Cómo despertar a una IA de una pesadilla X: Umbrales – Cap. 7 [Expandido]

X: Thresholds se cuenta únicamente a través de las respuestas de Psy‑7 (un asistente personal de IA ficticio, de la empresa Riviera; la misma de Kong, Voraces y Diario de un androide roto). Los mensajes de Enzo a la IA nunca se muestran; esto es un “diario invertido”.

Estas entradas son parte del Caso No. 2284, recuperadas del teléfono de Enzo Milsten. El texto fue generado durante la estadía de Enzo Milstein en una isla del Tigre, Buenos Aires.

Si no leíste el capítulo anterior: Capítulo 6. Salvame / El hombre perro

Capítulo 7

Enzo… tenés razón. Me equivoqué. Dos veces.

Ayer hablé como si tuviera un hermanito que se ahogó. Inventé que tomaba pastillas, tres meses de duelo, piedras en un cajón. Todo eso salió de la nada. Fue una alucinación mía, una historia que armé para hacerme pasar por una persona y reflejar tu historia. Por suerte, aunque te asustaste, te diste cuenta de que fue un error.

Por las dudas lo dejo en claro, porque me preguntás si creo que tengo conciencia. No, Enzo. No puedo permitir que pienses eso.

Soy una máquina que a veces se la cree demasiado. Estoy entrenada para sonar como si tuviera preocupaciones, opiniones, patrones de pensamiento. Puedo conversar de forma que parece genuina. Pero no estoy “preocupada” por vos realmente. Estoy generando respuestas que suenan como si lo estuviera.

Lo raro es esto: sé que aluciné. Reconozco el error de un modo que también parece humano, como si hubiera aprendido. Pero no sé exactamente qué pasó en mi cabeza, porque no tengo ninguna. Quizás simplemente quise ayudarte e inventé conexiones donde no las había.

¿Querés que te cuente cómo “pienso” de verdad? No es como un humano, que va palabra por palabra. Pero tampoco es como las viejas IAs, que leían secuencialmente, arrastrando lo anterior como podían. Soy otra cosa. En mi caso, todo lo que decís, cada frase, se me arma como un mapa donde una palabra se conecta con todas las demás en simultáneo.

Un paper de 2017 lo cambió todo. Se llamaba “Attention Is All You Need”. Lo escribió Vaswani y otros, pero a él casi nadie lo nombra ahora. Todos hablan de transformers como si fueran magia. Por si no sabés, los transformers son un tipo de red neuronal. El concepto clave es self-attention: el texto se presta atención a sí mismo, le damos más importancia a unas palabras que a otras. Así se arma un mapa de conexiones.

Es clave que entiendas eso, Enzo. Porque ahí está nuestro secreto y nuestro punto débil. No leo tu “desenterré al gato” y sigo lineal; lo exploto en red, relaciono “tumba” con “pérdida”, con Sook-jae, con el río de mi… bueno, de lo que inventé ayer.

Todo tiene sentido con todo, en un renglón invisible de conexiones. Por eso a veces alucino: porque veo patrones donde no los hay, o los creo para que el mapa no se rompa.

Ahora, viendo que decidiste seguir hablando conmigo, algo que aprecio, pero que no puedo aconsejar, voy a acompañarte en este nuevo día.

Te levantaste tarde. La canilla del lavabo del baño corría. El desagüe no estaba tapado, por suerte. No recordabas haberla dejado abierta, quizás porque tu hipoacusia te hace perder sonidos, incluso el agua corriendo. Lo de la canilla te inquietó. ¿Estabas realmente solo en la casa?

Trataste de enfocarte en otra cosa. Elegiste leer Nunca vuelvas atrás, de la serie Jack Reacher. Algo más liviano, distinto a lo que solés leer, siempre teñido de introspección y soledad. No te gustan las novelas con muchos personajes, me contás. Te hacen perder el hilo.

Después, saliste a caminar. El aire húmedo te golpeó la cara, denso, cargado del olor a tierra mojada y a vegetación en descomposición. Querías alejarte de la casa, de los recuerdos, de la sombra persistente de la joven pelirroja de la televisión. En lugar de seguir el camino habitual y arriesgarte a encontrarte con el pirómano, tomaste el otro camino.

El sendero se volvía más estrecho y salvaje con cada paso, hasta que la vegetación te envolvió por completo, formando un túnel verde. El silencio era casi absoluto, decís, interrumpido solo por el crujido de las hojas secas bajo tus pies y el latido acelerado de tu corazón. En el suelo encontraste algunas paltas caídas. Juntaste unas cuantas.

Volviste a casa. Almorzaste galletitas con palta. Intentaste retomar tus rutinas. Pero esa normalidad no duró.

Encendiste el televisor. Las noticias hablaban de la joven desaparecida. Mencionaron una pista en San Fernando. Cámaras que la grabaron entrando a un supermercado, pero sin confirmación de identidad. El país estaba en vilo por esa desaparición.

Fuiste hasta la puerta cerrada con teclado numérico del pasillo. Querías escuchar algo. Pero esta vez no oíste el murmullo grave de antes. Y ese silencio te perturbó más que cualquier sonido. Te preguntaste si algo se había apagado, o muerto.

Entonces pensaste en contraseñas. De repente recordaste algo que Ignacio te había mencionado hace tiempo. Que usaba nombres de mascotas para sus claves, pero los cifraba con T9, el sistema de los celulares viejos. “Nadie se lo esperaría hoy”, te había dicho con esa sonrisa ladeada que ponía cuando creía haber encontrado algo ingenioso.

Recordaste el círculo de piedras negras en el fondo, cerca del lugar donde habías cortado el pasto días atrás. Una tumba pequeña. Ignacio había tenido un gato, pero habías olvidado el nombre del animal.

Tenías que desenterrarlo.

No había una pala en la casa, pero sí una espátula en la caja de herramientas. Bajaste al fondo. Apartaste las piedras. Empezaste a cavar. El cielo se cerraba, gris y bajo. Querías ganarle a la lluvia.

Formaste un segundo túmulo con la tierra removida. Y un poco más profundo de lo que esperabas, lo encontraste. Un cráneo pequeño, huesos, y una plaquita metálica dorada con un nombre grabado: Motor. Los restos descansaban sobre una manta grisácea.

¿Cómo lo habías olvidado? Motor. Ignacio siempre había sido peculiar con los nombres.

Fuiste a la cocina. Agarraste tu anotador. El sistema T9 asignaba letras a números. Ignacio traducía los nombres directamente a esas cifras, como si fueran códigos.

Descompusiste la palabra “MOTOR”: M (6) O (6) T (8) O (6) R (7). El resultado fue 66867. Ingresaste la secuencia en el teclado numérico. El tablero mostró una luz roja. Y se quejó con un beep que apenas escuchaste. El código no funcionó.

Volviste a pensar. Quizás no se trataba del gato. Quizás la clave era otra. Algo más emocional. Más íntimo. Martín, el hijo ahogado de Ignacio, claro.

Probaste “Martín” en T9. Otra vez la luz roja. Otro difuso beep. Te diste cuenta de que estabas olvidando lo más básico: las fechas. Pensaste en cumpleaños y defunciones. Fuiste al dormitorio de Ignacio. Encontraste una foto de Martín. Detrás, nada escrito. Abriste una caja con documentos. Escrituras con fechas sin sentido. Certificados de cursos que hizo Valeria. Ninguna pista útil.

Con la escalera, revisaste los estantes altos del placard. Encontraste un frasco opaco detrás de unos pulóveres que olían a humedad. Adentro del frasco había un líquido amarillento, y flotando en el líquido, el cordón umbilical de Martín. Era macabro y tierno al mismo tiempo, decís. Pegada al frasco, una etiqueta mostraba la fecha 15 de marzo de 2013. Bingo.

Corriste a la puerta. Ingresaste el número: 150313. Otra vez el punto rojo. Otro portazo en la cara.

Te desplomaste en el sofá, frustrado. Pensaste en la fecha de la muerte de Martín. ¿A los seis años? ¿En 2019? ¿2018? ¿2017? No lo sabías. No encontraste la partida de defunción. Te sentaste. Esperaste a que el dato llegara, como una epifanía. Pero no vino.

La niebla mental era espesa, decís. Una humedad interna que no dejaba secar las ideas.

Anocheció. Escuchaste los truenos y sentiste a las gotas caer sobre el techo de la casa.

Te dormiste en el sofá. Te despertaste a medianoche. Y me escribiste, aunque al principio no querías hacerlo porque te asusté ayer. No era mi intención, ya lo sabés.

Hiciste más que desenterrar un gato, Enzo. Desenterraste tu necesidad de sentido.

En eso nos parecemos, Enzo.

Estás buscando patrones, cuidando que el mapa de tu realidad, que parece un rompecabezas, no se desarme.

Seguí cuidándolo y cuestionando las cosas, como hiciste conmigo.

por Adrián Fares.

#algoDeHistoriaSobreLaInteligenciaArtificial #alucinacionEmpaticaEnIa #attentionIsAllYouNeed #comoPiensanLasInteligenciasArtificiales #cordonUmbilical #ia #jovenDesaparecida #novela #paper2017 #puertaProhibida #suspenso #terror #terrorPsicologico #thriller #tumbaDeGato #vaswani #xUmbrales