🐾Qué difícil se me hace ver cómo se te van apagando las pilas, mi fiero.
Tú, que antes no dejabas pasar ni una y eras el guardián de cada rincón, ahora solo buscas el silencio y esa paz que te da el sueño profundo.
Se me parte el alma al ver cómo se te cierra ese ojito, cómo asoma tu lengua sin darte cuenta y cómo tus patas, esas que siempre corrían a recibirme, ya no encuentran el equilibrio y se rinden al suelo.

Me duele verte así de desorientado, como si el mundo te pesara demasiado y ya no te importara lo que pasa fuera de nuestro rincón.
Ahora soy yo quien tiene que estar pendiente de que comas, quien te sostiene cuando te flaquean las fuerzas y quien te cuida el descanso, igual que tú me cuidaste a mí cada día de tu vida.
De protector a protegido; nos toca cambiar los papeles, pero aquí sigo a tu lado, dándote todo el cariño que te has ganado con creces.

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 𝑪𝒉ū𝒔𝒉𝒊𝒏𝒈𝒖𝒓𝒂: 𝒍𝒂 𝒉𝒊𝒔𝒕𝒐𝒓𝒊𝒂 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝟒𝟕 𝑹𝒐𝒏𝒊𝒏 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒂𝒍𝒕𝒂𝒅 𝒂𝒃𝒔𝒐𝒍𝒖𝒕𝒂  

La leyenda de los 47 Ronin, conocida como Chūshingura, es uno de los relatos más célebres de Japón y el ejemplo máximo del código Bushidō, el camino del guerrero que valoraba la lealtad, el honor y el sacrificio personal.
Su historia ha sido contada en libros, teatro kabuki, cine y series, pero la versión histórica está llena de detalles humanos, estrategias inteligentes y disciplina férrea que raramente se narran con tanta claridad.

Todo comenzó en 1701, en el castillo de Edo (actual Tokio).
El joven señor Asano Naganori, daimyo del dominio de Ako, fue invitado a participar en una ceremonia formal dirigida por Kira Yoshinaka, un maestro de ceremonias corrupto y arrogante.
Durante la ceremonia, Kira humilló repetidamente a Asano.
La paciencia del joven daimyo se agotó y, en un momento de ira, desenvainó su espada dentro del castillo y le provocó heridas a Kira, un acto prohibido y considerado un crimen gravísimo dentro de la estricta ley del shogunato Tokugawa.

El castigo fue inmediato y severo.
El Shogún ordenó que Asano cometiera seppuku, el suicidio ritual, el mismo día.
Sus tierras fueron confiscadas, y los samuráis que le servían se quedaron sin señor, convirtiéndose en ronin, guerreros sin amo, despojados de su propósito y de la protección que su estatus les daba.
La pérdida no solo era económica y social, sino que afectaba profundamente su honor y sentido de identidad como samuráis.

El líder que organizó la venganza fue Oishi Kuranosuke.
Consciente de que Kira los vigilaba, Oishi adoptó una estrategia de engaño que requería paciencia y disciplina: abandonó a su familia, se dejó ver como un hombre quebrantado, frecuentó burdeles y simuló caer en la desesperación y el vicio, de manera que Kira creyera que había perdido honor y ambición.
Mientras el mundo observaba su aparente decadencia, Oishi y sus hombres planificaban minuciosamente cada paso del ataque, recolectando información sobre la rutina de Kira y estudiando la arquitectura de su mansión.

Durante dos largos años, los ronin se prepararon, demostrando la paciencia y la estrategia que define al Bushidō.
Aprendieron tácticas de combate, coordinaron horarios, y mantuvieron la comunicación entre ellos de manera secreta para que Kira no sospechara nada.
Su espera no fue inactiva: fue un entrenamiento constante, mental y físico, reforzando su disciplina, paciencia y compromiso con la lealtad hacia su señor fallecido.

En 1702, en una noche fría y nevada, los 47 ronin ejecutaron su plan.
El ataque fue preciso: penetraron la mansión de Kira, capturándolo.
Le ofrecieron la oportunidad de cometer seppuku voluntariamente, como correspondía a un samurái de su rango, pero él lo rechazó.
Finalmente, lo ejecutaron y llevaron su cabeza a la tumba de Asano, restaurando el honor de su señor y cumpliendo el juramento que habían hecho.

El Shogún enfrentó un dilema: debían castigar el asesinato, pero al mismo tiempo no podía ignorar la lealtad y el honor mostrados por los ronin.
Como solución, permitió que 46 de ellos cometieran seppuku en lugar de ser ejecutados como criminales comunes, una manera de reconocer que, aunque ilegal, su acto era honorable según las normas samuráis.
El 47º, Terasaka Kichiemon, fue instruido para sobrevivir y regresar a Ako, asegurando que la historia de la venganza se transmitiera a futuras generaciones.

Existen confusiones numéricas frecuentes: algunos mencionan un “ronin 48”, Kayano Sanpei, quien deseaba unirse pero se suicidó antes del ataque por presión familiar.
Sin embargo, las tumbas en el templo Sengaku-ji confirman 47 hombres, incluyendo la posterior tumba de Terasaka, quien murió por causas naturales muchos años después.

Más allá de la estrategia militar, esta historia refleja aspectos culturales fundamentales:

▪️Bushidō y honor: La paciencia, la disciplina, la lealtad y la disposición al sacrificio eran valores supremos.

▪️Seppuku: No solo un suicidio ritual, sino un acto para restaurar el honor y demostrar valentía ante la muerte.

▪️Apariencia y conducta: Los samuráis cuidaban estrictamente su imagen.
Cicatrices, tatuajes o marcas visibles eran mal vistos, asociados a criminales o clases bajas.

SIGUE ↘️

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Ejército mexicano, baluarte de institucionalidad, lealtad, nacionalismo: Mejía Berdeja

Rendimos tributo a uno de los pilares en el Estado mexicano, externó

Por Gabriela Díaz | Reportero

Durante la sesión solemne con motivo del Día del Ejército Mexicano, el diputado Ricardo Mejía Berdeja señaló que se rinde tributo a uno de los pilares en el Estado mexicano. “Es baluarte de institucionalidad, lealtad, nacionalismo y compromiso. Es pueblo uniformado que participa con manos firmes y brazos solidarios cuando hay desastres y consagra sus actividades a la seguridad nacional, a la interior y a la pública”.

En tribuna, el legislador del grupo parlamentario del Partido del Trabajo (PT) reconoció el exitoso operativo que se llevó a cabo, en Tapalpa, Jalisco, el pasado domingo 22 de febrero, en el que fue abatido “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG ).

“Nuestro reconocimiento por su participación, en donde 25 elementos de la Guardia Nacional perdieron la vida en cumplimiento de su deber. Nuestra solidaridad y condolencias a su familia y a la institución. Su lucha no fue en vano, lograron dar un golpe estratégico a uno de los grupos más nocivos y sanguinarios de nuestro país. El éxito es de nuestras Fuerzas Armadas y de seguridad, de nadie más”, agregó.

El petista resaltó la necesidad de continuar la labor e ir a fondo para acabar con estos carteles. “Trátese del Cártel Jalisco Nueva Generación, de la Familia Michoacana, que opera en el Estado de México, en Guerrero y en Michoacán; el Cártel de Sinaloa y sus diferentes facciones y otros grupos locales y regionales, los cuales crecieron al amparo del PRIAN”.

Ante este panorama, el congresista por Coahuila hizo un llamado para crear la figura de los jueces sin rostro, “porque no se puede atacar a la criminalidad con métodos convencionales. También pedimos que se legisle el reclutamiento forzado, que debe ser establecido como un tipo penal con todas sus agravantes. Esa es la convocatoria del Partido del Trabajo”. –sn–

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 𝑱𝒖𝒅𝒚, 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 #𝟖𝟏𝑨  

Antes del cautiverio, antes del número #81A, antes de la medalla… Judy ya era parte de una tripulación.

Había sido adoptada como mascota oficial del cañonero británico HMS Grasshopper en Asia.
No era un capricho exótico.
En muchos barcos se llevaban animales: detectaban peligros, alertaban de movimientos extraños y, sobre todo, sostenían la moral en travesías largas y tensas.
Judy tenía un oído excepcional y más de una vez avisó de aviones enemigos antes de que los hombres los vieran.

En 1942, el HMS Grasshopper fue hundido frente a Sumatra.
En medio del caos, Judy nadó hasta una isla cercana junto a los supervivientes.
Allí empezó a cavar en la arena… y encontró agua dulce.
Ese hallazgo permitió que más de cincuenta marineros deshidratados pudieran sobrevivir los primeros días.

Poco después, fueron capturados por fuerzas japonesas.

Entonces ocurrió algo único: Judy fue registrada oficialmente como prisionera de guerra con el número #81A.
Es el único caso documentado de un animal con estatus oficial de POW durante la Segunda Guerra Mundial.

Pasó tres años y medio en cautiverio.
Hambre extrema.
Enfermedades tropicales.
Trabajo forzado en el ferrocarril de Sumatra.
Golpes.
Selva.
Serpientes.
Aun así, siguió al lado de los suyos.

Se escondía durante el día entre la maleza mientras los hombres trabajaban, y regresaba por la noche cuando oía el silbido bajo de Frank Williams.
Él compartía con ella su escasa ración de arroz, aunque ambos estuvieran al límite.
Cuando un comandante ordenó matarla, Frank logró convencerlo de registrarla oficialmente como prisionera.
Ese número le dio una mínima protección legal dentro del horror.

En 1944 fueron embarcados en el mercante holandés SS Van Warwyck.
El barco fue torpedeado. Antes de que se hundiera, Frank empujó a Judy por un ojo de buey para darle una oportunidad. Pensó que la había perdido.

Semanas después, en el campo de River Valley, en Singapur, una perra flaca y desaliñada corrió hacia él y lo derribó al suelo.
Era Judy.
Había sobrevivido en el mar ayudando a otros náufragos a mantenerse a flote sobre restos de madera.

Aquel reencuentro le dio a Frank la fuerza psicológica para soportar el último año de guerra.

En 1946 recibió la Dickin Medal, concedida por la People's Dispensary for Sick Animals, el máximo reconocimiento británico al valor animal.
Su collar con la inscripción POW #81A se conserva hoy en el Imperial War Museum.

Judy y Frank se volvieron inseparables después de la guerra.
Frank incluso se llevó a Judy a Tanzania años después, donde él trabajó en un proyecto gubernamental.
Cuando Judy falleció en 1950, Frank pasó dos meses tallando a mano un monumento de piedra para ella.

No fue una mascota arrastrada por la guerra.
Fue una compañera que ya estaba allí… y decidió quedarse.

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Con la IA, la adhesión de los inversores está (casi) muerta: al menos una docena de VC de OpenAI ahora además respaldan a Anthropic – ButterWord

While some dual investors are understandable, others were more shocking, and signal the disregard of a longstanding ethical conflict-of-interest rule.

ButterWord