La vigencia del instinto: El sustrato animal en la era del algoritmo
Observo que en una sociedad volcada hacia la ciencia y la Inteligencia Artificial, persiste en muchos una necesidad de reconexión con la parte instintiva y salvaje que el chamanismo define como espíritu animal. Esta inclinación no es un fallo del desarrollo tecnológico, sino la manifestación de un componente biológico y psíquico que reclama su espacio frente a la frialdad del procesamiento de datos. Mi normalidad incluye reconocer características animales en mi conducta, una estructura de identidad que otros expresan mediante el uso de logotipos de equipos deportivos o movimientos de afinidad animalística, demostrando que el símbolo del tótem, considerado por algunos anticuado o puede que arcaico, sigue siendo una herramienta funcional para la psique y el espíritu humano.
La tecnología más avanzada no ha logrado desplazar este vínculo primitivo que yace en la base de nuestra especie. El hecho de que en pleno siglo XXI se sigan buscando guías, expresiones, movimientos o representaciones en la fauna evidencia que el equilibrio humano depende de integrar la herencia natural con la civilización digital en un mismo camino. El instinto no es un concepto obsoleto, sino una parte necesaria de la estructura del individuo que permite navegar la realidad desde una dimensión sensorial y atávica. Esta presencia constante del chamanismo del animal guia básico en la vida moderna confirma que la identidad requiere la aceptación de ese núcleo salvaje para estar completos.
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