"Con gestos, aquellos tres intentaron ahuyentarnos. Aquella tierra era suya ahora, para cazar. Nosotros éramos los intrusos. ¿Recordáis cómo nos sentimos? Les vi las caras, los miré a los ojos, y vi la verdad.
Para aquellos extranjeros no éramos más que ranag, no éramos más que bhederin, no éramos más que pran’ag.
Matarlos no cambió nada. La sangre en nuestras armas nos debilitó de puro horror. Por favor, os lo ruego, esforzaos por recordar esto.
Aquel fue el día en que el mundo empezó a morir. Nuestro mundo.
Contadme lo que recordáis los que os enfrentasteis a aquellos salvajes de caras romas, sus cuerpos chaparros, sus cabellos rojos y rubios. Decidme lo que sentís, vuestra indignación al ver que no se acobardaban, vuestro ultraje cuando os cortamos.
Sabíais que volveríais de nuevo, en un número mayor del que nadie podría imaginar. Y que nos cazaríais, nos perseguiríais, nos hostigaríais hasta fríos valles y cuevas en acantilados sobre mares revueltos. Hasta que nos quedásemos solos. Y entonces, por supuesto, os volveríais unos contra otros.
Si os atrevéis a recordar esto, entonces comprenderéis. Yo soy el asesino de niños, de vuestros niños... ¡no! ¡No me mostréis el horror! ¡Son vuestras manos las que se tiñen del rojo de la sangre de mis hijos! Ya no podéis matarnos, pero nosotros a vosotros sí, y eso habremos de hacer. Somos la espada de los recuerdos antiguos. Recuerdos de fuego, recuerdos de hielo, recuerdos del dolor que nos causasteis. Yo habré de responder a vuestro crimen. Yo habré de ser la mano que trae vuestra aniquilación total. Hasta el último niño."



