No necesito ser fans -nunca lo fui- para empatizar con las injusticias y las situaciones difíciles que atraviesa la gente.
Por eso me agradó el retorno de una Kesha que se sentió renacida en 2024 con una JoyRide que era ella y agregaba a su perfil musical algunas de las cosas buenas de Marina y de Slayyyter.
La nueva vuelta se parece a la cantante anterior pero sin abusos de por medio. Y tengo dudas de que sea una buena idea, aunque sería absurdo decir que es mala. En ese campo anchísimo del "podría ser mejor si..." se mueve ORIGAMI!
Y en zorrear.
El single es breve y enérgico, la primera es una cualidad sello de estos tiempos, la segunda no tan habitual pero siempre bienvenida. La cuestión es que termina y deja una impresión de que le faltó el pulido. Hasta suena desesperadilla por pitar, por las listas, pese a ese coro a punto de sonar exagerado. Por no hablar del volumen, se siente alto hasta el límite rozando lo desagrdable en los agudos, al menos para algunos oídos. ¿Qué necesidad?
La artista comienza el video con una intro de un minuto donde suelta su origen italiano y luego todo es una ametralladora. Además, casi literal, puesto que al pitcheado vocal y los efectos de distorsión les falta una ráfaga de acompañamiento. Balasera sónica. Está de algún modo.
Como número pop es competente. El despiporre sexual ayuda, tanto que se come la metáfora del origami una poquita... Pero putear es bien siempre que se tenga gana. El video, con cameo de Reno Gold (if you know you know y si no se esperan a la hora golfa), está lleno de cuerpos expuestos, lenguas hiperactivas, culos con personalidad propia como la mano de los Addams, sed de lechita y paquetes que reclaman libertad.
Ella ya la tiene, y la está aprovechando como le sale de la brenca. Ahí ni un pero.
https://www.youtube.com/watch?v=HiLT1jzDZb4
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