Bafomet: El ídolo que nació de un error y una injusticia
De las crónicas de las Cruzadas a la invención del ocultismo moderno
Para entender a Bafomet, primero debemos viajar a 1307, al arresto de los Caballeros Templarios. Durante los juicios por orden de Felipe IV de Francia, se acusó a los monjes guerreros de adorar a una cabeza barbuda llamada "Baphomet". Sin embargo, la historiografía moderna y la filología sugieren que esta palabra era simplemente una deformación fonética de "Mahomet" (Mahoma). Los inquisidores, en su afán por demonizar a los templarios y confiscar sus bienes, transformaron una supuesta simpatía por el islam en una acusación de idolatría diabólica. No hay ni una sola prueba arqueológica de que los templarios tuvieran un ídolo con ese nombre antes de ser torturados para confesarlo.
La imagen que todos conocemos hoy —un ser con cabeza de cabra, pechos femeninos y alas— no tiene nada que ver con los templarios. Fue creada recién en 1854 por el ocultista francés Eliphas Levi en su obra "Dogma y ritual de la alta magia". Levi no buscaba crear un demonio, sino un símbolo alquímico de la unión de los opuestos: lo masculino y lo femenino, lo animal y lo humano, lo espiritual y lo material. Es una representación visual de la resolución de la dualidad, influenciada por la filosofía hermética y el concepto de la "luz astral".
Desde la psicología de Jung, podríamos decir que Bafomet funciona como un arquetipo de la Sombra que ha sido proyectado por la sociedad sobre lo desconocido. Así Baphomet, terminó convirtiéndose en un ícono cultural que hoy representa la rebelión o el equilibrio, dependiendo de quién lo mire.
— Amber Luna, Bruja








