El proyecto de su vida

“Nada mejor que una sala con olor a café quemado y alfombras viejas para un Mercado de Cine”, piensa Mario. Es un hombre de unos cuarenta y pico con la barba rala y descuidada. Usa pantalón de jean y una camisa negra, con las mangas arremangadas. Lucía, la hija que tuvo con una expareja hace doce años, está sentada a su lado en un banco largo de acero cerca de dos ascensores.

Ella, delgada, mira hacia el techo, con la cabeza apoyada contra la pared y los ojos entrecerrados. Está disfrazada con un vestido estilo victoriano grisáceo y raído, y maquillada de un tono ceniciento, con ojeras moradas que resaltan sus ojos cubiertos por lentes de contacto blancos. En el lado izquierdo de la cara, un parche de látex translúcido simula carne ausente: deja entrever la piel rosada y viva debajo, como si el hueso de la mejilla la empujara. Unos dientes postizos asoman entre las grietas del látex. Parece un zombi cansado del mundo, un fantasma atrapado en un cuerpo que sigue respirando.

Delante de ellos cruzan la sala varias personas con credenciales colgando del cuello. Mario esconde la suya bajo la camisa, que le queda un poco grande. Mira las mesas redondas altas con taburetes que hay en un sector de la sala. Hay reuniones de dos o tres personas. Él no tiene ninguna reunión. No queda mucho tiempo para encontrar un inversor para su película.

Es de terror, por supuesto. Pero si le preguntan, él diría que no es una película de terror como las demás. Los pocos que leyeron el guion opinaron que desbordaba el género y se acercaba al cine de autor en su forma más visceral. Había visto tanto cine, de todos los géneros y países, que eso se notaba.

Lleva en el bolsillo de la camisa un papel con la cifra exacta del presupuesto en dólares, para no olvidarla. Es pésimo con los números. Fue asistente de dirección durante muchos años, pero lo dejó para dedicarse a su proyecto. Noches enteras escribiendo el guion hasta que los ojos le picaban. Las películas en las que trabajó como asistente de dirección eran bastante malas. La suya es el proyecto de su vida. Sacrificó casi todo por eso. Sus relaciones amorosas, sobre todo.

Lucía está tan aburrida que, en protesta, cierra los ojos, como si estuviera más muerta de lo que parece. Esconde sus manos entre las piernas para ocultar las prótesis de uñas largas y sucias. Las mangas cortas y acampanadas del vestido dejan ver sus brazos flacos manchados de sangre, una mezcla de glicerina y colorante rojo que ella misma preparó. El parche de la mejilla le tira la piel; cada vez que respira siente que su piel se le abre de verdad.

Molesta, abre los ojos. Escucha pasos apresurados. «Es ese actor tan conocido. Por lo menos en el ambiente del terror pedorro», le dice su padre, dándole un codazo. Ella ni abre la boca. “Y esos dos son productores. Hicieron una pasable. Vamos”. Mario la toma del brazo y la lleva hasta el medio del salón.

Se para frente a los productores. Habla rápido sobre su proyecto y señala a su hija para que aprecien la caracterización. Uno de los productores, alto y fornido, con campera de jean, se suelta la colita; el pelo castaño teñido le cae hasta los hombros antes de atárselo otra vez, más tirante. El otro, de traje, rechoncho y bajo, frunce los labios y se rasca la barba del cuello como si le picara. Mario eleva la voz.

“Un zombi fantasma. No es ni la típica fantasma gótica, ni el muerto come cerebros. Está viva, pero parece un espectro.”

El productor que no se quita las manos de la barba sonríe de costado y dice: «High concept».

El de la colita se agacha un poco y levanta los puños para que Lucía los choque. Ella, muy en su papel, inclina la cabeza de a tercios, como si tuviera un mecanismo defectuoso en el cuello, y lo mira con la frente contraída, rechazando ese gesto amistoso. Luego los productores se van. Mario baja los hombros.

Vuelven a sentarse en el banco. Lucía cierra los ojos. Los lentes de contacto le dan la sensación de que sus ojos se están pudriendo debajo de sus párpados. Dos mujeres, una con anteojos de carey y la otra con una tablet en la mano de la que no saca la mirada, caminan hacia los ascensores. Mario le da a Lucía un golpecito en la espalda para que levante el cuerpo y les dirija una mirada aterradora. Las mujeres se detienen delante de un ascensor. Para ellas, Lucía, acorde a su personaje, parece no existir.

Una camarera ofrece café. Lucía no quiere. «Es una niña», dice Mario. «Los niños no toman café solo». Mario le promete comprarle un Frapuccino Caramel tamaño Venti en el Starbucks de la vuelta del predio.

Un tipo alto, con un reloj dorado, viene caminando por el pasillo, moviendo los brazos ampliamente, como si el lugar fuera suyo. Mario le da un golpecito en la nuca a Lucía. “El presidente del instituto. Es un pelotuuudo”. Mario levanta la cabeza y la baja lentamente, como si le ofreciera al tal presidente una reverencia japonesa. El hombre les sonríe. Lucía mira a su padre con sus ojos blancos, que parecen más grandes, y habla susurrando.

«No vas a conseguir nada con esto”.

«¿Vos qué sabés de marketing?»

«Vos tampoco sabés nada, papá». 

«Tenemos que captar su atención».

«Estás loco. Mamá siempre decía eso… y tenía razón».

Mario está confundido.

«Yo no me crié como vos en una cuna de oro». 

«En un ataúd de oro, podrías decir».

«Solo tuve dos juguetes en mi vida. Uno estaba roto. Vos tenés un iPad».

«Uno viejo». 

«Cerrá la boca, por Dios. Te pagué un buen colegio».

«Pero ahora voy a uno barato».

Mario cierra los ojos, afligido.

«Es solo por un tiempo. En cuanto salga adelante con este proyecto, vas a ir a uno mejor. Lo tengo todo planificado. Por ahora, apreciá lo que tenés”.

Lucía aprieta los dientes y le clava la mirada.

«¿Preferís volver a vivir con tu madre?»

Lucía entrecierra los ojos y frunce la frente. 

«¡Violento!»

 «¿Qué?» 

«Ella dice que sos violento. Pasivo-agresivo».

Mario baja los ojos. 

Los lentes de contacto de Lucía se humedecen. La luz forma un arcoíris en sus ojos blancos. Mario la mira.

«¿Estás cómoda con esos lentes?»

Lucía vuelve a entrecerrar los ojos.

«Sos tan egoísta».

«Poné cara de mala, como si estuvieras resentida. Viene el productor de La casa que nadie quiere comprar» 

«¡No! No soy un payaso».

«Entonces olvidate del frapuchino. Sos un zombi, no un payaso trillado. ¿Ves esa serie vieja todos los días y no sabés cómo se ve un zombi?» 

«La serie no es solo sobre zombis.» 

«Tampoco mi película. Sos el fantasma de un zombi». 

«Bueno, alguien te está mirando, Sr. Marketing».

Una mujer morena, de veintitantos, pelo castaño ondulado y ojos grandes y claros, y un treintañero de mandíbula cuadrada, traje y boina, miran de reojo a Mario, que se pone colorado y contiene la respiración. Mira al frente; las imágenes que ve no pertenecen al presente. Suspira. Lucía niega con la cabeza.

«¿Estás llorando por esa trola?» 

«Éramos como una familia otra vez, Lucía. Era mi compañera. Trabajábamos juntos. Veíamos películas juntos y después las discutíamos. No sabés qué lindo que era». 

«Sí, también dormías con ella. Se duchaban juntos. ¿Y qué? Ella no era lo que vos pensabas».

«¿Qué sabés vos de eso?».

«Fui a terapia, ¿no te acordás? Al principio yo también la extrañaba. Pero era demasiado joven para vos, papá». 

«¿La extrañabas?». 

«Antes. Ya no».

Lucía levanta la cabeza y mira más allá de un grupo de hombres de traje, con vasitos de plástico humeantes en la mano. Parece tener clavada la mirada en el río al que da el ventanal. Ni el padre ni la hija están en el lugar en el que parecen estar.

«Pero ella no es lo que creés. Vos ponías las películas. Si fuera por ella no miraba nada. Lo que te gustaba tanto de ella sos vos mismo. Eras vos solo en esa relación, papá».

“¿Eso te lo hizo ver el terapeuta?»

 «Es lo mismo. Yo también lo pensé».

Mario inspira y saca pecho.

«Esperame». 

«¡Papá!»

Mario se levanta y camina hacia la mujer morena y el treintañero de boina. Lucía observa con los ojos blancos tan abiertos como puede.

Mario le grita algo a la joven morena. Lucía escucha:

“No tenés corazón. Todo por este impresentable. No ves que está disfrazado de director de cine.”

El hombre de boina empuja a Mario. Mario levanta el puño. El hombre le pega una trompada. Mario se le arroja a la cintura y lo derriba. Ruedan por el piso, intentando golpearse. Dos empleados los separan. A Mario le sangra la nariz.

Lucía no sabe qué hacer. El hombre levanta los puños y mueve la cabeza como si fuera un péndulo. Mario lo señala con el dedo. Los dos productores, el de colita y el de barba, aparecen y avanzan hacia Mario, con caras amenazantes y las manos en alto. Lucía corre y se interpone entre Mario y los tres hombres. Baja la cabeza. El pelo le cubre la cara. Entre los mechones, sus ojos blancos parecen amenazantes.

«¡No huyan más de mí! Ustedes, que creen que estamos muertas. No somos zombis, humanos bobos, vinimos de otro planeta, uno mejor que este, y nacimos así. Entre nosotras somos todas hermosas, pero en la Tierra, este lugar espantoso, nos ven con esos ojos podridos que tienen y nos quieren cortar la cabeza. Se pudren día a día. No son como nosotras que estamos siempre igual. Cuando los miramos, nuestro tiempo corre como cuando adelantan sus estúpidas películas con el control remoto, y se transforman en muñecos de cera derritiéndose al sol».

Lucía gira la cabeza de golpe y mira a la mujer morena de ojos claros, que está parada con los brazos en jarra a un costado.

«Nuestra cabeza está llena de atardeceres luminosos, de praderas de hielo y lagos de color púrpura. Creyeron que era la muerta de la casa, un fantasma podrido, pero solo soy… diferente».

Cuando termina de hablar hay un círculo de mujeres y hombres alrededor. Algunos aplauden con las manos flácidas. La mujer con la tablet en la mano le susurra a la de anteojos de carey: puro woke.

Mario va hacia el bar para limpiarse la nariz con servilletas. La mujer morena y el treintañero se alejan rápidamente hacia un pasillo, tomados de las manos. Desde la mesada del bar, Mario sonríe —aunque le sigue sangrando la nariz— cuando ve que los productores vuelven a acercarse a Lucía.

Hace un bollo con las servilletas manchadas de sangre y se las guarda en el bolsillo del pantalón. Lucía inclina la cabeza, dobla las rodillas y estira los brazos lánguidos. El torso le bambolea. Parece algo que no pertenece a ningún mundo. Mario se acerca rápidamente y se detiene con el pecho inflado.

«Es Lucía, mi hija. ¿Escucharon el diálogo? Eso no es nada. Ella se adelantó un poco. Pero la gracia es ver en la película cómo se llega a ese momento… Estoy seguro de que nunca vieron un fantasma de un zombi de otro planeta».

Los productores no responden. La miran a Lucía con una mezcla de ternura y repulsión. Luego lo miran a Mario con lástima y se van. Mario vuelve al banco. Lucía lo alcanza lentamente, como si arrastrara los pies, todavía metida en su papel. En la sala, se escucha un cuchicheo creciente. Lucía se sienta. Mira hacia delante con la espalda erguida, el cuello en alto y los labios apretados. Inspira hondo. Tiene algo de sudor en la frente. Se lleva las manos a la cara y se quita los lentes de contacto blancos. Quedan, como dos lágrimas exageradas, en los dedos índices, que apoya con las palmas hacia arriba sobre las piernas. Las cabezas de algunos de los asistentes al mercado de cine giran hacia ella.

Suspira. Sus ojos son azulados. Profundamente azulados.

por Adrián Fares

Gracias por llegar hasta acá.

Pueden leer la versión en inglés de este cuento en Substack: adrianfares.substack.com

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Zombie 3 was started by Lucio Fulci but ended up finished by Bruno Mattei and Claudio Fragasso. That might sound like a step down, but I'm also going to guess one of those two jokers that took over came up with the flying zombie head launching from a freezer, and, for that, I salute them.

Read the review from April 2019 at https://wp.me/p9XNnZ-I9

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Zombie 3 (1988)

Back in January I covered Lucio Fulci’s masterpiece in undead horror – Zombie.  It’s fitting that I now look at its sequel, Zombie 3. … Wait.  Lemme check something.  1.  2.…

Aquest any fa 35 anys que ens arribava "Zombi" per "DOS" 🕹🎮. #Zombi #Dos #Aventura #Videojocs #Gaming #VideoGames #RetroGaming #ClassicGaming #RetroGames #VideojocsAntics

Meille jänishousuille sopiva zombileffa: Kuinka kuolleita käsitellään (Yle Areenassa)

https://areena.yle.fi/1-50776100

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Kuinka kuolleita käsitellään

Kuumana kesäpäivänä Oslossa vainajat heräävät henkiin. Kun perheen äiti menehtyy auto-onnettomuudessa, perhe joutuu kohtaamaan paitsi kuoleman myös kuolleista heräämisen. Iäkäs nainen tapaa äskettäin hautaamansa rakkaan. Isoisä yrittää saada lapsenlapsensa takaisin. Elokuva perustuu John Ajvide Lindqvistin samannimiseen romaaniin. Ohjaaja: Thea Hvistendahl. Rooleissa: Renate Reinsve, Anders Danielsen Lie, Björn Sundqvist. (Håndtering av udøde, Norja 2024)

Yle Areena

faccia stramorta senza sonno per festeggiare il venerdì di aulin (make-up improvvisato con occhiaie finte di grafite per essere zombi all’università)

Per oggi, che è Halloween, ieri sera mi è salita un’idea fin troppo potente, quasi pericolosa, per divertirmi nonostante la mia perpetua condanna al rotting, che vige ovviamente anche l’ultimo giorno del terzultimo mese dell’anno… un make-up particolare, per così dire. Oh, ho la capacità di distrarmi con relativamente poco, ci manca solo che non la sfrutto quando posso; e, in questo caso, è qualcosa che chiunque può fare con roba che si trova già in casa, seppur l’idea non è di facile reperibilità, quindi voglio farvi questo regalo stavolta. 💣

Purtroppo, sono appunto socialmente esclusa da qualsiasi evento che non sia l’assoluta mortale normalità, come andare all’università… niente feste o minchiate varie stasera, che, pure se volessi, nessuno mi ha detto niente; e, per strada dopo il tramonto non scendo, che stanno quasi solo maranza, oltre al fatto che comunque non c’è niente di buono da fare. Quindi, niente cosplay o robe pazze oggi, ma… questo non significa che non si possa comunque accogliere lo spirito di morte e spavento di Halloween in maniera quasi sobria, assimilandolo dentro di sé ad un livello meno estremo ed adatto a qualsiasi situazione, anche formale… assumendo l’aspetto di esseri in decomposizione, ma rimanendo i soliti individui schiavi delle cose da fare… 🙀

È così che mi è venuta l’idea: per Halloween stamattina volevo sembrare ancora più morta del solito e, nel doverlo fare all’interno di un contesto normale — non dico formale, ma comunque possiamo dire business casual… purtroppo l’università non è il posto figo che sembra nei film americani — mi è venuta un’idea precisa: avere delle occhiaie a dir poco tremende, come se non dormissi da 2 giorni o qualcosa del genere. Incarna perfettamente lo spirito della festa, in quanto è comunque una caratteristica un po’ da zombi, ma non è necessariamente inappropriata, perché le occhiaie sono una cosa che si può avere normalmente. Il trucco, a questo punto, stava nel trucco, letteralmente… 🤗

Sul web non trovo esattamente quello che cercavo ma, per fortuna, ChatGPT mi ha inventato di sana pianta un tutorial che tutto sommato era proprio quello che volevo per farmi delle occhiaie finte, per giunta senza aver bisogno di particolari materiali da trucco. Basta della grafite — quindi, una normale matita da disegno — e un po’ di pazienza… e l’effetto che esce fuori è proprio strabiliante; non perfetto, ma comunque bellissimo. Non volendo fare questo post troppo lungo e confuso, però, e volendo magari poter aggiungere dettagli utili in seguito, vedrò di scrivere più tardi un tutorial dedicato solo al trucco in sé, sul blog della stufa, e aggiungerò qui il link poi… per ora pensiamo al risultato.

Che dire. Un aspetto da vera femcel, questa voltase non fosse per il contrasto con i miei vestiti, che sono fin troppo in buone condizioni (ma, tolta la felpa, forse la maglia di questo bianco giallino dà idea di marcio), e i miei movimenti corporei, che sono a mio parere troppo eleganti e da girlboss, ma assolutamente il venerdì non sono da zombi, e anche lo smalto rosa… però, questo contrasto sotto sotto mi piace, e rientra bene nell’idea iniziale di Halloween minimale ma concretizzato, portato al di fuori del regno della fantasia dove tutto è esagerato. A completare il look, ci sono i miei capelli che si rifiutano di stare ordinati… e nient’altro, ma va bene così. 🤯

Non sapendo a cosa andavo incontro — perché lo sappiamo che con i tutorial inventati dall’IA il rischio di far esplodere la casa è alto… e quello di banalmente fallire in modo patetico è altissimo — in verità ho provato velocemente l’idea ieri sera e, pur avendo volutamente arronzato — perché non è che potevo dormire con la grafite sotto agli occhi, quindi comunque avrei dovuto levare tutto subito — la cosa sembrava promettere bene, e allora è stato deciso che stamattina l’avrei fatto per davvero. Ci ho messo circa 10 minuti, e forse avrei voluto averne 5 in più da parte per perfezionare, ma a quest’ora della mattina il tempo scappa più di quanto le persone ignare non sono ahimè scappate alla mia vista, quindi ok… ☠️

Non so bene in foto quanto renda; in quella dal telefono c’è qualcosa che non riesco ad afferrare che non mi convince… ma, di persona, credo faccia il suo greve effetto. In giro nessuno mi ha detto nulla, perché oggi non ho incontrato nessuno che conoscessi, ma diverse persone mi hanno dato occhiate particolari, forse di spavento misto a confusione… che, se è effettivamente così, era proprio il tipo di sensazione che pensavo di suscitare. Tornata a casa, a mia madre ho fatto spavento, perché non ha capito subito se mi fosse venuta la rogna o che cosa avessi; però, dopo aver detto che è per via della notte dei morti viventi, mi ha riconosciuto che l’effetto non è male… e invece, mio padre non ci ha fatto praticamente caso, forse perché al suo istituto ne avrà già viste abbastanza di cose strane oggi. 🤕

Tutto sommato, sono contenta; la mattina è stata un esperimento di arte performativa completamente passiva, come in genere mai mi capita. L’unica cosa contro cui devo spezzare una lancia è, chi mai lo avrebbe detto, l’università… o meglio, il suo ambiente vissuto, che è un fottuto cimitero… e non nel senso di Halloween, ma nel senso di animi grigi e palle gonfie. Girando tra il mio polo (informatico-scientifico), e alla fermata dell’autobus, non ho visto neanche per sbaglio qualcuno con qualcosa di strano riconducibile alla giornata odierna… ma com’è possibile??? Va benissimo che all’università non si va in cosplay, e magari ci sta che non si mettono nemmeno le orecchie da gatto — o da diavolo, in questa giornata — ma… nemmeno un minimo di trucco minimale per infuocare lo spirito?!?!?! 😶

I pazzi che a fine ottobre ancora vanno in giro a maniche corte avrebbero potuto sfoggiare finte bende insanguinate sulle braccia, o… boh, non mi vengono troppe idee, ma mi pare impossibile che a migliaia di persone insieme non venga in mente nulla. Vabbè, ciò semplicemente riconferma quello che vorrei non fosse un fatto, ma che purtroppo lo è: tutta gente noiosa, da queste parti. (Gente noiosa che, probabilmente, stasera andrà a sfondarsi di alcol a qualche festa priva di sostanza, ritenendo che il divertimento sia la droga, anziché vivere nel presente facendo qualcosa di magari certamente anche stupido, ma non banale.) 🙊

Edit: È finalmente qui. (Il tutorial. Peccato che ormai Halloween è finito, ma ehi, chi vieta di usare questo trucco anche l’1 e 2 novembre?) https://stuff.octt.eu.org/2025/10/make-up-tutorial-occhiaie-finte

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Sé que esta no es la instancia que lleva esta pregunta pero aquí va: ¿Alguno de ustedes sabe cómo montar un servidor dedicado de Project Zomboid sin haberlo comprado en Steam? Hablo de una versión pirata.

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