"—Te he preguntado por una causa que sea digna.
—Sí, salvar el mundo. Eso podría valer.
Yedan la miró.
—¿Podría?
—Ya, uno pensaría que salvar el mundo es una razón lo bastante buena como para hacer lo que sea, ¿no?
—¿Y no lo es?
—Siendo como es la gente... ya veremos.
—Te falta fe, capitana.
—Lo que me faltan son pruebas de lo contrario, señor. Aún no lo he visto, en todos mis años. En tu opinión, ¿qué es lo que hace a un criminal?
—Estupidez y avaricia.
—¿Y aparte de eso? Yo te lo diré. Es mirar alrededor, con mucha atención. Es ver lo que hay de verdad en el mundo, y quién gana siempre, y es decidir que la desesperación sabe a mierda. Es decidir hacer lo que haga falta para escapar a ella, para ganar lo que puedas por ti mismo. Y también es condenar a tus congéneres humanos a las penurias que les alcancen, aunque esas penurias vengan de tu propia mano. Hacerle daño a otro ser humano es anunciar tu odio hacia la humanidad, pero la mayor parte del tiempo lo que piensas es que devuelves odio hacia algo que ya te odiaba a ti antes. Una ladrona roba y se dice que está nivelando una balanza trucada. Así podemos dormir por la noche, ¿sabes?
—Bonito discurso, capitana.
—He intentado dejarlo lo más corto posible, señor.
—Así que realmente careces de fe.
—Tengo fe en que lo peor de la humanidad no es difícil de encontrar. Nos rodea por todas partes, amargo como una vesícula agujereada, día tras día. Es el hedor al que todos nos acostumbramos. En cuanto a lo que es lo mejor para el mundo... quizá sea así, pero yo no apostaría todo mi dinero a ello."


