Para rematar el duro año de mi reincorporación al curro legal, la puntilla, tuve que bajar corriendo a Hacienda. Como no salió mal la cosa y el paisano que me atendió me recordó amablemente a un tío mío, del que herede nombre, decidí al salir hacer una visita a la hermosa escultura que está enfrente, obra de un compañero de clase en la escuela de artes, en la capital del extinto reino astur. (detalles en ALT)
Y claro, por lo que sea, me acordé de ese compañero* que ahora tiene que replegar velas. Me consta que es necesario de vez en cuando parar para reparar, estudiar las cartas náuticas para futuras singladuras, y no olvidar que en los oficios mareantes la derrota es el rumbo… ;-)





