26 de abril
El golpe [el 23-F] triunfó, a su manera, claro. Obtuvo los objetivos que los cerebros grises, camuflados tras los uniformes militares, se habían propuesto: un año y medio más tarde, se había dirigido convenientemente el voto, y gobernaba el único partido que podía llevar a cabo la reconversión industrial, la reforma laboral, rediseñar la política exterior, sellar la presencial del país en la OTAN sin agitación de ningún tipo, e incluso contener a policías y militares halagándolos sin complejos, y dándoles su parte del león represiva: el GAL. Ocultar eso es la trampa del libro [Anatomía de un instante]. Hablar del fracaso es halagar a quienes obtuvieron beneficios de él, legitimarlos; porque, como he dicho, el golpe consiguió sus objetivos sin prácticamente ningún daño colateral, unos cuantos militares retirados del mapa político, tipos, en el fondo, tan entregados a la causa de España y del rey y tan crédulos como descerebrados. Estorbos para los planes que quien fuese había previsto para nosotros.
Diarios: A ratos perdidos 5 y 6, Rafael Chirbes
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