✿ Hay algo curioso en los festivos largos.
Los esperamos como si fueran a arreglarnos la vida… y acaban sacándonos lo peor.

De repente todo tiene que salir bien.
El plan, el viaje, la comida, la compañía.
Como si el descanso viniera con guion y final feliz incluido.
Pero no.
Hay tráfico, calor, prisas, dinero que vuela y silencios incómodos que no estaban en el folleto.

Y ahí empieza el pequeño incendio.

Dormimos peor, comemos distinto, rompemos horarios… y el cuerpo, que no es tan flexible como creemos, se pone en modo protesta.
A eso súmale más horas con la misma gente —a la que queremos, sí, pero no a jornada completa— y tienes el cóctel perfecto: cualquier tontería pesa el doble.

Lo irónico es que no estamos enfadados por lo que pasa, sino por lo que esperábamos que pasara.
No es el atasco.
Es la idea de que no debería existir.
No es la discusión.
Es la fantasía de que hoy todo tendría que ser perfecto.

Y claro… la vida no firma esos contratos.

Quizá el descanso de verdad no está en hacer más planes, sino en necesitar menos.
En dejar huecos.
En permitir que el día sea normal sin sentir que es un fracaso.

Porque a veces lo más parecido a la paz… es no tener que discutir por nada importante.

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@claraalbor eso de "con la misma gente", me recuerda a ese que dice...""ostras, ayer se me cayó internet!!!....y qué hiciste entonces?.....náaaaa, pasarlo con mi gente, la familia...son buenas personas!!!! "" 😲😳😲😳 

@Elarturo

Es que Internet a veces funciona como el pegamento de la convivencia: mientras cada uno está a lo suyo con su pantalla, todo en orden, pero en cuanto se va la señal... ¡sorpresa! Aparecen esos desconocidos que viven en tu casa y resulta que, oye, ni tan mal, ¿no?

A veces hace falta un apagón digital para darnos cuenta de que llevamos tiempo compartiendo techo pero no conversación.
Aunque, admitámoslo, a los diez minutos de estar "siendo buenas personas" en el salón, ya estamos todos mirando el router de reojo esperando que la luz vuelva a ponerse verde.
¡Un abrazo!