/𝙈𝙞𝙘𝙧𝙤𝙧𝙧𝙚𝙡𝙖𝙩𝙤/
Llevo semanas despertándome a las tres de la mañana con la sensación de que el pasillo es más largo de lo que marca el plano de la casa.
Los perros no mienten; ellos ven lo que nosotros nos esforzamos en ignorar por pura salud mental.
Anoche dejé la cámara del salón encendida.
Max, que normalmente duerme como un tronco, estaba inquieto.
En la grabación se ve cómo levanta la cabeza, con esos ojos brillantes fijos en la oscuridad del fondo.
Al principio creí que era una corriente de aire, hasta que vi la silla.
Esa silla no debería estar ahí.
Pero lo peor no fue ver cómo se movía sola hacia el centro del pasillo con un chirrido seco que me heló la sangre al escucharlo en los cascos.
Lo peor fue lo que vino después.
Un tirón invisible, algo con una fuerza que no pertenece a este mundo, enganchó a Max del collar.
No fue un juego, fue un arrastre violento, una invitación forzada hacia esa oscuridad del fondo que parece tragarse la luz.
He revisado el vídeo cien veces.
No hay hilos, no hay trucos.
Solo el pánico de un animal que sabe que lo que hay al final del corredor tiene hambre y no tiene rostro.
Ahora estoy aquí, sentado en la cama, escuchando cómo Max gruñe en el salón mientras el sonido de una madera rozando el suelo se acerca, despacio, hacia la puerta de mi habitación.
No quiero mirar por la rendija.
Porque sé que la silla ya no está en el pasillo.
▂▃▅▆█▆▅▃▂
#terror #paranormal #miedo #historiasdeterror #espíritus #noche #misterio #perros