¿Sabían que uno de los errores más comunes de la cultura pop es llamar Frankenstein al monstruo, cuando en realidad ese es el apellido de su creador?
En la novela original de Mary Shelley publicada en 1818, el científico se llama Víctor Frankenstein y la criatura que él ensambla nunca recibe un nombre propio en las casi 300 páginas del libro.
A lo largo de la historia, Víctor se refiere a su creación con términos bastante crudos como "demonio", "serpiente", "monstruo", "engendro" o simplemente "la criatura". El hecho de que el monstruo no tenga nombre es un punto clave de la trama, ya que simboliza su falta de identidad, su rechazo por parte de la sociedad y la negligencia de su "padre" científico, quien lo abandona a su suerte en cuanto ve que su experimento cobró vida.
La confusión masiva empezó sobre todo con las adaptaciones al cine, especialmente la película de 1931 protagonizada por Boris Karloff, donde el título "Frankenstein" aparecía en grande mientras se veía la cara del monstruo en los carteles. Curiosamente, en la novela, la criatura llega a compararse a sí misma con el personaje bíblico de Adán, pero aclara con tristeza que, por el trato que recibe, se siente más como un "ángel caído".








