Los #cementerios, en su #mutismo arcaico, me resultaban atractivos. Por tanta cacofonía del tránsito y tumulto de la #ciudad, por esas odiosas #multitudes de la urbe que son tan malas companías siempre, es que yo, el paseante, dirigía mis pasos hacia el #escape de toda esa desesperación para encontrar así, por fin, la #acogida que solo son capaces de brindarnos esos límites amables y sagrados. Entrar solo a un #cementerio es como cruzar el umbral de un #templo vacío, como escudriñar de pronto una plétora de enigmas eternos, silenciosos y, para uno, desconocidos. Lugares que poseen, además, una #vida obstinada que se introduce todo el tiempo en ellos, que se filtra rebelde por todas sus grietas profundas, que las invade como si pretendiera burlarse de la intención fúnebre con la que fueron construídos. Allí en el cementerio, uno observa que la vida es, con frecuencia, más poderosa que la #muerte.




