Bombas cognitivas y periodismo servil: las fake news sobre Venezuela que repiten en Chile.

Las bombas cognitivas, que preceden, preparan y acompañan a las bombas reales, tienen este objetivo: romper la identidad colectiva, balcanizar los territorios y las mentes, y distorsionar las emociones, desviándolas de la solidaridad hacia la duda y el rechazo.

“Si uno dice que llueve y otro que hay sol, un buen periodista se levanta y sale a mirar”. La anécdota, usada a veces por los docentes para introducir los cursos de periodismo, vale también ahora que la Inteligencia Artificial y la manipulación mediática actúan como armas de distracción masiva en lo que respecta a Venezuela. ¿Cómo distinguir las noticias verdaderas de las falsas? Ante todo, cuidándose de las distorsiones informativas sistemáticas aplicadas por los medios hegemónicos respecto a la revolución bolivariana, intensificadas tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, su esposa.

Aquí examinamos algunas, relativas al plano social, político y, sobre todo, económico, siendo el petróleo la principal causa desencadenante de la agresión armada del 3 de enero.

Cuando la presidenta encargada, Delcy Rodríguez (definida intencionalmente “interina” por la prensa internacional, para sugerir un vacío de poder y una gestión tutelada) pide elecciones libres de sanciones, los medios recortan la frase y titulan únicamente “Delcy se compromete a elecciones libres”, descontextualizando y construyendo una realidad distorsionada para hacer creer que las elecciones anteriores fueron todas fraudulentas.

Cuando un proyecto social termina con éxito y se inicia otro, se dice que Delcy está por desmantelar el sistema de las misiones, los planes sociales impulsados por Chávez y dirigidos a diversos sectores. Entre ellas, la Misión Robert Serra, dedicada al joven diputado chavista asesinado por fascistas el 1 de octubre de 2014 junto a su compañera María Herrera. Antes se llamaba Misión Jóvenes de la Patria.

Un proyecto dirigido a jóvenes en situación de vulnerabilidad social, para acompañarlos en su formación y posterior inserción laboral. A Robert Serra también se le dedicó una fundación, dependiente de la presidencia de la República y con sede en la casa donde vivía con su compañera, en el barrio La Pastora. Allí encuentran refugio y acogida jóvenes en dificultad. Según los medios hegemónicos, tanto la Misión como la fundación habrían sido eliminadas, anticipando un retorno completo al capitalismo por parte del gobierno encargado.

Para verificarlo, llamamos a la señora Zulay Aguirre, madre de Robert Serra, feminista y presidenta de la Fundación y responsable de la Misión. “Las cosas no son así – nos dijo Zulay –. La Misión llegó a su culminación el año pasado, con el recorrido universitario o la inserción laboral de los jóvenes que participaban. Era un proyecto social orientado a la recuperación de los jóvenes, no a la asistencia social indefinida”.

¿Y la Fundación? “Sigue vigente – responde Aguirre –. Muchos jóvenes que pasan por la casa de Robert conocen su ejemplo, lo recuerdan y renuevan su compromiso apoyando el proceso bolivariano que, pese a la profunda herida recibida con el secuestro de Cilia y Nicolás, continúa con los mismos ideales bajo la conducción de la presidenta encargada Delcy Rodríguez”.

¿Y qué sucede con los jóvenes de extrema derecha? María Corina Machado intenta activar nuevos escenarios de violencia. ¿Qué respaldo tiene entre los jóvenes? Responde Zulay: “El 12 de febrero, Día de la Juventud, mientras una multitud de jóvenes chavistas marchaba en apoyo al gobierno, hubo intentos de generar disturbios desde algunas universidades, pero sin eco. Muy pocos quieren volver a la violencia después de lo ocurrido. La gente quiere vivir en paz y el gobierno está dando estabilidad política”.

Además – agrega Zulay – “se está aprobando una ley de amnistía para reencontrarnos todos como venezolanos”.

Las fake news no se detienen. Una de las más difundidas se refiere al petróleo, objetivo declarado de la agresión militar estadounidense. Cuando los periódicos titulan sobre el regreso de tal o cual multinacional, atribuido a la “flexibilización” de sanciones por parte de Trump y al supuesto “ceder” de Delcy Rodríguez, presentan nuevamente una noticia parcial que distorsiona la realidad.

Olvidan decir que casi todas las multinacionales que extraían petróleo en Venezuela habían aceptado las condiciones establecidas con la llegada de Chávez: respeto a las leyes laborales y ambientales, control estatal de los recursos y limitaciones a la fuga total de ganancias al exterior.

La única gran multinacional que se negó categóricamente a aceptar la migración de contratos hacia el modelo de “Empresas Mixtas” (donde el Estado venezolano poseía al menos el 60% de las acciones) y que eligió la vía del enfrentamiento total en tribunales de arbitraje internacional (CIADI) fue ExxonMobil (la misma que perfora ilegalmente yacimientos en la zona del Esequibo, disputada entre Venezuela y Guyana).

En 2007, cuando Hugo Chávez promulgó el decreto de nacionalización de la Faja del Orinoco, casi todas las multinacionales aceptaron renegociar para permanecer como socios minoritarios. ExxonMobil fue la única que dio un portazo, exigiendo indemnizaciones millonarias e intentando el congelamiento global de activos de PDVSA.

En 2008, la Alta Corte de Londres revocó el congelamiento, marcando una victoria política y legal para la Revolución Bolivariana. Chávez respondió con la frase: “Si nos congelas, te congelaremos también. No nos quitarán el petróleo”.

Las medidas coercitivas unilaterales, impuestas ilegalmente durante más de once años, han golpeado severamente la economía petrolera venezolana. Desde el decreto de Obama que declaró a Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos”, el país ha acumulado más de mil medidas coercitivas.

Las sanciones provocaron una caída drástica en la producción petrolera, con pérdidas estimadas en cientos de miles de millones de dólares.

Estados Unidos ha intentado aprovechar esta situación de debilidad provocada para desplazar a competidores como Rusia y China, que habían invertido en el sector petrolero venezolano bajo un esquema de multilateralidad comercial.

Es importante precisar que la mayoría de las multinacionales petroleras abandonaron el país por imposición de sus gobiernos, que no reconocieron al gobierno legítimo de Venezuela sino al autoproclamado Juan Guaidó.

En los últimos días ha circulado la noticia de que un cargamento de petróleo venezolano habría partido hacia “Israel”. Sin embargo, el gobierno bolivariano ha reiterado su solidaridad con Palestina y Cuba, y ha negado relaciones económicas o diplomáticas con Israel desde 2009.

La analista política Hindu Anderi advierte: “Si Venezuela vende petróleo a Estados Unidos, y hay empresas privadas involucradas, no sorprende que alguna de ellas venda a Israel. Pero afirmar que Venezuela vende a Israel no es correcto”.

La guerra cognitiva es una estrategia usada para atacar al socialismo bolivariano y construir en su entorno una corriente de antipatia. La agresión militar del 3 de enero, sin precedentes por la violación del derecho internacional, ha generado indignación global.

Como en el caso del genocidio en Palestina: cuanto más crecen los crímenes del ocupante, más se enfatizan los presuntos “crímenes” de la resistencia.

Las bombas cognitivas buscan romper la identidad colectiva, balcanizar territorios y mentes y distorsionar las emociones, desviándolas de la solidaridad hacia la duda.

Soberanía y control de los recursos están en el centro de la disputa. Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Para Washington, controlar Venezuela no es una opción comercial sino una cuestión de seguridad nacional.

Venezuela es un campo de batalla entre dos modelos: la hegemonía unipolar del dólar y el multipolarismo de los BRICS+. China es uno de los principales compradores de crudo venezolano, y la cooperación con empresas rusas ha permitido esquivar sanciones.

Hoy más que nunca, Venezuela está en el centro de intereses globales que buscan anular su soberanía y apagar el ejemplo que representa. Y eso, los pueblos del mundo no pueden permitirlo.

Fuente: l’Antidiplomatico, Por Geraldina Colotti, Caracas

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