"Sí, le habrían gustado esos pensamientos, ese dictamen abrasador, justo, de que la venganza era merecida y había sido infringida. Y que la inocencia de los niños era una mentira, cuando se convertían en herederos, engordaban a base de las malvadas hazañas de sus ancestros.
Aquellos eran, y esto él lo sabía, los pensamientos de la invocahuesos, susurrados en los rincones secretos de su alma. La comprendía bien. Siempre lo había hecho (...).
Quieres que te sirva. Quieres... sí, ya sé lo que quieres. Y que te atreves a llamarlo curación.
Hay una semilla muerta dentro de ti, invocahuesos. Encogida, inerte. En otros, está viva, a veces frágil y medio muerta de hambre, a veces floreciente con una dulce angustia. Esa semilla tiene un nombre, e incluso el nombre sería capaz de agriarte los labios. Ese nombre es compasión.
Llegará el día en que me alce frente a ti y te bese. El día en que te dé a probar eso que nunca has poseído. Y habré de ver cómo te ahogas. Cómo escupes en medio de tu amarga furia. Y entonces, solo para que comprendas qué significa, lloraré por ti.
Llevamos demasiado tiempo huyendo. Nuestro pueblo, nuestro bendito y maldito pueblo. ¿Acaso eres incapaz de derramar una sola lágrima por ellos, invocahuesos? ¿Por tus hijos putativos? Vivieron bien durante su lento fracaso, lo bastante bien... enséñame esa escena que nunca llegué a ver, el momento que no conocí, cuando me enfrenté a los primeros humanos. Háblame de la sangre que derramé, del eco de mi último crimen, únelos los dos, como si la justicia fuera una máscara que uno se pone una y otra vez.
¿Crees que soy un necio?"



