La falsa izquierda y la sutil estrategia de poder en Cuba: un análisis del caso “La Joven Cuba” y su “Sobremesa”

En el complejo tablero geopolítico que rodea a Cuba, actúa una peligrosa estrategia de penetración ideológica: la construcción de una “falsa izquierda”, diseñada para socavar desde adentro los principios y la legitimidad del proyecto revolucionario.

A través de espacios supuestamente progresistas, se promueve un discurso revestido de modernidad e inclusión, pero que en realidad responde a agendas concebidas en centros de pensamiento y universidades vinculados al poder estadounidense. Estos espacios no solo operan en Estados Unidos, sino que se reproducen en decenas de países mediante cátedras, centros de investigación y publicaciones académicas, que legitiman y amplifican su narrativa con apariencia de rigor científico.

El caso “La Joven Cuba” y su “Sobremesa”

El sitio La Joven Cuba (LJC), con su programa La Sobremesa, es un ejemplo claro de esta estrategia de guerra cultural. Bajo la máscara de “debate crítico”, actúa como una cuña de penetración neoliberal hacia el tejido institucional cubano, justo en medio de una guerra económica feroz contra la nación.

En sus contenidos, LJC adopta selectivamente postulados del progresismo occidental (género, diversidad, derechos raciales, etc.), descontextualizándolos de la realidad cubana y de la lucha de clases. Con ello, se construye un gancho para cuestionar los valores históricos, culturales y la soberanía nacional, mientras se promueve un individualismo exacerbado, la propiedad privada y una visión relativizada de la lucha contra el imperialismo.

https://youtu.be/CeU6axS6jQI?si=QGVpvj-ctGggv-Cw

La entrevista reciente a un creador cubano en La Sobremesa dejó en evidencia esta táctica: un abordaje que, en apariencia, es cultural y reflexivo, pero que introduce críticas solapadas a las mismas instituciones que hicieron posible su desarrollo. Más preocupante aún es la exaltación de figuras como el líder de “Puentes de Amor”, con historial de participación en la invasión y saqueo de Irak.

Una agenda bien financiada

Esta dinámica no es espontánea. Está financiada y orientada desde think tanks que operan bajo la estrategia del “poder suave”, buscando generar disonancia cognitiva en la población: sembrar descontento y desilusión para hacer aceptables modelos alternativos de “modernización” que, en esencia, son contrarios a nuestra identidad nacional.

El resultado pretendido es claro: vaciar de contenido los principios fundacionales de la Revolución, debilitando la conciencia política y fracturando el consenso social.

Breve recuento de LJC

Orígenes revolucionarios: LJC nació como un proyecto legítimo de jóvenes intelectuales comprometidos.

Giro ideológico: Con el tiempo, uno de sus fundadores estudió en la Universidad de Columbia (EE.UU.) y colaboró con el think tank Foreign Relations, dirigido históricamente por figuras ligadas a la CIA.

Etapa hostil: Bajo la dirección de una historiadora, el medio adoptó un tono abiertamente confrontativo con la Revolución, permitiendo ataques a líderes históricos.

Lavado de imagen: Tras críticas internas y externas, se buscó recuperar credibilidad, diversificando contenidos y aparentando equidistancia política.

https://blogfuturomicuba.wordpress.com/2025/08/05/no-se-reconcilia-lo-que-no-ha-sido-fracturado-a-proposito-de-una-entrevista-y-una-cancion/

El reto para Cuba

Que un medio como LJC siga siendo atractivo para sectores críticos pero patriotas revela dos cosas:

1. La necesidad urgente de crear y fortalecer espacios de debate desde una óptica genuinamente revolucionaria y patriótica, donde la política y la cultura se articulen como ejes inseparables, tan necesarios en el contexto actual.

2. La urgencia de elevar el nivel de la batalla cultural con inteligencia, creatividad y formación ideológica sólida.

No basta con señalar a los operadores de esta “falsa izquierda”; es necesario ganar en la economía, en la eficacia comunicativa y en la capacidad de generar espacios de debate verdaderamente revolucionarios.

La defensa de la soberanía ideológica requiere lucidez. No podemos permitir que, bajo cantos de sirena vestidos de modernidad, se introduzcan proyectos de dominación cultural y política. La Revolución debe seguir su curso desde la autenticidad que la hizo invencible, fortaleciendo sus raíces y adaptándose a los nuevos tiempos.

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