El peligro de confundir el miedo con la ansiedad clínica
Por qué sentirse nervioso o preocupado de vez en cuando no es lo mismo que vivir con un trastorno diagnosticado por un profesional
En los últimos años, la palabra ansiedad se ha convertido en parte de nuestro vocabulario de todos los días. La escuchamos en conversaciones casuales, la leemos en publicaciones de internet, esta en los memes y la usamos para describir casi cualquier momento de tensión o incomodidad. Si alguien se pone nervioso antes de una entrevista de trabajo, dice que tiene ansiedad; si alguien se preocupa por pagar las cuentas del mes, afirma que sufre de ansiedad. Aunque es maravilloso que hoy se hable abiertamente de la salud mental, esta facilidad para etiquetarlo todo ha creado una enorme confusión entre lo que es una emoción completamente normal y lo que realmente representa un trastorno clínico.
El miedo, la preocupación y los nervios son herramientas biológicas que tu cuerpo utiliza para protegerte y ayudarte a reaccionar ante los problemas de la vida diaria. Sentir que el corazón se acelera antes de dar una presentación o experimentar un vacío en el estómago al tomar una decisión importante no es una enfermedad, es simplemente tu sistema nervioso haciendo su trabajo. El verdadero problema comienza cuando cruzamos la línea del autodiagnóstico basado en lo que vemos en redes sociales, asumiendo que cualquier racha de estrés nos convierte en pacientes con un trastorno mental.
Un Trastorno de Ansiedad diagnosticado es una condición médica y psicológica mucho más profunda que un simple día de estrés elevado. Para que la psicología clínica considere que la ansiedad es un trastorno, esta debe ser desproporcionada, presentarse sin un peligro real aparente y prolongarse durante meses, afectando de forma severa la capacidad de una persona para trabajar, estudiar o relacionarse con los demás. Se acompaña de síntomas físicos intensos como ataques de pánico, opresión constante en el pecho, insomnio crónico y pensamientos intrusivos que la persona no puede frenar por sí misma.
Por eso es tan peligroso tomarnos este término a la ligera o asumir que padecemos esta condición sin la evaluación de un experto. Solo un profesional de la salud mental, mediante entrevistas clínicas y criterios científicos estandarizados, tiene la facultad de determinar si lo que experimentas es una respuesta normal al ritmo de vida actual o si se trata de un trastorno que requiere terapia o tratamiento médico. Respetar esta diferencia es el primer paso para dejar de asustarnos innecesariamente y, al mismo tiempo, validar con la seriedad que se merecen a las personas que realmente luchan día con día contra esta enfermedad.
M. P., MSc. en Psicología Clínica
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