#reflexión
¿De verdad crees que eliges el control remoto por gusto o es que tu cerebro le tiene pánico a la realidad sin guion?
La verdad es que somos yonquis de la dopamina y el diseño de los videojuegos, la literatura, el cómic, la tv, la ficción y el cine o la serie de Netflix están hechos para explotar ese fallo en nuestro sistema operativo. A nivel neurobiológico, tu cerebro no distingue bien entre la victoria en un nivel de Elden Ring y un logro real, porque ambos activan el circuito de recompensa liberando neurotransmisores que te hacen sentir como un dios, aunque sigas en pijama y debas 6 meses de la renta. El consumo de contenidos audiovisuales pof ejemplo en México ya roza las tres horas diarias por internet según el Instituto Federal de Telecomunicaciones en su reporte de 2024, y eso no es casualidad. Preferimos evadirnos en los universos de ficción porque ahí las reglas son claras, hay puntos de guardado y, sobre todo, porque las neuronas espejo nos permiten experimentar la gloria de un héroe sin mover un dedo ni arriesgar el pellejo. La realidad es un sistema caótico, sin música de fondo épica y con consecuencias irreversibles, mientras que la ficción es un entorno controlado que nos engaña haciéndonos creer que estamos viviendo mucho cuando en realidad solo estamos suspendidos en un bucle de gratificación instantánea. Adorar un cómic o una serie no es amor al arte, es un mecanismo de defensa evolutivo para no colapsar ante una existencia que no tiene un final escrito ni un botón de pausa.
Alex Blackwood, filósofa urbana
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