🍓 Dicen que el amor es el oxígeno de la vida, y aunque suene a frase de taza de desayuno, tiene su parte de verdad.
Lo buscamos y lo necesitamos mucho más de lo que nos atrevemos a admitir cuando nos hacemos los duros.
Tener a la familia y a los amigos es como tener un refugio, ese sitio donde aparcas y sabes que no te van a cobrar multa.
Pero el amor de pareja... eso es otra liga.
Hablo de ese amor que te mira a los ojos y no se queda en la superficie.
El que ve tus días brillantes, pero también se traga tus sombras, tus neuras y tus días de perros.
Y que, sabiendo todo el percal, decide que ahí es donde quiere estar.
Que te elige a ti, con todo el pack completo.
Sentirte visto de verdad y, sobre todo, sentirte elegido así, te cambia el chip.
Te obliga a quitarte la máscara de "aquí no pasa nada" y a bajar la guardia.
Te permite, por fin, ser tú mismo sin defensas y sin ese miedo constante a no ser suficiente.
En un amor así no solo se trata de compartir el sofá o las facturas; se trata de que, al final, la vida se transforma porque ya no tienes que esconder nada.
La pregunta es: ¿te estás dejando querer de verdad o sigues con el escudo puesto por si acaso?
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A veces la vida es una puñetera cuesta arriba y no te da ni una sola señal de que al final del camino haya algo bueno. 
