Toni Solano

@tonisolano
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Profe
Hoy se acaba la imposición de las minorías que promueven la repetición y no titulación y que se utilizó en la concreción andaluza para hacer oposición a la LOMLOE.
Bravo por esta sentencia.
Reparación para el alumnado afectado el curso pasado.
Se acabaron los 2/3 #EduAnd #ComEdu
#ComEdu #educación Nuestros compañeros @nolo14 y @tonisolano colaboran en este artículo.
Extraescolares gratuitas y sin salir del colegio. El sistema público requiere incrementar sus recursos para ofrecer actividades vespertinas que complementen lo aprendido en clase.
https://elpais.com/extra/colegios/2025-03-09/extraescolares-gratuitas-y-sin-salir-del-colegio.html
Extraescolares gratuitas y sin salir del colegio

El sistema público requiere incrementar sus recursos para ofrecer actividades vespertinas que complementen lo aprendido en clase

El País
En breve #AulaOJaula en la Institución libre de enseñanza.
Re(paso) de lengua: Aula o jaula. La Escuela en tiempos convulsos #AulaOJaula https://www.repasodelengua.com/2023/10/aula-o-jaula-la-escuela-en-tiempos.html?spref=tw
Aula o jaula. La Escuela en tiempos convulsos

El 6 de septiembre se lanzó oficialmente Aula o jaula. La Escuela en tiempos convulsos , mi primer libro de tirada general. Debo aclarar que...

Toni Solano: "La 'cultura del esfuerzo' justifica la segregación y la selección a partir del entorno social y económico"

Cuando Toni Solano (Montilla, Córdoba, 1968) habla o escribe, el sector educativo escucha con atención. No siempre para darle la razón, pero la opinión del director del Instituto Bovalar, en Castellón, tiene peso. Catedrático de Literatura, algo parecido a un divulgador educativo y escritor, Solano acaba de publicar Aula o Jaula (La esfera de los libros), un ensayo en el que trata de acercar a neófitos al sistema educativo y entra en los grandes debates que cruzan la educación estos años: habla de repetición, de deberes, de contenidos y competencias, del papel de las familias o de cómo el sistema tiende a dejar atrás por la falta de recursos a quien más ayuda necesita. Solano, que acumula una experiencia de 26 años con la tiza, se muestra preocupado por el círculo vicioso que supone la segregación escolar como consecuencia de la segregación social y educativa, critica que la idea detrás del sintagma "cultura del esfuerzo" solo sirve para culpar a los vulnerables de su fracaso, cree que la repetición de curso como tal tiene poca utilidad para la mayoría del alumnado, urge a que la administración actúe contra los problemas de salud mental del alumnado ("los profesores no somos psicólogos") y confiesa que le "duele" cuando ve que un estudiante viene con carencias que le van a llevar a fracasar pero no puede hacer nada porque no tiene los recursos que necesitaría para atenderle como merece. Empiezo con su título. ¿Aula o jaula? Para mí aula. El sueño es que sea aula, no que sea jaula. Jaula muchas veces se entiende en sentido negativo, para evitar que alguien salga. Pero también puede ser en sentido positivo, la jaula también te puede proteger del exterior como cuando bajas a ver los tiburones. ¿Y para el alumnado? En el libro reflexiona sobre el interés que despierta ahora la escuela en la juventud. Hemos llegado a este sistema tan fabril, tan de permanencia... Pasa en el trabajo también, te obligan aunque estés perdiendo el tiempo. Para los chavales depende: a la mayoría creo que les gusta estar ahí, socializan y tienen relaciones, pero es verdad que a muchos se les hacen largas las jornadas escolares. Les gustaría estar en otro sitio o que fueran más variadas y versátiles. ¿Qué piensa cuando oye eso de que el alumnado ahora sabe menos y llega peor preparado tanto a la Secundaria como a la universidad? Pienso que quien lo dice está utilizando modelos de comparación que no son los que tocan. Es habitual comparar libros de texto, por ejemplo. “Fíjate en los que usábamos antes en 1º de BUP y el de 3º de la ESO, que sería el equivalente”. Están comparando 1º de BUP, donde iba el 30% de la población, con un 3º de la ESO al que va el 90% de la población. Estás comparando el ideal de lo que se daba en clase hace 30 años frente al ideal de lo que las editoriales creen que se debe dar ahora. Que esa es otra, comparamos libros pero luego decimos que no usamos el libro. Se dice: “En mi época yo me sabía todos los afluentes y ahora no saben dónde está Alemania”. ¿Pero tú te das cuenta de que eres una excepción, el triunfador de un sistema? ¿Todos los que estaban en esa clase saben lo mismo que tú? Seguramente no. “No se enseña si no se aprende”, escribe. Últimamente se discute mucho sobre la evaluación. ¿Cuál es su visión sobre cómo valorar lo que se enseña? Esta es una discusión muy habitual. El buen profesor tiene que saber mucho, esto lo tenemos claro, pero a uno le pagan por enseñar, no por saber mucho. Esto se olvida sistemáticamente. “Hay que escoger a los que más saben”, se dice. No, hay que escoger a la gente que sabe, pero también que sepa enseñar. A mí no me pagan por ser buen filólogo, me pagan por ser buen profesor. Yo puedo recitar versos de Quevedo a destajo, pero si al primer alumno que me molesta en educación obligatoria lo echo de clase igual no estoy haciendo bien mi trabajo. Mi labor no es recitar, es conseguir que ese chaval aprecie el valor de Quevedo y lo incorpore a su patrimonio. ¿La Lomloe se ha implementado con prisa, sin formar lo suficiente en competencias? El sistema de competencias lleva muchos años... Pero más sobre el papel que real. El problema que subyace es que las leyes, por más que les echemos la culpa, parece que están hechas para que no se cumplan. No digo que todos, pero una ley implantada hace cuatro años sigue siendo una ley en desarrollo que mucha gente no sabe aplicar. Te aseguro que este curso, con tres años ya de Lomloe, todavía hay gente que mantiene sistemas no ya de la LOMCE, sino de la LOGSE. Quizá sea una manera que tiene el profesorado de blindarse ante estos cambios de leyes tan seguidos, que como no llevan aparejada una aportación de recursos para hacerlas efectivas de verdad, para qué te vas a meter a cambiar. Haces lo de siempre. Pero si luego fallan las cosas, le echamos la culpa a una ley que seguramente no estamos aplicando. Otro de los debates recurrentes estos últimos años es el de quienes defienden que se enseñen contenidos frente a quienes están a favor de las competencias. ¿Qué opina? Hay una tendencia a contraponer. Con el carné de conducir hay un examen teórico y otro práctico. Nadie daría el carné solo con uno. Pues lo mismo. Las competencias se desarrollan a través de contenidos. Hay un debate absurdo que dice que quien defiende las competencias quiere enseñar la nada. Es absurdo. Cuando trabajo la literatura sigo trabajando los contenidos. Yo no puedo desarrollar una competencia sin contenido. Lo contrario sí se puede, puedo hacer un enfoque totalmente teórico y no desarrollar ninguna competencia. Tan sencillo como poner un PDF con teoría y mañana examen. Pero hemos llegado a un punto de demonización de las competencias como si fueran algo malo. “Se piensa en el mercado laboral”, se dice. Bueno, la escuela prepara también para el mercado laboral. Es como si hasta ahora la escuela solo hubiera formado eruditos y con las competencias solo formase proletarios. ¿Qué pasa en las redes? Hay unos debates entre docentes muy agrio, con fuertes discusiones e insultos personales entre docentes que piensan diferente. Creo que pasa como en el resto de ámbitos, como la política o el deporte. En el momento en el que nos metemos en unas redes que fomentan el odio y mucha gente escribe desde el anonimato... Yo llevo desde 2006 en redes de profesores y esto ha existido siempre, el trol que se metía en los blogs a hacer comentarios faltones. Cuando escribes con tu nombre es otra cosa, no puedes engañar y decir que haces cosas que no estás haciendo. Pero una cuenta anónima puede decir lo que quiera. Y hablando de opiniones, ¿opina demasiado la gente sobre educación? Es un mal común de las ciencias sociales: “Como entiendo de qué se habla, puedo opinar”. El filólogo Emilio Alarcos decía que como todo el mundo sabe hablar se creen filólogos. En educación todo el mundo tiene soluciones sencillas para problemas complejos. Por eso el libro pretende dar a conocer que el sistema educativo es muy complejo. Ahora sale la inteligencia artificial, el acoso... y todo el mundo tiene opiniones: que los expulsen, que los metan en la cárcel. Pero hablamos de menores, tienen derecho a la educación. Las familias tienen mucho que aportar, los profesores a veces nos olvidamos de que detrás de un niño hay una familia y tiene una visión que nosotros no tenemos y pueden ayudar a que vaya mejor. Pero hay una parcela, la profesional, donde nosotros somos los especialistas y ahí no debería ser tan ligera la crítica. Menciona las familias. Se dice a veces que en los últimos años han pasado de alinearse indefectiblemente con el profesor a defender a sus hijos. ¿Tiene esta experiencia? Muy pocas familias tienen esa visión de negarle las razones al colegio y dárselas al hijo. Hay familias que tienen una visión parcial porque solo cuentan con la versión del hijo, pero ahí fallamos nosotros si no somos capaces de darles la visión completa. Cuando no convocamos a la familia y le explicamos. Nos falta dar más transparencia a la gestión para que las familias estén de nuestro lado. ¿Qué le frustra más como director? La falta de recursos. Lo que más nos duele es ver un alumno que entra en 1º de la ESO, que ves que tiene unas carencias y que estaría bien atendido en un grupo reducido y con una persona de apoyo, pero lo tienes en una clase de 30 sin apoyos. Y vas viendo que va a fracasar y al final se consuma. La gran petición que tenemos es una ratio baja porque te permite actuar mejor. También hay problemas que no vamos a poder resolver, como el chaval que no viene nunca a clase por circunstancias. Si no actúa la sociedad y facilita que la marginación social de sus casas se arregle, yo no puedo hacer mucho. Pero hay casos que se podrían resolver con recursos. Siempre se habla de las ratios, pero no acaban de bajar. ¿Cree que quienes toman las decisiones no son conscientes de todo el bien que haría? La ratio está bajando ahora por la bajada de la natalidad y va a favorecer a la concertada, que es donde menos falta hace porque hay menos abandono. Pero es triste que con la diversidad de ahora –que antes no existía– no los puedes tratar igual. Con 30 alumnos en clase no se pueden tratar de manera individualizada, como dice la ley. Y tienes seis grupos, hablamos de 180 alumnos por curso. Es inviable. Al final van cayendo precisamente los que más necesidades tienen, o los que no tienen una familia detrás. La brecha educativa también es social, es evidente. Se salva el que tiene la familia detrás que le da un apoyo, que puede pagar la academia... Es un problema de segregación social. Hay políticas que lo favorecen y otras que no. Las que apuestan por privatización de servicios públicos favorecen esto. El único sistema que no se reserva el derecho de admisión es el público; el concertado y el privado eligen a quién quieren tener. Esta idea de que tu mayor predictor de éxito educativo es el código postal, la familia en la que naces. Hemos pasado 40 años de escuela democrática, eso se tendría que haber corregido un poco. Pero seguimos con la cultura del esfuerzo, como si fuera cuestión de voluntad. Es como las competencias. ¿Quién no va a estar a favor del esfuerzo? Yo soy muy crítico con el sintagma “cultura del esfuerzo” porque esa etiqueta justifica la segregación y la selección a partir del entorno social y económico. Porque cuando dices “cultura del esfuerzo” dices que si alguien fracasa es porque no se ha esforzado lo suficiente. En mi clase se trabaja muchísimo el esfuerzo, pero lo que no hacemos es que esa cultura del esfuerzo se convierta en un listón y el que llegue se ha esforzado y el que no, no. Igual el que no llega al listón es porque le faltan las piernas o lleva una mochila de 50 kilos, pero el que lo ha pasado lleva unos muelles en las zapatillas. Algunas cuestiones recurrentes para acabar. ¿Cuál es su opinión del sistema de repetición, que la Lomloe trata de desligar ahora del mero suspenso de asignaturas? Nosotros este año, por instancia de la inspección, hemos mirado a cuántos ha beneficiado la repetición de curso. Tendría que repasar los datos, pero en 1º y 2º prácticamente en el 80% no sirve para mejorar. Repiten, y al año siguiente obtienen peores resultados y luego se descuelgan. En niveles más altos, 3º y 4º, acertamos alrededor del 50%. Es algo tan aleatorio y tan poco eficaz que no vale la pena. Lo que vale la pena es que el profesorado considere caso a caso si vale la pena que repitan o no. Y nos podemos equivocar, pero no será en función de las asignaturas suspendidas. Habremos estudiado su situación, si ha tenido un mal año, etc. Me sorprende porque nos quejamos de lo poco que se nos considera, y para una vez que nos dejan nos parece mal. Me ha sorprendido que en el libro cuenta que en la secundaria postobligatoria se ha dado un poco la vuelta a la tortilla: la gente satura la FP y en el Bachillerato acaban muchos que van más justos, cuando antes era al revés. Solo hay que fijarse en el auge que están teniendo las empresas de FP privadas. No son tontos, saben dónde apuestan. Cada vez hay más chavales que ven que las salidas profesionales les brindan unas oportunidades que quizá una carrera no, acaban 4º de la ESO con buenas notas y se cogen FP, que les resultan atractivas. Y los que han acabado la ESO con notas más bajitas, que les gustaría una FP, se ven sin plazas. Si tienen dinero, se la pagan en la privada. Si no, en vez de quedarse en casa hacen un Bachillerato general –que es el Bachillerato de los que no quieren hacer Bachillerato– y ya verán. Es extraño. Habría que sacar más plazas de FP. Desde su perspectiva de persona que pasa muchas horas entre adolescentes, ¿qué pasa con la salud mental de los jóvenes? ¿Hay ahora tantos problemas como parece desde fuera o es igual que siempre, pero ahora se visibiliza? Ahora estamos empezando a visibilizarlo. Ha existido siempre y creo que está vinculado a las redes sociales, aunque no soy especialista en el tema. Móviles, redes sociales, hiperconectividad, la sociedad tan competitiva, tan de comparar los físicos, la imagen. Creo que está contribuyendo. Se habla mucho de la pandemia como detonante, pero creo que venía de antes y que ahí hay mucho que hacer. Quizá también muchos chavales han aprendido a no ocultarlo, y eso es bueno. ¿Debe la escuela ocuparse de esta cuestión? Le estamos cargando a la escuela muchas cosas que corresponden a servicios sociales o sanitarios, y esta es una de ellas. No somos capaces de diagnosticar. Tiene que venir un profesional a darnos pautas. Nosotros podemos ver cosas raras, pero no podemos hacer de falsos psicólogos, porque igual hacemos algo pensando que está bien pero podemos hundir a un chaval. Hace falta más intervención especializada en los centros. Tendría que haber un psiquiatra que pase al menos una vez a la semana, hay chavales que necesitan terapia. Y no vale decir que eso existe fuera, porque la psiquiatría infantil está desbordadísima y le dan cita en cuatro meses. Pero tú tienes un chaval que igual se ha intentado quitar la vida. Te dicen: “Vigílalo”. ¿Qué le ponemos, una persona a su lado todo el día? ¿A quién? ¿Un profesor? Esto requiere personal especializado, y no de educación, de otros ámbitos.

elDiario.es
Algunas razones para leer #AulaOJaula:
1️⃣Habla de educación desde el aula
2️⃣Es fácil coincidir con algunas opiniones y discrepar con otras
3️⃣Contiene referentes míticos y épicos
4️⃣ Se dirige también a familias y personas ajenas al gremio docente
5️⃣El prólogo de @nandolopez
El milagro del IES Bovalar: de fracaso escolar a referente educativo

Toni Solano es director del centro que ha pasado de "instituto de segunda" a un modelo a seguir sin mandar deberes

Levante-EMV
Dentro de un mes, el 6 de septiembre, cuando estemos arrancando un nuevo curso (más de 20 en mi caso), saldrá publicado mi primer libro sobre educación: "Aula o jaula: La Escuela en tiempos convulsos". He disfrutado mucho escribiéndolo y espero que vosotros lo paséis bien con él, aunque sea para sacarle punta. Aprovecho para dar las gracias a Nando López por el generoso prólogo.
Ya está disponible en preventa en las librerías online:
https://www.amazon.es/s?i=stripbooks&rh=p_27%3AToni+Solano&ref=dp_byline_sr_book_1
Muy recomendable
"Memorizo datos que olvido a los dos días": los alumnos no tienen métodos de estudio efectivos, según docentes https://www.eldiario.es/1_9d9048?utm_campaign=botonera-share&utm_medium=social&utm_source=twitter vía @eldiarioes
"Memorizo datos que olvido a los dos días": los alumnos no tienen métodos de estudio efectivos, según docentes

Héctor tiene 24 años y es estudiante de posgrado en el Máster Universitario en Ingeniería Estructural de Construcciones Industriales de la Universidad Carlos III de Madrid. Cuenta que, desde el instituto, los profesores le decían que tenía que cambiar su método de estudio porque no retenía la materia, solo la memorizaba a corto plazo: “Había conceptos que aprendía para un examen y, cuando a los seis meses tenía una asignatura similar, tenía que volver a prepararme esos conceptos y ejercicios de la materia anterior porque realmente no me lo había aprendido, solo había preparado un examen. Es algo frustrante”, relata. A Carlos, opositor a bombero para el Ayuntamiento de Madrid, le ocurre algo parecido y cree que el problema lo arrastra desde su etapa en la educación primaria: “Nunca he tenido una orientación a la hora de estudiar, realmente no recuerdo nada de muchos exámenes en los que tuve que memorizar datos que olvidé a los dos días por falta de uso”, recuerda. Ahora que estudia un temario determinado cada día y se organiza su tiempo de manera efectiva, ha notado un cambio en sus resultados: “Yo no he tenido la sensación de estudiar en serio hasta que empecé con la oposición. No sé si es por la motivación que me supone o porque me lo tomo más en serio al saber que un temario tan denso es imposible estudiarlo el día de antes. Creo que el sistema educativo está diseñado para aprender por repetición y a corto plazo”.  Estudiar buscando resultados rápidos y olvidar los conceptos de forma inmediata y permanente tras el examen parece ser una práctica común de los alumnos españoles, según Mariano Castagneto, docente en su propia academia de métodos de estudio. Desde 2001 ayuda cada año a alumnos y alumnas como Héctor y Carlos, tanto de España como de Latinoamérica, impartiendo un curso intensivo en el que enseña su método llamado “Expertamente”. Se trata de una metodología que aprendió de sus abuelos: de Ricardo, psicólogo y docente en la universidad de Buenos Aires, y Olga, profesora de letras. Juntos se dieron cuenta de que los estudiantes, cuando se encuentran ante un libro o unos apuntes, solamente utilizan la memoria y se olvidan de que existen otras herramientas posibles para crearse sus propios métodos: “Nuestro modelo de estudio está basado en la mentalidad positiva, la organización de los tiempos y una técnica adaptada a cada alumno. La primera parte es fundamental, ya que las cuestiones personales y emocionales se dejan de lado en muchas ocasiones por parte de los centros o el profesorado y, la mayoría de veces, es el problema principal”, señala Castagneto.  El profesor ha detectado que el "no reconocerse como personas capaces de estudiar" es una característica general en todos los alumnos que han acudido a su academia: “Su nivel de exigencia es tan grande que, si no llegan a los resultados esperados comparándolos con el tiempo dedicado, les baja la autoestima y aún les cuesta más estudiar. La ansiedad de tener un resultado inmediato junto a la cantidad de materia que ven que se les viene encima, sobre todo después de la ESO, hace que necesiten una disposición de cambio de mentalidad y ver sus fortalezas y debilidades antes de aprender una técnica como tal”, sostiene el docente. Este patrón es algo es común en las clases de toda España, según José Antonio Lucero, profesor de Historia en un instituto de Ronda (Cádiz): “En mi asignatura, por ejemplo, el temario es muy amplio y noto que mis alumnos de cuarto de la ESO y Bachillerato sienten muchas veces ansiedad por la cantidad de contenido que tienen que estudiar. Los profesores debemos resumir y condensar esos temas para poner el foco en lo importante y llevando a cabo prácticas educativas variadas. Así sentirán que están saliendo de la monotonía de los exámenes ordinarios, se les hará más llevadero y sus ánimos cambiarán”. También coincide con Castagneto en que existe una tendencia general a intentar memorizar todo el temario de cada asignatura y propone que “se fomente el desarrollo de proyectos que pongan en juego habilidades como la expresión oral, la creatividad y la capacidad de cooperación” incluso en el examen de Selectividad: “Aunque la LOMLOE y nuestras clases ya están encaminadas a estas prácticas competenciales, todavía hay que sobrepasar un techo importante como es la EVAU. Realizar prácticas en clase y después presionar a los alumnos por una nota que se basa en el desarrollo de un tema es una contradicción”, reflexiona Lucero. La lectura recreativa y la imaginación, claves para un estudio efectivo Los estudiantes Héctor y Carlos confiesan en conversación con elDiario.es que, a pesar de que su método de estudio habitual no es el mejor para mejorar sus resultados, no han pensado nunca en cómo cambiarlo. Su forma de ponerse a estudiar hace que pierdan tiempo por falta de concentración: “Cuando se trata de centrarme en una materia que no me resulta demasiado atractiva, mi capacidad de concentración es bastante mala. Además, tantas horas seguidas sentado en una silla mirando el mismo papel hacen que me resulte aún más difícil aprovechar el tiempo que dedico. Llega un momento en el que el temario se me sale por las orejas, pero siento que no he aprendido nada”, cuenta Carlos.  Héctor asegura haberse librado de distracciones, pero no piensa en otras metodologías: “Lo que a mí personalmente me ha venido mejor es apagar el móvil y hacer descansos controlados. En mi opinión, las bibliotecas son muy efectivas solo si acudes con una persona que tenga mayor concentración, porque si no al final te distraes y te engañas a ti mismo haciéndote creer que estudias, pero en realidad solo pierdes el tiempo”. Mariano Castagneto asegura que los estudiantes llegan con muchas carencias, pero que la más común es la falta de comprensión lectora: “Las nuevas generaciones no leen de forma recreativa, lo que hace que no vean lo que es importante en un texto. Esto les lleva a subrayar todo y querer memorizarlo porque entienden que es la única manera para sacarlo adelante”. Señala que esas prácticas competenciales de las que hablaba el docente Lucero son claves para reciclar un método de estudio y que este resulte efectivo: “Nuestra técnica se basa en dejar a un lado la memorización y utilizar la imaginación, la observación y la memoria visual. Les recomendamos que personalicen su estudio haciendo un trabajo intelectual apartado del texto. Es decir, que se hagan pósters, audios contando el tema, dibujos o que utilicen colores para desarrollar memoria visual… algo adaptado a sus capacidades de retención en lo que plasmen el temario de manera diferente y les saque de la propia hoja que están leyendo”, explica.  Las ratios escolares: una piedra en el camino de la orientación En las clases de los colegios e institutos de España hay entre 25 y 30 estudiantes por clase. En la universidad pública esta cifra se dispara llegando a ser, en ocasiones, hasta 90 jóvenes con un solo profesor. El problema de las ratios sigue siendo uno de los grandes retos que tiene por delante el sistema educativo español y se ha convertido en una pieza clave en la lucha de los profesionales educativos para mejorarlo. Según el profesor Lucero, cada vez cuesta más llegar a las necesidades de cada alumno: “Me gusta tener un grupo grande de alumnos, pero con 30 por clase mi capacidad para llegar a todos está cada día más limitada. El sistema hace recaer en los profesores cada vez más responsabilidad porque, por ejemplo, nos estamos viendo obligados a atender más a su salud mental pero lo seguimos haciendo con el mismo número de alumnos. Falta personal especializado en orientación y psicología, un trabajo para el que los profesores no contamos con las competencias necesarias”, defiende el docente.  Mariano Castagneto coincide en esta idea y lo señala como el principal problema para que los alumnos puedan resolver su formación de manera óptima: “Los ratios no permiten al profesorado dedicar el tiempo necesario a cada alumno y personalizar su estudio a sus necesidades emocionales y cognitivas. Además, pienso que es necesario un cambio de forma en la educación porque los programas están anticuados. Sabemos que cambiar algo tan grande es muy difícil, pero es necesario adaptar el contenido y su forma a los cambios que se presentan en el futuro con recursos como YouTube o TikTok”, concluye.

elDiario.es