empecé a recordar los sueños
cuando el gesto se torció
hacia la dársena del regazo
cuando los añicos de ser
exitoso ese cuento para esbirros
cubrieron el sol posible
en esos sueños de criatura
de máquina destartalándose
la garza el tritón y la piedra
desprendida de la lengua clavellina
herida de humus y manos
en ese asombro de caer a la mañana
se reveló que aún no había
habitado los rincones de lo expuesto
desde entonces empecé
a creer en los oráculos y la suavidad
de los tábanos en la sombra que se escurre
al final del pasillo cuando entras
a robar el sagrario del templo
