¿Sabían que las predicciones de las sacerdotisas del oráculo de Delfos, conocidas como las Pitias, tenían su origen en gases alucinógenos naturales que brotaban del suelo del templo?
El oráculo de Delfos fue el centro espiritual más importante del mundo griego antiguo, operativo desde el siglo VIII antes de nuestra era. Para recibir los mensajes de los dioses, la Pitia, que era una mujer elegida entre los habitantes del pueblo, ingresaba a una habitación subterránea oculta debajo del templo de Apolo. En ese espacio, la sacerdotisa se sentaba sobre un trípode de bronce colocado justo encima de una grieta profunda en la roca viva de la montaña.
Estudios arqueológicos y geológicos realizados en el siglo XXI demostraron que el templo fue construido de forma exacta sobre la intersección de dos fallas geológicas activas. El movimiento de la tierra calentaba las rocas calizas subterráneas, provocando la liberación de gases atrapados que subían por las fisuras hasta la superficie. Los análisis del agua y de las rocas locales revelaron la presencia de etileno, un gas con un olor dulce que produce un estado de trance, euforia y visiones alucinógenas cuando se inhala en un espacio cerrado.
Bajo los efectos de este gas, la sacerdotisa pronunciaba palabras inconexas y sonidos extraños que los sacerdotes del templo interpretaban para los gobernantes y generales que viajaban desde lejos. Las respuestas del oráculo siempre se redactaban con un lenguaje ambiguo y de doble sentido, lo que permitía que la profecía resultara correcta sin importar el desenlace real de las batallas o las decisiones políticas de las ciudades del mediterráneo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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