C4: El sofá del pasillo

Las noches más frías hacían que el edificio entero crujiera como si estuviera respirando lentamente. Las tuberías viejas se quejaban detrás de las paredes, las ventanas vibraban cada vez que el viento golpeaba el exterior y el sonido lejano de la ciudad llegaba amortiguado hasta el último piso, convertido apenas en un murmullo distante bajo la música suave de la cafetería. Había algo profundamente extraño en aquel lugar durante la madrugada; no parecía completamente separado del mundo exterior, pero tampoco terminaba de pertenecerle. Como si el último piso existiera suspendido entre dos realidades distintas: la ciudad que exigía esconderse y el pequeño refugio donde, al menos por unas horas, las personas podían bajar la guardia sin miedo.

El sofá del pasillo estaba colocado justo antes de las escaleras que llevaban a la azotea. Era viejo, de tela oscura desgastada por los años y con uno de los descansabrazos ligeramente hundido hacia adentro, pero aun así se había convertido en uno de los lugares más utilizados de toda la cafetería. Algunas personas dormían ahí después de llorar demasiado para volver a casa, otras pasaban horas leyendo bajo la lámpara amarilla del corredor y había quienes simplemente necesitaban sentarse lejos del ruido principal sin sentirse completamente solos. Nico solía decir que aquel sofá había escuchado más confesiones honestas que cualquier terapeuta de la ciudad.

Esa noche estaba ocupado por Alex.

Llevaba casi dos semanas apareciendo regularmente en la cafetería, aunque nadie sabía demasiado sobre su vida fuera del edificio. Llegaba tarde, casi siempre cerca de la medianoche, con una mochila negra colgada sobre el hombro y audífonos enormes cubriéndole parcialmente el rostro. Hablaba poco, dormía menos y parecía mantenerse en un estado constante de alerta, como si incluso sentado entre personas seguras su cuerpo siguiera esperando que algo terrible ocurriera en cualquier momento.

Al principio nadie insistió demasiado en acercarse.

En la cafetería existía una especie de acuerdo silencioso: cada persona compartía su historia al ritmo que podía soportar. Algunos hablaban durante horas desde la primera noche; otros tardaban semanas enteras antes de mencionar siquiera su nombre completo.

Alex pertenecía claramente al segundo grupo.

Aquella madrugada permanecía recostade sobre el sofá del pasillo con las piernas dobladas contra el pecho mientras observaba distraídamente la luz amarilla reflejándose sobre el techo. Tenía los audífonos puestos, aunque la música estaba tan baja que apenas podía escucharse una melodía suave escapando entre ellos. Sobre la mesa pequeña junto al sofá descansaba una taza de café ya frío y un cuaderno lleno de dibujos incompletos.

Del otro lado del corredor, Valeria salió de la biblioteca cargando varios libros contra el pecho y se detuvo al verlo despierto.

—Pensé que estabas dormide —dijo en voz baja.

Alex se quitó uno de los audífonos lentamente.

—Lo intenté.

—¿Otra vez las pesadillas?

Alex dudó antes de responder.

—Algo así.

Valeria no insistió. Se sentó sobre el piso junto al sofá y comenzó a ordenar los libros distraídamente.

Durante varios minutos ninguno habló demasiado. El silencio dentro de la cafetería rara vez resultaba incómodo. Muchas de las personas que llegaban ahí cargaban años enteros sintiéndose obligadas a explicar constantemente quiénes eran, así que descubrir un lugar donde podían simplemente existir sin presión terminaba convirtiéndose en algo profundamente valioso.

Finalmente Valeria levantó uno de los libros que sostenía.

—Encontré esto hoy.

Alex observó la portada.

—Poesía.

—Sí. Y también una carta escondida entre las páginas.

Alex levantó apenas una ceja.

—¿Una carta de amor?

—La peor clase de carta de amor.

Eso logró arrancarle una pequeña sonrisa cansada.

—Las mejores historias siempre son las peores para vivirlas.

Valeria lo observó unos segundos antes de hablar nuevamente.

—¿Quieres contarme qué te tiene despierto?

Alex permaneció inmóvile varios segundos.

La pregunta parecía sencilla, pero ambos sabían que nunca lo era realmente.

Porque a veces el problema no es encontrar las palabras correctas, sino decidir por dónde empezar cuando el dolor lleva demasiado tiempo acumulándose.

Finalmente soltó el aire lentamente.

—Hoy mi mamá me llamó.

Valeria apoyó los libros sobre sus piernas.

—¿Y cómo salió eso?

Alex soltó una risa breve, amarga.

—¿Conoces esa sensación de hablar con alguien que ama una versión de ti que no existe?

La frase quedó suspendida entre ambos.

Alex bajó la mirada hacia sus manos.

—Me preguntó si ya “se me había pasado la etapa”.

Valeria cerró lentamente los ojos.

—Lo siento.

—Ni siquiera gritó. Creo que eso fue lo peor.

Había cansancio en su voz. Un agotamiento profundo y antiguo.

—Solo empezó a hablarme como si estuviera esperando convencerme poco a poco de volver a ser quien era antes.

—¿Y qué le dijiste?

Alex tardó un momento en responder.

—Que nunca fui esa persona.

El silencio regresó.

Desde la cafetería principal llegaba el sonido lejano de Nico acomodando vasos y alguien riéndose suavemente cerca de la barra. La vida seguía moviéndose al otro lado del corredor mientras ellos permanecían ahí, sentades junto al viejo sofá del pasillo donde tantas personas habían intentado reconstruirse lentamente.

Alex apoyó la cabeza contra la pared.

—A veces quisiera explicarles que no estoy intentando convertirme en alguien distinto… estoy intentando dejar de fingir.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Porque esa era una de las cosas más difíciles de hacer entender a muchas personas. Especialmente a familias que crecieron bajo ideas rígidas sobre identidad y género. Desde afuera, algunos creían equivocadamente que las personas trans o no binarias “cambiaban” radicalmente de un día para otro, cuando en realidad muchas veces el proceso consistía justamente en lo contrario: dejar de esconder quiénes habían sido siempre.

—¿Sabes qué fue lo primero que me preguntó cuando le dije que uso pronombres neutros? —continuó Alex con una sonrisa triste—. Me preguntó si alguien me había metido ideas raras en la cabeza.

Valeria negó suavemente.

—Como si existir fuera una influencia externa.

Alex soltó una pequeña risa.

—Exacto.

Después guardó silencio unos segundos antes de continuar.

—Lo peor es que sé que está intentando entender… pero me mira como si estuviera perdiendo a su hije. Y yo solo quisiera que entendiera que sigo siendo la misma persona que abrazaba cuando tenía miedo de las tormentas.

La voz se le quebró ligeramente al final de la frase.

Valeria no dijo nada inmediato. A veces acompañar a alguien no significa encontrar respuestas perfectas, sino simplemente quedarse presente mientras el otro atraviesa aquello que le duele.

Alex pasó una mano nerviosa sobre el borde de la taza fría.

—Estoy cansade de sentir que tengo que justificar mi existencia todo el tiempo.

La honestidad de aquella frase hizo que el aire pareciera más pesado.

Porque muchas personas LGBT+, especialmente personas trans y no binarias, crecían bajo una presión agotadora: explicar constantemente quiénes eran para que otros decidieran si merecían respeto. Como si la identidad necesitara pasar una prueba permanente de validación externa.

—No deberías tener que hacerlo —dijo Valeria finalmente.

Alex soltó una risa suave.

—Sí, bueno… el mundo todavía no recibió ese memo.

Ambes permanecieron en silencio unos segundos más.

Entonces Nico apareció al final del corredor cargando una manta doblada sobre el brazo.

—¿Otra reunión clandestina del club de insomnes emocionalmente devastados? —preguntó acercándose.

—Tenemos membresía premium —respondió Valeria.

Nico le entregó la manta a Alex sin decir demasiado.

—Hace frío aquí afuera.

Alex la tomó lentamente.

—Gracias.

Nico observó el cuaderno abierto sobre la mesa.

—¿Dibujas?

Alex reaccionó casi de inmediato cerrándolo un poco.

—A veces.

—¿Puedo ver?

Hubo una pausa breve antes de que Alex empujara lentamente el cuaderno hacia él.

Nico comenzó a pasar páginas llenas de dibujos hechos con tinta negra: rostros cansados, edificios enormes tragándose personas pequeñas, manos entrelazadas, ojos llorando flores, cuerpos incompletos flotando dentro de habitaciones oscuras.

Pero hubo uno que hizo que se detuviera más tiempo.

Era un autorretrato.

Alex había dibujado dos versiones de sí misme mirándose frente a frente: una usando ropa y rasgos que claramente representaban la imagen que otras personas esperaban ver, y otra mucho más libre, más tranquila, observándole desde el otro lado con una mezcla de tristeza y paciencia.

Debajo había una frase escrita a mano:

“Sobrevivir también puede verse como convertirse lentamente en une mismx.”

Nico levantó la vista.

—Esto es increíble.

Alex bajó inmediatamente la mirada.

—Solo dibujo cosas que no sé explicar hablando.

—A veces el arte sirve exactamente para eso —respondió Nico devolviéndole el cuaderno—. Decir lo que el cuerpo ya no puede guardar solo.

Alex sostuvo el cuaderno contra el pecho varios segundos.

Y por primera vez desde que comenzó a ir a la cafetería, sintió algo extraño abriéndose lentamente dentro de sí: la posibilidad mínima de no tener que seguir sobreviviendo completamente sole. Porque aunque el dolor seguía ahí, aunque las llamadas familiares seguían dejando heridas y aunque el mundo afuera todavía podía ser cruel con las personas que se atrevían a existir fuera de lo esperado, aquella noche entendió algo importante mientras permanecía sentade en el viejo sofá del pasillo rodeade de personas que no exigían explicaciones imposibles:

no toda familia nace contigo.

A veces la encuentras mucho después, en lugares rotos, entre personas igualmente cansadas, construyendo refugios pequeños donde finalmente puedes respirar sin miedo.

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Colectivos y activistas se manifestaron afuera del Congreso de Querétaro para rechazar el veto a la Ley de Identidad de Género y exigir el reconocimiento jurídico de personas trans y no binarias en la entidad.

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https://updateme.news/local/asamblea-trans-no-binaria-rechaza-veto-a-ley-de-identidad-de-genero/?utm_source=mastodon&utm_medium=jetpack_social

Asamblea Trans No Binaria rechaza veto a Ley de Identidad de Género

Integrantes de la Asamblea Trans No Binaria, acompañadas por activistas, académicas, defensoras de derechos humanos y ciudadanía, se manifestaron afuera del Congreso del Estado para rechazar el veto a la Ley de Identidad de Género en Querétaro y exigir el reconocimiento jurídico de las personas trans y no binarias en la entidad.

Update Me

🏛️ El Grupo Parlamentario del PAN en Querétaro respaldó el veto del gobernador Mauricio Kuri a la Ley de Identidad de Género.

Las y los diputados señalaron que la decisión prioriza la protección de niñas, niños y adolescentes y busca evitar incertidumbre jurídica. ⚖️

#Querétaro #MauricioKuri #PAN #LegislaturaQro #IdentidadDeGénero

Más información aquí 👇

https://amanecerqro.com/diputados-del-pan-apoyan-veto-a-ley-de-identidad-de-genero/

Diputados del PAN apoyan veto a Ley de Identidad de Género - Amanecer Querétaro

Diputados del PAN respaldaron el veto de Mauricio Kuri a la Ley de Identidad de Género en Querétaro.

Amanecer Querétaro

El diputado Paul Ospital atribuyó el anuncio de veto a la Ley de Identidad de Género en Querétaro a desinformación sobre su contenido. Aseguró que la reforma aprobada por el Congreso no contempla a menores de edad.

#Queretaro #PaulOspital #MovimientoCiudadano #IdentidadDeGenero

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“Asesores fachos están engañando al gobernador”: Paul Ospital

El diputado local de Movimiento Ciudadano, Paul Ospital Carrera, afirmó que el anuncio del gobernador Mauricio Kuri de vetar la Ley de Identidad de Género aprobada por el Congreso de Querétaro responde a información errónea sobre el contenido de la reforma y a la influencia de sectores conservadores cercanos al Ejecutivo estatal.

Update Me

Morena rechazó el anuncio de veto del Ejecutivo estatal a la Ley de Identidad de Género en Querétaro. La bancada asegura que la reforma no incluye a menores de edad y sostiene que se apega a criterios ya reconocidos por la Suprema Corte.

#Queretaro #Morena #IdentidadDeGenero

https://updateme.news/local/morena-rechaza-veto-a-ley-de-identidad-de-genero-en-queretaro/?utm_source=mastodon&utm_medium=jetpack_social

Morena rechaza veto a Ley de Identidad de Género en Querétaro

El Grupo Parlamentario de Morena en la LXI Legislatura rechazó el anuncio del gobernador Mauricio Kuri sobre vetar la reforma en materia de identidad de género aprobada por el Congreso local y sostuvo que la decisión parte de “desinformación” sobre el alcance de los cambios al Código Civil del estado.

Update Me

Tres grupos de preguntas en el #Censo canadiense... bastante sobre dónde nací... y mis padres... y qué ciudadanía tengo... otras sobre orientación sexual, género y religión... y otro grupo sobre los idiomas que conozco, uso en casa... Me pregunto cuántas personas agregaron #Esperanto como respuesta.

#CensoEnLínea #Idiomas #Ingles #Francés
#DatosPersonales #OrientaciónSexual #IdentidadDeGénero #DatosDemográficos

Pablo Sibaja propone reincorporar el sexo registral en las cédulas de identidad

Pablo Sibaja propone reincorporar el sexo registral en las cédulas de identidad
San José, 21 abr (elmundo.cr) – El diputado de Nueva República, Pablo Sibaja Jiménez presentó el proyecto de Ley 25.513, que busca permitir que el sexo registral vuelva a aparecer en las [...]

#CostaRica #CédulaDeIdentidad #DerechosIndividuales #IdentidadDeGénero #NuevaRepública #PabloSibaja #SexoRegistral #TSE

https://elmundo.cr/costa-rica/pablo-sibaja-propone-reincorporar-el-sexo-registral-en-las-cedulas-de-identidad/

Pablo Sibaja propone reincorporar el sexo registral en las cédulas de identidad

Pablo Sibaja propone reincorporar el sexo registral en las cédulas de identidad Costa Rica - El Mundo CR

El Mundo CR

Angustia

Es uno de los sentimientos, de las emociones más crueles que el ser humano pueda llegar a sentir. Porque la angustia, se nutre del resto de las emociones negativas para crecer. Y a veces, se hace tan grande, que se vuelve incontrolable. Es como hacer un licuado. Sí, no va a ser la última vez que use esta metáfora, porque la vida en sí, es la mezcla de muchas cosas, que se ponen en un aparato que las tritura, y de todo eso, hace una sola cosa. En este caso, el producto final, está hecho de muchos otros sentimientos. Odio, amor, miedo, desconfianza, decepción, bronca, rencor, tristeza, entre tantos otros. De algunos, dependiendo del caso, puede tener un poco más, y de otros, un poco menos. Es más, no siempre son los mismos. Puede que haya alguno o algunos, que no estén.

No es solo esto lo que hace a la angustia tan cruel. Hay mucho más. Porque la angustia, a diferencia del resto de los sentimientos, nunca se apaga del todo. El rencor puede irse. El odio, ir disipándose. El amor, caer en el olvido. Pero ella, sigue ahí. Sigue ahí, porque aunque todo se vaya yendo de a poco, la razón principal por la que nos angustiamos, está tan arraigada en nuestra mente, como el primer día. Y puede durar días, semanas, meses, años. Si no sabemos manejarla, contrarrestarla, y en definitiva, superarla y dejarla atrás, nos destruye. Porque ese es su cometido. Ir destruyéndonos de a poco, hasta que de nosotros, solo quede la nada misma.

Mi Angustia

Son las 3 de la mañana, o tal vez un poco más, no lo sé, no estoy segura. No me quiero levantar a fijarme la hora, no tengo ganas. Intenté de todo. Dejar de pensar, practicar reiki, meditación, escuchar música, leer un libro, todo. Y nada funciona. De niña aprendí a llorar en silencio. Cuando no podía contarle a nadie que quería ser una niña, una mujer, lloraba. Y lloraba despacio, muy despacio, sin ruido. Para que nadie me escuche. Pero las lágrimas caían sobre mi almohada. Siempre caen, siempre quedan. Pero el llanto, no se oye, nunca se oye. Es como la metáfora del árbol y el bosque. Si el llanto no se escucha, no existe, no está, no importa, no vale, no sirve de nada. Aún así, si se escucha, muchas veces, tampoco sirve. Pero el llanto es una calma para el cuerpo, para el alma, para la mente, y para el espíritu. O eso creo yo. Una vez lloramos, podemos descargar todo eso que llevamos dentro. Ya sea alegría, felicidad, o… tristeza, angustia, como en este caso. Las lágrimas se lavan con el agua, se van. Pero el llanto, también queda dentro nuestro. Y ese llanto que queda dentro, también es difícil de superar.

Las horas continúan pasando. La noche no se detiene, se hace día de nuevo. Y la marcha inexorable del tiempo, me recuerda que no dormí nada, y que tengo que levantarme. Que tengo que empezar de nuevo, sin siquiera haber terminado. Que tengo que seguir, sin siquiera haber descansado. Que a pesar de que yo no puedo hacerlo, el mundo, la vida, la gente, las cosas, todo tiene que continuar. Y me cuesta mucho darme cuenta de que tengo que hacer lo mismo.

Soy un software. Yo misma me programo para seguir órdenes, ritmos, actividades, para hacer cosas. Para no detenerme. Y claro, yo sé de eso, de programar, de hacer que las aplicaciones hagan lo que necesito que hagan. Para eso me programé. Para hacer lo que necesito hacer, ni nada más ni nada menos. Para seguir una lógica. Un conjunto de instrucciones predeterminadas, que logran que las cosas, salgan relativamente bien. Y funciona. Para todo lo demás, funciona. Pero para mi mente, no.

Me duele la cabeza, la panza; Todos los días. Voy al médico. El diagnóstico, al fin, al momento de publicar esta entrada, ya lo sé. Celiaquía. Pero es el estrés, el que hace que se agrave la enfermedad. Quedarme despierta, no sirve, porque al día siguiente tengo sueño. Empiezo a tomar té de tilo, y ahora sí, puedo dormir. Pero dormir, tampoco sirve. Porque cuando duermo, duermo mal, tengo pesadillas. Y me despierto más asustada y cansada que antes. A veces me despierto a la madrugada y lloro, no puedo evitarlo. No puedo evitar pensar, recordar, intentar entender el por qué de todo. Los recuerdos, la tortura constante de lo que me acontece, es como un puñal que vuelve a clavarse una y otra y otra vez, en mi mente, en mi alma, un alma, que al menos por ahora, está rota. Y que necesita sanar.

Intento hablar, y no puedo. No me sale explicar cosas que ni yo misma puedo entender. Me ha pasado muchas veces. Esta, es una más de ellas. Intento escribir. Estas líneas y las anteriores, van formando una secuencia que me ayuda a sacar afuera lo que llevo dentro, aunque nadie entienda realmente de qué se trata. Y como dije, no puedo hablar. Solo llorar, escribir, intentar soñar, intentar dormir bien, intentar no despertarme a la madrugada, intentar buscar soluciones. Explorar todas las variables posibles en esta aplicación de la vida. Una aplicación que, aunque creas que podés planificarla, programarla de alguna forma, al parecer, no es solo una cuestión de voluntad. Es mucho más que eso. Y es muy difícil darte cuenta de que, aunque creas tener el control de todo, hay muchísimas cosas que se te van a escapar. Porque no todo depende de vos, de mí, ,de cualquier otra persona. Depende de muchas más cosas, de muchísimos factores externos.

Intento llevar un diario. Con fechas, situaciones, ideas, cosas que se me ocurren, etc. Me sirve. Me ayuda a tratar de, si bien ya sé que tengo el control de muy pocas cosas, por lo menos intentar tenerlo sobre mí misma. Es bueno, es sanador, es desestresante, de alguna forma. Pero a la noche, siempre a la noche, me encuentro sola. Con mi mente, mis fantasmas. Una mezcla horrible de sucesos reales, con otros que jamás ocurrieron, con otros que podrían ocurrir, y otros que jamás tal vez ocurrirán. ¿O sí? No lo sé, ya no lo sé. Ya no estoy segura de nada.

Me siento una estúpida. Por confiar tanto en las personas, toda mi vida. Por creer que el mundo está lleno de buenas personas. Por pensar que, por ser discapacitada no iban a querer lastimarme. Que error, que grave error. Durante toda mi vida confié demasiado. Y no debería haberlo hecho.

—No te digas estúpida. Porque si te lo repetís mucho, te lo vas a creer. No fuiste estúpida, fuiste ingenua. Confiaste en las personas equivocadas. Y por eso te pasó lo que sea que te haya pasado. Pero podés salir de eso, aprender. Es lo que tenés que hacer, para que no vuelva a pasarte. Y vengarte. Sí, pagarles con la misma moneda, a aquellos que te hicieron daño. O si podés, mucho peor. Dejarlos tan destruidos hasta que no quede ni un despojo de esas personas. —Me dijo una persona a la que solo pude contarle que traicionaron mi confianza, esta vez, por última vez. ¿Quiero? ¿Puedo? ¿Debo? Siguen siendo las preguntas esenciales que tengo que hacerme.

Continúo preguntándome: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? Realmente, no creo merecerlo. No creo ser tan mala persona como para tener que sufrir tanto. Sinceramente, no lo entiendo, no puedo terminar de entenderlo. A veces creo que nunca lo voy a entender.

—Lo que pasa es que vos pensás que todo el mundo es bueno. Y lamentablemente, está muy lleno de gente de mierda. Gente egoísta que no mira más allá de su propio ombligo. Y es horrible. Pero es así. Y tenés que aprender a no confiar. Lamentablemente también, a las personas más buenas, les pasan las peores cosas. Es así, es el karma de la vida, —me dijo una persona cercana a mí.

Lo intento cuando me ducho. Me quedo bajo el agua durante largos ratos, esperando que todo lo malo se vaya. Intento rituales de sanación espiritual, meditación, técnicas de respiración y relajación. Lo intento todo. Y todo sirve, me ayuda a ir saliendo de a poco. Pero a veces, no puedo. Me inventé un mantra. Empiezo a contar, cada vez que subo y que bajo, que me levanto y vuelvo a caer: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. Ni un número más. ninguno. Solo hasta ahí. Y vuelvo a repetir: 0, 1, 2, 3. 0, 1, 2, 3. A continuación, una pregunta inocente, pequeña, infantil, perturba mi mente. Y la respuesta, no me gusta para nada.

—¿Qué poder te gustaría tener?

—Volar, —respondo inmediatamente.

—No, pero dejame terminar la frase. ¿El fuego, o el hielo?

—El fuego, como los dragones.

—Y pero te gusta Frozen. ¿No te gustaría tener el poder del hielo?

—Sí, me gusta Frozen, pero no quiere decir que me guste su poder. Me gusta el fuego, y volar. Porque me gustan los dragones. Y los dragones, vuelan y escupen fuego.

Sí, me gustaría ser una dragona. Grande, majestuosa, poderosa. Mirar a la luna llena un día y convertirme en una. Así nadie jamás se burlaría de mí. Nadie más me traicionaría, nadie más se reiría en mi cara, nunca más. Volar y escupir fuego a todo aquel que se atreva a intentar tomarme por estúpida. A todo aquel que se atreva a intentar tomarme el pelo, a jugar conmigo. Esa sería mi venganza perfecta. Ese sería mi daño, mi poder. La mayor expresión de mi ira. Pero eso no existe más que en mi imaginación. Y ahí se queda, ahí termina. Ahí encuentra su punto final. ¿Entonces, qué hago? ¿Qué puedo, quiero, o debo hacer? No tengo respuestas para eso.

No me importa qué digan de mí, no me importa lo que piensen. No me importa que crean que me estoy victimizando. No importa si piensan que estoy exagerando. Ya no me importa. Solo me importa lo que pienso, lo que siento en estos momentos. Estoy enojada conmigo, con el mundo, con la vida. Estoy… Sí, angustiada. Muy angustiada. Quiero llorar, gritar, hacer estallar todo en este preciso instante. Siempre traté de brindarme a los demás, sin intentar recibir nada a cambio. Pero hubo quienes se aprovecharon de mi bondad, de mi ingenuidad, y por último, de mi confianza. Por eso, ya nada ni nadie me importa. Solo, la gente que sé que realmente me quiere, y a la que sé que realmente le importo.

Salgo. Me junto con amigas. 0, 1, 2, 3 veces. Las veces que lo necesite. Salgo a pasear, visito a familiares. Voy a la plaza. Camino, camino mucho. Voy hacia ninguna parte, a la nada misma. Mi cuerpo sabe hacia donde tiene que ir, qué tiene que hacer. Pero mi mente, al menos por un rato, lo olvida. Solo salgo, y camino. Las voces, los ruidos de los autos, colectivos, motos, camiones, bicicletas, todo me distrae, me lleva hacia otro lado. Los perros, los chicos, todo me transporta. Continúo caminando. El sol en mi cara, alumbrándome como diciéndome: «hola, estoy acá. No estás sola. Siempre voy a estar para acompañarte, a menos que sea de noche, o esté nublado. Si es de noche, vas a tener a tu luna, a tu querida y tan adorada luna». Me saca una leve sonrisa. El viento me empuja hacia atrás, como queriéndose llevar la parte baja de mi vestido, mi cartera, y a mí misma. Pero por un tiempo, logra llevarse todo lo malo, lo negativo. Sé que, como en los casos anteriores, solo van a ser momentos de pequeña paz, antes de que mi mente, caiga en sus propias guerras. Pero eso, al menos por ahora, me sirve, me alcanza. Funciona. Quisiera quedarme así, en calma, en paz. Ya no tener que pensar en nada más que solo el ruido, y mi mente en blanco, o diciéndome: «vos podés, dale que vos podés. Pudiste con mucho. Esto no tiene que ser la excepción. Tenés que salir adelante, tenés que seguir. Porque sos fuerte, sos valiente. Solo tenés que dejar todo eso atrás, y seguir adelante». Sí, dale, cuando vos quieras che. Posta que es re fácil genia. Sos re grosa conciencia, e. Calladita te ves más bonita. ¿Nunca te dijeron eso? Bueno, vos fijate que es así loca. No puedo. Lo intento, y muchas veces siento que no puedo. Intento que mi mente quede en blanco de nuevo. Continúo caminando. Despacio, muy despacio. Sé que quienes me vieran, no me reconocerían, no sabrían que soy yo.

Estoy a punto de cruzar una calle. Faltan unos metros para llegar a la esquina. Un señor grande se me acerca y me pregunta:

—¿Disculpame, vas a cruzar nena?

—Sí, —le respondo.

Llego a la esquina. él se acerca despacio. Lo tomo del hombro. Esperamos que los autos pasen para poder cruzar…

—Hace rato que no te veía, que no nos encontrábamos. —Me dice. Ahí, le reconozco la voz.

—¿Como andás? Estás muy linda. Me alegro muchísimo que estés así. Que puedas ser feliz. Me alegro mucho, enserio. De todo corazón. —Me dice. Y sé que no lo dice con malicia, ni con ningún otro tipo de mala intención.

Recuerdo nuestras charlas, sus luchas, la marcha a la que fuimos. Las historias compartidas, y lo que no me animé a contarle. Lo que ahora él, se dio cuenta. El cambio que vio en mí. Fue hace ya un largo tiempo cuando nos conocimos, y cuando nos vimos por última vez… Vamos cruzando la calle despacio, muy despacio, a su ritmo. Los autos y colectivos esperan pacientes a que terminemos de pasar.

—Muchísimas gracias. —Le respondo—. Realmente me hace muy bien todo lo que me está diciendo. Mis luchas se están poniendo complicadas, pero ya tengo mi DNI, y ese sé que es un enorme logro.

—De nada chiquita, no tenés nada que agradecer. Las luchas son complicadas, pero siempre hay una luz al final del túnel. Te lo dice un sobreviviente, vos sabés… Bueno, te dejo. ¿De acá ya podés seguir solita?

—Sí, —le respondo—. ¡Muchas gracias de nuevo!

Tal vez sí, tal vez es así. Tal vez, solo tenemos que dejar pasar el tiempo, y esperar a que las cosas se vayan acomodando, para que de una vez por todas, empecemos a sanar. A dejar todo lo malo atrás. Pero, no podemos hacerlo solos, él, tampoco pudo. Y ahí, es donde también están las personas que quieren vernos bien, a las que les importamos. Y además, las personitas más importantes de este mundo para mí. Esas personitas especiales sin las que, todas las luchas, metas y objetivos, no tendrían el mismo significado, no serían iguales. Tal vez, como dice mi hermano, encontramos esas respuestas, caminando por la calle. tal vez, en realidad, solo encontramos, más preguntas. Tal vez, aunque vayamos y vengamos, siempre terminamos en el mismo lugar…

Matías Barberis: «El mismo lugar».

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Sobre vos

Te preguntarás por qué elegí este título para esta publicación. No sé si sabés, de las veces que entraste a mi blog, que las publicaciones se pueden separar por categorías. Bueno, una de esas categorías, se llama «Sobre mí». Es donde publico cosas que tienen que ver con cosas personales mías. Y esta, es una de ellas. Entonces, la categoría es sobre mí, y la publicación se llama sobre vos, porque la idea, es hablar sobre nosotras.

Durante toda nuestra relación, tuvimos diferencias. Formas distintas de ver las cosas, de hacerlas, de pensarlas, y de decirlas. Estas diferencias nos llevaban a estar en desacuerdo, a discutir, a pelear. Al final, de alguna forma u otra, llegábamos a un acuerdo, y volvíamos a estar como al principio, o, incluso hasta mejor. Pero hubo un momento, en el que eso, se volvió muchísimo más difícil. A partir del 22 de mayo del 2016, cuando te dije, de la mejor forma que pude, que soy una mujer trans. Desde ese momento, todo aquello que habíamos intentado construir y sostener, se rompió.

Se me ocurre que podemos pensar en esto como si fuese algo de vidrio, no sé, una copa, por ejemplo. Se rompe, pero de alguna forma tratamos de seguir usándola, de ver si hay alguna manera de pegar esos pedazos rotos, para que nuevamente, sea la copa que teníamos, o por lo menos una similar. No funcionó. Cada una a su manera, con sus errores y aciertos, lo intentó, pero no funcionó.

El año pasado, nos dimos cuenta que ya no íbamos a poder arreglar esta copa, y decidimos tirarla. Pero ni siquiera eso fue fácil. ¿Quién se iba a quedar con los pedazos rotos? ¿Las 2? Yo? ¿Vos? ¿Cómo podíamos hacer para separarnos? No pudimos tomar esas decisiones en aquel momento. E incluso hoy, un año después, la situación es tan incierta, que se nos hace difícil pensar en el futuro. ¿Cómo vamos a pensar en el futuro, si ni siquiera sabemos qué va a pasar en los próximos 3 meses?

Pero ojo, esto no se trata de cual de las 2 se equivocó y cual no, o si acaso alguna se equivocó más que la otra. No sería justo que yo dijera quien tiene razón y quien no. No sería justo que nos expongamos a hacer visibles nuestras diferencias, a ver quien tiene la verdad absoluta. No, no, no es mi objetivo. Primero, porque esto lo estoy escribiendo yo, y tratar de verlo desde tu punto de vista, me es tan difícil como a vos tratar de verlo desde el mío. Y segundo, que si yo escribiera algo de eso, vos no tendrías la posibilidad de defenderte. Exponernos a la opinión pública como hacen los famosos, ventilando nuestra vida privada, sinceramente, a mí no me gusta. No, mi idea al escribir esto, es otra, mi sentir, es otro.

El no tomar esas decisiones, sea por las razones que sea, el año pasado, nos llevó a esta situación actual. Desde el ‟16 de marzo, empezamos a cumplir con la cuarentena voluntaria, y a partir del 20, con la obligatoria acá en Argentina. Desde entonces, nuestra forma de convivir, cambió. Y acá, es cuando decido hacer un paréntesis.

Muchas personas, la mayoría diría yo, cuando ocurren cambios importantes en sus vidas, ponen todo en una balanza imaginaria. Lo bueno, y lo malo. Los momentos felices, y los tristes. Y empiezan a ver qué pesa más. Casi siempre, son los momentos malos, pero esto no es casualidad, ni significa para nada que en la vida de las personas, haya más momentos malos que buenos. ¿Entonces, por qué pasa esto? Porque esa balanza nunca anda bien. El cerebro humano, según lo que leí, está configurado para recordar mejor eso que le provoca un impacto fuerte. Es por eso que los momentos malos, son los que las personas más recuerdan. Algunas veces, en casos muy graves, esos momentos son tan malos, que el cerebro los bloquea, impidiendo que los recordemos, pero incluso así, formando parte de nuestro inconsciente, de alguna forma u otra que no somos capaces de entender. Pero en fin, como ya sé que esta balanza de la vida anda mal, decido tirarla a la mierda, y tomar el lado que yo quiera, independientemente de todo lo demás.

Desde que la cuarentena empezó, logramos conectarnos de formas en las que no habíamos podido conectarnos en mucho tiempo. Fuiste la creadora de La Parca, justo cuando yo estaba escribiendo El Encuentro. Estuviste ahí junto con los chicos para socorrerme cuando me desmayé. Fuiste la creadora, cocinera, y organizadora del acto del 25 de mayo incluso eligiendo la canción que íbamos a usar, y la de la idea de que nos vistamos de paisanas. Me trataste en femenino cuando estuve en llamada con mis amigos. Fuiste la de la idea de una historia policial muy chistosa que pronto voy a publicar, y gracias a la cual, decidí crear todo un pueblo ficticio, con un periódico ficticio también, en los cuales, a partir de ahora, la mayoría de mis historias van a estar basadas. Fuiste la organizadora y cocinera de todo el cumple del nene, y entre las 2, escribimos ese hermoso discurso que le publicamos en facebook, y que a tanta gente hizo emocionar. Y me dijiste que escriba algo sobre vos, justo cuando ya estaba pensando en escribir esto. Me encanta que nos sentemos todos los días a desayunar juntas. A charlar de la vida, a planear el almuerzo, la cena. Que colaboremos haciendo la comida. Que veamos las novelas o algún programa. Que hagamos la tarea con la nena, y que hagamos lo mejor posible, teniendo en cuenta nuestras dificultades. Que nos riamos junto con los chicos de los personajes chistosos que inventé, y de los que nadie sabe. Que todos los días sigamos inventando palabras y cosas graciosas para hacer más amena esta cuarentena. Que te animes a cocinar cosas que nunca habías hecho, para tratar de que tengamos menúes diferentes. Poder ayudarte con cualquier cosa, incluso hasta buscándote recetas en internet. Y me encanta que, vos también disfrutes de todos estos lindos momentos. Pero además, si quiero buscar mucho más atrás… Que hayas hecho cosas que te desagradaban, ido a lugares que no querías ir, que me hayas acompañado a comprar ropa muchas veces. Que hayas estado conmigo para sostenerme cuando tuvimos problemas económicos graves. Que hayas estado cuando me enfermé. Que hayamos podido ponernos de acuerdo, como dijiste en facebook el otro día, a pesar de nuestras diferencias, para hacer siempre lo mejor para los chicos, y para acompañarlos cada vez que estuvieron enfermos, cada vez que tuvieron algún problema en la escuela.

No sé que nos deparará el destino. No sé qué pasará con nosotras cuando termine la cuarentena. No sé qué decisiones tomaremos, ni como serán. Pero estoy contenta de que seas mi compañera de viaje en este viaje en el que, precisamente, no se puede viajar. No creo que podamos volver a tener una relación como la que teníamos antes, ya no. Pero sí creo que estamos construyendo algo diferente. Ahora sé que siempre vamos a poder contar la una con la otra, cada vez que nos necesitemos, tanto en los buenos y los malos momentos. Y te estoy muy agradecida por eso. Te deja muchos cariños, tu personaje favorito…

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