Absolute Batman mola.
Y por supuesto, no visitéis la web que viene en la marca de agua, son #piratas.
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Una mini patata pug pirata en micro/crochet para finalizar el domingo.
O lo que viene siendo lo mismo: una mini PPP.
#crochet #ganchillo #amigurumi #pug #pugs #perros #dogs #piratas #MastoArt
A veces la historia supera a cualquier guion de Netflix.
Lo que ves en estas imágenes y en el vídeo de Assassin's Creed IV no es solo un juego; es el juicio real de Anne Bonny y Mary Read, las piratas más famosas de la historia.
El tribunal las acusa de todo: ataques violentos, asaltos a barcos pesqueros y sembrar el terror en alta mar.
La sentencia fue clara: la horca.
Pero cuando ya tenían la soga al cuello, soltaron la bomba: ambas estaban embarazadas ("plead their bellies").
Según la ley de entonces, no podías colgar a una mujer encinta, así que el juez tuvo que frenar la ejecución hasta que dieran a luz.
Es la prueba de que, cuando el sistema te tiene acorralada, la supervivencia te obliga a jugar tus mejores cartas.
No fue libertad, fue puro instinto de resistir un día más. Un paso a la vez, incluso cuando el siguiente paso es hacia el patíbulo.
Al final, la realidad no entiende de finales felices, solo de finales inevitables.
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𝑨𝒏𝒏𝒆 𝑩𝒐𝒏𝒏𝒚 𝒚 𝑴𝒂𝒓𝒚 𝑹𝒆𝒂𝒅: 𝒑𝒐́𝒍𝒗𝒐𝒓𝒂, 𝒋𝒖𝒊𝒄𝒊𝒐 𝒚 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐
En la Edad de Oro de la Piratería, cuando la superstición aseguraba que una mujer a bordo traía desgracia, Anne Bonny y Mary Read hicieron exactamente lo contrario: combatieron con una ferocidad que dejó constancia en las actas de su juicio en 1720.
🏴☠️ Mary Read fue criada como varón por su madre para conservar una herencia.
Bajo identidad masculina sirvió como soldado en Flandes y más tarde se embarcó rumbo al Caribe.
Cuando piratas capturaron su nave, decidió unirse a ellos manteniendo su disfraz.
No era una improvisada: sabía usar armas y entendía la disciplina militar.
🏴☠️ Anne Bonny, hija ilegítima de un abogado irlandés acomodado, rompió pronto con la vida que se esperaba de ella.
Se trasladó a las Bahamas y se vinculó con el pirata Calico Jack Rackham.
Las fuentes la describen impulsiva y violenta si era provocada.
En Nassau, corazón de la llamada “República de los Piratas”, encontró el entorno perfecto para desaparecer de la respetabilidad.
Ambas coincidieron en el barco Revenge.
Según la tradición, Anne se sintió atraída por “Mark Read” hasta descubrir que era mujer.
A partir de ahí forjaron una alianza singular.
La tripulación las consideraba marineros jóvenes especialmente duros; solo Rackham conocía su secreto con certeza.
El final llegó en octubre de 1720.
El gobernador de Jamaica envió al capitán Jonathan Barnet para capturarlos.
El ataque fue nocturno.
Mientras muchos hombres estaban ebrios bajo cubierta, Anne y Mary permanecieron luchando en cubierta, disparando y combatiendo cuerpo a cuerpo.
Testimonios del proceso judicial afirman que recriminaron a sus compañeros su cobardía.
La escena desmonta el mito romántico: no hubo gloria, sino caos y derrota.
Rackham fue condenado a la horca en Port Royal.
A Anne se le atribuye una frase demoledora en la despedida: que si hubiera luchado como un hombre, no moriría como un perro.
No sabemos cuánto hay de literal en esa cita, pero encaja con su carácter descrito en las fuentes.
Ambas fueron sentenciadas a muerte.
Entonces utilizaron un recurso legal conocido como “plead the belly”: declararon estar embarazadas.
La ley británica impedía ejecutar a una mujer encinta.
La ejecución se aplazó. Mary Read murió en prisión en 1721, probablemente por fiebre.
Anne Bonny, en cambio, desapareció de los registros.
Se especula que su padre intervino para liberarla y que vivió discretamente en Carolina del Sur.
No hay prueba definitiva.
Su historia se desarrolló entre puertos turbulentos como Nassau y la mítica Isla de la Tortuga, enclaves donde la ley era frágil y el botín se diluía en ron y juego.
No fueron heroínas románticas, tampoco simples comparsas.
Fueron piratas en un mundo brutal, y su caso demuestra que la violencia y la ambición no entendían de género en el Caribe del siglo XVIII.
Su leyenda perdura porque rompe el esquema: no eran excepción por debilidad, sino por determinación.
Y eso, históricamente, pesa. ⚔️🏴☠️
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𝑷𝒊𝒓𝒂𝒕𝒂𝒔: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒕𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒓𝒆𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒄𝒂
Cuando pensamos en piratas vemos parches, loros y cofres rebosantes.
Esa imagen nace sobre todo de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, no del Caribe del siglo XVII.
La realidad fue más áspera y política.
Piratas y corsarios formaron parte del engranaje de un mundo en expansión.
El corsario actuaba con patente firmada por su rey; el pirata, sin bandera legal.
Pero la línea era fina.
Para Inglaterra, Francis Drake fue un héroe; para España, un criminal.
Lo mismo ocurrió con Henry Morgan, que saqueó Panamá y terminó siendo gobernador de Jamaica.
En el tablero caribeño chocaban España, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas.
La violencia era herramienta de Estado.
Los bucaneros surgieron en La Española como cazadores que ahumaban carne en el “boucan”. Expulsados por autoridades españolas, se lanzaron al mar.
Los filibusteros —del neerlandés vrijbuiter— operaban en costas y ciudades, a menudo bajo legalidad ambigua.
Era un capitalismo feroz flotando sobre rutas de plata y azúcar.
La llamada Edad de Oro de la Piratería (aprox. 1650-1730) produjo figuras como Barbanegra, temido por su teatralidad, y mujeres como Mary Read y Anne Bonny, que desafiaron un mundo brutal y masculino.
Paradójicamente, muchos barcos piratas funcionaban con reglas internas avanzadas.
Antes de zarpar firmaban los “Articles”, un código contractual.
Elegían capitán por voto y podían destituirlo.
El contramaestre actuaba como contrapeso del poder.
El botín se repartía con relativa equidad: el capitán cobraba apenas dos o tres partes frente a la única parte del marinero.
Existían indemnizaciones por heridas: perder un brazo o una pierna tenía compensación fijada.
En contraste con las armadas reales, la brecha era mínima.
Democracia práctica en un mundo de monarquías absolutas.
La vida diaria, sin embargo, estaba lejos del mito.
La dieta era una lucha contra el tiempo. El hardtack —galleta de mar— era un bloque infestado de gorgojos que se remojaba para poder morderlo.
La carne en salazón adquiría tonos sospechosos.
El escorbuto, por falta de vitamina C, hinchaba encías y abría heridas antiguas.
El agua se corrompía y se mezclaba con ron para hacer grog.
El mantenimiento del barco era constante: calafatear grietas, remendar velas, limpiar cubierta.
El sueño llegaba en hamacas apretadas.
La higiene era casi inexistente.
En combate, el cirujano —a menudo barbero o cocinero— serraba miembros sin anestesia real, cauterizando con hierro al rojo.
La infección mataba más que el sable.
Los museos navales británicos conservan kits quirúrgicos que hoy resultan inquietantes.
La justicia interna era fría.
Las disputas estaban prohibidas a bordo; debían resolverse en tierra mediante duelo.
El castigo habitual para la traición era el maronaje: abandono en una isla con una pistola y escasa pólvora.
Caminar por la tabla pertenece más a la ficción que a la práctica documentada.
El robo entre compañeros se castigaba con mutilaciones o expulsión: la lealtad económica era sagrada porque garantizaba la supervivencia colectiva.
Tampoco todo era combate naval espectacular.
Muchas capturas se lograban por intimidación: izar la bandera negra —o roja, señal de “sin cuartel”— bastaba para que un mercante se rindiera sin disparar.
El terror era una estrategia racional que evitaba daños en el propio barco, el activo más valioso.
El final llegó cuando dejaron de ser útiles.
Con tratados de paz y armadas fortalecidas, potencias como Inglaterra decidieron limpiar el Caribe.
Gobernadores como Woodes Rogers recibieron el encargo de erradicar a quienes antes habían servido a la corona.
Muchos aceptaron indultos; otros acabaron en la horca, exhibidos en jaulas como advertencia.
El mito sobrevivió porque necesitábamos romanticismo donde hubo violencia y comercio global en gestación.
Y, como ocurre siempre, la piratería no desapareció: cambia de escenario.
Hoy puede surgir frente a Somalia o en forma de ransomware.
El objetivo sigue siendo el mismo: interceptar la riqueza en tránsito.
Bajo la bandera negra no había libertad romántica, sino supervivencia, ambición y oportunidad.
Esa es la verdad incómoda. 🏴☠️
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EM BUSCA DO ONE PIECE!
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Ayer probamos #Blackwake, juego multijugador indie gratis que está en Steam. Le faltan algunos detalles en animaciones, pero después es muy entretenido. Las reglas de su jugabilidad están orientadas a acción divertida simple y funciona. Pero por ejemplo para recargar el cañón tenes que hacer varios pasos para que quede listo para disparar de vuelta. Cuando te cruzas de cerca con un barco enemigo el intercambio de cañonazos es brutal. 🍻
Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad
Para ser de tierra adentro y no dedicarse al negocio, Espronceda en este poema resumió la esencia del marino y de lo que significa vivir cara o en la mar. Para el marino, la libertad no es la ausencia de reglas, la vida a bordo está jerarquizada y regida con disciplina, sino la libertad de horizonte. En el puente, frente a la inmensidad del océano, se experimenta e