Breve receso del estudio para traeros una nueva película de terror.
En este viernes santo no vengo a hablaros de Dios. Faltaría más. No, yo vengo a hablaros del Ángel Caído en desgracia, mano derecha del Todopoderoso y expulsado a los infiernos por su soberbio comportamiento. Si bien es cierto que tiene innumerables acepciones: Satanás, Belcebú Lucifer, Mefistófeles y un largo etcétera podemos llamarlo el diablo, para entendernos todos.
Hoy en la #retroreseña os traigo Warlock, el brujo. Película de 1989. Dirigida por Steve Miner y con Julian Sands como actor protagonista.
Estamos en el estado de Massachusetts allá por el siglo XVII. Warlock, un devoto seguidor de Satán, ha sido atrapado y juzgado por brujería. Lejos de negarlo, este personaje es el brujo más sanguinolento y preferido del diablo, es condenado a muerte en la hoguera.
Tal es el favoritismo, que el Maligno intercede para evitar que su pupilo llegue al caldaso, enviándolo 300 años al futuro en pleno año 1988.
Su misión en este futuro extraño será recuperar los legajos de un grimorio que revelará el verdadero y secreto nombre de su mentor (si, amigues, parece que no tenia suficientes). Este fatal descubrimiento traerá acarreado el fin del mundo como lo conocemos.
Para evitarlo, Giles Redferne, el cazabrujos que ya había conseguido atrapar al Warlock con anterioridad, salta al futuro para desbaratar sus planes.
La película fue bastante criticada en su día porque el guión es tremendamente parecido al Terminator de Cameron. Saltos temporales, persecuciones contra un ser poderoso, el protector rudo de la chica, etc. Muy probablemente con razón, pero si a Terminator le añadís una dosis de magia negra, brujería y demonios...nada puede salir mal.
Post data: La película no sería tan mala cuando sacaron dos secuelas más adelante. Vedla, nunca desilusiona.
Ya me despido. Cuidaros mucho y sed buenes.
#peliculas #80s #terror