Elmandelacámara sobre la orilla

No sé si soy un hombre solitario.

La soledad suele imaginarse como una cabaña en el bosque, un ermitaño que huye del mundo o un anciano que dejó de creer en la gente.

Yo no huyo del mundo.

Lo observo.

Quizá por eso terminé detrás de una cámara.

Mientras muchos intentan ser vistos, yo me acostumbré a mirar.

Miro al reciclador que empuja media ciudad en una carreta. Miro al celador que existe doce horas al día para que nadie note su presencia. Miro al vendedor ambulante que sobrevive en un sistema que habla de progreso mientras lo ignora. Miro a la multitud que corre, grita, vota, celebra, pelea y comparte consignas como si fueran verdades reveladas.

Y mientras todos parecen tener un equipo, una bandera o una causa definitiva, yo sigo en la orilla.

No porque me crea superior.

Porque nunca logré sentirme completamente parte.

He visto demasiadas contradicciones.

Demasiados pobres defendiendo ricos.

Demasiados trabajadores peleando entre sí para proteger intereses ajenos.

Demasiados ciudadanos diciendo “ganamos” después de una elección para regresar al día siguiente al mismo trabajo, al mismo bus, a la misma supervivencia.

He visto demasiados Cypher vendiendo su dignidad por un churrasco.

Y ahora también por unos cuantos segundos de atención digital.

Las redes sociales prometieron libertad.

Terminaron convirtiendo a millones de personas en trabajadores gratuitos de plataformas multimillonarias.

La gente produce contenido.

Las empresas producen ganancias.

Y todos sonríen creyendo que participan de algo grandioso.

Quizá por eso desconfío de los entusiasmos colectivos.

Cuando demasiadas personas corren hacia la misma dirección, mi instinto no es seguirlas.

Es preguntarme quién les dijo que corrieran.

No me interesa pertenecer a una tribu.

Ni política.

Ni religiosa.

Ni digital.

Ni ideológica.

Las tribus suelen exigir una cuota de silencio.

Hay que repetir ciertas frases.

Aplaudir ciertas cosas.

Odiar a ciertas personas.

Yo nunca fui bueno para eso.

Sin embargo, tampoco soy un ermitaño.

Porque sigo interesado en la gente.

No en las masas.

En las personas.

En el hombre que barre la calle antes del amanecer.

En el vendedor que regresa a casa sin saber si mañana venderá algo.

En el anciano que todavía ama.

En el joven que todavía sueña.

En los invisibles.

Tal vez por eso sigo filmando.

Porque la cámara me permite permanecer en mi lugar favorito: la frontera.

Lo suficientemente cerca para comprender.

Lo suficientemente lejos para no convertirme en parte del ruido.

Y desde esa frontera observo una época extraña.

Una época donde millones de personas hablan sin decir nada.

Donde todos quieren ser vistos y pocos quieren ver.

Donde la conexión aumenta mientras la comprensión disminuye.

Yo no tengo respuestas definitivas.

Ni líderes.

Ni salvadores.

Ni gurús.

Solo preguntas.

Y una sospecha persistente:

que la verdadera libertad comienza cuando uno deja de necesitar permiso para pensar.

@elmandelacamara

Operario de cámara.

Observador.

Caduco.

Obsoleto.

Consciente.

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Diario Español de la República Constitucional

Morti davvero

Non troverete titoli d’oro sui dorsi colorati
dei libri ereditati, costretti a leggerli tutti
per capire il punto esatto in cui compaio
sulla scena, assetato di salvifiche parole

se non materia postuma di roghi familiari
dopo lustri indifferenti e alibi illetterati,
è lì che un mio riassunto da decifrare
tra le righe lette e le impressioni a matita
ancora tremerà per farsi notare
dall’occhio che scava per amore in ritardo
per espiare la cecità di quando si è vivi,

no, non perdonerò il vostro scivolarmi accanto
come acque annoiate intorno a gocce d’olio,
ma non sarò da compiangere tra ceneri e ossa
pezzi di marmo e fiori putrescenti

quelle sono cose dei morti,
morti davvero.

(immagine: Carl Spitzweg, Il topo di biblioteca, 1850 ca.)

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Este artículo verbaliza bien algunas sensaciones que tuve tras ver #LosDomingos.

Que conste que yo creo que, aunque la chica diga que quiere hacerse monja simplemente porque ha oído la llamada de Dios, quien haya prestado atención a toda la peli sabe que Ainara vive en un entorno familiar sin demasiadas seguridades.

No obstante, la crítica al #individualismo me parece acertada: el sistema tolera ese tipo de salidas "espirituales" porque no le amenazan.

https://www.lamarea.com/2026/02/13/todas-somos-brujas/ vía @lamarea

Il Fediverso: per farla finita con i Social delle Big Tech - di Sergio Tringali - Effimera

  1. Le nostre parti estese, colonizzate Immaginiamo il nostro corpo come un campo aperto, attraversato da linee di forza che ci collegano agli altri, [...]

Effimera

A insegurança estrutural da juventude brasileira

Ela é mais instruída que as gerações anteriores. Mas deprime-se nas telas, num país estagnado há 40 anos e em pouca esperança de vida florescente. Há duas saídas: ou o ultraindividualismo, ou um novo engajamento político, ainda por construir

https://outraspalavras.net/crise-brasileira/a-inseguranca-estrutural-da-juventude-brasileira/