Me resulta intrigante cuando un juego puede describirse funcionalmente como: en tu turno elige una de dos acciones. Sin embargo muchas veces puede resultar en monotonía o estática. Es en las sutilezas de cada acción donde radica la magia de 3 Ring Circus.
El sistema de cartas al contratar artistas es muy original. Se paga por la primera de cada fila y luego la diferencia por las siguientes, llegando a jugarlas gratis si una nueva carta es más barata que la última jugada. Las habilidades en ellas son sencillas de entender pero complejas de maniobrar teniendo en cuenta que se necesita concatenar diferentes tipos de artista para lograr la mejor perfomance. Es también interesante cómo al crecer la troupe se pierde capacidad de movimiento en el tablero, lo cual tiene sentido temático y agrega tensión en lo mecánico.
Al presentar shows hay toda una nueva gama de temas a sopesar. Por un lado esta acción es vital para conseguir dinero y nuevos artistas, pero por otro voy sembrando el terreno para la puntuación que se llevará a cabo en cada región. Tratar de tener la mayoría no solo requiere planificación sino también algo de malicia. Sin embargo, el mejor aspecto de esta parte del juego es que cada show acerca la partida al final al mover la caravana de Barnum, poniendo el reloj en manos de los participantes.
Para cerrar, unas palabras deben dedicarse a la magnífica producción. El tamaño de caja perfecto, un arte colorido, vibrante y evocativo y componentes de lujo que ayudan a meternos en tema.
Con el tiempo de juego perfecto, el balance ideal entre simpleza y contundencia, la grata sorpresa de que aún a dos jugadores va muy bien (considerando que los juegos con control de área tienden a flaquear en ese número) y la cuidada estética 3 Ring Circus es, según mi opinión, el mejor juego de factura propia de Devir hasta ahora y se perfila como uno de mis favoritos de este año sin duda.
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