⟡⟡⟡ Es aterrador lo fácil que es vivir creyendo que conoces a alguien, para luego darte cuenta de que solo has estado viendo la película que esa persona ha decidido proyectarte. Puedes mirar a alguien a los ojos, escuchar lo que te dice, y aun así estar completamente a ciegas.
Al final, las palabras son baratas.
Cualquiera puede montar una fachada perfecta, decir lo que quieres oír y sostener una mentira durante años mientras por dentro está en otra frecuencia totalmente distinta.
Es una lección que te deja el cuerpo cortado: nunca tienes el control sobre la realidad del otro, solo sobre lo que decides creerte.
Y esa falta de certezas, cuando te golpea de frente, es lo que realmente te hace replantearte todo.
Es la soledad de entender que cada uno somos una isla, y a veces, ni siquiera nos abrimos del todo nosotros mismos.
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