Litio: empresas chinas se consolidan en Latinoamérica sin transparencia ni estudios ambientales completos | INFORME

La investigación del Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA) expone casos de Argentina, Bolivia, Chile, México y Brasil. Las empresas chinas operan sobre humedales altoandinos, sitios Ramsar y territorios indígenas bajo marcos legales que prioriz...

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Partido Pirata: los activistas anónimos que resguardan "bienes digitales" y salvaron el archivo de Télam

Guardan el anonimato hasta niveles inauditos. Son ¿decenas? ¿cientos? ¿miles? “Todavía no tenemos los datos del último censo” responde, irónico, un pirata del otro lado de la única plataforma en la que parecen sentirse a gusto: Telegram. “Pero hay de todo, desde gente de más de cincuenta, pibes de mi edad y mucha gente entre treinta y cuarenta”, arriesga. A veces se encuentran cara a cara en eventos como el Cibercirujeo que acaba de celebrarse hace algunos días. Otros no llegan a conocerse nunca en esta dimensión (la física) pero saben de los demás lo único que les interesa saber: que al otro le importa la libertad, lo colectivo, la protección de lo que llaman “bienes comunes digitales”. Eso construído de a muchos y que debe –sostienen– seguir siendo de acceso libre, público y gratuito. No importa si se trata del conocimiento generado colectivamente y preservado en el portal de Educ.ar, de todo lo publicado por el extinto Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad o –su último gran logro– el archivo de la agencia Télam. Para “les pirates” (como se nombran) hay un acervo cultural que es y debe seguir siendo de todos.    Son todos y ninguno, cualquiera y nadie. Sombras parlantes que responden a las preguntas sin revelar nunca sus identidades. Tanto que en una conversación de semanas los nombres propios serán no más de dos o tres. Del otro lado habrá siempre un cyborg llamado Kropotkin o un bot de apelativo de René Montes, aun cuando ambos encierren multitudes. “Un cyborg es un organismo cibernético. Es decir, una persona aumentada por la tecnología que permite que múltiples personas estén pendientes de este chat y contesten en forma anónima pero con una identidad colectiva”,  explicarán cuando se pregunte al respecto.  La aclaración no es casual: para el Movimiento, Partido Pirata o el muy argentino Partido Interdimensional Pirata (cambian de nombre, estrategias y tácticas según el país) no es lo individual lo que cuenta sino la acción colectiva, la única –dicen– que  transforma y asegura que lo de todos siga siendo para todos. Y eso, en un momento en donde cada cosa –desde las semillas hasta las ideas– tiene o tendrá dueño, es potencialmente peligroso. Por eso en los intercambios con este diario, que serán muchos, en distintos días y a las más diversas horas, la mayoría de las veces se conversará con un cyborg que, apenas da la bienvenida y saluda, avisa que usa “pronombres neutros” y pregunta por los propios. Defienden un espacio invisible en donde cada quien se sienta a gusto y pueda conversar en paz. “Además, somos cuidadoses porque sabemos lo que pasa. Incluso hemos entrenado a otras organizaciones en temas de autodefensa digital. Hubo gente que no se cuidó tanto con lo de Educ.ar y hubo algunas indicaciones de riesgo pero se atajó a tiempo la situación”, explica el bot.  Habla de sabotajes. De los cientos de ataques (cibernéticos, y de los otros) que sufrieron las huestes piratas sólo por haber salido a defender los bienes comunes digitales. Por enfrentar a la motosierra gubernamental con miles de agentes tan efectivos como invisibles.  El poder de las sombras Los diálogos serán entonces sí o sí vía Telegram (ninguna de las plataformas comerciales parece ser del agrado de los y las piratas, aún cuando sólo en Twitter tengan más de 9.000 seguidores) y todo –hasta responder algunas pocas preguntas para este medio– se analiza y decide en grupo. Como buenos piratas, su llamado a la revolución digital tiene mucho de provocación (“Apostatemos de las redes sociales de vigilancia masiva”, invitan en X) y funcionan en mini equipos de tres personas llamados, cómo no,  “barcas”.  Cada barca se dedica a un tema específico (feminismo, ecología, derecho a reparar, transfeminismo, archivo, etc) y todas hacen de la libertad y la defensa de lo público dos de sus banderas más agitadas. Precisamente por eso toda práctica privatista (no tener libre  acceso al código fuente de las tecnologías que utilizamos a diario, por ejemplo, o estar condenados a no poder reparar ninguno de los dispositivos que alguna vez compramos) es para quienes integran este colectivo –y sus simpatizantes en general– poco menos que una afrenta. Algo que va en contra de la idea misma de liberación y comunidad que allá lejos y hace tiempo, en los hipposos tiempos  A.C (Antes del Copyright, antes de que cada computadora y sistema operativo tuviera dueño de una vez y para siempre) era la promesa más sexy de la red de redes: millones y millones de personas conversando, compartiendo libremente conocimientos y aprendiendo juntas.  El final ya lo conocemos; con los años y la expansión vertiginosa del negocio, gigantes tecnológicos como Apple, Microsoft y Google terminaron apropiándose no sólo de la red sino del cardumen en su interior: los clientes y su activo más valioso, los datos. Frente a esto y desde hace ya varios años (“más de veinte”, arriesgan algunos, recordado al Partido Pirata sueco) distintos grupos comenzaron  a organizarse para escapar de lo que no dudan en llamar “una red de vigilancia global”.  “Aún no está escrita la historia del PiP en Argentina, pero tiene como mínimo quince años”, explica René, el bot. “El PiP de acá se desvinculó de los partidos piratas europeos cuando se decidió que no se iba a buscar ser un partido electoral”, aclara. Sin embargo, eso no significó en absoluto que renunciaran a la lucha política en el más amplio sentido de la palabra. Al contrario. Hoy hay barcas abordando temas tan diversos como software libre y antipatriarcal, desobediencia cibernética, derecho a la comunicación, artes digitales, cultura libre y mucho más. “Somos un grupo de personas que busca defender la cultura libre en general y que no tiene interés en participar como una agrupación política formal pero sí en proteger los bienes comunes digitales. Eso surge como una reacción a la amenaza de motosierra del gobierno actual”, precisa. Así fue como, gracias a la acción conjunta y coordinada de decenas de ellos y ellas en Argentina lograron salvar la totalidad del sitio Educ.ar, un proyecto estatal con más de dos décadas de trayectoria y una herramienta indispensable para docentes de todos los niveles. Pero no sólo eso. Hoy en el Archivo Pirata Antifascista se preservan y pone a disposición de cualquiera que quiera consultarlos los archivos de todo lo que ya se borró o corre riesgo de ser borrado. Desde el desaparecido Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad hasta los del Museo Sitio de la Memoria ESMA, todo sigue vivo ahí. “Archivando sitios antes de que sean eliminados” es su divisa.   Contra el gran borrado Una semana antes de que Javier Milei asumiera la presidencia, el Partido Interdimensional Pirata lanzó un comunicado que terminó siendo profético.  “Ante la inminente toma del poder de un partido político que se comprometió a desaparecer el Estado, cerrar Ministerios y avanzar sobre derechos adquiridos, consideramos necesario y urgente salvaguardar una importante cantidad de información y recursos contenidos en diversos sitios web del Estado que están en riesgo de ser eliminados”. Para ese entonces, muchos seguían agitando la bandera de la “campaña del miedo” y perjuraban que nada de todo lo que los activistas del PiP ya olían en el aire terminaría por suceder. Hasta que un día acceder al sitio Educ.ar ya no fue posible y el temible cartelito de “En mantenimiento” hizo su aparición. “Nada indicaba que iban a eliminar 20 años de recursos educativos, ESI, memoria, historia y construcción social”, ironizaba en un tweet del 26 de enero Juan P. Romano, uno de los pocos héroes con cara en todo este lío. “Tampoco que Educ.ar iba a desaparecer tan rápido”.  Y, nobleza obliga, en otro tweet explicaba que “el laburo lo hizo el Partido Pirata, yo nomás redirecciono y guardo una copia para compartir a quien quiera y generar más mirrors”. Así y todo, aquella vez Juan fue la cara visible de algo mucho más grande y recibió piropos de todo tipo y tamaño. Desde “No tenés idea de la inmensidad de lo que acabás de hacer” hasta un simple “Gracias”, la cuenta de Romano explotó de agradecimientos pero también de aprendizajes.  Para ese entonces el sitio completo ya había sido “backupeado”, “torrentizado” y varios verboides más que daban cuenta de la hazaña. Dos décadas de biblioteca colectiva estaban a salvo. Para eso, el ejército anónimo de sandokanes también había compartido las herramientas y los procedimientos para que cualquiera (incluyendo gente sin demasiado conocimiento técnico) pudiera sumarse a la cruzada.  Convocaba explícitamente a la autorganización y a la preservación de plataformas y materiales, entre otras cosas “proponiendo el/los sitios que consideran importantes para preservar en el Archivo Pirata Antifascista (APAF), generando copias de respaldos de código fuente, archivos y bases de datos de los sitios a los que tengan acceso, aportando recursos varios para el alojamiento de las copias de respaldo e involucrando en lo posible a les trabajadores de sistemas de cada organismo”, entre otras tantas cuestiones. Y así fue: hubo quienes ofrecieron espacio de almacenamiento, otros que crearon sitios espejo y otros más que contribuyeron a su modo con la tarea de preservación.  Un escudo, un escudo argentino. Por estas horas, quienes quieran acceder al archivo histórico de Télam se van a encontrar con eso: con una corona de laureles y un gorro frigio, una bandera argentina y  un mensaje: “Página en reconstrucción”. El archivo histórico de la Agencia Estatal de Noticias “cuenta con más de un millón de registros”, según precisa Google, pero lo cierto es que hoy todo ese tesoro está fuera del alcance de los internautas. Los casi ochenta años de historia (TELAM fue creada por Juan Domingo Perón en abril de 1945) fueron borrados.  O eso se intentó. Una vez más, el PiP activó a tiempo su operativo de rescate preventivo  y –también por estas horas, como el escudo– se puede acceder al material en el Archivo Pirata Antifascista.  Como alguna vez aprendimos en la escuela, 451 es, en la escala Fahrenheit, “la temperatura a la que el papel de los libros se inflama, y arde”. El inicio del fuego. Pero ahora que nuestros libros y lecturas son en su mayoría digitales, los procesos de conservación y rescate también deben ser otros. No habrá que memorizar como en la novela de Bradbury, pero sí que funcionar como malla o “personalidad colectiva”, en palabras del bot René Montes. No es el punto lo que cuenta, sino la red. Esa cuyo centro está en todas partes, y en ninguna.   FS/DTC

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🙋 Las imágenes de Google amplifican y refuerzan los estereotipos machistas
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Las imágenes de Google amplifican y refuerzan los estereotipos machistas

El algoritmo de Google Imágenes sigue pensando como un humorista de los años 80. Para este motor de búsqueda, las personas que practican la enfermería son mujeres y los fontaneros no pueden ser otra cosa que hombres. Y no solo eso, sus resultados influyen en la visión de los usuarios y refuerzan estos estereotipos sexistas, al tiempo que los perpetúan a través de los sistemas de inteligencia artificial (IA) que los toman como fuente.   Estas son algunas de las conclusiones obtenidas por el equipo de Douglas Guilbeault en un trabajo que se publica este miércoles en la revista Nature, para el que han analizado más de dos millones de imágenes del buscador y de otras plataformas como Wikipedia e IMDb y las han comparado con los resultados en texto. “Lo que vemos es que la fuerza del estereotipo es mayor en imágenes”, explica Guilbeault a elDiario.es. “Y el resultado de los experimentos nos lleva a pensar que estas no solo amplifican el sesgo de género de las personas, sino que lo refuerzan”. El poder de la imagen Esta es la primera vez que se comparan de una forma tan sistemática las diferencias entre lo que arrojan los resultados en texto con lo que ofrecen las imágenes, según los autores. “En trabajos anteriores solo se habían mirado algunas miles de fotos y no se comparaban con el texto, ni se medían los efectos psicológicos de los estereotipos”, explica el investigador principal, quien recuerda que la razón por la que querían fijarse en las imágenes era que en los últimos tiempos la comunicación diaria se ha movido casi en masa hacia lo visual, espoleada por el éxito de plataformas como Instagram y TikTok.  “Las imágenes son más poderosas que el texto despertando recuerdos y reacciones emocionales, también influyendo en los juicios morales de las personas”, sostiene Guilbeault. “La prueba es que puedes leer un libro como Harry Potter y hacerte una idea del aspecto del personaje, pero en cuanto sale la película su imagen se sobrepone a cualquier impresión que tuvieras antes”. Una “distorsión de la realidad” Para el trabajo, los autores descargaron millones de imágenes y las clasificaron por categorías, mediante el criterio de más de 400 voluntarios y también con sistemas de aprendizaje automático. De este modo, analizaron los prejuicios de género asociados con casi 3.500 categorías sociales, incluidas profesiones como médico y abogado, o roles sociales como vecino, amigo y colega. El resultado fue que los hombres estaban mucho más sobrerrepresentados en los resultados de búsqueda por imágenes que en los textos: el 62% de resultados sesgados en Google Images frente al 56% de los textos de Google News.  “Lo que hicimos a continuación fue examinar, entre todas las categorías, cuáles eran aquellas en las que era más probable que aparecieran hombres”, explica el investigador. Lo que vieron fue que las búsquedas de fontanero, jefe de policía y carpintero tenían más probabilidades de mostrar rostros masculinos, mientras que bailarinas de ballet, estilistas y enfermeras tenían más probabilidades de mostrar rostros femeninos. “De acuerdo a la búsqueda de imágenes de Google, la mayoría de las personas con determinadas profesiones son hombres, lo que sabemos que muchas veces es estadísticamente falso. Es realmente una representación distorsionada de la realidad”. Paralelamente, los investigadores reclutaron un grupo separado de personas que actuó como grupo de control. “Les pedimos buscar descripciones de profesiones y tenían que bajarse la descripción en texto o en imagen”, relata Guilbeault. “Podían hacer esto, durante alrededor de 30 minutos más o menos, y después de eso les pedimos que valoraran el género”, prosigue. “Lo que vemos es que el sesgo de género era significativamente mayor entre quienes veían las imágenes de Google que en el grupo de control. Por eso decimos que las imágenes del buscador tienden a amplificar el sesgo de género de las personas. Porque si, por casualidad, una de estas personas hubiera estado en el grupo de control habrían registrado menos sesgo”. Los autores han hallado resultados que indican que la exposición prolongada a imágenes en línea también puede haber amplificado el sesgo de género implícito de los participantes y que este efecto permanece varios días. En particular, escriben, solo los participantes que habían examinado las imágenes exhibieron un sesgo implícito significativamente más fuerte que los participantes de control tres días después del experimento. “Solo lo probamos tres días después”, señala Guilbeault. “Es probable que despareciera en una semana, pero esto quiere decir que no es una cosa momentánea”. “Nuestros hallazgos son especialmente alarmantes dado que las plataformas de redes sociales basadas en imágenes como Instagram, Snapchat y TikTok están ganando popularidad, acelerando la producción y circulación masiva de imágenes”, concluyen los investigadores. Por este motivo, sugieren que los sesgos de género en la IA multimodal pueden deberse en parte al hecho de que están entrenados en imágenes públicas de plataformas como Google y Wikipedia, que están plagadas de sesgos de género. “Se ha demostrado recientemente que algoritmos como Dall-E tienen sesgos de género”, apunta Guilbeault. “Probablemente porque las imágenes que lo alimentan vienen de ahí, de Google o Wikipedia; es este ecosistema el que perpetúa los sesgos”. Cómo reconducir los sesgos Encontrar soluciones a esta perpetuación de los sesgos será imposible sin colaboración de los responsables de Google. La compañía ya ha reaccionado con torpeza en situaciones anteriores: en 2015, ante la denuncia de que la búsqueda de la palabra “gorila” en Google Imágenes mostraba fotos de hombres negros, la solución fue limitar el etiquetado de estos animales en su aplicación, no mejorar los criterios de búsqueda.  “Su argumento es que no quieren intervenir en lo que la gente busca”, asegura Guilbeault. “Nos dicen que si buscas enfermeras y encuentras más mujeres es porque hay más mujeres que son enfermeras, pero nosotros creemos que es un problema mucho mayor y una conversación pendiente en la sociedad. Porque este hecho de que haya más mujeres enfermeras es más resultado de discriminación a la hora de contratar y sesgos de género de la sociedad”. “No tengo la respuesta al problema —concluye—, pero creo que debería aumentar su interés para arreglarlo”. Helena Matute, catedrática de la Universidad de Deusto, Bilbao, cree que es importantísimo investigar sobre los aspectos psicológicos de la tecnología, como hace este trabajo. Sobre el resultado, considera que es algo a lo que ya apuntaban investigaciones anteriores, pero este trabajo aporta buenas pruebas de esa ampliación del sesgo humano al interactuar con tecnología sesgada. “Además, muestra que unas tecnologías son peores que otras, unos formatos peores que otros”, asegura. “Esto aporta información muy necesaria para corregir el problema”. La doctora en informática Marta Beltrán dedicó su libro “Mr. Internet” (Next Door, 2023) a la falta de perspectiva de género en el diseño de la tecnología a raíz de una experiencia de este tipo con la plataforma de idiomas Duolingo, cuando su hijo estudiaba francés. “Según la profesión, la herramienta te decía que la forma femenina estaba mal porque esperaba que tradujeras el juez y no la jueza, por ejemplo, o que los pilotos solo podían ser hombres”, recuerda. A su juicio, la tecnología no es neutra porque está pensada desde la perspectiva de un hombre blanco heterosexual. “Si te sales un poco del molde, y eres diferente, has desaparecido o tienes otro tipo de posición que no está en el centro”, apunta. Sobre el trabajo publicado en Nature, Beltrán cree que investigaciones como esta son muy necesarias para tener discusiones apoyadas en datos. También considera que es importante localizar la fuente del sesgo, si es la realidad o es el algoritmo quien lo introduce, así como las diferencias en los términos entre idiomas (en inglés existen fórmulas neutras que no hay en castellano, por ejemplo). El caso de Google Images le recuerda al que vivió la empresa Amazon con su algoritmo para seleccionar currículos, en el que si tomas datos de una realidad sesgada, el modelo ofrece resultados sesgados (en aquel caso se entrenaba a la IA con los datos de personas ya contratadas, que eran en su mayoría hombres). La investigadora cree que sería legítimo introducir cambios, de forma consensuada y transparente, aunque siempre teniendo en cuenta que es peligroso que las empresas tecnológicas tomen estas decisiones. “Porque hoy pueden decidir que corrigen eso y mañana corrigen la búsqueda sobre términos antes de las elecciones”, señala Beltrán, “Si se hace, hay que dejar muy claro sobre qué punto de la cadena de sesgos se está actuando”.

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