Minulla on tausta KD:ssa, mutta nykyään en kuulu mihinkään puolueeseen. Itsestäni on tuntunut pahalta nykyisen hallituksen leikkaukset heikompiosaisilta. Nykyistä ajatteluani muovaa siis vahvasti heikompiosaisten hyvinvointi. Ajatteluni on tältä osin, jos niin haluaa sen mieltää, vasemmistolaista. Omaan kuitenkin edelleen vahvan kristillisen maailmankuvan, johon kuuluu lähimmäisistä huolehtiminen.
#empatia #politiikka

👩‍🏭 Hoy es ese día en el que se supone que todos celebramos el orgullo de trabajar, pero la realidad tiene bastantes más matices que un simple festivo en el calendario.
El trabajo, cuando lo tienes, es una parte enorme de la vida, pero no debería ser lo único que nos defina.
Nos pasamos el día corriendo, cumpliendo horarios y agotando la paciencia en tareas que, a veces, ni nos van ni nos vienen, solo para mantener el engranaje funcionando.

Pero la reflexión de verdad hoy va por los que no están en esa rueda.
Es muy fácil hablar de "dignidad" cuando tienes la nómina asegurada, pero la realidad es que no tener trabajo es una carga mental que te devora.
No es solo el dinero, es esa sensación de estar fuera de juego, de que el mundo sigue girando y tú estás parado en el arcén.
Ahí es donde la sinceridad directa hace falta: el sistema es bastante cruel con quien no produce, y eso es algo que no me representa en absoluto.

Hoy toca reconocer el esfuerzo de los que doblan el lomo, pero también mandar un abrazo de los de verdad a quienes están buscando su sitio y solo encuentran puertas cerradas.
El valor de una persona no se mide por su contrato, aunque la sociedad se empeñe en decirnos lo contrario.

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#primerodemayo #diadeltrabajador #realidad #reflexion #sinceridad #psicologia #empatia

🦋 Sentirse invisible mientras estás rodeado de gente es, probablemente, una de las sensaciones más agotadoras que hay.
No es la soledad del que no tiene a nadie, que al menos es clara y frontal, sino una especie de aislamiento técnico: estás físicamente presente, pero emocionalmente fuera de cobertura.
Es como estar en una habitación llena de espejos donde ninguno te devuelve el reflejo.

Lo que realmente quema es el esfuerzo de mantener la fachada.
Respondes a lo que te preguntan, sueltas la anécdota de turno y pones la cara que toca, pero por dentro sientes que estás operando desde una cabina de cristal.
Ves a los demás conectar, reírse y entenderse, mientras tú sigues buscando ese enganche que no llega.
Te conviertes en un experto en simular presencia mientras te vas deshaciendo por dentro, sintiendo que podrías faltar mañana y el engranaje del grupo seguiría girando sin notar la más mínima fricción.

Al final, lo que buscamos no es que nos llenen la agenda de planes vacíos ni que nos den la razón como a los locos.
Lo que necesitamos es esa mirada que te frena en seco, la que no busca solo el dato de qué has hecho hoy, sino la que te reconoce entre el ruido.
Porque lo que duele no es el silencio, sino la falta de eco; esa sensación de que tus palabras caen en saco roto y de que, por mucho que hables, nadie está realmente escuchando lo que no dices.
Madurar también es esto: dejar de mendigar atención donde solo hay distracción y empezar a valorar a los pocos que tienen la paciencia de quedarse a mirar hasta encontrarte de verdad.

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#psicologia #soledad #reflexiones #empatia #realidad

Trabajar hasta morir

28 DE ABRIL DE 2026 Trabajar hasta morir

Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

Resulta profundamente inquietante observar cómo, en un momento histórico donde el discurso sobre el bienestar laboral ha alcanzado niveles de sofisticación inéditos, la experiencia cotidiana del trabajo parece moverse en sentido contrario, normalizando el agotamiento, la ansiedad y la presión constante como si fueran elementos inevitables de la vida productiva y, no se trata de una contradicción superficial ni de una simple disonancia entre lo que se dice y lo que se hace, sino de una estructura mucho más compleja donde las normas existen, los marcos regulatorios están definidos y las intenciones institucionales parecen claras; empero, su materialización se diluye al enfrentarse con los límites reales de un sistema que opera bajo tensiones económicas, políticas y sociales simultáneas; en este contexto, el problema no es la falta de reglas ni la ausencia de diagnósticos, sino la incapacidad colectiva de sostener en la práctica aquello que en el discurso se presenta como indispensable.

Este tema viene a colación derivado de que precisamente hoy, 28 de abril, se conmemora el “Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo”, siendo instituido en el año 2003 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que dicho sea de paso, esta agencia presenta dos cualidades significativas, siendo la primera de ellas, que es la única agencia de las Naciones Unidas que es tripartita; es decir, que congrega a los gobiernos, empleadores y empleados de 187 de los Estados Miembros representados en la Asamblea General y, que es el primer organismo especializado de la ONU tras la Segunda Guerra Mundial, ya que su fundación data de 1919 gracias al Tratado de Versalles.

Al revisar el caso mexicano, esta tensión adquiere una forma particularmente evidente precisamente en esa lógica tripartita que la propia Organización Internacional del Trabajo promueve, al trasladarse a las normas oficiales que buscan regular las condiciones laborales, no solo por su contenido, sino por lo que revelan en su aplicación. La NOM-035-STPS representa uno de los intentos más ambiciosos por incorporar la salud mental como un eje central del entorno laboral, obligando a las organizaciones a identificar, analizar y prevenir riesgos psicosociales que afectan directamente a los trabajadores, lo cual, en teoría, implicaría una corresponsabilidad clara entre Estado, empleadores y empleados. Su entrada en vigor en dos etapas, primero en 2019 con la atención a eventos traumáticos y posteriormente en 2020 con la identificación de riesgos y la implementación de medidas de control, parecía marcar un punto de inflexión en la forma de entender el trabajo; sin embargo, la realidad ha sido menos contundente de lo que el marco normativo sugería, no porque el problema haya desaparecido, sino porque su atención implica una complejidad que supera la capacidad operativa de muchos de los actores involucrados.

Lo verdaderamente incómodo aparece cuando se reconoce que esta dificultad no es exclusiva del sector empresarial, sino que se extiende al propio aparato gubernamental. La exigencia de evaluar de manera constante los riesgos psicosociales, de generar mecanismos de intervención y de dar seguimiento a la salud mental de los trabajadores no es un proceso menor ni fácilmente implementable, especialmente cuando implica la incorporación de especialistas, la modificación de dinámicas internas y la asignación de recursos que compiten con otras prioridades; en ese punto, la discusión deja de ser técnica para volverse estructural, porque no se trata de si se debería cumplir la norma, sino de si existe la capacidad real para hacerlo de manera sostenida en todos los niveles. “El Estado regula lo que no puede garantizar.”, y cuando esa afirmación deja de ser una crítica y se convierte en una descripción, el problema adquiere una dimensión mucho más profunda.

La NOM-001-STPS, vigente desde hace años y centrada en condiciones básicas como iluminación, ventilación, temperatura, orden y limpieza, ya había evidenciado esta distancia entre la norma y su aplicación, particularmente en espacios gubernamentales donde las deficiencias son visibles y recurrentes, porque es altamente posible y probable encontrarnos oficinas con hacinamiento, infraestructura limitada y condiciones que difícilmente podrían considerarse óptimas, con lo que ponen en evidencia que la exigencia normativa no siempre va acompañada de la capacidad de cumplimiento; sin embargo, si la NOM-001 revela una brecha en lo físico, la NOM-035 la expone en un terreno mucho más complejo, porque ya no se trata de elementos visibles, sino de procesos internos que requieren una transformación organizacional profunda, costosa y sostenida en el tiempo.

Bajo este parámetro, la ley existe, pero su cumplimiento es selectivo, lo cual, no solo describe lo que ocurre, sino que sintetiza la lógica bajo la cual operan tanto el sector público como el privado. No se trata de una negativa absoluta a cumplir, sino de una aplicación parcial que responde a lo que es viable dentro de las condiciones existentes, y es que la implementación de la NOM-035 implica costos que no siempre pueden ser absorbidos, especialmente en empresas que se encuentran en etapas de crecimiento o que operan con márgenes reducidos, donde cada decisión de gasto tiene un impacto directo en la supervivencia del negocio, pero incluso en estructuras más grandes, la transformación que exige la norma no es menor, porque implica intervenir en la forma en que se organiza el trabajo, en las relaciones internas y en la cultura laboral, elementos que no se modifican de manera inmediata ni sin resistencia.

El problema no es que las normas no tengan “dientes”, es que aplicarlas plenamente tendría costos económicos y políticos que ni el sector empresarial ni el político están realmente dispuestos a asumir, sobre todo porque uno no podría sostener esa evasión sin la permisividad del otro. Esta afirmación rompe con la idea de que el incumplimiento es unilateral y obliga a entenderlo como un fenómeno compartido, donde las decisiones de un actor están condicionadas por las del otro; es decir, el sector empresarial opera dentro de los márgenes que la regulación permite o tolera, mientras que el sector político ajusta la exigencia normativa en función de los costos que su aplicación podría generar, por ello, en ese equilibrio, el cumplimiento absoluto deja de ser un objetivo realista y se convierte en una referencia que se adapta a las circunstancias.

Desde esta perspectiva, el bienestar laboral compite contra la viabilidad económica, tensión que resulta para entender por qué las normas no se aplican en su totalidad, incluso cuando existe un reconocimiento generalizado de su importancia, porque mejorar las condiciones laborales implica invertir en infraestructura, en procesos y en personal especializado, lo que a su vez impacta en la estructura de costos de las organizaciones, ocasionando un entorno donde si la competencia es alta y los márgenes pueden ser reducidos, estas decisiones no se toman en abstracto, sino en función de su impacto en la continuidad del negocio, resaltando que la lógica empresarial no necesariamente se opone al bienestar, pero sí lo somete a un cálculo donde la viabilidad económica tiene un peso determinante.

En este punto, el marco fiscal adquiere un papel central, porque define en gran medida los incentivos que orientan las decisiones de inversión, y debemos resaltar que la ausencia de estímulos fiscales claros para la mejora de condiciones laborales limita la capacidad de muchas empresas para implementar cambios significativos, especialmente cuando se trata de adecuaciones físicas o de la incorporación de programas de atención psicológica, porque en un escenario donde estas inversiones no generan beneficios fiscales relevantes, el costo recae directamente en la empresa, lo que reduce el atractivo de realizarlas, incluso cuando son necesarias; empero, si existieran mecanismos que permitieran canalizar estos recursos hacia la mejora interna en lugar de destinarlos al pago de impuestos, es probable que el comportamiento empresarial se modificara de manera significativa, no por convicción, sino por incentivo.

La transformación del trabajo a partir de la pandemia introdujo nuevas variables en esta ecuación, particularmente a través del teletrabajo y su regulación mediante la NOM-037-STPS. La incorporación del derecho a la desconexión digital buscaba establecer límites claros entre el tiempo laboral y personal, reconociendo que la disponibilidad constante no es sostenible ni saludable; sin embargo, la implementación de este derecho ha sido limitada, en parte porque la dinámica del trabajo remoto ha generado beneficios que tanto empresas como trabajadores están dispuestos a conservar, el home office no eliminó el desgaste, lo trasladó,  y en ese desplazamiento se sintetiza un cambio profundo en la forma en que se experimenta el trabajo, donde los costos y las responsabilidades se redistribuyen sin que necesariamente se reduzca la carga.

Las empresas han encontrado en el teletrabajo una forma de reducir gastos operativos relacionados con infraestructura, mantenimiento y servicios, mientras que los trabajadores han asumido costos que antes no formaban parte de su realidad cotidiana y, a cambio, obtienen ventajas como la eliminación de traslados y una mayor flexibilidad, pero también enfrentan jornadas más largas y una dificultad creciente para desconectarse; sin embargo, este intercambio no siempre se percibe como negativo, porque se inscribe en una lógica donde los beneficios inmediatos compensan las desventajas estructurales, generando una aceptación que contribuye a la estabilidad del modelo y, donde me arriesgaría a asegurar que no todo es imposición, también hay aceptación porque, lejos de ser pasiva, forma parte activa del equilibrio que permite que el sistema funcione.

Normalizar el desgaste laboral no es el resultado de una falla puntual, sino de la convergencia de múltiples factores que operan de manera simultánea, porque si bien es cierto que, las normas establecen un ideal, pero su cumplimiento se ajusta a lo que es posible dentro de un entorno donde los recursos son limitados, las decisiones tienen consecuencias y los incentivos no siempre están alineados con los objetivos declarados; en este contexto, el incumplimiento deja de ser una anomalía para convertirse en una constante que, aunque reconocida, no genera una ruptura suficiente para transformar el sistema de fondo; empero, esa misma normalización es la que permite que el problema persista sin ser atendido en su totalidad.

A medida que estas dinámicas se consolidan, el desgaste se integra en la experiencia laboral como un elemento esperado, no como una excepción, la ansiedad, el cansancio y la presión constante dejan de ser señales de alerta para convertirse en indicadores de compromiso o productividad, redefiniendo la forma en que se valora el trabajo y a quienes lo realizan, haciendo que esta transformación no ocurra de manera explícita, sino a través de prácticas cotidianas que refuerzan la idea de que el esfuerzo extremo es necesario para mantenerse vigente en un entorno cada vez más competitivo, pero esta lógica también contribuye a invisibilizar los costos que implica sostener ese nivel de exigencia de manera prolongada.

La evolución tecnológica ha jugado un papel determinante en este proceso, facilitando la conectividad y la eficiencia, pero también ampliando las expectativas sobre la disponibilidad y el rendimiento de los trabajadores. La posibilidad de acceder al trabajo desde cualquier lugar y en cualquier momento ha eliminado barreras, pero también ha diluido límites que antes eran más claros, generando una integración constante entre la vida laboral y personal que resulta difícil de regular de manera efectiva; empero, esta integración no es únicamente una imposición externa, sino también una adaptación a un entorno donde la competencia y la inmediatez definen las reglas del juego.

Finalmente, la pregunta que se impone no es si existen las herramientas para mejorar las condiciones laborales, ni si las normas son adecuadas en su diseño, sino si hay una disposición real para asumir los costos que implica su cumplimiento pleno, porque transformar el sistema no pasa únicamente por endurecer la regulación o por exigir su aplicación, sino por modificar las condiciones que hacen que ese cumplimiento resulte, en muchos casos, inviable o políticamente inconveniente y, esto implica reconocer que el problema no es la falta de voluntad individual, sino la forma en que las decisiones colectivas configuran un entorno donde el desgaste se vuelve una consecuencia constante. Si el equilibrio actual permite que todos los actores continúen operando, aun con sus deficiencias, la verdadera cuestión es si ¿existe una voluntad compartida para redefinirlo o si, en el fondo, ya hemos aceptado que trabajar hasta morir es un costo asumible dentro del sistema?

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 1686 en Londres, Inglaterra, el astrónomo, catedrático, escritor, físico, inventor, matemático, entre muchas otras cosas, Isaac Newton, publica en latín la primera parte de una serie de seis de su obra cumbre “Philosophiæ naturalis principia mathematica” (Principios matemáticos de la filosofía natural), conocida también simplemente como “Principia”, en el, se contienen los principios fundamentales de la astronomía y la física sentando la formulación de las tres leyes del movimiento. El texto completo fue publicado el 5 de julio de 1687; en 1877 en Londres, Inglaterra, se inaugura uno de los estadios más antiguos de la nación británica, el legendario “Stamford Bridge”, el cual, en sus inicios fue pensado para albergar cualquier tipo de disciplina deportiva y se convertiría de manera exclusiva como sede del equipo de futbol “Chelsea FC” tras su fundación el 10 de marzo de 1905; en 1919 en París, Francia, al término de la “Conferencia de Paz de París” y de manera anexa al “Tratado de Versalles”, que ponía fin a la Primera Guerra Mundial, se reunieron 42 países (29 vencedores y 13 neutrales) para dar vida a un organismo internacional que velara por la paz en el mundo, la entonces denominada “League of Nations” (Sociedad de Naciones), la cual, fue el órgano precursor de la actual Organización de Naciones Unidas (ONU).

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 A veces pensamos que ser sincero es soltar todo lo que se nos pasa por la cabeza, como si la honestidad fuera un concurso de a ver quién dice la burrada más grande.
Y la verdad es que no.
Hay cosas que es mejor guardarse, no por ocultar, sino por pura higiene mental y respeto al que tienes enfrente.

Las palabras tienen un peligro: una vez que salen, ya no hay botón de "deshacer".
Puedes pedir perdón mil veces, pero el pinchazo ya lo has dado.
A veces, por querer explicar nuestra "realidad" con pelos y señales, lo único que hacemos es embarrarlo todo y dejar al otro dándole vueltas a algo que ni le iba ni le venía, pero que ahora le duele.

Aprender a cerrar el pico a tiempo es un arte.
No hace falta dar un discurso para que te entiendan; el que te conoce de verdad te lee en los silencios.
Al final, se trata de madurar y entender que si lo que vas a decir no va a arreglar nada y solo va a hacer daño, lo mejor es tragárselo.
El silencio no es cobardía, es saber elegir qué batallas y qué heridas merecen la pena.
Menos ruido y más cabeza.

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#reflexiones #silencio #empatia #sinceridad #crecimiento #limites #pazmental

 La verdad es que ser buena gente no debería ser un mérito, sino el mínimo exigible.
Pero en este mundo que va a mil por hora, parece que nos hemos olvidado de que un "buenos días" con contacto visual vale más que cualquier título colgado en una pared.
Es alucinante cómo algunos solo sacan la sonrisa cuando ven un cargo importante delante, mientras que al que limpia la oficina o te sirve el café ni lo miran a los ojos.
El respeto de verdad no entiende de jerarquías; se tiene o no se tiene, y punto.

Al final, la grandeza está en esas tonterías que parecen no importar: dar las gracias de corazón, pedir las cosas por favor sin que te cueste la vida y tratar a todo el mundo con la misma dignidad.
No hace falta ir pregonando lo humilde que eres; si tienes que decirlo, es que no lo eres tanto.
La educación es, en el fondo, una forma de decirle al otro: "te veo y me importas".

Cuando echemos el cierre, nadie se va a acordar de nuestras facturas o de lo alto que llegamos en la escalera.
Lo que se queda grabado es si fuiste alguien con quien daba gusto estar o si fuiste un mueble con mal humor.
La altura de una persona se mide por cómo hace sentir a los que no pueden darle nada a cambio.
Al final, lo único que cuenta es haber sido transparente, haber vivido sin pisar a nadie y entender que, por mucho que unos lleven traje y otros mono de trabajo, en el fondo todos estamos en el mismo barco.

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#buenagente #respeto #humildad #reflexiones #educacion #empatia

 A ver, que nos han vendido siempre que "hablando se entiende la gente" y, sinceramente, a veces hablar es lo que termina de estropearlo todo.
Nos empeñamos en soltar discursos eternos, en explicar mil veces cómo nos sentimos, como si por repetir lo mismo el otro fuera a tener una revelación divina.
Pero la realidad es que la comunicación, si no hay alguien al otro lado con ganas de comprender de verdad, es solo ruido de fondo.

Hay momentos donde lo que hace falta no es un debate, sino un silencio de esos que abrazan.
Esa madurez de cerrar la boca y escuchar sin estar ya fabricando el zasca que vas a soltar después.
Porque, seamos realistas, ¿cuántas veces nos hemos cargado una relación solo por el gustazo de tener la razón?
Al final ganas la discusión, sí, pero te quedas más solo que la una.

Conectar de verdad es otra historia.
Es mirar al otro sabiendo que ve el mundo de forma distinta, con sus propias movidas y sus cicatrices, y respetarlo aunque no lo compartas.
Elegir qué batallas pelear y cuáles dejar pasar es de ser inteligentes, no de ser cobardes.
A veces, el mayor acto de amor es simplemente estar ahí, sin juicios y sin intentar ganar nada.
Al final del día, la armonía no viene de convencer a nadie, sino de aceptar que cada uno tiene su película.

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#reflexión #madurez #relaciones #empatía #comprensión #pazmental #asísonlascosas #comunicacion

Ironisen kielen ymmärtäminen edellyttää, että kuulija havaitsee puhujan tarkoittaman merkityksen olevan ristiriidassa lauseen kirjaimellisen merkityksen kanssa. Tämä on lapsille haastavaa, sillä ironian tulkitsemiseen tarvittavat taidot eivät ole vielä täysin kehittyneet.

Uudessa tutkimuksessamme selvitimme, miten 10-vuotiaiden lasten työmuisti, empatiataidot ja sukupuoli liittyivät kirjoitetun ironian prosessointiin ja ymmärtämiseen. Analysoimme kahden aiemman katseenseurantatutkimuksen aineiston, joka koostui 97 lapsesta (46 tyttöä ja 51 poikaa).

Tulokset osoittivat, että lapsilla, joilla oli vahvemmat empatiataidot, oli parempi ironian ymmärtämisen tarkkuus, ja he palasivat harvemmin lukemaan ironisia ilmauksia uudelleen. Parempi työmuisti liittyi ironian nopeampaan prosessointiin, mutta ei parempaan ymmärtämiseen. Sen sijaan heikompi työmuisti oli yhteydessä tarkempaan ironian ymmärtämiseen. Lapsen sukupuoli ei ollut yhteydessä ironian ymmärtämiseen.

Tulokset viittaavat siihen, että työmuisti ja empatiakyky ovat tärkeitä tekijöitä lasten ironian ymmärtämisessä, ja ne ovat linjassa yksilöllisiä eroja huomioivien ironian ymmärtämisen teorioiden kanssa.

https://doi.org/10.1017/S0305000926100543

#KielenKehitys #ironia #silmänliikkeet #katseenseuranta #työmuisti #empatia

Lenguaje como imposición

21 DE ABRIL DE 2026 Lenguaje como imposición

Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz

Aguascalientes ha colocado una frontera clara en un terreno donde casi todos han preferido moverse con ambigüedad, y esa claridad ha generado incomodidad porque rompe con una narrativa dominante que asume que toda expresión social emergente debe ser absorbida automáticamente por las instituciones, y, en ese sentido, lo que realmente se está cuestionando no es una medida en particular sino la idea misma de que la presión social puede sustituir al criterio, porque cuando cualquier demanda logra convertirse en norma sin atravesar procesos de validación, lo que se debilita no es el orden, es la capacidad de distinguir entre lo que se siente legítimo y lo que ha demostrado serlo.

El pasado 12 de marzo, el Congreso local aprobó una reforma a su Ley de Educación (ámbito local claramente), y, lo que se estableció no es menor, ya que se determinó que el lenguaje dentro de las aulas de educación básica pública y privada debe mantenerse dentro de parámetros estructurados, verificables y funcionales para el aprendizaje, excluyendo formas lingüísticas que no cuentan con respaldo científico sólido en términos pedagógicos; es decir, no podrá utilizarse el lenguaje inclusivo en documentos oficiales, materiales didácticos ni procesos pedagógicos, y esto obliga a observar la medida desde una lógica que ha sido constante en la historia de la educación: no todo lo que existe en el ámbito social tiene cabida en el proceso formativo de los menores, especialmente cuando dicho proceso se encuentra en etapas críticas de desarrollo cognitivo, porque enseñar no es reflejar, es seleccionar, y seleccionar implica necesariamente excluir aquello que no ha demostrado utilidad formativa.

Bajo ese parámetro, resulta indispensable desmontar una de las ideas más repetidas en la crítica pública: que esta decisión implica desconocer identidades o invisibilizar a ciertos grupos, porque esa afirmación no resiste un análisis riguroso, ya que reconocer la existencia de una experiencia no obliga a institucionalizarla como contenido educativo, de hecho, la escuela no está diseñada para validar percepciones individuales sino para construir estructuras de pensamiento que permitan, en etapas posteriores, comprender y debatir dichas percepciones con criterio propio, no se desconoce; empero, las instituciones educativas son y deberán ser de formación, y en ese sentido no pueden incorporar como norma aquello que no cuenta con un sustento biológico, científico y neuronal sólido, ya que hacerlo implicaría transformar el proceso educativo en un mecanismo de legitimación simbólica en lugar de un sistema de transmisión de conocimiento estructurado.

Conviene entonces observar con detenimiento qué es lo que realmente se está pidiendo cuando se exige la implementación del lenguaje inclusivo en las aulas, porque no se trata únicamente de permitir que ciertos estudiantes se expresen de determinada manera, sino de validar institucionalmente una estructura lingüística que modifica categorías básicas del idioma, y este punto es crucial porque desplaza el debate de la libertad individual hacia la normatividad colectiva; es decir, cuando una forma de hablar se convierte en expectativa pedagógica deja de ser una opción para convertirse en una obligación implícita, y es en ese momento cuando el aula deja de ser un espacio de aprendizaje estructurado para convertirse en un entorno de adhesión a determinadas formas de entender la realidad.

Resulta particularmente revelador que quienes defienden la incorporación de este tipo de lenguaje rara vez presenten evidencia empírica que respalde sus beneficios en el ámbito educativo, y es que las investigaciones disponibles que cuentan con algún tipo de sustento científico, muchas de ellas difundidas por organismos como la American Psychiatric Association o la American Educational Research Association, se concentran en analizar efectos de percepción o visibilidad, pero no demuestran mejoras sostenidas en el desarrollo académico, cognitivo o emocional de los estudiantes; es decir, pueden sugerir que ciertos individuos se sienten más representados en determinados contextos; empero, no prueban que esa representación se traduzca en beneficios tangibles dentro del proceso formativo, porque la diferencia entre percepción y resultado es fundamental, y confundir ambas dimensiones no es un error menor, es una distorsión que permite justificar la incorporación de contenidos sin evidencia suficiente.

Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, la fragilidad del argumento inclusivo es aún más evidente, ya que diversos estudios longitudinales han documentado que la identidad en la infancia no es fija sino altamente plástica y susceptible a influencias externas, y, en particular, investigaciones sobre incongruencia de género en menores han señalado tasas de desistimiento que oscilan entre el 60% y el 80%, lo que indica que una proporción significativa de niños que en etapas tempranas manifiestan una percepción distinta de su identidad no la mantienen en la adolescencia o la adultez; por ello, este dato no invalida la experiencia de quienes sí consolidan esa identidad, pero sí cuestiona la pertinencia de introducir categorías complejas como base lingüística en una etapa donde la estabilidad psicológica aún no está definida, porque enseñar sobre estructuras inestables no amplía el conocimiento, introduce ruido en su formación.

Frente a esta evidencia, la insistencia en incorporar el lenguaje inclusivo en educación básica adquiere un carácter problemático, ya que no responde a criterios pedagógicos sólidos sino a demandas sociales específicas, y, cuando la educación comienza a responder a la presión en lugar de a la evidencia, se produce un desplazamiento peligroso en su función, porque deja de ser un sistema de formación para convertirse en un mecanismo de validación, y ese cambio, aunque sutil en apariencia, tiene implicaciones profundas en la manera en que se construye el pensamiento en etapas tempranas.

En este contexto, surge un punto que ha sido sistemáticamente ignorado: la posibilidad de que la inclusión, cuando se convierte en obligación, genere nuevas formas de exclusión, ya que la narrativa dominante plantea que el uso del lenguaje inclusivo es una forma de respeto hacia ciertas identidades; empero, omite considerar el impacto que esa exigencia puede tener en quienes no comparten esa visión, porque el estudiante que percibe el mundo a través de categorías biológicas tradicionales —que siguen siendo la base del conocimiento científico— se ve obligado a adoptar una forma de expresión que no corresponde con su comprensión de la realidad, y esa imposición no es neutral, es una forma de presión que redefine qué pensamiento es aceptable dentro del aula.

Dicho de otra manera, la inclusión de unos no puede implicar la invalidación obligatoria de otros, porque cuando el sistema educativo exige el uso de determinadas formas lingüísticas está estableciendo un marco de legitimidad que favorece ciertas percepciones sobre otras, y el problema no es que existan distintas formas de entender la identidad, sino que una de ellas se convierta en estándar dentro de un espacio donde debería prevalecer la neutralidad pedagógica, ya que en ese momento la diversidad deja de ser coexistencia para convertirse en jerarquía.

Aunado a lo anterior, es necesario considerar el papel de la presión social dentro del aula, porque en entornos donde ciertas prácticas adquieren legitimidad moral, los individuos que no se adhieren a ellas pueden ser objeto de corrección constante o señalamiento; es decir, el estudiante que no utiliza lenguaje inclusivo no necesariamente lo hace por rechazo o prejuicio, sino porque su estructura conceptual del lenguaje no incorpora esas formas; sin embargo, cuando dichas formas son promovidas institucionalmente, su negativa puede interpretarse como falta de sensibilidad, generando un entorno donde la conformidad se convierte en mecanismo de adaptación y la libertad de pensamiento comienza a erosionarse de manera silenciosa.

Otro elemento que merece atención es la relación entre biología y lenguaje, ya que el modelo biológico humano es, en esencia, binario, y sobre esa base se ha construido históricamente la gramática, lo que no implica negar la existencia de variaciones o excepciones, pero sí reconocer que la estructura lingüística responde a patrones observables y funcionales, y modificar esos patrones sin una justificación científica sólida introduce un elemento de inestabilidad que no ha sido suficientemente evaluado en términos educativos.

En este punto, resulta pertinente recordar que el reconocimiento clínico de ciertas experiencias no equivale a su validación como contenido educativo universal, ya que organismos como la World Health Organization o la American Psychiatric Association han establecido marcos para comprender la incongruencia de género desde una perspectiva de salud, lo cual, permite su atención adecuada, pero esto no implica que dichas categorías deban convertirse en norma lingüística dentro de la educación básica, porque confundir estos niveles de análisis conduce a una expansión conceptual que desborda el ámbito para el cual fueron diseñados.

Por otra parte, el argumento de que permitir el lenguaje inclusivo simplemente amplía las opciones de expresión, ignora el efecto normativo que dicha permisividad puede generar, ya que cuando una institución valida una forma de lenguaje esta tiende a convertirse en referencia obligada, especialmente en contextos donde la evaluación forma parte del proceso educativo, y así, lo que se presenta como libertad termina operando como expectativa, y la expectativa como presión.

Llegados a este punto, es inevitable abordar la cuestión del adoctrinamiento, porque la escuela tiene la responsabilidad de formar individuos capaces de pensar de manera crítica, no de adherirse a una visión específica del mundo, e introducir el lenguaje inclusivo como parte del proceso educativo sin un sustento científico claro implica orientar el pensamiento del alumno hacia una interpretación particular de la realidad; es decir, no se le está enseñando a analizar el lenguaje sino a adoptarlo bajo determinados supuestos, lo que reproduce exactamente aquello que se pretende evitar.

Queda entonces la pregunta sobre cuál debe ser el criterio para incorporar contenidos en la educación básica, y, si la respuesta se basa en evidencia científica, coherencia pedagógica y funcionalidad del aprendizaje, el lenguaje inclusivo no cumple con los requisitos necesarios, porque hasta este momento no existe evidencia científica robusta, longitudinal ni replicable que demuestre que su uso genere beneficios en el desarrollo integral de los estudiantes, y esta ausencia de evidencia no es un detalle menor, es el punto exacto donde debería detenerse cualquier intento de institucionalización.

La discusión sobre el lenguaje inclusivo en las escuelas revela, en última instancia, una tensión más profunda entre reconocimiento social y responsabilidad institucional, porque la sociedad puede —y debe— debatir, cuestionar y redefinir sus categorías; empero, la escuela no puede absorber cada una de esas transformaciones sin evaluar su impacto en el proceso formativo, ya que cuando lo hace sin ese filtro, deja de educar para comenzar a validar.

Finalmente, si aceptamos que la presión social puede definir lo que se enseña por encima de la evidencia, ¿no estamos renunciando al único criterio que permite que la educación siga siendo un espacio de formación y no simplemente un reflejo de aquello que resulta más insistente en el debate público?

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 753 a.C. a orillas del Río Tíber, según la leyenda, Rómulo uno de los hijos del Dios Marte que fueron amamantados por una loba, funda la conocida ciudad de Roma, la cual, siguiendo la leyenda, años después de haber sido criados por la loba, en una disputa entre los hermanos gemelos, Remo se encontraba construyendo una muralla y Rómulo lo ensartó con su espada, por ello, en honor a su hermano la ciudad tomó el nombre de Roma; en 2018 en todo el mundo, se conmemora por primera ocasión el “Día Mundial de la Creatividad y la Innovación” el cual, fue declarado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas mediante su resolución A/RES/71/284 de fecha 1 de mayo de 2017 con la finalidad de reconocer que la innovación es esencial para aprovechar el potencial económico de cada nación y enaltecer la importancia de apoyar el emprendimiento; en 2025 fallecía en Ciudad del Vaticano, Ciudad del Vaticano, en la Casa de Santa Martha (Domus Sanctae Marthae) el papa 266 de la iglesia Católica Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio quien ostentó el cargo durante 12 años 1 mes y 2 días.

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🪨 Esa sensación de que siempre eres el hombro donde todo el mundo llora, pero cuando te toca a ti, de repente hay un silencio que asusta.
Da rabia, para qué nos vamos a engañar.
Te pasas la vida sosteniendo los dramas de los demás, escuchando audios de cinco minutos y estando ahí al pie del cañón, pero cuando necesitas que alguien te devuelva un poquito de esa energía, te encuentras con un "visto" o un "estoy a tope, hablamos luego".

Y lo peor es que muchas veces ni siquiera es por maldad.
Hay gente que vive tan metida en su ombligo que se le olvida que los demás también sangran.
Otros simplemente no saben gestionar una emoción que no sea la suya.
Pero ojo, que también están los que saben perfectamente que estás mal y eligen mirar para otro lado porque estar para alguien requiere un esfuerzo que no les apetece hacer.

La responsabilidad afectiva no es un concepto moderno para quedar bien en redes sociales, es algo tan básico como saber que el amor y la amistad son de ida y vuelta.
Si solo sabes recibir, lo tuyo no es cariño, es aprovecharte de la bondad ajena.
Aprender a salir un poco del "yo, mi, me, conmigo" y estar presente de verdad es lo mínimo que se despacha.
Porque al final, las personas que siempre están también se cansan de esperar, y el día que se van, no es por falta de ganas de quedarse, sino por falta de motivos para hacerlo.

Si tienes a alguien que te cuida, no te olvides de cuidarlo también.
La presencia no se agradece solo con palabras, se demuestra estando.

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