A veces nos empeñamos en ser el pegamento de cosas que ya son solo polvo.
Nos han vendido que "luchar" es la única opción digna, pero nadie nos explica que hay una diferencia abismal entre cuidar algo y estar sosteniendo un cadáver emocional.
Lo peor es ese cansancio que no se quita durmiendo.
Ese agotamiento de tener que pensar cada palabra, de medir cada gesto para que el otro no se moleste o para que la situación no explote.
Cuando estar con alguien o en un sitio se convierte en un trabajo de ingeniería para que nada se caiga, es que la estructura ya ha cedido.
Seguimos ahí por inercia, por el "qué dirán" o por no enfrentarnos al vacío que deja lo que ya no está.
Nos da pánico soltar porque pensamos que el fracaso es que algo se termine, cuando el verdadero fracaso es quedarte a vivir en un sitio donde ya no queda ni rastro de lo que te hacía feliz.
Al final, dejar de empujar no es ser mala persona ni ser un cobarde.
Es, simplemente, dejar de pelearte con la gravedad.
Hay cosas que, en cuanto quitas las manos, se desploman solas porque hace tiempo que no tenían raíces.
Y en ese silencio que queda cuando algo cae, es donde por fin puedes volver a escuchar tus propios pasos.
☆:;;::;;::;;::;;::;;::;;::;;::;;:☆:;;::;;::;;::;;::;;::;;::;;::;;:☆
#realidad #pazmental #reflexiones #autoestima #relaciones