Magia cotidiana en los 60 y 70: cuando las revistas hablaban de brujería
El lado oculto de las revistas femeninas
Curso intensivo de magia: un vistazo a prácticas cotidianas presentadas como actos mágicos en las revistas de los años 60 y 70.
Los años 60 y 70 fueron una época de contrastes. Mientras la mayoría de las revistas femeninas mantenían un tono conservador, con fuertes referencias al catolicismo, también se atrevían a incluir temas que parecían salidos de otro mundo: la brujería y la magia práctica. Resulta curioso pensar que, entre consejos de moda y recetas de cocina, se colaban artículos sobre rituales, supersticiones y pequeños actos de “magia blanquísima”.
Un ejemplo de esto era un curso intensivo publicado en aquellas páginas, donde se prometía enseñar desde lo más básico —como saber la hora sin necesidad de un reloj— hasta costumbres que hoy nos parecen simples supersticiones, pero que en su momento eran presentadas como auténticos actos mágicos.
¿Cuándo fue la última vez que hiciste un acto de magia?
El artículo comenzaba con una pregunta directa: “¿Cuándo fue la última vez que usted practicó un acto de magia?”. La respuesta sorprendía, porque no hablaba de hechizos complicados ni de rituales con velas y conjuros, sino de hábitos tan cotidianos que cualquiera podía reconocerlos.
Cruzar los dedos para desear buena suerte, decir “salud” cuando alguien estornuda, arrojar una pizca de sal sobre el hombro izquierdo al derramarse el salero o incluso picar suavemente a la persona a quien se regala un objeto punzante para evitar que la relación se rompa… todas estas costumbres eran presentadas como ejemplos de magia práctica.
Magia práctica disfrazada de costumbre
Ilustración de una bruja sosteniendo un cristal mágico, simbolizando la conexión entre lo místico y lo cotidiano.
Lo interesante es que estos gestos, que hacemos sin pensar demasiado en su origen, tienen raíces muy antiguas ligadas a la protección, la buena suerte o el alejamiento de lo negativo. Cruzamos los dedos para ahuyentar lo malo, decimos “salud” para proteger contra los espíritus de la enfermedad y lanzamos sal porque se creía que este mineral tenía el poder de purificar y alejar la mala fortuna.
Estas prácticas, envueltas en un aire de inocencia y rutina, conectaban con un imaginario colectivo donde lo místico se mezclaba con la vida diaria. Aunque se tratara de revistas conservadoras, las páginas reflejaban la fascinación de la época por todo aquello que tuviera un toque sobrenatural.
Rituales nacionales y el inicio con el péndulo
El artículo también mencionaba que ciertas prácticas eran consideradas “nacionales”, en el sentido de que solo se conocían o realizaban en determinados países. Además, recomendaba un ejercicio como puerta de entrada a la magia: el uso del péndulo.
Para esta práctica se necesitaban objetos comunes: una fotografía, un compás magnético, un cordel y un lápiz o varita recta. La idea era sencilla pero demandaba concentración. Se colocaba la fotografía sobre una superficie plana, se ataba el cordel al compás y se sostenía con el lápiz colocado sobre la foto, manteniendo los codos apoyados en la mesa. Con firmeza, pero sin presión, había que esperar en calma hasta que el compás, funcionando como péndulo, comenzara a moverse por sí solo.
Si el movimiento era vertical —es decir, hacia quien realizaba la prueba— se interpretaba como una señal de compatibilidad y vibraciones positivas entre el “mago” y la persona de la fotografía. Si el movimiento era horizontal —de izquierda a derecha— significaba lo contrario: energías negativas y desarmonía.
Este ejercicio exigía, al igual que otras prácticas mágicas, un grado de concentración mental similar al que se utiliza al “mentalizar” a alguien para enviarle un mensaje sin tener otro medio de contacto, como su dirección o número de teléfono.
El círculo imaginario y la magia de la mirada
Otro de los consejos descritos era el del círculo imaginario. La práctica consistía en visualizar, con el “ojo mental”, un círculo con un punto en medio sobre la nuca de un extraño. Si se dominaba la técnica, esa persona terminaría rascándose el punto o volteando a mirar hacia quien lo “dibujó” mentalmente, como si hubiera sentido un cosquilleo invisible. Una forma sutil y mágica de llamar la atención de alguien.
Saber la hora con un anillo y un vaso
También se explicaba una manera curiosa de conocer la hora con ayuda de un péndulo improvisado: un hilo grueso, un anillo y una copa. Se ataba el anillo al extremo del hilo, se sostenía con firmeza entre los dedos y se dejaba suspendido dentro del vaso. Tras unos segundos de concentración, el anillo comenzaba a moverse y golpear las paredes interiores. Cada golpe equivalía a una hora, y los golpes más rápidos y tenues valían por media hora.
El detalle importante era no repetir la lectura de inmediato, pues los primeros resultados podían influir en la siguiente interpretación y “falsearla”. Un recordatorio de que, incluso en la magia, la paciencia y la calma eran esenciales.
La escoba y sus poderes mágicos
La escoba aparecía como otro elemento indispensable para las brujas. Más allá del famoso estereotipo medieval donde era vista como un “platillo volador”, se le atribuían usos mágicos que sobrevivieron hasta los años 70.
Una de las prácticas más populares era colocarla contra la puerta para alejar visitas inoportunas. La puerta, símbolo de salida, ayudaba a que los invitados entendieran —consciente o inconscientemente— que no eran bienvenidos. Otra tradición, extendida en Europa y América, consistía en barrer hacia la calle justo a medianoche del 31 de diciembre para sacar la mala suerte y empezar el año con energías renovadas.
Pero no todo era positivo: existía también la superstición de que barrer la casa de noche podía traer desgracias, pues se creía que expulsaba la buena suerte y atraía influencias negativas. Por eso, muchas familias mantenían una escoba en el jardín o el patio como amuleto protector contra espíritus y malas energías.
Entre superstición y cultura pop
Lo más curioso es cómo estas tradiciones han sobrevivido hasta hoy. Muchos de esos actos que en su momento se catalogaban como “magia blanquísima” siguen presentes en nuestra vida diaria. Tal vez no lo pensemos como brujería, pero en realidad forman parte de una herencia cultural que combina superstición, creencias populares y costumbres transmitidas de generación en generación.
Al final, la magia no siempre se viste de rituales elaborados: a veces se esconde en un simple gesto, en un juego mental o en un objeto tan común como una escoba.
¿Y tú, qué opinas?
Ilustración que representa una figura mística con escoba, simbolizando la magia y las creencias populares, acompañada de animales y un caldero.
¿Has intentado alguna de estas prácticas o conoces a alguien que aún las use? ¿Te atreverías a probar el péndulo, el círculo imaginario o a barrer la mala suerte en Año Nuevo? Cuéntalo en los comentarios y acompáñame a seguir explorando cómo la cultura pop, lo cotidiano y lo místico siguen cruzándose en los lugares más inesperados.
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