La verdad detrás de nuestros engaños cotidianos
La psicología clínica demuestra que la mentira no siempre nace de la maldad sino que funciona como una herramienta primitiva de supervivencia social y adaptación emocional. Desde una perspectiva científica todos los seres humanos mentimos en mayor o menor medida para protegernos del rechazo, evitar consecuencias desagradables o preservar nuestra autoestima frente a los demás. El cerebro procesa el miedo a la desaprobación social de la misma forma en que procesa una amenaza física real y por eso el engaño surge como un escudo automático para defendernos. Mentimos para encajar en un grupo, para no lastimar los sentimientos de alguien querido o simplemente para proyectar una versión idealizada de nosotros mismos que oculte nuestras profundas inseguridades. El verdadero problema de este mecanismo de defensa es que la mentira altera nuestra percepción de la realidad y destruye la confianza que sostiene los vínculos humanos. Mantener un engaño requiere un gasto de energía mental enorme que nos genera ansiedad crónica porque no hay nada más agotador que vivir intentando sostener una máscara que no nos pertenece.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
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Nos han metido en la cabeza que si no sufres, no quieres. 

