A veces nos empeñamos en retener a alguien como si el simple hecho de que esté físicamente al lado fuese suficiente, aunque sepamos de sobra que su cabeza y su interés están a kilómetros de distancia.
Da un miedo terrible soltar, claro que sí, y por eso terminamos aceptando migajas, llamadas a deshoras o que nos quieran a medias y por puro compromiso.
Pero hay que pararse a pensar un segundo: ¿de qué te sirve ganar una batalla si para conseguirlo tienes que mendigar atención?
No hay nada más desgastante que recordarle a otra persona, día sí y día también, por qué vales la pena o por qué debería elegirte.
El amor propio empieza justo ahí, en el momento exacto en el que decides que tu tranquilidad no está en venta y que no vas a ser la opción de nadie cuando se aburra.
Escuece muchísimo cerrar esa puerta y asumir el vacío, no nos vamos a engañar, pero es la única manera de dejar espacio para quien realmente quiera estar, de verdad, sin excusas ni empujones.
✦∘ ─────── ∘✦





No soy crédula.
