12. Una obra maestra (Lorenzo Caudevilla). Un cómic sobre el patetismo de un escritor con un ego infinitamente superior a su talento. Gráficamente hipnótico pero la historia se queda un poco corta.
12. Una obra maestra (Lorenzo Caudevilla). Un cómic sobre el patetismo de un escritor con un ego infinitamente superior a su talento. Gráficamente hipnótico pero la historia se queda un poco corta.
13. El morador de las tinieblas (Gou Tanabe). Llevaba mucho tiempo con curiosidad por leer las adaptaciones lovecraftianas de Tanabe y ahora me arrepiento de no haber empezado antes mientras me voy mentalizando de que me va a tocar comprar algunos tomitos más. Aunque siempre he pensado que el manga es un soporte muy agradecido para el género de terror aquí Tanabe brilla de manera especial consiguiendo crear un ambiente desasosegante que hace justicia a los relatos del maestro de Providence. Y, sobre todo, me ha impresionado cómo logra captar el progresivo viaje a la locura de sus protagonistas.
14. La filosofía helenística (Carlos García Gual, María Jesús Ímaz). Coger algo con ganas es matricularte en un microgrado de historia de la filosofía en la UNED y de buenas a primeras empezar a leerte la bibliografía complementaria 🙃
Un texto accesible que es una buena introducción a las principales escuelas filosóficas del helenismo, principalmente al epicureísmo y al estoicismo porque al escepticismo apenas les dedica cuatro o cinco páginas.
Interesante descubrir cómo Epicuro hace 2500 años ya había inventado la cámara de eco de Mastodon al buscar el placer en la ausencia del dolor y del miedo. Y más interesante todavía ha sido entender que el estoicismo, tan en boga últimamente, tiene muchísimas red flags al tratar no sólo de aceptar lo que nos viene sino también de asumir que todo pasa por un orden superior que no entendemos.
Ahora a leer a marchas forzadas el libro de la otra asignatura de la que me he matriculado y que acabo de descubrir que tengo examen el viernes 😵💫
15. Estoicismo: Diccionario esencial (Álvaro Márquez Guerrero, Magdalena Reyes Puig, Iván de los Ríos Gutiérrez, Myriam Rodríguez del Real, Daniel Rosende). Tras empezar a preparar la prueba de evaluación continua de Historia de la Filosofía Antigua II me di cuenta de buena parte de los temas a desarrollar trataban sobre el estoicismo, posiblemente la escuela helenística que menos me ha gustado durante el estudio de la asignatura y de la que no me veía capaz de escribir nada positivo. Ojeando una librería me encontré este ensayo compuesto por pequeños artículos de apenas tres o cuatro páginas cada uno que me ayudó a tener una visión un poco más clara de esta corriente tan de moda últimamente y que, aunque ha mejorado un poco mi opinión de ella, me sigue pareciendo una oda al conformismo y a abrazar las injusticias con resignación porque todo sigue un plan universal que somos demasiado lerdos para comprender. Divulgativo aunque extremadamente breve, me lo he ventilado en dos horas y eso porque iba tomando notas mientras leía.
16. Sobre el ocio. Sobre la tranquilidad del alma. Sobre la brevedad de la vida (Séneca). Como he entrado en mi fase del tonto y la linde al terminar el libro anterior recordé que tenía desde hace muchísimos años un libro de Séneca en la pila de pendientes que compré mayormente porque era una edición de Alianza que me parecía chulísima. En la introducción el editor dice que encontrar en autores clásicos problemas asimilables a los que podemos tener hoy en día le provoca un cierto Schadenfreude. No es mi caso, a mí lo que me provoca es alivio. Al ver que alguien hace dos mil años lidiaba con los mismos miedos que tú de repente me siento un poco menos raro. Ya entrando en el texto en sí el estoicismo de Séneca se me hace más llevadero, lo encuentro más vitalista y centrado en disfrutar de las cosas buenas de la vida y menos en abrazar resignadamente las bofetadas que nos vayan cayendo por el camino.
17. Contrapaso. Mayores, con reparos (Teresa Valero). Teresa Valero confirma en esta segunda entrega que Contrapaso es posiblemente la saga más interesante del cómic español ahora mismo. Un retrato noir de la postguerra donde cada una de sus viñetas es una carta de amor a un Madrid lleno de contrastes, donde en una página puedes estar en una fiesta de postín en Chicote y en la siguiente rodeado de miseria en una casa cueva de los arrabales. Personajes que estuvieron en ambos bandos en la guerra pero que han salido todos igual de derrotados y que viven con resignación y pequeños toques de esperanza en una España muy gris.
18. Krazy Kat: 1916·1917 (George Herriman). Aunque tal vez no sea la lectura más fácil del mundo sí que es fascinante este viaje en el tiempo a los inicios del noveno arte y descubrir cómo eran los cómics hace casi 120 años cuando el medio estaba prácticamente en pañales y estaba todo por inventar. Ese Ignatz de trazos simples pero increíblemente expresivos es una de mis debilidades comiqueras, durante mucho tiempo lo usé como avatar en diferentes webs. Esta edición de La Cúpula puede ser un poco incómoda de leer y difícil de acomodar luego en alguna estantería, pero la calidad enorme que tiene lo compensa de sobra.
19. Making Rumours (Ken Caillat, Steven Stiefel). La historia de uno de los discos más memorables de la historia del rock que se disfruta aún más conociendo toda la miseria humana que terminó destilada en algo tan bello. Cocaína, cuernos y un poco más de cocaína rodeando a un quinteto de músicos tan disfuncionales como brillantes en una época irrepetible para el rock.
20. La Espada Salvaje de Conan #3 (Frank Tieri, Cari Nord, John C. Hocking, Patch Zircher, Alan Quah). La entrega que más frío me ha dejado hasta el momento y que creo que voy a utilizar como excusa para bajarme del carro. Además se me van acumulando cada vez más cómics en la pila de lecturas pendientes y dejar de comprar publicaciones periódicas y grapas es casi una necesidad. Me sigue pareciendo que esta etapa de Titan es muy aprovechable, pero ahora mismo tengo demasiadas lecturas en paralelo como para poder permitirme seguir comprando por inercia.
21. Raíces de ginseng (Craig Thompson). Cuando releí hace no mucho Blankets, del mismo autor, encontré una obra que con el paso de los años había perdido buena parte de la fascinación que me causó en su primera lectura. Me pareció una obra que dejaba pasar de largo los temas más interesantes y se centraba demasiado en un romance adolescente. Ahora lector y autor somos 20 años más viejos y la fascinación ha vuelto. Este tomo usa el ginseng como excusa para reflexionar sobre la identidad, la familia, la enfermedad, la religión y el buscarse a uno mismo. La honestidad que eché un poco de menos en Blankets aquí desborda las páginas. El dibujo gana muchos enteros gracias a un color basado en el blanco, el negro y el rojo le da una personalidad muy especial al tomo. En algunos momentos de la historia Thompson se plantea si sería capaz de volver a escribir un cómic, estaba claro que sí.
22. La vegetariana (Han Kang). Corea es para las nuevas generaciones lo que Japón supuso para la nuestra, una cultura lejana y exótica que provoca fascinación. Y, al igual que sucede con Japón, la trastienda de esa sociedad oculta muchas miserias. Kang retrata sin ambages una sociedad machista y ultracapitalista donde los individuos no son más que meros engranajes desechables cuya única finalidad es mantener en marcha una enfermiza maquinaria.
23. Para aprender, si la suerte nos sonríe (Becky Chambers). Todavía no he leído demasiadas obras de Chambers pero sí las suficientes como para tener ya claro que me encanta su forma de entender la ciencia ficción en la que busca plantear unos escenarios con una cierta verosimilitud pero que no son en absoluto los protagonistas. La gracia de las historias de Chambers está en los personajes y en las relaciones que mantienen entre sí, en narrar una cotidianidad rodeada del sentido de la maravilla. Además su hopepunk te deja una sensación agradable por dentro mientras te evades unas horas pensando que tal vez, y sólo tal vez, un mundo mejor sea posible.
24. El Renacimiento: La primera filosofía moderna (Rafael Herrera Guillén). Leído para preparar Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista II de la UNED. Más que un libro de texto es más bien un ensayo introductorio que hace una presentación a muy alto nivel a los pensadores más relevantes de la época. Tampoco puedes esperar mucha profundidad ya desde el índice cuando descubres que se van a tratar prácticamente 30 filósofos en unas 200 páginas. El autor mantiene un hilo conductor a lo largo de todo el libro centrándose en el Renacimiento como liberación de la garra de la escolástica aristotélica impuesta por la iglesia católica durante demasiados siglos. En general ha sido una lectura agradable pero me quedo con la incómoda sensación de que intenta abarcar demasiado y me deja con demasiados deberes pendientes si de verdad quiero conocer la filosofía de esta época.
25. La Muerte en Trieste (Jason). Recopilatorio de tres historias cortas de Jason, destacando la primera y la segunda y tal vez por ese orden. La tercera me ha dado más la impresión de ser un boceto de una idea que podría funcionar una vez desarrollada que una historia corta que funcione por sí misma. O tal vez es que simplemente la idea de un grupo de súper héroes formado por miembros de bandas de Nuevos Románticos tampoco me llame demasiado la atención.
26. Los scouts de Bone (Jeff Smith, Tom Sniegoski, Stan Sakai, Katie Cook, Matt Smith, Scott Brown). Cuantísimo tiempo sin leer nada de Bone, una saga de adoro y que nunca entenderé por qué nunca llega a dar ese pequeño salto de popularidad que le falta para convertirse en el icono de la cultura popular que merece ser. Esta colección de tres aventurillas contadas alrededor de una hoguera puede funcionar como introducción al universo de Bone para los pequeños de la casa antes de adentrarse en los 9 volúmenes de la saga original (o las 1300 páginas del integral si tienen ya unos brazos fuertotes). Y además tiene el extra de ver a Stan Sakai dibujando a Bone, y ese combo es insuperable.
27. Meditaciones (Marco Aurelio). Más de moda que nunca y me atrevería a decir que un tanto manchado por ser el filósofo de cabecera de gymbros e incels. El estoicismo ha sido mi rama menos favorita al estudiar el helenismo porque esa máxima de que “el destino guía a quien lo acepta y arrastra a quien se resiste” es un mensaje muy peligroso. Normal que un estoicismo retorcido y pervertido sea abrazado por los sacacuartos que pretenden cobrarte una pasta por decirte que te levantes a las cuatro de la mañana para hacer burpees. Es también un buen ejemplo de que a veces separar al autor de la obra no es aconsejable. Y es que el que alguien haya sido puesto a dedo como futuro emperador por Adriano es un contexto bastante relevante a la hora de leerle predicar sobre la necesidad de supeditarse al destino. Aún así, lectura muy interesante para entender el estoicismo romano cuya influencia todavía llega al día de hoy. Y es que, ¿a quién no le va a gustar un estoico romano del siglo segundo?
28. Disrupción (Dan Lyons). Un ensayo sobre la demencial cultura corporativa de las startups tecnológicas, con el punto de vista de un trabajador que se reinventa pasados los 50 y publicado por Capitán Swing. Todo pintaba bien para resultarme interesante. Pues decepción por partida triple.
El planteamiento parecía prometedor y es cierto que consigue transmitir las absurdeces que muchas veces rodean a las startups y al capital riesgo. Pero todo esto está lastrado por un autor absolutamente insoportable y engreído que a pesar de venderte la premisa de que esta es una historia de reinvención en el texto queda claro que no solo no conocía nada de la industria a la que se iba sino que tampoco tenía mucha intención de aprender.
Al final esto es poco más que una pataleta de un boomer engreído que se queja de no poder hacer chistes de pollas en la oficina.
Decepcionante.
29. Malditos (Nacho Herrero). Novela y autor totalmente desconocidos para mí hasta que me la regaló @eolica estas navidades procedente de una librería afectada por la DANA del año pasado. Ha sido una sorpresa agradable, sin llegar a ser perfecta no solo se disfruta sino que además por momentos es un pasapáginas que me costaba soltar. Aunque hay subtramas como las de la escena musical o las tribus urbanas que me dieron bastante igual, el ambiente general de moderada nostalgia hacia una Galicia que ya no existe una vez llevas ya demasiados años fuera sí que me ha llegado a la patata.
30. Entre críticos y pifias (Domingo Cuenca Osuna). Libro del autor del magnífico blog Rol de los 90 que no se limita a ser un refrito de artículos del blog sino que usa todo el conocimiento acumulado en este a lo largo de los años para dibujar la historia de esta afición con una permanente mala salud de hierro.
Ha sido un ejercicio de nostalgia fortísimo que por momentos me ha dejado un poco tocado no tanto por ser consciente del imparable paso del tiempo sino por darme cuenta que hay ciertas aficiones como el rol que no pude desarrollar tanto como me hubiera gustado por diferentes razones.
Es duro mirar atrás y darte cuenta de la obsesión y conocimiento enciclopédico que adquiriste de determinados hobbies que en el fondo no pudiste practicar tanto.
Una vez superada esa primera lectura un tanto negativa empieza a surgir la nostalgia bien entendida y rebrotan mil recuerdos con amigos alrededor de una mesa, de la ilusión y trabajo que ponías para preparar cada sesión, de los manuales que leíste una y mil veces…
Y empiezas a atar cabos y comprendes que el rol fue el lugar seguro de un niño y adolescente un tanto raro y que años después ya en la universidad le ayudó a encontrarse con otros como él y de repente sentirse menos raro.
31. Mausritter (Isaac Williams). Un juego de rol pequeñito pero muy especial y de lo que he leído últimamente lo que veo más factible de llevar a mesa. En parte se podría considerar OSR por la experiencia que busca transmitir, el hexcrawling y lo despiadado que parece ser con los personajes, pero por otro lado su simplicidad y alguna mecánica bastante acertada le dan un toque moderno. Son muy pocas páginas pero consigue inspirar un sentido de la maravilla a pequeña escala muy interesante. Me ha encantado, soy fan desde ahora mismo.
32. Veneno en la ciénaga (J.J.M. Veiga, Tania Herrero). Una virtud que no se le puede negar a Mausritter es su simplicidad bien entendida. Esta breve campaña se limita a describirte unos cuantos hexágonos de un mapa y deja los detalles a discreción del director de juego. La campaña huye de descripciones concretas y precisas y más que una carencia es una virtud que recupera una simplicidad y libertad que se estaba perdiendo en el rol moderno. Mención especial a las ilustraciones de Tania Herrero que está sacando últimamente unos materiales roleros para quitarse el sombrero.
33. Más allá de las tierras de la Marca #1 (Alex Damaceno). Después del hype que me produjo leer un par de manuales de Mausritter seguidos me ha dado por seguir dando salida a más material del mismo estilo que tenía esperando pacientemente su turno en la pila de pendientes. Y aquí desgraciadamente se me ha bajado un poco el suflé. Este manual que aunque agnóstico en cuanto a sistema ha sido publicado por La Marca del Este me ha parecido tan bonito en ilustraciones como vacío en contenido. Si leyendo Mausritter encontraba ganas de jugar a raudales entre sus parcos detalles aquí en cambio sentía que estaba leyendo descripciones sin alma acompañando a un diseño gráfico precioso. Decepcionante y una vez leído a la pila de manuales que jamás usaré. Está al lado de la pila de manuales que tampoco usaré pero que al menos me gustaría poder hacerlo, siendo realistas.
34. Una órbita cerrada y compartida (Becky Chambers). Sin llegar a poder decir que me haya decepcionado sí que me he encontrado aquí a una Chambers que se aleja de la estructura que más me gustaba de sus obras: un grupo de gente encerrada en un espacio constreñido donde las relaciones entre los personajes es lo más importante. Aquí ya no hay un único escenario ni un único grupo y eso ha provocado que el interés que despertó en mí este libro haya sido menor que con los anteriores. Aún así sigue teniendo ideas muy buenas y leerlo te deja un poso de optimismo que nunca viene mal.
35. Utopía (Tomás Moro, prólogo de China Miéville, ensayos de Ursula K. Le Guin). En un tiempo dominado por discípulos de Maquiavelo y donde el estoicismo mal entendido ha alcanzado la categoría de cultura pop es más necesario que nunca revisitar a Moro y soñar con mundos mejores. Esta edición cuenta con prólogo de China Miéville y finaliza con varios ensayos de Ursula K. Le Guin y no se me ocurren dos autores mejores para esa tarea. Ayudan mucho a contextualizar la obra en nuestros días y nos recuerdan que cada utopía contiene irremediablemente una distopía asociada. Y es que ahora mismo desgraciadamente estamos viviendo una utopía capitalista, al menos si eres billonario.
36. Las aventuras del Capitán Torrezno. Volumen #2 (Santiago Valenzuela). Bendita locura. Tan fantástica como cañí. Imaginación desbordante que por una parte no deja de sorprenderte a cada página pero por otra sientes extrañamente familiar seguramente porque a diferencia de la fantasía anglosajona a la que estamos acostumbrados por el mainstream ésta está construida sobre un sustrato cultural que nos resulta más próximo. Y es que ver cajetillas de Ducados convertidas en artillería despierta recuerdos de aquel niño de los 80 al que su tío enviaba a por tabaco al bar…
37. Bajos fondos (Can Xue). Tiene algo que engancha en su prosa, aunque a veces no sepas demasiado bien de qué va esta fábula en la que una rata nos cuenta sus peripecias en un arrabal de lo que intuimos que es una gran ciudad china destinataria del éxodo rural. Seguramente habría funcionado mucho mejor como cuento que como la novela corta que es.
38. Tímidos radicales (Hamja Ahsan). Un high concept interesantísimo que aunque a veces pincha un poco en general es una buena lectura y una fuente de reflexión. Planteado prácticamente como un falso documental narra la lucha de los tímidos radicales contra el orden mundial extrovertido y sus denodados esfuerzos por fundar la tierra prometida de Aspergistán cuyo himno nacional será el sonido de una caracola que cada ciudadano escuchará individualmente en su propio oído. Es también un llamamiento contra el odio al diferente muy necesario ahora que el mundo parece abrazar con entusiasmo las ideas reaccionarias e identitarias.
39. El arte de la guerra (José-Louis Bocquet, Jean-Luc Fromental, Floc’H). Es un tomo que deja con un sabor de boca un tanto extraño. Es un ejercicio de nostalgia que da la sensación de querer impersonar un tomo clásico de la línea clara. El guión cumple con todos los tropos lo cual no sé hasta qué punto es bueno o malo porque lo que en los 60 podría haber pasado con un interesante tebeo de aventuras a los ojos de un lector actual puede pecar de simple o, al menos, de resultar demasiado familiar o previsible. Pero lo que más me ha sacado es el dibujo. Es una línea clara tan superlativa y exagerada que me llega a resultar artificiosa. Tiene su punto como revival de la época gloriosa de la línea clara, pero no me termina de convencer como cómic moderno.
40. La carretera (Manu Larcenet). Leí la novela de Cormac McCarthy que adapta hace ya muchos años y es posiblemente uno de los libros que peor cuerpo me ha dejado nunca. Hasta ahora había evitado las obras derivadas de esa novela, incluyendo este cómic a pesar de gustarme mucho Larcenet. Pero el otro día me crucé con este tomo en la biblioteca del pueblo y decidí atreverme a leerlo. Diría que me ha dejado todavía peor cuerpo que la novela. Es desasosegante y claustrofóbica, toda una oda a la miseria y a la desesperación. Es jodidamente dura de leer. Lo cual supongo que la hace una dignísima adaptación de la novela.
41. El tigre y el lobo (Adrian Tchaikovsky). Una vuelta de tuerca a la clásica fantasía eurocéntrica medievalizante. Tchaikovsky construye un mundo multicultural basado en la edad de bronce que tampoco es que sea lo nunca visto (hola, Glorantha) pero que sí que deja un poso de frescura que lo convierte en una lectura agradable. Tal vez, como me suele pasar con este autor, un ligero recorte de longitud le sentaría bien pero tampoco se puede decir que se haga pesado.
42. Superman en los 50 (William Woolfolk, Jerry Coleman, Wayne Boring, Otto Binder, Kurt Schaffenberger, Robert Bernstein, Win Mortimer, Al Plastino, Edmond Hamilton, Curt Swan, Bill Finger). En una época en la que los cómics de superhéroes se toman demasiado en serio a sí mismos con unas continuidades que necesitan casi una dedicación a jornada completa para seguirlas se agradece volver a la simplicidad de los cómics antiguos, con numeritos autoconclusivos con el monstruo de la semana. Vale que vistos con ojos modernos esa simplicidad sea excesiva y que sean reflejo de las desigualdades y defectos de su época, pero leer estas aventurillas me ha hecho volver a ser por unas horas el niño que en los 80 releyó una y mil veces los pocos retapados de Novaro que cayeron en sus manos.
43. Súper Humor - Súper López #1 (Jan). Comprado para calmar un pequeño ataque de nostalgia. Por alguna razón a mis padres no les gustaba demasiado que leyese este tebeo y tuve muy pocos Olés de este personaje que además no mantengo a día de hoy. Este primer tomo contiene historias que, tal vez con la excepción de El supergrupo, no me vuelven especialmente loco pero me hacía ilusión tenerlo. La edición no es que sea gran cosa (el papel tiene la calidad justa y no le han puesto demasiado cariño a la impresión del material) pero es más que suficiente para traerme buenos recuerdos.
44. Los platillos voladores, el proceso de la materia y la energía, la ciencia, la lucha de clases y revolucionaria y el futuro socialista de la humanidad (J. Posadas, ilustrado por Marc Torrent). Bendita marcianada (pun intended). Adaptación a panfleto escrito de una conferencia pronunciada por un dirigente trotskista argentino a finales de los 60 que captura perfectamente el ethos de aquellos días. Una mezcla de activismo revolucionario mezclado con la fascinación por los OVNIs que tanto impregnaba la cultura popular. Y muy ingenuo visto con los ojos de hoy. En este tardocapitalismo en el que nos toca vivir la idea de que si los OVNIs vienen a visitarnos tienen que venir de mundos idílicos que han trascendido la lucha de clases provoca ternurica. Si ahora me tuviera que imaginar cómo serían unos visitantes interplanetarios mi apuesta iría hacia más hacia una desalmada corporación tipo Weyland-Yutani que hacia unos colectivistas igualitarios.
45. Astérix en Lusitania (FABCARO, Didier Conrad). Qué lástima ver languidecer de esta manera una saga a la que tanto adoro. El guión de FABCARO es una vez más simplón y perezoso. En un tomo de viajes funciona todavía peor porque los gags se construyen básicamente alrededor de topicazos. El dibujo de Conrad cumple lo que le piden. Desgraciadamente parece que lo que le piden es ser un calco de Uderzo y eso hace que el resultado se note carente de alma.
46. Física para gatos (Tom Gauld). Raro es el recopilatorio de tiras que no peca de irregular. Este no es una excepción a la norma, alterna alguna tira verdaderamente brillante con otras que te dejan más frío.
47. La invasión de los hongos del espacio (Marina Shirakawa). Hijo de su época no sólo por la temática y estilo gráfico sino especialmente por el espíritu que la impregna. Gráficamente se siente vieja y posiblemente se atragante a quien esté acostumbrado únicamente al manga moderno. El tono es pesimista y malrollero, de esas lecturas que una vez las cierras al terminarlas sientes un cierto alivio como si acabases de despertarte de una pesadilla y agradezcas volver a un mundo real que tampoco es que dé mucho menos miedo...
48. Plastic Man ¡Nunca más! (Christopher Cantwell, Alex Lins, Jacob Edgar). Un personaje del que conocía su contexto (un tanto absurdo y alivio cómico, una especie de cruce entre Reed Richards y Masacre pero en el universo DC) pero del que no había leído nada hasta ahora. En esta primera aproximación me ha sorprendido gratamente con un Plastic Man que no se limita a ser un payaso unidimensional sino que se enfrenta a su mortalidad y al peso de su pasado. Gráficamente alterna un dibujo luminoso y casi infantil cuando nos muestra el mundo súperheroico en el que vive Plastic Man como miembro (último mono, pero miembro) de la Liga de la Justicia y otro oscuro y otro feísta cuando nos narra las miserias que vive en su vida privada. Muy recomendable.
49. Drácula (Bram Stoker). Un deses clásicos case imposíbeis de atopar en galego (había unha tradución de Xerais dos 90) até agora. Poucos clásicos poden presumir de ter acadado tanta influencia cultural. Cunha estructura epistolar séntese moi moderna, case coma un falso documental ou unha película de found footage. Trepidante e pura aventura, un clásico que non entendo que aínda non lera.
50. Camelot 3000 (Mike W. Barr, Brian Bolland). Un cómic que grita "¡¡ochentas!!" nada más abrirlo gracias a esos trazos y, sobre todo, esos colores. Con buenas ideas que en general no terminan de aprovecharse del todo sigue siendo un clásico bastante disfrutable.
51. Sandman. Vidas breves (Neil Gaiman, Jill Thompson, Vince Locke). Confieso que le he dado muchas vueltas a si debería seguir con mi proyecto de leerme todo Sandman ahora que hemos descubierto todos los cadáveres que Gaiman tenía en el armario. Tanto que estado algo más de un año sin avanzar hasta que al final, como ya tenía todos los tomos comprados desde hace mucho tiempo y mi dinero ya está en su bolsillo, decidí retomar la tarea. Pero ahora me es imposible leerlo de la misma manera. Lo que antes era bello ahora me parece impostado. Seguiré leyendo la saga hasta terminarla porque patata, pero ya nunca la veré con los mismos ojos.