🔘Ya lo decían los antiguos y no les faltaba razón: "si convives con un cojo, acabas cojeando".
Y no se referían a la pierna, sino a cómo se te pega la forma de andar por la vida de los demás.
Al final, somos un poco el resultado de la gente con la que tomamos café.
Si te juntas con personas que se pasan el día en el bucle de la queja, terminarás viendo nubarrones hasta en un día de sol.
Si te rodeas de gente que solo vive para el "más, más y más", se te va a olvidar disfrutar de lo que ya tienes.
Se nos contagia la actitud casi sin darnos cuenta; es como un virus, pero de los que te cambian el espíritu.
La verdadera libertad también es saber pasar la escoba por tu círculo social.
No se trata de ser un borde, sino de ser inteligente.
Si quieres vivir tranquila, busca a los que transmiten calma, no a los que te traen incendios cada día.
Si quieres crecer, júntate con los que te empujan hacia arriba, no con los que te anclan al suelo.
A veces, el camino más recto para estar bien no es hacer grandes cambios internos, sino simplemente elegir mejor con quién compartes tu tiempo.
Porque, al final, lo que no se contagia, se transmite, y tú decides qué música quieres que se te pegue.
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