SOS — Lo que podemos hacer con nuestros smartphones en casos de emergencia

Hace unos años escribí “Ni una más”. No desde la teoría, sino desde la experiencia. Desde el miedo, desde la vulnerabilidad, desde esa pregunta que todavía sigue sin respuesta clara: ¿qué hacemos cuando pasa?

Porque no siempre hay una denuncia previa ni un agresor identificado. A veces es la calle, a veces es alguien que no conocemos, y a veces es un momento que se desarma en segundos. Y en esos casos, la realidad es simple: no hay tiempo para pensar.

¿Y qué pasa con el estado?

Podríamos hablar de las aplicaciones oficiales, de los botones antipánico o del sistema judicial. Pero hay un problema más profundo: la mayoría de esas herramientas llegan después. Después de denunciar, después de insistir, después de que algo ya pasó. Pero la emergencia no funciona así. La emergencia no avisa. Además, cabe destacar que al no poder comprobar su accesibilidad porque no están disponibles más que por pedido judicial, ni siquiera tenemos certeza de que realmente nos sirvan.

Algo muy importante que ya está en nuestros teléfonos

El acceso a llamadas de emergencia como el 911 está disponible por defecto en prácticamente todos los teléfonos, incluso sin configurar nada previamente.

Esto significa que, en una situación límite, podemos llamar a emergencias aunque no tengamos crédito o un plan activo. El dispositivo utiliza cualquier red disponible para intentar realizar la llamada.

Y esto no es un detalle menor. Mientras muchas de las herramientas que dependen del sistema requieren tiempo, validación o intervención previa, esto ya está disponible.

Además, el teléfono también comparte nuestra ubicación con los servicios de emergencia. Muchas de estas funciones ya están activas, pero no siempre sabemos cómo funcionan ni hasta dónde llegan. Por eso, configurarlas no es empezar desde cero: es tomar control de algo que ya está ahí.

Cuando el cuerpo falla o la situación se desborda, no hay tiempo para aprender nada nuevo.

Y esto no solo aplica a situaciones de violencia o peligro inminente por parte de terceros, sino también a cualquier emergencia de salud. El 911 es un servicio para todo tipo de emergencias.

Lo que casi nadie nos explica

Todos los smartphones actuales, tanto iPhone como Android, tienen funciones de seguridad integradas. No son aplicaciones externas, no dependen del Estado y no necesitan permisos especiales.

En muchos dispositivos Android aparecen como “Seguridad y emergencia”. Ahí es donde está todo. El problema es que casi nadie sabe que existe, y menos aún cómo configurarlo.

Cómo configurarlo en Android (Seguridad y emergencia)

  • Ir a Ajustes
  • Entrar en Seguridad y emergencia
  • Configurar estas opciones:
    • Emergencia SOS: activar la opción de presionar 5 veces el botón de encendido
    • Contactos de emergencia: agregar 1 a 3 personas de confianza
    • Compartir ubicación: habilitar envío automático al activar SOS (se llama verificación de seguridad) esta opción puede estar activada por una hora, o el tiempo que le especifiques
    • Información médica: completar datos básicos accesibles desde pantalla bloqueada: tipo de sangre, medicación, alergias, Etc. Estos datos quedan encriptados en el dispositivo, y no se comparten con Google. Sólo están disponibles para su utilización por los servicios de emergencia, o quien pueda ayudarnos en ese momento

    Una vez configurado, el sistema permite que, ante una emergencia, el teléfono llame al 911, comparta nuestra ubicación y alerte a nuestros contactos en cuestión de segundos, sin necesidad de desbloquear el dispositivo. Además, permite dejar llamadas abiertas, grabar en tiempo real y enviar imágenes y videos. Todo esto sin tocar absolutamente nada.

    Cómo configurarlo en iPhone

  • Ir a Configuración
  • Entrar en Emergencia SOS
  • Activar:
    • Llamar con botón lateral (5 pulsaciones)
    • Llamada automática

    Luego:

  • Ir a Salud
  • Entrar en Ficha médica
  • Agregar contactos de emergencia y datos relevantes
  • Activar Mostrar cuando está bloqueado
  • En iPhone, al activar el modo SOS, el sistema puede llamar automáticamente a emergencias y notificar a nuestros contactos con nuestra ubicación actual, igual que en android.

    Entonces, ¿por qué no alcanza?

    Porque nadie lo enseña. No forma parte de campañas públicas, no está en la educación digital y no se comunica como una herramienta básica.

    Mientras tanto, se desarrollan aplicaciones que muchas veces no son accesibles, no están disponibles para todas las personas o requieren intervención judicial previa. Es decir: llegan tarde.

    Existen también funciones más avanzadas en algunos dispositivos que permiten filtrar llamadas desconocidas o incluso transcribirlas en tiempo real. Sin embargo, estas opciones no están disponibles en todos los teléfonos ni en todas las versiones del sistema, por lo que no pueden considerarse una solución general.

    Lo urgente no es la tecnología

    La tecnología ya está. Lo urgente es entender que no podemos predecir la violencia ni anticipar todas las situaciones, pero sí podemos reducir el tiempo entre “algo está mal” y “alguien ya lo sabe”.

    Cerrar la distancia entre el miedo y la acción

    Configurar estas opciones no evita que algo pase, pero puede marcar una diferencia. Porque en una situación real, los primeros segundos importan. Y en esos segundos, no hay margen para instalar, aprender o descubrir. Solo hay margen para que algo ya funcione.

    #críticaSocial #discapacidadVisual #Feminismo #inclusiónDigital #Interseccionalidad #tecnología
    Ni una más – KathWare

    "Bienvenidos al show: donde el talento es opcional y la idiotez es rentable. Nacimos en la era de los ídolos de barro."

    #Sociedad #Postureo #Valores #CriticaSocial

    Caso Césio-137 expõe ‘racismo estrutural’, afirma atriz de série da Netflix que retrata tragédia de 1987

    https://fed.brid.gy/r/https://www.brasildefato.com.br/2026/04/03/caso-cesio-137-expoe-racismo-estrutural-afirma-atriz-de-serie-da-netflix-que-retrata-tragedia-de-1987/

    La sociedad de masas mercantiliza al ser humano. El trabajo alienante anula el amor y la razón, volviéndonos indiferentes y tratándonos como objetos.

    #Humanidad #CríticaSocial #Filosofía #Alienación #SociedadDeMasas #ErichFromm #Reflexión

    nunca más — Memoria, Verdad y Justicia

    Dije que no iba a publicar más nada desde el último post, pero el contexto de un día como hoy, y con tantos retrocesos en derechos y tanta estigmatización y discriminación, es necesario. Una persona trans es agredida en el país cada 38 horas. Los crímenes de odio por derechos que ya creíamos obtenidos, el derecho a vivir, a la verdadera libertad, no pueden verse coartados por el gobierno de turno y por quienes los siguen. La verdad no puede taparse ni ocultarse. La violencia de género y el acoso y abuso a mujeres en todos los sentidos también creció exponencialmente. Y el gobierno es indefectiblemente cómplice de todo esto.

    No puedo ir a la plaza. Quiero, pero no debo. Mi salud mental recién recuperada y a duras penas, no me lo permite. Pero quiero aportar mi granito de arena. Porque aunque yo no esté allá, aunque yo no haya vivido los horrores de aquel infierno, mi alma y mi corazón están con ellos.

    Porque no, esto no quedó en el pasado. Porque cuando hoy se estigmatiza, cuando se señala, cuando se habilita el odio desde el poder, la historia no se repite igual… pero rima. Empieza siempre igual: con palabras. Con discursos. Con la construcción de un “otro” al que se puede señalar. Después, ya sabemos cómo sigue. Como dice Charly: «La historia prosigue, pero amigo, yo ya la vi».

    La identidad no desaparece

    El nieto número 77 recuperado por madres y abuelas de plaza de mayo, al que sus apropiadores llamaron Mariano, contó una vez que estaba jodiendo con sus amigos y que uno de ellos le preguntó»¿Si te cambiaras el nombre, cómo te gustaría llamarte?» Él respondió: «Juan». Juan era el nombre que su mamá, Alicia de tan solo 16 años, le quería poner. Y mientras estaba prisionera en la celda de un centro de detención del estado, le repetía su nombre en todo momento. A ese bebé que estaba en su panza. Damián, de 19 años era su padre. Ambos desaparecidos durante el último golpe de estado cívico eclesiástico militar de la Argentina.

    Jorge Julio López desapareció 2 veces. La segunda en democracia, cuando iba a atestiguar contra el dictador Miguel Etchecolatz, uno de los represores de la dictadura condenado por delitos de lesa humanidad. Myriam Bregman, la rusa como le dicen, era su abogada. Nunca más se volvió a saber de él. Aún estamos esperando explicaciones, saber qué pasó. Por qué no pudo atestiguar.

    Pablo, sobreviviente de la noche de los lápices, luchaba junto a sus compañeros, de entre 15 y 17 años, por algo de lo que nuestros jóvenes aún pueden gozar. El boleto estudiantil.

    La memoria no es ideología

    En momentos en los que quieren instaurar teorías sobre 2 demonios y pretenden contar una «historia completa», deberían ser capaces de comprender que al pueblo se le pueden vender muchos espejitos de colores. Pero lo que está guardado en la memoria, no se vende. Aquello que queda con testimonios vivos, con sangre, con bebés que a 50 años aún no conocen su identidad, es imborrable. Pretenden tapar su oscuridad con videos que no dicen nada.

    Hablan de “dos demonios”. Como si hubiera sido una pelea justa. Como si el Estado no hubiera usado todo su aparato para secuestrar, torturar, violar, robar bebés y desaparecer personas. No fueron dos demonios. Fue un Estado terrorista contra su propio pueblo. Y eso no es una opinión. Es un hecho histórico.

    La estúpida discusión de los números

    30000 desaparecidos. Y no, no es un número para discutir en una mesa. No es una cifra para relativizar según conveniencia política. Es una construcción de memoria. Es una forma de nombrar lo que el propio Estado se encargó de ocultar. Porque cuando desaparecés personas, también desaparecés registros. Y después vienen a exigirte exactitud. Como si la falta de datos no fuera parte del crimen.

    400 personas travestis y trans, de la comunidad LGBTIQ+. No recuerdo cuántas personas con discapacidad fueron desaparecidas. Y no es un descuido. Es que nunca fueron contadas como tales. Sus nombres están —o no— en listas incompletas, en archivos rotos, en memorias fragmentadas. Pero su condición, su historia completa, muchas veces quedó borrada incluso dentro del registro del horror. No es que no existan cifras. Es que el sistema nunca se preocupó por registrarlas. Y eso también es violencia. Porque desaparecer a alguien es quitarle la posibilidad de seguir viviendo. Pero borrar lo que esa persona era, lo que vivía, lo que atravesaba, es quitarle también su identidad.

    Gente tirada en fosas comunes, arrojadas en aviones al mar. Desaparecidas. A las que aún no se las puede encontrar. Más de 800 centros clandestinos de detención a lo largo y ancho del país. Artistas exiliados o desaparecidos. Canciones censuradas. La música y la literatura, el arte en general, como expresión de algo que no podía ser entendido por monstruos que sólo sabían matar, robar, secuestrar, desaparecer, mentir, herir a un pueblo. Pero no sabían entender, pensar. Las metáforas implícitas en ese arte fueron también una forma de resistencia ante horrores que podemos leer, ver en televisión, escuchar en radios o en documentales. Pero no podemos siquiera llegar a imaginar.

    Yo veo al presente repetir el pasado

    Una guerra que perdimos contra una potencia militar con el apoyo de Estados Unidos, a quienes hoy queremos venerar y a quienes nos queremos parecer. Pibes de 18 años enviados a morir en el frío del sur, en nuestras Malvinas Argentinas, por una guerra que sabían, perderíamos desde el principio. Donativos que nunca llegaron. Recepciones gloriosas que nuestros soldados nunca recibieron. El indulto del turco Menem, al que tanto quieren glorificar de nuevo.

    Policías, militares y gendarmes que hasta hace poco tiempo, aún seguían en funciones como si sólo hubiese habido unos culpables. No sé si lo seguirán estando.

    Pero también hay otra forma de complicidad. La de quienes saben, pero prefieren no meterse. La de quienes dicen “no es para tanto”. La de quienes miran para otro lado porque no les toca directamente. El problema es que la historia ya demostró algo: cuando te toca, ya es demasiado tarde.

    Ni olvido ni perdón

    Pueden contarte historias, tratar de venderte discursos por todos lados y desde todos los frentes. Pero la historia, la vida, y la lucha por «Memoria, verdad y Justicia», está en el corazón del pueblo. Y el corazón de un pueblo, nunca se borra.

    Porque el pueblo sabe bien que no es solo memoria. No es solo verdad. No es solo justicia. Es identidad. Es presente. Es futuro. Porque un pueblo sin memoria no es libre. Es manipulable. Y si hay algo que este país ya dejó claro, es que podrá caerse mil veces… pero hay cosas que no está dispuesto a olvidar.

    Por eso seguimos insistiendo: Ni olvido ni perdón. Nunca más, un 24 de marzo de 1976.

    #análisisPolítico #críticaSocial #DerechosHumanos #justiciaSocial
    35 millones de borregos

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    Descubre la visión de Kropotkin sobre el Estado: un mecanismo de dominación que frena la libertad individual frente a la opción del apoyo mutuo.

    https://circuloacrata.blogspot.com/2026/02/el-estado-segun-piotr-kropotkin.html

    #TeoríaDelEstado #PoderYControl #LibertadIndividual #CríticaSocial #Autogestión #SociedadCivil #EstructuraPolíticayEconómica

    Una sociedad diseñada, las vacaciones, etc.

    Las sociedades cambian según los modelos de vida que  definen lo que es la civilización. Nuestra época viene marcada por una serie de características que debemos conocer para evitar su colapso, ya …

    Ramiro Pinto