𝑺𝒖𝒔𝒂𝒏𝒂 𝑻𝒓𝒊𝒎𝒂𝒓𝒄𝒐: 𝒍𝒂 𝒎𝒂𝒅𝒓𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒇𝒊𝒍𝒕𝒓𝒐́ 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒊𝒏𝒇𝒊𝒆𝒓𝒏𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒃𝒖𝒔𝒄𝒂𝒓 𝒂 𝒔𝒖 𝒉𝒊𝒋𝒂
El 3 de abril de 2002, María de los Ángeles Verón "Marita" salió de su casa en Tucumán para ir a una consulta médica y nunca regresó.
Tenía 23 años y era madre de una niña pequeña de dos años.
Su desaparición marcó el inicio de una búsqueda que cambiaría para siempre la lucha contra la trata de personas en Argentina.
Su madre, Susana Trimarco, no esperó a que la justicia actuara.
Denunció la desaparición, recorrió comisarías y comprobó que había una grave inacción, y en muchos casos, complicidad policial.
Con el corazón roto, tomó una decisión radical: si nadie buscaba a su hija, ella lo haría.
A comienzos de los años 2000, Argentina enfrentaba un grave problema de trata de mujeres. Jóvenes y adolescentes eran secuestradas, trasladadas y explotadas, y muchas veces las redes contaban con protección de sectores policiales y judiciales.
Con 50 años, Susana se transformó en investigadora encubierta.
Estudió cómo operaban los tratantes, aprendió su lenguaje y se disfrazó de madama para infiltrarse en prostíbulos del norte argentino.
Allí encontró chicas de apenas 14 años retenidas contra su voluntad, sometidas a abusos constantes y privadas de libertad.
Cada visita era aterradora, pero también necesaria: no solo buscaba a Marita, sino que estaba rescatando a decenas de jóvenes que nadie estaba vigilando.
Durante los primeros años de la búsqueda, Susana contó con la compañía de su esposo, Daniel Verón.
Daniel estuvo a su lado en marchas, denuncias y recorridos por provincias.
Sin embargo, el peso del dolor y la impotencia afectó su salud.
En 2010, antes de que comenzara el histórico juicio contra los tratantes, falleció.
Familiares y Susana relataron que “murió de tristeza”, consumido por la angustia de no saber qué había pasado con su hija.
Su partida dejó a Susana sola al frente de la lucha judicial y de la fundación que pronto consolidaría.
A lo largo de los años, Susana continuó infiltrándose, denunciando y acompañando a las víctimas.
Muchas de las chicas rescatadas fueron recibidas en su propia casa, donde les brindó refugio, apoyo legal y psicológico, y oportunidades para reconstruir sus vidas.
Su lucha tuvo impactos concretos: impulsó la Fundación María de los Ángeles, visibilizó la complicidad de sectores estatales y contribuyó a la sanción de la Ley 26.364 en 2008, la primera ley nacional contra la trata de personas en Argentina.
También logró prohibir los avisos de oferta sexual en diarios (“Rubro 59”), que funcionaban como herramientas de captación para las redes de explotación.
A pesar de amenazas, agresiones y un ataque incendiario a su casa, Susana no se detuvo.
Nunca encontró a Marita.
Su hija sigue desaparecida.
Pero más de dos décadas después, sigue buscando y sigue rescatando a otras mujeres víctimas de trata.
Su nieta, Micaela, que era apenas un bebé cuando desapareció Marita, hoy trabaja junto a ella en la fundación, manteniendo viva la búsqueda.
Susana Trimarco transformó el dolor en acción.
Su historia es la de una madre que enfrentó criminales, redes de complicidad y un sistema que fallaba, para rescatar a víctimas y cambiar leyes.
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