referencia que se adapta a las circunstancias.

Desde esta perspectiva, el bienestar laboral compite contra la viabilidad económica, tensión que resulta para entender por qué las normas no se aplican en su totalidad, incluso cuando existe un reconocimiento generalizado de su importancia, porque mejorar las condiciones laborales implica invertir en infraestructura, en procesos y en personal especializado, lo que a su vez impacta en la estructura de costos de las organizaciones, ocasionando un entorno donde si la competencia es alta y los márgenes pueden ser reducidos, estas decisiones no se toman en abstracto, sino en función de su impacto en la continuidad del negocio, resaltando que la lógica empresarial no necesariamente se opone al bienestar, pero sí lo somete a un cálculo donde la viabilidad económica tiene un peso determinante.

En este punto, el marco fiscal adquiere un papel central, porque define en gran medida los incentivos que orientan las decisiones de inversión, y debemos resaltar que la ausencia de estímulos fiscales claros para la mejora de condiciones laborales limita la capacidad de muchas empresas para implementar cambios significativos, especialmente cuando se trata de adecuaciones físicas o de la incorporación de programas de atención psicológica, porque en un escenario donde estas inversiones no generan beneficios fiscales relevantes, el costo recae directamente en la empresa, lo que reduce el atractivo de realizarlas, incluso cuando son necesarias; empero, si existieran mecanismos que permitieran canalizar estos recursos hacia la mejora interna en lugar de destinarlos al pago de impuestos, es probable que el comportamiento empresarial se modificara de manera significativa, no por convicción, sino por incentivo.

La transformación del trabajo a partir de la pandemia introdujo nuevas variables en esta ecuación, particularmente a través del teletrabajo y su regulación mediante la NOM-037-STPS. La incorporación del derecho a la desconexión digital buscaba establecer límites claros entre el tiempo laboral y personal, reconociendo que la disponibilidad constante no es sostenible ni saludable; sin embargo, la implementación de este derecho ha sido limitada, en parte porque la dinámica del trabajo remoto ha generado beneficios que tanto empresas como trabajadores están dispuestos a conservar, el home office no eliminó el desgaste, lo trasladó,  y en ese desplazamiento se sintetiza un cambio profundo en la forma en que se experimenta el trabajo, donde los costos y las responsabilidades se redistribuyen sin que necesariamente se reduzca la carga.

Las empresas han encontrado en el teletrabajo una forma de reducir gastos operativos relacionados con infraestructura, mantenimiento y servicios, mientras que los trabajadores han asumido costos que antes no formaban parte de su realidad cotidiana y, a cambio, obtienen ventajas como la eliminación de traslados y una mayor flexibilidad, pero también enfrentan jornadas más largas y una dificultad creciente para desconectarse; sin embargo, este intercambio no siempre se percibe como negativo, porque se inscribe en una lógica donde los beneficios inmediatos compensan las desventajas estructurales, generando una aceptación que contribuye a la estabilidad del modelo y, donde me arriesgaría a asegurar que no todo es imposición, también hay aceptación porque, lejos de ser pasiva, forma parte activa del equilibrio que permite que el sistema funcione.

Normalizar el desgaste laboral no es el resultado de una falla puntual, sino de la convergencia de múltiples factores que operan de manera simultánea, porque si bien es cierto que, las normas establecen un ideal, pero su cumplimiento se ajusta a lo que es posible dentro de un entorno donde los recursos son limitados, las decisiones tienen consecuencias y los incentivos no siempre están alineados con los objetivos declarados; en este contexto, el incumplimiento deja de ser una anomalía para convertirse en una constante que, aunque reconocida, no genera una ruptura suficiente para transformar el sistema de fondo; empero, esa misma normalización es la que permite que el problema persista sin ser atendido en su totalidad.

A medida que estas dinámicas se consolidan, el desgaste se integra en la experiencia laboral como un elemento esperado, no como una excepción, la ansiedad, el cansancio y la presión constante dejan de ser señales de alerta para convertirse en indicadores de compromiso o productividad, redefiniendo la forma en que se valora el trabajo y a quienes lo realizan, haciendo que esta transformación no ocurra de manera explícita, sino a través de prácticas cotidianas que refuerzan la idea de que el esfuerzo extremo es necesario para mantenerse vigente en un entorno cada vez más competitivo, pero esta lógica también contribuye a invisibilizar los costos que implica sostener ese nivel de exigencia de manera prolongada.

La evolución tecnológica ha jugado un papel determinante en este proceso, facilitando la conectividad y la eficiencia, pero también ampliando las expectativas sobre la disponibilidad y el rendimiento de los trabajadores. La posibilidad de acceder al trabajo desde cualquier lugar y en cualquier momento ha eliminado barreras, pero también ha diluido límites que antes eran más claros, generando una integración constante entre la vida laboral y personal que resulta difícil de regular de manera efectiva; empero, esta integración no es únicamente una imposición externa, sino también una adaptación a un entorno donde la competencia y la inmediatez definen las reglas del juego.

Finalmente, la pregunta que se impone no es si existen las herramientas para mejorar las condiciones laborales, ni si las normas son adecuadas en su diseño, sino si hay una disposición real para asumir los costos que implica su cumplimiento pleno, porque transformar el sistema no pasa únicamente por endurecer la regulación o por exigir su aplicación, sino por modificar las condiciones que hacen que ese cumplimiento resulte, en muchos casos, inviable o políticamente inconveniente y, esto implica reconocer que el problema no es la falta de voluntad individual, sino la forma en que las decisiones colectivas configuran un entorno donde el desgaste se vuelve una consecuencia constante. Si el equilibrio actual permite que todos los actores continúen operando, aun con sus deficiencias, la verdadera cuestión es si ¿existe una voluntad compartida para redefinirlo o si, en el fondo, ya hemos aceptado que trabajar hasta morir es un costo asumible dentro del sistema?

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 1686 en Londres, Inglaterra, el astrónomo, catedrático, escritor, físico, inventor, matemático, entre muchas otras cosas, Isaac Newton, publica en latín la primera parte de una serie de seis de su obra cumbre “Philosophiæ naturalis principia mathematica” (Principios matemáticos de la filosofía natural), conocida también simplemente como “Principia”, en el, se contienen los principios fundamentales de la astronomía y la física sentando la formulación de las tres leyes del movimiento. El texto completo fue publicado el 5 de julio de 1687; en 1877 en Londres, Inglaterra, se inaugura uno de los estadios más antiguos de la nación británica, el legendario “Stamford Bridge”, el cual, en sus inicios fue pensado para albergar cualquier tipo de disciplina deportiva y se convertiría de manera exclusiva como sede del equipo de futbol “Chelsea FC” tras su fundación el 10 de marzo de 1905; en 1919 en París, Francia, al término de la “Conferencia de Paz de París” y de manera anexa al “Tratado de Versalles”, que ponía fin a la Primera Guerra Mundial, se reunieron 42 países (29 vencedores y 13 neutrales) para dar vida a un organismo internacional que velara por la paz en el mundo, la entonces denominada “League of Nations” (Sociedad de Naciones), la cual, fue el órgano precursor de la actual Organización de Naciones Unidas (ONU).

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 A veces pensamos que ser sincero es soltar todo lo que se nos pasa por la cabeza, como si la honestidad fuera un concurso de a ver quién dice la burrada más grande.
Y la verdad es que no.
Hay cosas que es mejor guardarse, no por ocultar, sino por pura higiene mental y respeto al que tienes enfrente.

Las palabras tienen un peligro: una vez que salen, ya no hay botón de "deshacer".
Puedes pedir perdón mil veces, pero el pinchazo ya lo has dado.
A veces, por querer explicar nuestra "realidad" con pelos y señales, lo único que hacemos es embarrarlo todo y dejar al otro dándole vueltas a algo que ni le iba ni le venía, pero que ahora le duele.

Aprender a cerrar el pico a tiempo es un arte.
No hace falta dar un discurso para que te entiendan; el que te conoce de verdad te lee en los silencios.
Al final, se trata de madurar y entender que si lo que vas a decir no va a arreglar nada y solo va a hacer daño, lo mejor es tragárselo.
El silencio no es cobardía, es saber elegir qué batallas y qué heridas merecen la pena.
Menos ruido y más cabeza.

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#reflexiones #silencio #empatia #sinceridad #crecimiento #limites #pazmental

 La verdad es que ser buena gente no debería ser un mérito, sino el mínimo exigible.
Pero en este mundo que va a mil por hora, parece que nos hemos olvidado de que un "buenos días" con contacto visual vale más que cualquier título colgado en una pared.
Es alucinante cómo algunos solo sacan la sonrisa cuando ven un cargo importante delante, mientras que al que limpia la oficina o te sirve el café ni lo miran a los ojos.
El respeto de verdad no entiende de jerarquías; se tiene o no se tiene, y punto.

Al final, la grandeza está en esas tonterías que parecen no importar: dar las gracias de corazón, pedir las cosas por favor sin que te cueste la vida y tratar a todo el mundo con la misma dignidad.
No hace falta ir pregonando lo humilde que eres; si tienes que decirlo, es que no lo eres tanto.
La educación es, en el fondo, una forma de decirle al otro: "te veo y me importas".

Cuando echemos el cierre, nadie se va a acordar de nuestras facturas o de lo alto que llegamos en la escalera.
Lo que se queda grabado es si fuiste alguien con quien daba gusto estar o si fuiste un mueble con mal humor.
La altura de una persona se mide por cómo hace sentir a los que no pueden darle nada a cambio.
Al final, lo único que cuenta es haber sido transparente, haber vivido sin pisar a nadie y entender que, por mucho que unos lleven traje y otros mono de trabajo, en el fondo todos estamos en el mismo barco.

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#buenagente #respeto #humildad #reflexiones #educacion #empatia

 A ver, que nos han vendido siempre que "hablando se entiende la gente" y, sinceramente, a veces hablar es lo que termina de estropearlo todo.
Nos empeñamos en soltar discursos eternos, en explicar mil veces cómo nos sentimos, como si por repetir lo mismo el otro fuera a tener una revelación divina.
Pero la realidad es que la comunicación, si no hay alguien al otro lado con ganas de comprender de verdad, es solo ruido de fondo.

Hay momentos donde lo que hace falta no es un debate, sino un silencio de esos que abrazan.
Esa madurez de cerrar la boca y escuchar sin estar ya fabricando el zasca que vas a soltar después.
Porque, seamos realistas, ¿cuántas veces nos hemos cargado una relación solo por el gustazo de tener la razón?
Al final ganas la discusión, sí, pero te quedas más solo que la una.

Conectar de verdad es otra historia.
Es mirar al otro sabiendo que ve el mundo de forma distinta, con sus propias movidas y sus cicatrices, y respetarlo aunque no lo compartas.
Elegir qué batallas pelear y cuáles dejar pasar es de ser inteligentes, no de ser cobardes.
A veces, el mayor acto de amor es simplemente estar ahí, sin juicios y sin intentar ganar nada.
Al final del día, la armonía no viene de convencer a nadie, sino de aceptar que cada uno tiene su película.

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