🐶Ver a Leo así es desolador.
Ya no queda rastro de ese perro que reaccionaba a las idas y venidas de casa; ahora es una sombra de 14 kilos a la que se le pueden contar las costillas, la columna y ese hundimiento frontal del cráneo que te parte el alma solo con mirarlo.
Anoche casi salgo corriendo a urgencias.
Sus patas ya no le sostienen, le dan temblores y se desploma mientras respira con un esfuerzo que se oye en toda la casa.
El veterinario insiste en que todo es cuestión de ajustar la química de las pastillas, pero la realidad que toco cada día es muy distinta.
Hoy ni se ha inmutado cuando le han sacado sangre; estaba ahí, pasivo, como si se hubiera rendido y nos dijera "haced lo que tengáis que hacer".
He tenido que traerlo medio camino en brazos porque ya no aguantaba más, y ahora me toca calcularle las horas para que coma —obligándole como a un bebé— y para que haga pis, porque él ya solo quiere estar tumbado.
Me mata esa mirada de tristeza infinita.
No sé cuánto más puede aguantar un cuerpo tan flojo, ni cuánto más puede aguantar mi paciencia viéndole así.
🐾🐾🐾







Mi Leo va a hacer 11 años en marzo y la vejez ya se nota.


