La cumbre del clima se cierra sin ser capaz otra vez de mencionar el abandono de los combustibles fósiles
La cumbre del clima se cierra sin ser capaz otra vez de mencionar el abandono de los combustibles fósiles
Brasil: potencia ambiental, potencia petrolera
Los tres años más calurosos registrados hasta ahora en el planeta son 2023, 2024 y 2025
Lula: “Fuerzas extremistas fabrican mentiras para defender un modelo que perpetúa la degradación ambiental”
Ecolowhat. Dos años después de que la #UE forzara una histórica petición de abandonar los #combustiblesfósiles, esa flor está marchita. El poder creciente de partidos políticos negacionistas ha conseguido rebajar aún más los planes de la UE que se presentará en la nueva #cumbredelclima
El tirón antiecológico germina en el plan contra el cambio climático de la Unión Europea
Greta Thunberg no es el problema.
Lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a llenar las portadas de los medios de comunicación. Es Greta Thunberg y está consiguiendo que nos fijemos en la conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Porque COP25 significa la reunión número 25 desde que en 1994 entrase en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), adoptada en 1992. Y el debate empezó antes, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en 1972.
Vamos para 50 años de reuniones internacionales al más alto nivel dando vueltas al problema: el modelo de producción y consumo es insostenible. Y empezó a serlo antes de que la mayoría de las personas que leamos esto hubiésemos nacido. Y lo sigue siendo después de que algunos de los ponentes de las cumbres sobre el clima dejasen de estar con nosotros.
La ciencia nos avisa. Los seres humanos emitimos cada vezmás gases de efecto invernadero. La concentración de estos gases en laatmósfera de nuestro planeta sigue aumentando. Las temperaturas del planeta soncada vez más altas y las masas de hielo están desapareciendo. Todo ello es unabomba de relojería que nos está explotando de forma visible y evidente:conflictos vinculados a recursos cada vez más limitados, migraciones que sepueden relacionar con los efectos de la escasez de agua en determinadosterritorios, problemas de salud agravados por las sinergias entre contaminacióny calor, proliferación de especies exóticas invasoras que amenazan cultivos básicospara la alimentación y a otros recursos naturales…
El panorama es desolador. Sí que lo es. Y por eso no podemosquedarnos paralizados ante la evidencia de una emergenciaclimática. Necesitamos una respuesta contundente de los responsablespolíticos. Basar la toma de decisiones en la magnitud del desafío que estamosafrontando como especie a nivel planetario. La buena noticia es que ya ocurrióantes. Cuando, en la década de 1980 se detectó una amenaza que podía acabar conla vida en el planeta: el adelgazamiento dela capa de ozono.
En 1985 contábamos con evidencias científicas sobre el agotamiento de la capa de ozono y sus posibles repercusiones, argumentos suficientes para poner acordar la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono y firmar en 1987 el Protocolo de Montreal sobre las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono, que entró en vigor en 1989. No fueron instrumentos perfectos, pero se han ido mejorando hasta el punto que, a día de hoy, somos más que optimistas en relación al futuro de esta capa protectora de la vida en nuestro planeta Tierra.
Portada del número 21 de Ballena Blanca sobre la COP25Pero con las emisiones de efecto invernadero nos está costando más. Tanto que ha tenido que venir Greta Thunberg a recordarnos que no se está haciendo todo lo posible. Que el tiempo pasa y, sobre todo, que la evidencia científica está pidiendo una acción climática que no ocurre tan rápido como debería. En 25 COPs se han ido dando pasos, y se ha ido fijando hitos que van marcando la agenda global. Pero las emisiones siguen en aumento y la concentración de gases de efecto invernadero no para de crecer.
Del entusiasmo de 1992, en 25 COPs hemos pasado al desánimoy la frustración. Decepción y fracaso son dos palabras que han acompañado, cadavez más, a las últimas reuniones sobre el clima. En particular aquellade París, que a muchos se nos quedó corta. Y es que cada vez se ha hechomás evidente el papel de los grupos de presión que impiden avanzar en lassoluciones al problema que causan las emisiones de efecto invernadero. Comoresultado una creciente desafección: pérdida de interés sobre la capacidad dellegar a compromisos relevantes. Las COP se estaban convirtiendo en un circoitinerante. Un sarao periódico, una excusa para viajar y una forma derelacionarse a cierto nivel… pero un proceso en el que nadie esperaba nada denadie. Un sarao al servicio de las grandes corporaciones y los negacionistas,que consiguen lavar su imagen y ningunear la importancia de frenar lasemisiones de efecto infernadero.
Así, paralizados por el catastrofismo y decepcionados por lafalta de compromiso de los responsables políticos, nos ha cogido Greta Thunberg.Ha venido a avisarnos de lo que nos estaba diciendo la ciencia. Y ese es sudiscurso: escuchen a los científicos cuando se sientan a tomar decisiones. Suprincipal logro es conseguir que mucha gente vuelva a interesarse por estasreuniones de alto nivel y lo que pasa en ellas. Y eso es bueno.
El éxito de Greta Thunberg ha sido movilizar a su generacióna escala global. Ha despertado una conciencia de especie. Y apela a que quienestoman las decisiones tengan en cuenta a quienes sufren las consecuencias deesas decisiones.
Y eso molesta mucho. Molesta a los grupos de presión que habían conseguido esa desafección por las cuestiones climáticas. Los que llevan un par de décadas desinflando los resultados de las COPs han visto que una masa crítica de la sociedad ha vuelto a poner el foco en estos encuentros de alto nivel. Que toda una generación, la que próximamente entrará a formar parte de las discusiones y los procesos de toma de decisiones, ha tomado conciencia de la magnitud del problema y la necesidad de abordarlo con medidas ambiciosas.
Así tenemos toda la maquinaria cargando contra Greta Thunberg. Intentando cuestionar a la persona y al personaje. Porque su discurso y mensaje resultan incuestionables. Pretenden ridiculizar sus gestos. Gestos con los que evidencia lo insostenible de nuestra forma de vida. ¿Quién quiere ir al colegio cuando las emisiones de efecto invernadero amenazan la forma de vida que se enseña en ese colegio? ¿Podríamos hacer encuentros anuales sobre cambio climático si las decenas de miles de personas que se movilizan en esos encuentros tendrían que viajar de forma sostenible? ¿Quién quiere un coche eléctrico si la extracción de las materias primas para fabricarlo se realiza de modo social, ambiental y económicamente insostenible?
No. No se trata de poner a todo el mundo a viajar en barcode vela, se trata de concienciar sobre el impacto del viaje en avión. No. No sepide a todas las niñas y niños del planeta que abandonen la escuela. Se tratade que sean conscientes de que el nivel actual de emisiones de efectoinvernadero compromete su futuro. Y que ese futuro está en su mano, no puedendelegarlo en señores con intereses a corto plazo.
El problema no es Greta Thunberg. El problema son las emisiones de efecto invernadero. Ella simplemente ha ayudado a los medios de comunicación a centrar el foco. Sí, algunos se quedan mirando al dedo que señala, o se entretienen matando al mensajero… no es más que otra evidencia de la capacidad de los más contaminantes para poner palos en las ruedas.
Corresponde a las personas asumir el reto que tenemos por delante y ponernos a trabajar, cada cual en el ámbito de sus responsabilidades, para reducir esas emisiones de efecto invernadero y seguir el camino que nos indica la ciencia para adaptarnos y mitigar las causas de un cambio climático que ya se está manifestando y no va a dejar de hacerlo en las próximas décadas.
La magnitud del cambio y sus efectos dependerán de loscompromisos a los que se lleguen en esta COP25 y en las siguientes, por lo quetenemos que seguir vigilantes, no bajar la guarida y pedirle a nuestrosrepresentantes que se pongan al lado de las personas, que dejen de hacerle eljuego a las corporaciones con intereses a corto plazo y miren por el futuro. Elnuestro, el de nuestros hijos y el de los hijos de nuestros hijos. De los 8.500millones de personas que podrían habitar el planeta en 2030, los 9.700 millonesque seremos en 2050 y 11.200 millones previstos para 2100.
https://productordesostenibilidad.es/2019/12/greta-thunberg-no-es-el-problema/
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Ambientalistas alertan en la Cumbre del Clima: La conservación forestal debe priorizar a las comunidades, no al mercado
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El pacto de la Cumbre del Clima de Dubái pide a los países un "esfuerzo global" para dejar el petróleo, el carbón y el gas. La prórroga de la COP28 ha generado un acuerdo para solicitar a las partes que contribuyan a realizar esa "transición lejos de los combustibles fósiles" y que se "acelere" en esta "década crítica" si se pretende recortar las emisiones de gases lo suficiente para limitar el calentamiento global a 1,5ºC extra como dicta la ciencia. El texto que se ha presentado tras un día y una noche completos de negociaciones extra debido al atasco que había generado, precisamente, cómo afrontar un posible fin de la era fósil. Además de esta petición, también se cita entre las tecnologías que hay que acelerar, las energías renovables, la energía nuclear y la captura y almacenamiento de carbono. ¿El fin de la era fósil? El gran escollo de esta COP ha sido la lucha por incorporar o no el abandono del petróleo, el carbón y el gas. La oposición de varios países petroleros, entre los que se ha destacado Arabia Saudí, ha hecho que se se fueran suavizando las fórmulas para pedir ese final hasta llegar a una proposición del presidente de la COP28, Sultan Al Jaber, que causó rechazo frontal por parte de los estados que sí apoyaban el abandono fósil. La nueva versión que se ha negociado durante la madrugada de este miércoles ha generado una nueva fórmula que no se había manejado hasta ahora. Se ha pasado de discutir durante días si debía producirse un "abandono" o una "reducción progresiva" de estos combustibles a pedirse "transitar lejos" [transition away] de las energías fósiles. Un término usado recientemente por los estados del Pacífico. "La señal que temía la industria fósil está aquí: poner fin a su era", considera la jefa de la delegación de Greenpeace, Kaisa Kosonen. "No es la decisión que el mundo necesita, pero es mejor que lo que había", añade la activista. Al mismo tiempo, el texto pide que se "acelere" esta transición en "esta década crítica" para llegar a las emisiones netas cero en 2050. El texto "reconoce" que hay que recortar profunda y rápidamente estas emisiones de gases para limitar el calentamiento global en 1,5ºC. También aparece en el texto la desaparición "lo antes posible" de las subvenciones a los combustibles fósiles si no sirven para combatir la pobreza energética o facilitar la transición justa. Estas ayudas de dinero público no han parado de crecer desde que se alcanzó el Acuerdo de París en 2015 Las concesiones a los petroleros La mención a dejar atrás el petróleo o el carbón que odiaban petroestados como Arabia Saudí, Kuwait o Irak ha hecho que la "transición", eso sí, incorpore al pacto otras fuentes energéticas como la nuclear o los "combustibles de transición" que es la palabra utilizada habitualmente para referirse al gas, que es fósil. "Esas palabras podrían haber sido escritas por un gran productor gasístico", dicen algunos analistas, como son Emiratos Árabes Unidos, Rusia o Qatar. Además se hace referencia expresa a la captura y almacenaje de carbono que son las tecnologías que estos petreoestados piden continuamente para poder seguir extrayendo y utilizando petróleo o carbón. Esto último ha sido reclamado insistentemente por los productores de petróleo y gas para justificar el uso de fósiles si se atrapan sus emisiones, aunque se le ha añadido que se aplique especialmente en sectores donde es difícil una fuente de energía alternativa. "Estas opciones solo pueden estar ahí porque favorecen los intereses de las grandes empresas", considera el responsable de Cambio Climático de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz. "Detraen las inversiones necesarias para las renovables hacia falsas soluciones que ni existen ni se las espera. Es un puerta peligrosísima. El texto es una cesión a los países petroleros". En este sentido, hay una mención a pedir el abandono progresivo del carbón siempre que no sea mitigado (por esas tecnologías) lo que es el mismo párrafo utilizado en el cierre tormentoso de la COP26 de Glasgow de 2021 forzado por India (este lunes el país asiático anunció sus planes expansión para extraer más mineral y atender así su incremento de demanda ).
El presidente quiere tener un borrador sobre todos los acuerdos este lunes. Ese es el apretadísimo horario que el jefe de la COP28, Sultan Al Jaber, ha trasladado a todas las partes. Y cerrar todo el martes. Viendo la cantidad de puntos todavía lejos de tener propuestas concretas, algunos observadores dicen: "Eso no va a pasar". A la cumbre le quedan unas 48 horas oficiales. Al Jaber se ha llevado este domingo a todas las delegaciones a un salón para hacer una especie de ronda de situación. Todos juntos cara a cara en una misma sala. Lo han llamado un proceso de Majlis que han traducido como consejo de ancianos. La reunión congregaba a los cabezas de delegación (ministro o equivalente) y un asistente, nada más. En un hecho muy novedoso, esta ronda de Majlis ha podido ser monitoreado en directo por observadores. A la vista de lo que han dicho las delegaciones, el éxito o el fiasco están al alcance de la mano. "Quiero que todo el mundo sea flexible y acepte llegar a un compromiso" . La cuestión pivota sobre cómo incluir la noción de abandono progresivo de los combustibles fósiles, pero también sobre de dónde sale el dinero para que países que quieran dejar de extraer y comerciar con carbón o petróleo instalen tecnologías renovables o modifiquen su economía. No se trata de petroestados como los del golfo Pérsico, sino otra categoría que se ha dejado oír con mucha fuerza este domingo en Dubái: son países de ingresos medios o bajos. La voz más fuerte ha sido la de Colombia. La delegación suramericana ha subrayado un aspecto: "¿Quiénes van triplicar las renovables? ¿Aquellos que acceden al capital a un 5% de interés o los que lo hacen a un 30%?" Nosotros debemos cerrar nuestra industria del carbón, ¿Cuál es el incentivo? Cuando nuestro presidente anunció que dejaríamos las prospecciones petrolíferas, el peso (la moneda colombiana) se desplomó la siguiente semana así como nuestro rating para pedir crédito porque renunciábamos a una fuente de ingresos con la que pagar las deudas". Ha obtenido aplausos, dicen los observadores que han tenido acceso a la sesión. Ahí hay un punto evidente de fricción más allá de la oposición sobre el fin de los combustibles fósiles que ha evidenciado la Organización de Países Exportadores de Petróleo con la delegación de Arabia Saudí a la cabeza. "Irak ha tenido el discurso más duro sobre este asunto en esta reunión", revela Javier Andaluz, observador internacional de Ecologistas en Acción. Su postura, añade, ha sido "de ninguna manera vamos a renunciar a los combustibles fósiles". En estE mismo Majlis, los saudíes han insistido en que no puede "señalarse ninguna forma de engería en concreto". Y Bolivia ha hablado de la "hipocresía" de algunos países desarrollados que empujan para que se hable del fin del gas o el petróleo mientras siguen expandiendo los combustibles fósiles "como Noruega, Canadá, EEUU, Australia y otros...". Es una demanda habitual de estos países de bajo o medioS ingresos que, entienden, son exigidos para dejar esa fuente de energía –y de ingresos como también es el caso de Bolivia– al tiempo que los informes de la ONU revelan cómo muchos países tienen planes para seguir extrayendo hidrocarburos. La delegación europea ha insistido en que "no podemos pagar por tecnologías que no existen en este momento para abandonar o reducir los combustibles fósiles" para referirse a las tecnologías de captura de carbono. La vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera, ha recordado que "debemos llegar a un consenso basado en la ciencia". Y la ciencia ha dicho que para mantener la posibilidad de parar el calentamiento global en 1,5ºC hay que reducir casi a la mínima expresión el consumo de combustibles fósiles. El presidente de la COP, Al Jaber, ha repetido (como hacen todos los presidente de COP cuando afrontan la recta final de las conversaciones) que su intención es acabar según lo previsto. La historia no le apoya ya que, de hecho, desde la COP16 de Cancún en México, el menor retraso ha sido de unas 10 horas. El récord de tardanza lo sigue teniendo Madrid 2019 con más de 40 horas, pero es que la penúltima cumbre climática en Sharm el Sheihk también superó las 36 horas de retraso.
El mundo está reunido en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) negociando a cara descubierta sobre cómo poner –o no poner– fin al uso de petróleo, gas y carbón para intentar amainar el cambio climático. "Se trata de un nuevo paradigma", resume la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera (Madrid, 1969) desde la COP28 donde encabeza la delegación de la Unión Europea. Ribera –en conversación con elDiario.es– reflexiona que este 2023 es el momento de la verdad. Ocho años después de alcanzarse el Acuerdo de París, "tenemos la oportunidad de dar un paso adelante". Y ese paso adelante gira en torno a abandonar progresivamente los combustibles fósiles. "Es lo mínimo". ¿Cree de verdad que está al alcance de la mano un acuerdo que pida de alguna manera el fin de los combustibles fósiles? Nada está al alcance de la mano hasta el final, pero lo que sí se siente es una demanda muy fuerte de que haya una referencia clara a la salida de los combustibles fósiles, a la reducción rápida de las emisiones, que se sigan las recomendaciones del IPCC y que veamos esa trayectoria de caída rápida, paulatina de las emisiones y de los combustibles fósiles. Es decir, que quedan obstáculos fuertes... Sí, pero a pesar de todas las dificultades que nos quedan por vencer –porque hay países que tienen miedo de que se ponga en riesgo su seguridad de suministro y que dependen fundamentalmente del carbón, como muchos países en desarrollo–, sí soy optimista. Y vamos a luchar duro en un momento en el que es capital mandar las señales para cambiar las políticas públicas, pero también, la inversión privada y dar el salto acelerado hacia un modelo energético diferente, distinto. Entre las dificultades, ¿sobrevuela todo el rato el intento de que pueda usarse petróleo, gas o carbón si se atrapa parte de los gases que emiten, el famoso término unabated? Hay muchos que tenemos la convicción de que las tecnologías de captura [de carbono] pueden tener sentido en sectores en los que sea prácticamente imposible cualquier alternativa tecnológica como el acero, el aluminio o los fertilizantes. Pero no puede tirarse el dinero a la basura. La inversión en tecnologías de captura tiene que estar dirigida a esos sectores. Pero hay riesgo de que se aplique para todo... Tiene poco sentido pensar en el ámbito del sector eléctrico, donde existen alternativas. ¿Va a ser un punto duro en la conversación? Seguro, porque hay preocupación en algunos países. Y no me refiero a esos grandes países que identificamos como los ricos, un poco cínicos, a costa de los combustibles fósiles, sino a esos otros países en los que todavía hay una muy buena parte de su sociedad que no tiene acceso a formas modernas de energía y sin embargo, tiene mucho carbón en su subsuelo. Ese es un aspecto sensible. ¿Qué podemos ofrecerles a cambio? Tenemos que ser respetuosos con las expectativas de desarrollo de los demás, pero respetuosos también con la necesidad de seguir en una senda de seguridad climática en esta década crítica. ¿Se puso la cosa más difícil al conocerse las declaraciones el presidente de la COP, Sultan Al Jaber, sobre la “falta de evidencia científica” para dejar el petróleo o el gas? No creo que lo haya puesto más difícil. Fueron unas declaraciones profundamente desafortunadas. Y claro que debe llamarnos la atención si alguien dice algo que no es compatible con la ciencia o si pierde los nervios. Pero, sobre todo, lo que le es exigible es que cumpla con responsabilidad sus obligaciones de presidente: sacar lo mejor y que esta COP sea un punto sin retorno, un cambio radical en la senda de las cumbres climáticas y que se convierta en la referencia más importante después de París. ¿Cree que se arrepintió? Pidió disculpas al día siguiente así que creo que sí se arrepintió de esas palabras y de esa grabación. Ahora lo que toca es pedirle que haga su papel, ser el moderador, el líder que permita llegar a un resultado final a la altura de lo que los tiempos y la sociedad nos está pidiendo. Casi al mismo tiempo el ministro saudí de Energía dijo en una televisión que no admitirían un texto que pidiera el abandono de la energía fósil... Lo que demuestra la manera en la que los medios reflejan estas palabras, la reacción y el impacto que tienen las negociaciones... es que estamos debatiendo un cambio de paradigma muy importante. Y, obviamente, cada cual pretende defender sus intereses por todos los medios, no solamente en la sala de negociación sino también trasladar a la opinión pública su propia visión de por qué defiende una u otra cosa. Por eso, por encima del ruido, es capital que el consenso sea adecuado a la altura de las circunstancias. Que sea claro y contundente y en el sentido que marca el Acuerdo de París sin dejar espacio a la confusión. Parece que Arabia Saudí ha tomado el papel de defensor fósil en Dubái, ¿no? Todo el mundo sabe que Arabia Saudí es rico esencialmente a partir de la producción y exportación de petróleo. Y que tiene que hacer una transformación muy importante de su modelo económico. Hasta ellos lo descuentan. Aquí mismo, en el centro de conferencias, una amplísima mayoría de ciudadanos y de países está exigiendo ir más allá de lo que hasta ahora Arabia Saudí ya ha estado dispuesto a firmar. En esta edición se ha batido el récord de delegados en representación de empresas de gas y petróleo. ¿Están las negociaciones demasiado influenciadas por esta industria? La lista es muy autoexplicativa. Estamos en una zona del planeta en la que la mayor parte de los vecinos, aparte de los de los anfitriones, son países productores de gas y petróleo. Por tanto, siempre hay una cierta tendencia a que haya más personas que viven en la zona donde se está celebrando la conferencia. Pongamos que son 3.000 y por lo tanto 3.000 lobistas. Los delegados son unos 100.000. Es absolutamente abrumador que haya 97.000 de los que nadie puede pensar que estén a favor del sector gas y petróleo, sino más bien al contrario: no hacer perdurar la era de los combustibles fósiles, sino garantizar facilitar la era de la seguridad climática. Si en esta COP se exige triplicar las energías renovables, precisamente el del gas y el petróleo son sectores que invierten poquísimo en esas fuentes verdes... Uno de los objetivos imprescindibles es cambiar los flujos financieros. Que a nivel mundial tengan una garantía de ser compatibles con la seguridad climática, que se dediquen a invertir masivamente en construir resiliencia, en infraestructuras que nos permitan garantizar agua potable, agricultura en condiciones extremas, a un sistema energético distinto, ciudades diferentes, un montón de dinero público y privado que debe estar centrado precisamente en la seguridad climática. Hasta ahora el dinero para hacer esas cosas aparece con dificultades. Desde París hemos dedicado demasiados recursos, probablemente más que los recursos dedicados a la acción climática, a cosas que nos siguen haciendo daño desde el punto de vista de la seguridad climática. El debate de la situación financiera ha de abrirse aquí para que haya una decisión el año que viene. Y en ese contexto debemos contar con las transferencias de dinero público a países muy vulnerables, pero debemos contar con más recursos. La Unión Europea está pidiendo que las compañías de gas y petróleo en particular, pero las compañías en general que pueden estar contribuyendo a la generación del problema desde el punto de vista histórico inviertan parte de esos beneficios en el crecimiento sostenible en países en desarrollo. También se ha abierto el debate de poder condonar deuda para que esos recursos se dediquen a la seguridad climática. Como con el tema de la energía, llevará su tiempo. Volviendo al asunto de las empresas, ¿deben asumir su responsabilidad a la hora de generar la crisis climática como se les pide a los países? La responsabilidad histórica de los países industrializados es muy importante, pero hay criterios de equidad que son importantes. Hay que buscar cuáles son aquellos actores que, si les aplicáramos el principio de quien contamina paga, deberían estar pagando mucho más de lo que están haciendo en este momento. Ese debate se abre ahora y debe cerrarse el año próximo. Y ahí hay una interpelación directa a las compañías que cuentan con beneficios procedentes de la producción, la exportación, la venta de combustibles fósiles, carbón, gas y petróleo. ¿Se puede hallar una palanca para hacer eso? Normalmente se tarda un poco en acabar de perfilar la decisión final, pero hasta hace muy poco ese era un debate que no se podía abrir y hoy se abre. ¿Una fiscalidad internacional basada en el que contamina paga? Por ejemplo. ¿Por qué vamos a reducir la lista de contribuyentes solo a quienes tenemos responsabilidad histórica? Hay otros actores privados que también tienen una responsabilidad importante en el origen del problema y han ido generando beneficios para sus accionistas sin que se haya puesto en tela de juicio el perjuicio que están causando para los demás. Quizá deban ser interpelados directamente sobre cómo dedican parte de sus beneficios a favorecer un desarrollo sostenible. ¿Casa esa visión con las declaraciones que hizo el presidente de Repsol justo el día de comienzo de la COP sobre llevarse las inversiones de hidrógeno verde de España a Portugal? Necesitamos que todas las empresas dediquen una muy buena parte de los beneficios a reinvertir. Lo he repetido hace muchísimos años. No es hora de repartir grandes beneficios, sino que es hora de reinvertir donde toca. Y donde toca es, en gran medida, en el territorio en el que está ubicada su sede social. Y, a lo mejor también, allí donde se sufren más las consecuencias de las emisiones procedentes de los combustibles fósiles. Este es un debate importante que también interpela a quienes trasladan que están comprometidos con la lucha contra el cambio climático, a quienes muchas veces nos presentan anuncios que tienen una apariencia verde y de compromiso. Pero las cosas no deben quedar reducidas solamente a los anuncios o a la publicidad. En este sentido confío en que también las empresas españolas del sector dediquen sus ingresos a aquello que les puede seguir generando beneficios: cambiar su patrón de de servicios energéticos, pero también comprometerse con quienes más lo necesitan. Al decir que esta cumbre no puede ser exitosa si no se obtiene un mensaje sobre acabar con los combustibles fósiles, ¿se ha colocado el listón demasiado alto? Todo el mundo sabe que no podemos volver a casa sin un mensaje claro sobre la salida de los combustibles fósiles. Y cuando digo todo el mundo es todo el mundo. Por eso van a ser unos días muy complicados. Son conversaciones muy difíciles. Insisto, estamos hablando de un cambio de paradigma importante que no se hace de un día al otro. Pero hoy, este año, esta vez, tenemos la oportunidad de dar un paso adelante que es lo que nos debemos exigir como mínimo. Quedan tres días de reuniones, ¿dará tiempo? ¿Puede cerrarse esta COP en falso? Soy optimista. Y algo que sí hemos ganado a lo largo de los últimos años es la convicción de que contamos con una plataforma en la que poder hablarnos para resolver problemas. Eso es importantísimo. A veces va más despacio de lo que nos gustaría, pero nadie quiere ser el responsable de que la plataforma deje de funcionar. Y como este año que funcione está muy vinculado a los combustibles fósiles, creo que vamos a tener éxito. No he visto a ningún país –incluido obviamente el país anfitrión– que tenga la menor intención de dejar caer algo tan importante, tan precioso como es el Acuerdo de París. Esperemos que el resultado de la COP esté a la altura de las expectativas de todo el mundo.