¿Sabían que la lucha libre mexicana, tal como la conocemos hoy, nació de la visión de un ex teniente del ejército llamado Salvador Lutteroth González?
En 1929, mientras trabajaba en la oficina de recaudación de rentas en Ciudad Juárez, Lutteroth cruzó la frontera hacia El Paso, Texas, y quedó impresionado por un espectáculo de lucha profesional en el Liberty Hall. Cuatro años después, el 21 de septiembre de 1933, fundó la Empresa Mexicana de Lucha Libre (hoy CMLL) en la antigua Arena México, que en ese entonces era poco más que una bodega con techo de lámina.
El uso de la máscara no fue una tradición prehispánica rescatada, sino una solución práctica de 1934. Un luchador estadounidense conocido como "Cyclone" Mackey no quería ser reconocido en México, por lo que pidió al zapatero Antonio H. Martínez que le confeccionara una capucha que se ajustara perfectamente a su rostro. Así nació "La Maravilla Enmascarada", el primer personaje que utilizó este recurso que hoy es el símbolo máximo de este deporte-espectáculo a nivel mundial.
A diferencia de la lucha estadounidense, que en los años 30 era más estática y de agarres a ras de lona, los luchadores mexicanos —encabezados por figuras como Murciélago Velázquez y El Santo— introdujeron lances desde las cuerdas y acrobacias aéreas. Esta adaptación se debió a que los deportistas mexicanos eran generalmente más bajos y ligeros que los extranjeros, por lo que necesitaban utilizar la agilidad y la inercia del ring para compensar la diferencia de peso, creando así la "escuela mexicana" de lucha aérea.









