Dejemos de repetir la frase: “Hay que perdonar porque es familia.”
Porque aunque suene noble, muchas veces encubre una verdad amarga: que nos enseñaron a soportar lo insoportable, a justificar el daño solo porque viene de quienes llevan nuestro mismo apellido.
Nos criaron creyendo que el amor familiar era inquebrantable, pero con los años descubrimos que no todos saben amar, que algunos confunden la cercanía con el derecho a herir, y que hay heridas que duelen más porque provienen de casa.
La familia debía ser abrigo, no tormenta.
Debía sostenerte, no soltarte cuando más los necesitabas.
Debía protegerte, no convertirse en el origen de tus lágrimas.
Y sin embargo, cuántas veces callamos el dolor por miedo al qué dirán, por temor a parecer “duros”, por no romper con esa idea sagrada de que la familia lo es todo.
Pero no, el perdón no es una obligación, y menos cuando nunca hubo una disculpa.
No puedes cerrar una herida que alguien sigue abriendo, ni seguir abrazando a quien usa el parentesco como excusa para seguir hiriendo.
Hay veces en que el amor propio exige distancia, y eso no te hace malo, te hace consciente.
Tienes todo el derecho de proteger tu paz, incluso de aquellos que comparten tu sangre.
Porque la tranquilidad también se hereda, y tú estás eligiendo que tus hijos crezcan sin el peso del dolor que tú cargaste.
Poner límites no es falta de amor, es respeto por ti mismo, por tu historia, por la vida que estás construyendo con tanto esfuerzo.
Y si tus límites incomodan, si tu silencio molesta, es porque ya no estás dispuesto a seguir repitiendo el ciclo del daño disfrazado de familia.
Porque familia no es quien te da la vida, sino quien la hace más bonita.
Familia es quien se queda cuando todo duele, quien te escucha sin juzgar, quien celebra tus logros sin envidia y te ofrece su hombro sin condiciones.
Esto no es rencor, ni venganza.
Es dolor puro, tristeza acumulada, decepción profunda al descubrir que la sangre no garantiza amor.
Es entender que hay lazos que se rompen porque seguir atados duele más que soltarse.
Y hoy, desde esa verdad, te prometes cuidarte.
Prometes sanar, aunque tengas que hacerlo solo.
Prometes elegir la paz por encima del apellido, el amor propio por encima del deber.
Porque viniste a ser feliz, aunque para lograrlo tengas que empezar de nuevo…
con menos gente, pero con más alma.
Con menos ruido, pero con más verdad.
Con menos “familia”, quizás… pero con más amor del bueno.
©️ Me gustó mucho
#MeGustóMucho 📚📖✍🏻 #mensajedepaz #socilamedia

✡️ 🇵🇸 

