Los dos carceleros invisibles de nuestra vida
Para ser libres de verdad, no hace falta romper rejas de metal ni escapar de un cuarto encerrado, sino derrotar a dos enemigos invisibles que cargamos dentro de la cabeza. La mayoría de las personas caminan por la calle sintiéndose atrapadas, pero sus prisiones no están hechas de ladrillos, sino de dos fantasmas muy pesados: el miedo por lo que podría pasar mañana y el dolor por las cosas malas que ya les sucedieron en el pasado. Vivir amarrados a lo que ya pasó o a lo que todavía no llega nos quita la libertad de disfrutar el único momento real que tenemos, que es el aquí y ahora, convirtiendo nuestro día a día en un calvario de preocupaciones y tristezas que nosotros mismos alimentamos.
El primer fantasma es el dolor de las cosas que ya ocurrieron y que nadie puede borrar de la historia. Quien se la pasa recordando sus fracasos, las traiciones o los malos momentos se queda estancado, cargando una mochila llena de piedras que ya no sirven para nada más que para lastimar. El pasado ya se fue y no hay forma de cambiar ni una sola palabra de lo que vivimos, por lo que seguir llorando por los errores de ayer es como quedarse encerrado en una celda por voluntad propia, dejando que los recuerdos viejos manejen nuestras decisiones actuales.
El segundo fantasma es el miedo al futuro, que nos paraliza con preguntas sobre cosas que ni siquiera han sucedido. Pasamos el día imaginando los peores escenarios posibles y sufriendo por problemas que tal vez nunca van a llegar, lo que nos impide avanzar y tomar oportunidades por el puro temor a fallar o a salir lastimados. Para acabar con estos dos carceleros de la mente, hay que poner los pies en la tierra, soltar lo que ya dolió y entender que el mañana se construye con lo que hacemos hoy, viviendo con la mente despierta y libre de cadenas que solo existen en nuestra imaginación.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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