Anatomía del vínculo afectivo: Entre la alteridad y la proyección del ego
La distinción entre el afecto legítimo y la autocomplacencia emocional radica en el objeto de la valoración. Un vínculo auténtico se fundamenta en el reconocimiento de la alteridad, es decir, en la validación del individuo por su identidad intrínseca y su autonomía, independientemente de la utilidad emocional que represente para el observador. Cuando el afecto se condiciona exclusivamente a la gratificación personal o a la respuesta a necesidades propias, el vínculo se desplaza hacia un ejercicio de egoísmo proyectado donde el otro deja de ser un sujeto para convertirse en un instrumento de validación interna.
La integridad en las relaciones exige un análisis riguroso de las motivaciones que sostienen la cercanía. Si el sentimiento depende de la dopamina generada por el trato recibido o de la seguridad que la presencia del otro proporciona al autoconcepto, se está ante una construcción narcisista del afecto. El amor o vínculo verdadero requiere la capacidad de observar y apreciar la esencia del otro incluso cuando sus acciones no se alinean con las expectativas o el beneficio del ego propio. Un vínculo afectivo real, verdadero, se alcanza al desarticular la dependencia de lo que el otro hace por nosotros para enfocarse en quién es el otro en su totalidad fáctica.
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